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La dulce melodía del desconsuelo. {Charlie Anderson}

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Mensaje por Zephyr L. Kirgyakos el Dom Mayo 29, 2011 11:56 pm
El frío era excesivo. Uno de los días más helados que había vivido, y ¡sí que ha vivido bastante tiempo!. Fue mucha la ropa que cogió antes de salir de su casa. Lo típico; bufanda, gorro, guantes, etc, etc, que no valen la pena nombrar, pues, jamás le importó la ropa y porque todo, absolutamente todo, le quedaba a la perfección, como si estuviera hecho especialmente para él. Su confianza y egocentrismo lo tenía por las nubes, y nadie conseguiría reducirlo, claro que no. Eran días así en los que su mente le jugaba en contra, haciéndole recordar cosas que él siempre pensó había olvidado. Su familia. Y de alguna manera, su corazón conspiraba de la misma manera, creando esa sensación de nostalgia y melancolía típica. Había matado a sus padres -algo de lo que seguía sin arrepentirse-, aquellos que lo cuidaron con tan devota admiración y esperaban tan grandes cosas de él. Y de su hermana, de la cual desconocía su paradero, y si almenos estaba viva.

Esas emociones lo provocaron unas ganas de visitar el cementerio. Y aún sabiendo que sus padres no estaban ahí, si no en Grecia, decidió esperanzado ir a echar un vistazo. Uno de los beneficios de ser un Fortemm, era el increíble ahorro de tiempo que obtenía. Debido a ésto, en un parpadear estaba en la entrada de hierro del cementerio. Muchas lápidas, muchos entierros que ocurrían en ese preciso momento. Ver a las personas llorar con desconsuelo, no lo convertía en alguien más sensible, por el contrario; de alguna manera retorcida, le encantaba. Pero pronto se vió en la situación de él en ese lugar. ¿Podía ser que quizás tenía algo de culpa? Quizás si, quizás no. La mezcla de sentimientos al pensar en su primer crimen era considerable. Ni él tenía idea de lo dentro de sí pasaba. Mas se obligaba a ignorar todo lo que arruinara su perfecta vida.

Caminó, dejando a su paso un centerar de huellas marcadas por la nieve espesa que acaeció un par de días atrás. Se alejó de toda la multitud, llegando hasta un lugar donde las lápidas vivían por su soledad. Estaban totalmente abandonadas y parecía que los años habían pasado en contra. Suspiró, pensando en su idiotez al poner un pie al lugar sin vida. Apoyó su espalda contra un viejo y seco árbol, alzando su mirada al cielo. Seguramente caería otro blanquesino mantel de nieve.
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Mensaje por Charlie Anderson el Lun Mayo 30, 2011 2:26 am
Estúpidos días invernales, detestaba salir a la calle, sus hermosas botas de piel quedaban estropeadas con el gélido azote de los copos caídos y al día siguiente no le quedaba más remedio que comprarse otras... ¡menudo suplicio oiga! - nótese la ironía -. Una de sus primeras incursiones anuales al cementerio, sus investigaciones le habían hecho llegar a la conclusión de que el santuario de cadáveres putrefactos, por muy tópico que pudiera parecer, era lugar muy frecuentado por aquellos a los que perseguía para que otros terminaran dándoles caza.

Los días anteriores habían sido completamente improductivos, no había nada que le sacara tanto de sus casillas como el hecho de saber que había estado perdiendo el tiempo. Bolas de nieve contra lápidas impolutas a las que el viento parecía haberles sacado brillo. Ese había sido su único pasatiempo, ese y contestar con enormes y falsas sonrisas a aquellos que la miraban con el desdén propio de la vejez que les acompañaba. El encrespamiento de su rubia melena era proporcional a la irritabilidad que le producía el aburrimiento, no podía estarse quieta por lo que de vez en cuando sus zancadas se hundían en un manto de nieve intentando jugar a una rayuela imaginaria. No podía dejar su puesto, odiaba la espera, la paciencia no era una de sus virtudes pero era algo que se había propuesto, y si había una sola cosa que se antepusiera a todos esos suplicios, era su cabezonería y la negación a equivocarse.

Su cámara la acompañaba mientras danzaba mirando el hipnotizante vaivén de las nubes como si fuera el hecho más interesante que había podido observar. Estamos de acuerdo que era evidente que sus dotes de espionaje quizá no fueran lo más convenientes pero ¿qué podemos decir? Charlie es una chica demasiado poco convencional.

Sin embargo aquel día le sonreiría la suerte, su eterna espera comiendo bayas rancias - que le habían dejado la boca morada - había merecido la pena. De la nada apareció él. Hacía meses que le había perdido la pista y de repente allí estaba como si su ansiedad lo hubiera llamado con un peculiar silbato apto para fortems. Una vez más la evidencia se le había escapado entre los dedos pero conseguiría desenmascarar ese bonito rostro que haría las delicias de las más incautas. Entre árboles pretendía que su presencia resultara inadvertida, mientras tanto, cámara a punto esperando a que esa sugerente y sexy sosera que tenía encima se fuera a hacer gárgaras para obsequiarle un increíble documento digno de canjearlo por un viaje en primera clase en un ataúd de ébano, tampoco era plan de ser cutres.
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Mensaje por Zephyr L. Kirgyakos el Mar Mayo 31, 2011 1:11 am
Traía su mente en las nubes, hay que decirlo. Parecía que todos sus sentidos se habían tomando un instante de relajo, en donde pretendían darle un pequeño descanzo al joven fortem, incluso si fuera a la fuerza. Tenía la mirada perdida, con la mente blanca como todo su alrededor. Observaba un lugar, y sus ojos no se apartaban de él. Para cuando Zephyr se daba cuenta, cambiaba la dirección, pero se volvía a repetir lo mismo. No estaba seguro que era lo que le pasaba. Quizás, y después de todo, su cuerpo estaba realmente cansado. Pero si eso era lo que sucedía, su increíble orgullo y narcisismo que yacía en su mente, pondría una especie de muro, siendo incapaz de cruzarla.

Suspiró nuevamente, inspeccionando lo que tenía frente a él. Nada interesante, por ende, nada que le importase. Realizó unos pasos adelante, estirando su cuerpo, provocándose de esa manera un estremeciemiento que lo recorre por completo. Inhala el frío del aire, llenando sus pulmones del mismo. Ya era hora de marcharse. Pero de pronto, sintió una presencia. Por un momento pensó que podía ser uno que otro espíritu, pues vamos, estar en un cementerio, no era precisamente acogedor, incluso para él. Pero uno de sus tan asombrosos sentidos, le gritaron que debía darse vuelta. Y como fiel seguidor de ellos, lo hizo, con su característica velocidad. Efectivamente así era, había alguien con un dispositivo fotográfico. Río por dentro, debía ser algún tipo de humana admirada por su belleza nata. Abrió sus labios y generó un sonido que reflejaba: "¡Bah!, no era nadie."

Dió un par de pasos más, retrociendo como llegó. Su plan instantáneo se resumía a quien fuese, pensara que se marchaba del lugar. Y si eso no funcionaba, pues, ya sería demasiado tarde. Se adentró al escaso y pobre bosque que estaba detrás de él, con un paso imperioso y tranquilo, como si nada pasara. Metió sus manos en los bolsillos de su chaqueta gruesa y sin parar, descubrió una melena dorada, como el mismísimo sol. — Si quieres te puedo posar desnudo — Comentó con cierta arrogancia, tomando la cámara en sus manos. Su cara le resultaba familiar, de alguna extraña manera. Se preguntó a sí mismo si no había sido alguna de las tantas mujeres que habían pasado por sus sábanas, pues inclusive, suele no recordarlas. La muchacha tenía una cierta nube de misterio, claro que la tenía, y Zephyr no se iría de ahí hasta averiguar que demonios pasaba y quien osaba arruinar su día.
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Mensaje por Charlie Anderson el Mar Mayo 31, 2011 2:28 am
La tediosa espera había dado sus frutos, no había perdido de vista un solo segundo a ese sujeto, y si sus ojos no le engañaban, aparecía y desaparecía igual que ella cuando venía su tía Muriel de visita. Estaba en lo cierto, pero una vez más su pericia con la cámara no era suficiente, ella por supuesto le echaba la culpa al tembleque y la rebeldía con los que sus frágiles deditos habían decidido obsequiarle. ¡Maldita fuera su estampa y la de ese frío que le hacía la piel más pálida! - al menos si fracasaba, que fuera estando perfecta - una y otra vez se maldecía por lo bajo intentando reventar en pequeñas dosis de rabia acometida contra la nieve que mojaba sus zapatos, las torpes pataditas que lanzaban no eran suficientes pero ya se tomaría su revancha cuando un día a su espalda se encontrara con un escuadrón de Equites dispuestos a meterle en cintura, porque estaba claro que su destino no podía ser de otra forma.

Una vez más el sujeto número 3 de su lista se esfumaba, ya empezaba a estar acostumbrada aunque su experiencia, y a pesar de sus despistes, le hacían no confiarse mucho de que lo que pensara fuera cierto, con esa clase de seres todo era posible. Así pues dejó esa revisión de imágenes para más tarde y un sitio más seguro, estaba convencida que sus conocimientos informáticos terminarían dándole alguna pista a pesar de que en un principio no hubiera nada.

Echó un vistazo a su alrededor y cuando estaba dispuesta a abandonar su puesto, aquel engendro la sorprendió. De repente tan solo había dudas y temor, ¿cómo escaparía de esta? por un momento sintió que le invadiría el pánico pero sin embargo ocultaba a la perfección las respuestas fisiológicas que debían dar su cuerpo. En su lugar recurrió a aquello en lo que deposita su total confianza: su cerebrito y las numerosas neuronas que lo poblaban haciendo sus sinapsis más rápido que nunca. Se dio la vuelta con su gracia, desparpajo y despreocupación habitual dejando que su larga melena y ese movimiento sugerente desafiaran con arrogancia la mirada del apuesto "conocido", estaba segura que de saber de sus lealtades no se hubiera tomado tantas molestias con ella.

- ¿Quiere saber la verdad? no tengo ningún interés en ver sus diminutas bolas - es lo que tiene el frío, ya nos entendemos -, la verdad es que tan solo admiraba la soledad y abandono de su imagen y la armonía que presentaban... era un retrato perfecto, quedaba a las mil maravillas con la desolación del lugar - con su permanente sonrisa lo escudriñaba sin mostrar un solo signo de debilidad - si le hubiera pedido una foto no habría salido lo que buscaba, no vaya a pensar que me fijaba en su bonita cara, lo único que me importaba era lo desgraciado que parecía - puso una mano sobre su cintura y mordiéndose el labio lo observó con esa mirada encantadora que tenía por una de sus mejores armas - ahora si no le importa, señor... - extendió su mano esperando que el "amable" caballero correspondiera a la dama tanto dándole su cámara como presentándose educadamente.

Constantemente estaba pendiente del lenguaje de su cuerpo y lo que este expresaba, daba la impresión de que su cara le sonaba y solo esperaba que no le diera por acordarse de qué, estaba claro que sus dotes de espionaje aún estaban demasiado verdes como para tentar a la suerte. "Nota mental: no salir aún de casa sin un pequeño padawan".
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