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Who wants to live forever? { Nyrianne C. Bickbernsch}

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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Mar Jun 14, 2011 11:49 pm
Laberinto de callejones cercanos a The Haven. Noche del 18 de Enero de 2011, aproximadamente las 23:00

La criatura se movía lentamente, sin prisa, como si tuviera todo el tiempo del mundo y así era. La noche se alzaba, brillante, con las estrellas y esa Luna que era prácticamente un círculo perfecto iluminando mucho más que las pobres luces artificiales de esa zona de la ciudad. Llevaba varios minutos siguiendo a su presa, la podía oler, oler la sangre acelerándose en su corazón, el miedo que la llevaba a correr por ese lugar esperando poder librarse de la muerte. Sabía hacía donde iba y no podía evitar que una mueca de irónica satisfacción apareciera en sus labios. Estúpido, estúpido ganado, estúpida bolsa de sangre que no sabía ni siquiera ofrecerle un poco de emoción a su existencia. Notó los colmillos aparecer de golpe, acarició por un momento uno de ellos con la lengua notando su filosidad, dejando que por un momento cortara su labio inferior cuando pudo ver con claridad a la muchacha que se daba cuenta en ese momento de su error: se había metido en un callejón sin salida.

Era preciosa, perfecta, con ese cabello castaño y esos enormes ojos azules, era una pena que tuviera que morir tan pronto. Pero antes se divertiría. El ser se movió adentrándose en el callejón con precisión felina, con un movimiento que al simple ojo humano seguramente hubiera pasado desapercibido y se puso detrás de la humana en el momento preciso en el que se daba cuenta de que no había salida, de que no podía ir a ningún sitio porque una pared se lo impedía.

¿No te dije que no podrías escapar de mi? —preguntó en una lenta cadencia mientras la sujetaba con firmeza por la cintura arrastrándola hacia él como si los pataleos que ella daba no significaran absolutamente nada, como si su voz que se alzaba en un ritmo histérico debido a la pelea y a las lágrimas fueran poco más que el berrinche de un bebé. —Shhh, tranquila, no te alteres, si en el fondo… muy en el fondo, te va a gustar.

En un gesto rápido, preciso, movió el cuello de ella, apartando con el pulgar un mechón que había caído, hundiendo el rostro en ese punto donde el pulso acelerado de la joven se notaba con claridad, deslizando la lengua por aquel punto mientras sonreía con malicia. La torturó con pasos lentos, pausados, con su lengua humedeciendo la zona hasta que la apretó con más firmeza contra sí y los colmillos se clavaron sin contemplación en la suave piel de la mujer provocando que se tensara y que un gemido de dolor y miedo se escapara de sus labios mientras que él se alimentaba.

The Haven, al mismo tiempo

Jordan se encontraba en la planta baja del Haven observando lo que ocurría a su alrededor apoyado en una de las paredes con no muy buena cara. El encontronazo de hacía unas horas le había dejado fuera de combate el tiempo suficiente como para que se encontrara bien, recuperado, pero con una ligera jaqueca y de un humor de perros. Tenía los brazos cruzados y la gente pasaba a su lado como si no existiera. Joder, jamás se hubiera imaginado que él tuviera aquel fallo tan idiota. Myron no había llegado todavía y eso aumentaba todavía más su cabreo. Necesitaba pegarle a algo o a alguien, a malas quería jugar una partida al billar y marchar a su amigo o al menos intentarlo. Era una noche donde había bastante gente, moviéndose de un lado para otro, bebiendo, hablando, ligando y jugando. Hizo un gesto a uno de los camareros para que fuera a mirar hacia la zona de los baños donde una pareja había desaparecido hacía al menos cinco minutos. Podía imaginarse lo que intentaban hacer y The Haven no era ningún picadero.

Casi estaba dispuesto a rezar para que ocurriera algo y pronto, cualquier cosa, con tal de salir de allí y mejorar un poco su estado de humor.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Miér Jun 15, 2011 12:17 am
Turno de noche. Aquel día no había tiempo para descansar cuando la luna ya había caído sobre las calles de Londres. Tenía que estar bien despierta por si veía algo, pues no parecía haber ningún guardián más por allí cerca. Tenía pensado pasarme por The Heaven cuando terminara el turno para ver si podía pillar algo, necesitaba relajarme un poco y tomarme algo si no quería explotar. Llevaba un día de aquellos en que no sabes ni cómo te encuentras. Es decir, totalmente perdida. Me sorprendía por todo, o más bien me sorprendían. Sabían cómo tocarme las narices cuando les hacía falta, y claro, cada dos por tres se me saltaba en corazón del pecho al notar algo a mi espalda. Sin embargo cuando noté una presencia de peligro allí cerca y me di la vuelta, no había nadie.

Debían ser imaginaciones mías. Seguí andando por las calles oscuras. La verdad es que hacía tiempo ya que no me daba miedo aquello, estaba acostumbrada, me habían enseñado poco a poco a cómo no temer a las sombras, sino hacerlas aliadas para poder tener un blanco sorpresa. Nunca salía desprotegida, por eso. Llevaba conmigo una red de contención, solo por si acaso, que nunca se sabía lo que te iba a aparecer por allí en cualquier momento. De todas formas aquella noche parecía ser que no iba a haber jaleo, las calles estaban muy tranquilas. Pero seguía teniendo un mal presentimiento. Algo malo iba a suceder y ni siquiera sabía el qué. No parecía haber indicios de magia por allí, ni siquiera una pequeña pista que te indicara que un mago había dejado sus huellas en un paro por un despiste cualquiera. Hacía frío, me crucé los brazos sobre el pecho mientras exhalaba el aire lentamente. Normalmente los guardianes salían solos a dar vueltas, pero yo me sentía realmente sola cuando lo hacía. Me daba la impresión de que... Realmente era así como me iba a pasar el resto de mi vida, y desde luego no era algo agradable de imaginar. A lo lejos se veía, en un casa donde las luces todavía no estaban apagadas, como una pareja bailaba al ritmo de una música que no podía llegar a escuchar. Por un momento deseé estar allí dentro, pero entonces me di cuenta de lo que estaba pensando y apreté los dientes.

— Pero que estás diciendo, Nyrianne...— negué con la cabeza lentamente y seguí andando calle abajo. Había montones de callejones pequeños por aquella zona, todos oscuros y peligrosos, mortales para cualquier insensato que se metiera allí de cabeza sin pensarlo dos veces. Había veces en las que las parejas jóvenes iban allí pensando que era el sitio más seguro, aunque en realidad era al revés. Ya no solo por la de porquería que debía haber, sino por que aparte de los magos había cosas peores en la noche.

Y como si lo hubiera invocado, un grito desgarró la noche silenciosa. Vaya, al final no vamos a tener la fiesta en paz. Joder. Sin pensarlo dos veces eché a correr hacia el lugar de procedencia de aquel gemido agónico. No sabía lo que podía estar sucediendo, pero no pintaba a nada bueno. Llegué un minuto después, jadeando. Un callejón oscuro donde se podía diferenciar dos siluetas apenas. Unos ojos brillaban en la noche, potentes. La figura que tenía entre los brazos cayó al suelo, sin vida. Joder. ¡Joder! Aquello no era lo que me esperaba para aquella noche. Vampiros. Genial. Vi que alzaba los ojos y sonreía, casi podía ver sus afilados dientes manchados de sangre fresca.

— ¡No, no, no! — se me escapó. Me tapé la boca y retrocedí, saliendo del callejón. Cogí el móvil a toda castaña y busqué en los números de emergencia. Notaba como la criatura se movía. ¿Era la nueva presa? Ni de coña, yo no pensaba dejar que me hiciera lo mismo que la pobre muchacha que ahora reposaba en el suelo, inerte. Encontré el que estaba buscando y lo marqué. A los pocos timbrazos, por suerte, se descolgó.— ¡Jordan! Ya estás viniendo cagando leches, que tenemos a un puñetero vampiro suelto por la ciudad y no quiero ser la segunda cena.— dije. Sabía que no debería hablarle así, era mi jefe y quizás luego se enfadara conmigo, pero estaba demasiado nerviosa, demasiado cansada de la carrera y, por que no decirlo, asustada.— Estoy casi al lado de The Heaven, en...— miré alrededor intentando encontrar algo que identificara el lugar.— Mira, me voy a meter detrás de unas cajas que hay apiladas detrás del local, ¿vale? No llevo equipamento, solo una red, espero que tengas alguna pata de silla de madera por ahí. Y no tardes mucho, por favor, no quiero convertirme en carne picada.

Me dirigí corriendo hacia allí y con un ágil movimiento salté detrás de todo aquel montón de cajas apiladas. Podía oír los pasos de aquella bestia nocturna y bella acercándose. Junté las manos con fuerza sobre el móvil rezando para que no tardara demasiado o para cuando llegara ya sería cena de chupasangre. Ni siquiera me dio por colgar, prefería tenerlo al teléfono por si pasaba algo. Era como un hermano mayor. Sin embargo algo en mi cabeza me decía "cobarde". Era Equites. No debería esconderme, quería ser tan fuerte como los cazadores. Aunque yo no sabía matar, no quería. De todas formas, me levanté lentamente y salí de detrás de las cajas mientras me sacaba la red de la hebilla del cinturón donde la llevaba oculta.
— Vamos allá, pequeño chupasangres. A ver cómo te las apañas con alguien que sí que se resiste.— la red no me serviría para demasiado, pero al menos podía ganar tiempo para que el vampiro no se fuera a por otra presa. Nyrianne, idiota. Le miré a los ojos, rezando para que Jordan no tardara demasiado en llegar. Vi como mostraba unos dientes afilados, me pasé una mano por la frente y resoplé. Sin quitarle los ojos de encima empecé a girar lentamente, como si fuera una película, pero claro, aquello era real y me estaba jugando la vida.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Jue Jun 16, 2011 5:07 pm
La posición de Jordan no varió apenas unos milímetros mientras observaba el bar cuando el móvil comenzó a sonar, simplemente metió la mano en el interior del bolsillo de los tejanos que llevaba y lo abrió mirando el nombre. No le dio tiempo a hablar puesto que la información llegó con toda la velocidad del mundo provocado claramente por el miedo. El cuerpo del hombre se puso en tensión y desde que escuchó la palabra vampiro se puso en movimiento. Atravesó el Haven rumbo a las escaleras que daban al piso superior y que era donde, en cierta manera, tenía un pequeño despacho donde sabía que en la caja fuerte tenía lo que podría necesitar. Los vampiros eran unos seres que siempre le habían repugnado, más incluso que los magos. Eran muerto, muertos que se alimentaban como alimañas de los humanos para seguir con una existencia que debería haber sido extinguida hacía mucho, mucho tiempo. Masculló una maldición, al menos estaba cerca.

No te preocupes Nyri, dame cinco minutos y estaré allí.—el tono era tranquilo, a pesar de que el cuerpo de Jordan parecía vibrar por la tensión contenida mientras subía con rapidez las escaleras. —Sigue hablándome.

Entró como una tromba en su despacho cerrando detrás de sí con una patada a la puerta mientras se dirigía hacia una de las librerías que se giró en cuanto encontró el botón que necesitaba para hacerlo, deslizándose hacía un lado. Mantenía el teléfono sujeto mientras con una mano metía la contraseña de seguridad y abría de un tirón la puerta. Los ojos claros del hombre se deslizaron por el lugar hasta que encontró lo que necesitaba: una bolsa donde fue metiendo con gestos rápido lo que consideraba necesario, entre ellos agua bendita que muchas veces incluso funcionaba y un par de estacas. Cualquiera que le viera pensaría que estaba completamente loco. Tenía las dos berettas que solía utilizar en las sobaqueras y se las puso antes de ponerse con rapidez la cazadora de cuero. Tomando la bolsa y cerrando tras de sí, se dirigió con rapidez hacia el exterior.

En esos momentos el vampiro, feliz al haber encontrado la que sin duda sería su postre, se encontraba a unos cien metros de Nyrianne con una sonrisa ladina en los labios que mostraban los colmillos en todo su esplendor, un reguero de sangre baja directamente desde sus labios y se los lamió por un momento preguntándose cómo sabría la sangre de un ser tan tan delicioso como el que tenía delante. Seguro que era perfecta, oh, sí, por supuesto que lo sería. Él no se equivocaba y su olor había inundado sus fosas nasales indicándole con total claridad que aquella muchacha que aunque parecía estar segura, le temía, iba a ser la guinda del pastel de aquella noche.

¿Invitando gente a nuestra fiesta privada? ¿Crees que eso es de buena educación?—preguntó mientras la miraba de arriba abajo sabiendo que su velocidad era superior, pero curioso por saber cuál sería su movimiento.

Se introdujo en el callejón que estaba detrás del The Haven con paso lento, pausado, mientras le miraba, con un gesto indolente en su postura y en su rostro. Y a la vez alerta. Aquel lugar era una zona de Equites. No les temía, a fin de cuentas no eran más que unos cuantos humanos jugando a ser dioses, pero sabía que podrían jugarle una mala pasada. En las manos de la chica brilló algo, unos instantes y el vampiro intentó saber qué demonios era. ¿Una red? En realidad pensaba que iba a hacerle algo con una red. Ese simple hecho provocó que se echara a reír. Una risa que no tenía nada de graciosa, al tiempo que se movía hacia delante con rapidez con toda intención de sujetarla.

Jordan, por su parte, aceleró el paso bajando las escaleras y una vez en el exterior echó a correr hacia la zona de detrás del local como alma que lleva el diablo. El corazón le martilleaba contra el pecho con rapidez. No pensaba permitir que un vampiro —o cualquier otro ser— hiciera nada a alguien que estaba bajo su responsabilidad. Con esa idea, y con la idea de que Nyri era una amiga, Jordan aceleró todo lo que pudo sus movimientos. Tardaría un par de minutos en llegar y eso le parecía una auténtica eternidad mientras a través del teléfono podía escuchar lo que estaba pasando. Maldita fuera, se había movido y el vampiro no tardaría en atacar, en moverse seguramente hacia ella e intentar sujetarla.

Un minuto, Nyri, un minuto y estoy allí.

No sabía si le llegaría a escuchar a través del altavoz del teléfono, si le tenía pegado al oído o simplemente le llevaba en la mano. Saltó por encima de un montón de basura que no había sido recogida aún por el sistema de limpieza de la ciudad y siguió corriendo. No tenía ni la fuerza ni la velocidad de un Fortem, pero era rápido, más que un humano normal, gracias a su entrenamiento y a la adrenalina que bombardeaba todo su cuerpo.

Tenía que llegar lo antes posible.


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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Jue Jun 16, 2011 6:39 pm
Me sentí mejor al saber que alguien estaba ya de camino. Sin embargo Jordan no colgó, por el contrario me dijo que le siguiera hablando, y de todas formas tampoco es que estuviera mucho por la labor de colgar en aquel momento. Sentía como si el corazón se me fuera a saltar del pecho de un momento a otro. Que yo casi no sabía pelear, era más de vigilar y, en caso de ver algo sospechoso, llamar a los cazadores para que ellos se encargaran del problema. Sin embargo en aquel momento me encontraba frente a frente con el dichoso bicho. Podía oír al otro lado de la línea como Jordan se estaba moviendo, seguramente había ido a buscar algo de armamento para poder encargarnos del vampiro - bueno, yo al menos lo intentaría-. Él parecía tranquilo, pero yo estaba demasiado nerviosa como para advertir nada más. Podía notar como si ya tuviera encima al chupasangre, cosa que me ponía realmente de los nervios. Además de que seguro que tardaría lo suyo en llegar, por lo que tendría que lidiar por el momento yo sola con el asunto. Me pasé lentamente la lengua por los labios y me mordí el inferior con fuerza, cosa que hacía cuando me ponía nerviosa. Nyrianne, ¿no querías acción? Ahí mismo la tienes. Eso me pasaba por pedir cosas que no tocaban.

— Esto no me pinta nada bien.— dije inconscientemente, dándome cuenta de que todavía tenía el teléfono pegado a la oreja. No quería que se acelerara demasiado y al final las cosas salieran mal, pero es que realmente estaba con los nervios de punta. Y encima no había un lugar abierto, donde sería más fácil para mí controlar la situación. Comparado con los entrenamientos eso no se parecía en nada, seguro. No podía ser tan difícil, ¿no? A fin de cuentas, solo era más fuerte, más rápido, casi inmortal... Joder, que ánimos.

Era una de aquellas situaciones en las que tendría que sonar una musiquilla de fondo al puro estilo de suspense. Y cuando aparecía el héroe, pero al parecer tardaría un poco más de lo que esperaba. De momento tendría que entretenerlo yo, aunque no quería que fuera con mi propia sangre con lo que se estuviera jugando. Ni siquiera dejaría que me tocara un pelo. ¿Pero qué tipo de Equites era yo? Me sentí despreciable. Debería retirarme, no servía ni para eso. Seguro que un niño de diez años lo haría mucho mejor que yo, pero no podía evitarlo. Todos los humanos temen por sus vidas e intentan sobrevivir como pueden. Ley de vida.

Me parecía oír que todavía trasteaba, pero estaba más atenta a los movimientos felinos del vampiro. Se movía con elegancia, tal como si fuera una sombra, unida por siempre a la noche. En cierto modo era así, y no me hacía ninguna gracia. Preferiría que fuera de día, mucho más sencillo guiarse por la luz, además de que moriría achicharrado y terminaría reducido a cenizas. Ya no estaba tan lejos, lo que hizo que me pusiera al instante en alerta.
— En serio, aléjate, no te acerques. Por favor.— no servía para aquello. No me había encontrado en una situación así. Me gustaría mil veces más que fuera un mago, al menos sabía que eran humanos, que no te chupaban la sangre hasta saciarse y que eran más predecibles. Pero me desconcertó el hecho de que se echara a reír de una forma que no auguraba nada bueno. Por un instante había creído que se había quedado parado por ver algo que parecía peligroso. Se había dado cuenta, desde luego, de que no era nada que pudiera utilizar en su contra.— Jordan por favor date prisa.— dije en un murmullo, aunque ya no tenía el teléfono en la oreja, lo tenía sujeto en la mano con la que aguantaba la red. Con la otra quizás pudiera defenderme de él.

Cuando se abalanzó hacia adelante me asusté. Intenté retroceder, pero el callejón no era infinito y allí estaba el final. La pared fatídica. Apreté los dientes cuando lo vi ya encima. No podía moverme, su fuerza sobrehumana, sus ojos brillantes y sus dientes afilados me dejaron paralizada. Y entonces sí, por fin reaccióne, empezando a tirar con violencia. Podía notar como las lágrimas me ardían como fuego en los ojos, pero me negaba a que se derramara ni una sola de ellas.
— ¡Suéltame! No te atrevas a tocarme, ¡que me dejes! Cuando llegue te va a matar.— ahora ya iba a grito pelado por el miedo. Tampoco había nadie por aquella zona, además de que los ciudadanos, por suerte, ya estaban todos en sus casas. Por aquellas calles solo debía estar Jordan, y quizás algún otro cazador o guardián que había oído el barullo montado. Extendí la mano libre tanteando los objetos que había en las cajas, y pude apreciar que al lado de todo aquel montón apilado había algo plateado, mate y redondo. Lo sujeté con fuerza antes de darme cuenta de que era la tapa de la basura.— ¡Suél-ta-me!

Y antes de que me diera cuenta de lo que estaba haciendo, le estampé la tapa contra la cabeza con toda la fuerza con la que fui capaz. Ni siquiera supe de donde había sacado el valor para hacerlo. Pero pareció quedarse alelado por unos instantes. Su agarre férreo seguía allí, y empecé a retorcerme para soltarme de su presa. Podía oír como Jordan decía algo al otro lado de la línea, pero no pude llegar a comprenderlo. Solo recé para que llegara ya y llevara algo que sirviera contra aquel monstruo.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Jue Jun 16, 2011 7:20 pm
El vampiro se quedó por un momento quieto ante un golpe que no esperaba y después estalló la furia. No estaba demasiado acostumbrado a que se revelara su cena, al contrario, por regla general iban como corderillos al matadero. Le gustaba sentir el miedo, pero lo que no le gustaba en absoluto es que tuvieran la desfachatez de amenazarle y, encima, golpearle. Un gruñido prácticamente animal escapó de su garganta mientras miraba a la muchacha con una furia acerada en sus fríos ojos. Su mano se deslizó con firmeza a la muñeca de ella y en un gesto rápido le sujetó, pegando su mano contra la pared que tenía detrás mientras entrecerraba los ojos que se habían convertido en dos rendijas rojizas.

No deberías haber hecho eso. —siseó en un sonido furioso mientras se movía hacia delante una vez más.

Por su parte, Jordan corría a toda velocidad intentando pensar con claridad, pero el hecho de no saber qué demonios se iba a encontrar cuando llegara no proporcionaba precisamente un seguro. Si había algo que odiaba era la incertidumbre y la sensación de pérdida de control. Para un hombre como él, aquella situación iba por completo en contra de sus instintos. Estaba acostumbrado a controlarse y, a veces, también a controlar. No era una persona fácil de tratar la mayor parte de las ocasiones, podía pecar de pesado, de parternalista, de controlador y sobreprotector. Cuando le preguntaban, simplemente decía que lo hacía para intentar ayudar en lo posible a que el resto estuviera a salvo y era verdad, lo que ocurría que en ocasiones no lo conseguía. Aquel era uno de ellos y solo provocaba que se pusiera todavía más nervioso aunque en su rostro no se reflejara ese nervioso. Odiaba pensar que el maldito vampiro pudiera hacer algo antes de llegar. Cruzó con rapidez el último callejón que le separaba de donde se encontraba la parte trasera de Haven y donde supuestamente estaba Nyri.

El vampiro, alzó la mano para apartar un mechón rubio de la mejilla de la mujer y sonrió con suficiencia al tiempo que escuchaba algo, unos pasos que se acercaban con rapidez hacia donde se encontraba. Con un movimiento felino se giró a medias para vigilar la entrada y entonces pudo ver a un hombre alto y corpulento llegar corriendo, introduciendo su mano en el interior de la cazadora para sacar un arma que le apuntaba directamente.

¿Una pistola? ¿De verdad que piensas que vas a hacerme algo con una pistolilta?

El vampiro estuvo a punto de echarse a reír y lo hubiera hecho si no fuera porque le habían jodido la noche. Malditos humanos, siempre jodiendo los buenos momentos. El hombre no respondió sino que disparó alcanzándolo en el hombro donde sintió un ligero escozor que provocó un nuevo siseo, mientras se pasaba la lengua por los labios, mirando por un momento a la muchacha rubia.

No te muevas preciosa, voy a matar a tu amigo y seguiremos con lo que estábamos haciendo antes de que nos interrumpiera con tal descortesía.

La soltó, tras olisquearla por un momento y se movió con rapidez hacia Jordan dispuesto a acabar con aquello con la mayor rapidez posible. Por su parte, el Cazador se había agachado abriendo de golpe la bolsa para sacar lo que llevaba dentro tomando una de las estacas junto con una botellita de agua bendita esperando que el bicho que se le venía encima fuera de esos que detestaban los objetos sagrados. Con un movimiento rápido se incorporó para disparar al ser que se acercaba hacía con aparente tranquilidad mientras que con el pie daba una patada a la bolsa que se deslizó hacia el lugar en el que se encontraba Nyrianne, fuera como fuera, esperaba que ella tuviera una oportunidad.

Jordan recibió el primer golpe directamente en la mandíbula derecha y no pudo evitar que una mueca apareciera. Después de enfrentarse con Fortem había de decir que la puñetera sanguijuela tenía un buen derechazo. Disparó una vez más acertándole en el hombro, pero aquel ser no era un mago, ni siquiera era humano desde hacía vete a saber cuánto tiempo y solo provocó una risa mientras se movía con rapidez de nuevo para atacarle con los dedos flexionados donde las uñas brillaban como si se trataran de pequeñas garras, dispuesto a desollarlo vivo si tenía la oportunidad.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Jue Jun 16, 2011 7:57 pm
Oh, oh. Estúpida, estúpida. Así solo hacía que acelerar las cosas. Tendría que haber ganado tiempo, y sin embargo estaba haciendo justamente lo contrario. Me dolió cuando pegó aquel tirón para inmovilizar aquella mano escurridiza que le había golpeado. Por supuesto ni un solo rasguño había llegado a adornar su rostro, aquello era lo que más me fastidiaba, en cierta forma. A no ser que les atacaras con estacas, agua bendita o les cortaras la cabeza no morían nunca. Y sin embargo en aquel preciso momento no tenía tiempo para pensar en eso. Solo me imaginaba ya con lo que se encontraría Jordan al llegar. Siempre atento a los Equites, intentando guarecerlos a todos. Realmente tenía madera de jefe, sí.

Instintivamente me eché hacia atrás cuando vi aquellas dos rendijas rojizas que brillaban más de lo normal, intimidaba. Los seres de la noche daban respeto, además de un auténtico asco, claro. Prefería no decirlo en voz alta, no sería buena idea el cabrearle todavía más. Y pese a todo me permití un pequeño arrebato de rebeldía, ya que quizás no saldría de allí entera.
— Y tú no deberías seguir andando por la Tierra y lo haces, así que no te quejes tanto.— entrecerré los ojos, imitando su anterior gesto. Era una imprudencia, pero bueno, a veces era mucho mejor pasar directamente a la acción que pensárselo demasiado. Por que sino empezabas a dudar y era lo peor que podías hacer frente a dichas criaturas.

Cerré los ojos muy fuerte cuando vi que se aproximaba, esperando sentir algún tipo de golpe o dolor increíblemente fuerte como el que había sufrido aquella muchacha que había visto en el callejón, la primera cena.
— No me toques.— dije al notar un roce. Pero pese a que esperé y esperé no pasó nada, así que abrí un solo ojo para mirar a ver que sucedía y entonces lo vi. Como el vampiro se había alejado un poco pude observar como Jordan llegaba corriendo, cargando con una bolsa a la espalda. Así que no iba desencaminada, había ido a por armamento y esas cosas. Buf, por unos momentos había sufrido muchísimo. Me eché hacia adelante instintivamente pero el vampiro seguía allí, y no me podía mover. Vi como él sacaba la pistola y apuntaba directamente al chupasangre.

— ¡Jordan! Gracias a Dios que has llegado rápido.— cualquiera habría dicho que me desinflé de alivio. Todo mi cuerpo, que había estado en tensión como una cuerda de guitarra, se relajó lentamente. Por fin las cosas empezaban a seguir un buen camino. Sí, siempre había tenido muchas esperanzas puestas en él. Era como mi modelo a seguir, sí, el hermano mayor que me faltaba. Y al verlo apuntando directamente al vampiro sin miedo me hizo sentir terriblemente mal. Nyr, ¿para qué le has tenido que avisar? Si a él le pasara algo sí que habría un verdadero caos entre los Equites. Sin embargo... Conmigo era distinto. Casi nadie se daría cuenta. Ah, la adrenalina del momento no me había dejado pensar con claridad. Maldita fuera.

Escuché el primer disparo, tuve que apartar la cabeza por el sonido de la bala saliendo de la pistola y cerré los ojos con fuerza de nuevo, solo un instante. Luego vi como el vampiro se giraba un instante y abrí mucho los ojos al escuchar lo que decía. Ni siquiera supe qué responder. No quería alardear de nada, pero tenía esperanza en que ahora que Jordan estaba allí - y además con un cargamento de dios sabe qué - quizás todavía habían opciones de salir de esa. Observé paralizada la escena mientras veía como las dos figuras cada vez se acercaban más la una a la otra. Una con movimientos gatunos y la otra con una agilidad maestra. Entonces, sin darme cuenta casi, vi como la bolsa que había traído quedaba tan solo a un par de escasos metros de mi. Me lancé como un portero de fútbol a por ella y rebusqué en el interior. Oh, sí, y tanto que se había traído el armamento contra los vampiros. Saqué una estaca grande de madera y me guardé un frasco de agua bendita en el bolsillo mientras depositaba dentro de la tela la red de contención que en aquel momento no me servía para nada.

Notaba como si se me fuera a salir el corazón por la boca en cualquier momento. La adrenalina volvía a hacer efecto, y casi como si la estaca tuviera energía propia hacía que recobrara poco a poco las fuerzas que creía perdidas. Ay, escuché un 'crac' que no sonó nada bien. Parecía ser que la pelea tan solo acababa de empezar. Sin dudarlo más me levanté empuñando la estaca con las dos manos - que así tendría más fuerza, o eso creía - y me acerqué hacia allí, mirando al morador de la noche.
— ¡No te muevas! — miré de reojo a Jordan para saber si estaba bien él y si la estaba pifiando mucho o por lo contrario le serviría para poder atacar al vampiro mientras tanto.— Si te mueves... Te clavaré la estaca en el corazón y morirás. No creo que te haga mucha gracia. Así que yo que tú no lo haría.— joder, ¿pero qué estaba diciendo? si yo no había ni matado a una mosca en mi vida.— ¿Y ahora qué?— susurré, tan bajo que solo se podía entender si me leía los labios.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Jue Jun 16, 2011 8:41 pm
Estaba viva, viva y coleando, parecía intacta. En un vistazo de apenas unos segundos Jordan se apresuró a asegurarse que se encontraba bien. Solo fue un segundo, un segundo de despiste, el suficiente para recibir un golpe en el estómago que le provocó que el aire le faltara por un momento. Joder con el vampiro, sí que golpeaba con ganas. Se encorvó brevemente mientras que se concentraba en el ser que se abalanzaba de nuevo hacia él, propinándole una patada en la rodilla que provocó un “crac” que indicaba que Jordan acababa de romperle la rodilla. El vampiro soltó una maldición muy poco digna para la apariencia que tenía de gentleman y el cazador suspiró aliviado. Los golpes se sucedieron, golpes y patadas, puñetazos, fintas a un lado y a otro intentando evitar lo más posible lo que estaba ocurriendo. Se sentía bien, en cierta manera, porque estaba descargando toda la frustración de aquel día. En cierta forma necesitaba convencerse de nuevo a si mismo de que podía hacer su trabajo. Bloqueó con el antebrazo un golpe del ser agradeciendo el cuero que en cierta manera amortiguó el golpe.

La voz de Nyrianne llegó entonces clara, demasiado clara y los ojos de ambos hombres —o al menos uno de ellos sí que lo era— se giraron brevemente hacia ella. Los del vampiro brillando rojizos en la semioscuridad del callejón dejando que esa bestia interior que tenían se reflejara apartando por un momento la imagen bella del depredador, para mostrar la monstruosa realidad en un rostro contraído como si de un animal se tratara. El vampiro dudó por un momento, el tiempo suficiente como para que Jordan le diera un codazo en plena cara que provocó que la nariz se partiera con un crujido.

Hacia la derecha.

Fueron las palabras que no fueron dichas en voz alta, sino que las vocalizó. Necesitaba que se moviera hacia la derecha para que el camino hacia el fondo del callejón quedara libre y que ella se fuera moviendo hacia la boca. Si el fondo quedaba libre entre ambos podrían acorralarlo contra la pared, esa era la intención de Jordan. El cazador buscó los ojos de ella para trasmitirle tranquilidad e indicarle que se encontraba allí y que no iba a dejar que nada la ocurriera, al tiempo que notaba un rodillazo en el estómago que volvió a dejarlo sin aire durante unos instantes. Fue el tiempo suficiente para que el vampiro girara su rostro hacia la rubia con los dientes al descubierto mientras daba como quien no quería la cosa una patada a la mano en la que Jordan sujetaba la estaca alejándola de donde se encontraba.

¿Amenazarme? ¿Te estás atreviendo a amenazarme querida?¿Tú que no eres más que un simple insecto?

Con el rostro demudado en una mueca se fue acercando de nuevo a ella como un depredador que acechaba a su presa, lentamente, en círculos, observando a la joven mientras abría los brazos ligeramente con una burlona sonrisa en los labios, arqueando las cejas en un gesto irónico esperando el movimiento que estaba seguro de que no le iba a llegar. ¿Qué podrían hacer dos humanos contra él? Nada, no podrían hacer absolutamente nada. De reojo observó los movimientos del hombre que se encontraba con una rodilla en el suelo.

Jordan luchaba por recuperar la respiración que poco a poco se fue normalizando, pero se mantuvo en la postura mientras se aseguraba de que Nyrianne se encontraba bien. Estaba jugando con ellos, era algo que estaba claro. Hundió la mano en su bolsillo hasta que encontró el agua bendita en el bote y entonces se incorporó para acercarse de nuevo a él, movimiento que fue interceptado por el ser que se giró con rapidez dispuesto a enfrentarse de nuevo al cazador al que consideraba mayor amenaza que a la presa rubia. En un arco de la mano el agua bendita voló por los aires hasta caer en la mano del ser que había alzado en un acto reflejo para protegerse. Siseó al notar las gotas, notando cómo humo salía de la piel quemada mientras un gruñido animal de dolor se escaba de su garganta lanzándose una vez más contra Jordan.

Y esta vez el cazador le estaba esperando.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Jue Jun 16, 2011 9:19 pm
Los ojos me iban del vampiro a Jordan, y de Jordan al vampiro. Había tal maraña de pies y manos por allí en medio que ni siquiera podía ver bien lo que estaba sucediendo. Realmente me desesperaba el no poder hacer nada. Y no hacía más que sentirme culpable por haberle llamado. Como si alguien me llamara en la cabeza. Toc, toc, que tonta eres. Pues eso mismo. Era como ver una película de lucha, como si estuviera detrás de un enorme cristal que no podía traspasar, es decir, que no sabía cómo ni qué hacer. Se me encogió el estómago cuando vi que el vampiro golpeaba al cazador, al ver su cara. Pero sin embargo pareció recuperarse pronto, y la pelea continuó como si ninguno de los dos hubieran recibido ni un solo rasguño que les hiciera cojear. El sonido que se oyó cuando el hueso de la rodilla se rompió me hicieron estremecerme de arriba abajo. Había sido escalofriante. Y eso lo decía yo que no estaba dentro de la pelea en sí. Aunque si era necesario siempre podía saltar sobre el vampiro como si fuera un mono y clavarle la estaca en el cuello. Sería peligroso, y podría despistar a mi compañero, lo que sería todavía peor.

Sin embargo lo que sí que pareció sorprenderles a ambos fue que yo hablara. Vamos, ni que me hubiera quedado muda. Bueno, es que estaba muda de asombro. Nunca había visto una pelea así desde tan cerca. Cuando un cazador iba a por un mago siempre aconsejaban alejarse, pues de rebote la magia podía tener consecuencias en las personas de alrededor también. Y lo peor era que costaba concentrarse teniendo que estar pendiente de otra persona para ver si se encontraba bien o por el contrario estaba medio muerta. Problemas, problemas, problemas. ¿Era yo un problema? Solo había ido a intentar ayudar, pero también sabía que debía llamar si algo sucedía. Casi imperceptiblemente me froté las sienes. Me estaba dando dolor de cabeza y todo ya. Aguanté las ganas de dar un paso atrás cuando vi el rostro de un vampiro contraído por la ira y el odio, realmente había perdido toda la belleza que poseía. Ahora se mostraba como el verdadero monstruo apoderado por la rabia que era.

Asentí lentamente cuando vi que Jordan me decía sin palabras que me moviera a mi derecha. Me pareció saber lo que estaba intentando, solo quería que saliera del fondo del callejón para que el que estuviera acorralado fuera el vampiro. Así estábamos en una posición extraña. Jordan a un lado, el vampiro en medio y yo al otro. Era imposible lanzar algún ataque, pues le podíamos dar al otro sin querer. Al fijarme en la mirada fugaz que me lanzó fui capaz de comprenderlo. Sabía que él era protector con los suyos, así que podía fiarme de él, y por supuesto de sus habilidades. Sin embargo desde el momento en el que le había visto llegar por la boca del callejón ya no estaba tan nerviosa. Simplemente no tenía demasiada experiencia en aquello, y mira que llevaba unos meses con los Equites ya. De todas formas era lo que se podría llamar una novata, así que... Era lo que había. Abrí la boca para avisarle, demasiado tarde. El rodillazo le impactó en el estómago y vi como caía.

— ¡No! ¿Jordan? ¿Estás bien? ¡Joder, no, no! — en aquel momento dejé de fijarme en el vampiro. Por eso mismo no quería que viniera. Sabía que al final el que terminaría recibiendo sería él. ¿Por qué había acudido? Bueno claro, yo le había llamado como una desesperada que estaba. Mierda, no sabía lo que hacer en aquel momento, me había quedado de piedra. Vi como el vampiro se acercaba de nuevo con un gesto irónico en las facciones y en el cuerpo.— Sí, sabes que va a terminar aquí, aunque tenga que arrastrarte conmigo.— fue lo único que me salió en aquel momento. Casi sonó como si fuera una pregunta. Tenía el estómago del tamaño de una castaña, notaba como el corazón estaba a punto de saltárseme del pecho de tan rápido que iba y estaba empezando a sudar pero bien. Igual que como si me hubiera echado una carrera de cinco kilómetros sin parar.

Observé los movimientos de Jordan y entonces sí, vi que se llevaba la mano al bolsillo para sacar la botellita, al mismo tiempo simultáneamente me lancé rodando por el suelo hasta pasar al otro lado de dónde estaba el vampiro y eché a correr hacia donde estaba mi compañero y jefe, y también amigo. Vi que el vampiro pasaba a toda velocidad por al lado, hecho una verdadera furia, e iba directo hacia él. Tuve que fenar mi avance, pero sin embargo volví a acelerar y pasé por al lado suyo aprovechando que el vampiro se había fijado en el cazador y no en mi. Cogí la estaca que estaba reposando en el suelo a unos metros, donde había caído antes.
— Toma, te falta esto.— le dije lanzándole la estaca para que al menos la tuviera cerca y pudiera cogerla en caso de que le hiciera falta. Mientras tanto aproveché para tirarle la mía al vampiro tal y como si fuera una jabalina. Cuando todavía le faltaban unos buenos metros para llegar hasta donde estaba él, cogí carrerilla y lancé mi estaca contra el chupasangres con toda la fuerza que pude, asegurándome de no darle a Jordan. Solo faltaría.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Vie Jun 17, 2011 12:25 am
Jordan sabía que dependía todo de un segundo, de un único segundo. El golpe en la mano le había hecho soltar la estaca y desarmado como estaba lo único que podía hacer era esperar que el agua bendita hiciera su efecto. El movimiento en el rabillo del ojo que fue Nyrianne provocó que el hombre sonriera para sí. La Guardiana no se había quedado bloqueada sino que actuaba como una auténtica Equites. Era buena, muy buena en lo suyo y en ese momento agradeció tenerla de su lado. Tanteó para coger la estaca que le había lanzado al tiempo que la que ella lanzó giró sobre sí misma en el aire. Por un instante fue como verlo todo a cámara lenta para los ojos del Cazador: aferró con firmeza la estaca, notando la rugosidad de la madera y las astillas que rasparon por un momento las yemas de los dedos que la aferraban, la otra estaca siguió volando hasta que con una precisión milimétrica se clavaba en uno de los hombros del vampiro que soltó un rugido de dolor y odio, pero que no le retuvo en su carrera.

Gracias Nyri.

Jordan se incorporó por fin en toda su estatura y se movió con rapidez hacia delante, con la estaca sujeta en la mano como único arma. Sabiendo a la rubia guardiana detrás de él, en la boca del callejón, el Cazador se sentía mucho más seguro de sus movimientos, de sí mismo. Fue como si dos fuerzas chocaran una vez más. Necesitaba llevarle hacia el muro del final del callejón y el vampiro, con la estaca clavada la cual se arrancó de un manotazo por el que comenzó a salir la sangre oscura, no se lo iba a poner nada fácil como si estuviera seguro de lo que el cazador quería hacer. El pucho izquierdo, el que no llevaba la estaca, impactó con firmeza en el mentó del vampiro. Aquello iba a provocar los nudillos hechos una mierda, pero al hombre no le importaba. Tenía que asegurarse que Nyrianne conseguía salir de allí y la conocía lo suficiente como para saber que no se movería por mucho que le dijera que echara a correr al refugio del Haven. Aun así…

¡Ve al Haven! Ponte a resguardo.

No la miró, no podía mirarle, no cuando tenía al maldito ser golpeando. Siseó por un momento cuando las garras del ser estuvieron a punto de destrozarle el abdomen y solo se llevaron por delante parte del tejido del polo negro de cuello alto que llevaba donde se pudieron ver con claridad partes de su piel. Por poco. Era un ir y venir de golpes que se sucedían con rapidez, hasta que por fin el antebrazo de Jordan impactó en la zona de la traquea del vampiro y medio arrastrándole le llevó hasta el final del callejón pegándolo contra la pared utilizando su fuerza y la de su cuerpo para hacer palanca. Estaba demasiado cerca de unas uñas que sabía que eran finas como cuchillas.

Y sabía que el ser no iba a permitir que le clavara la estaca. Lo sabía por el temor que apareció en los ojos del vampiro cuando vio la estaca en su mano, la forma en la que luchaba con él intentando arrebatársela. Apretó con mucha más fuerza con su antebrazo en esa zona tan vulnerable, sabiendo que si hacía solo un poco más se la partiría.

Tienes que entender algo, chupasangre, nadie amenaza a uno de los míos y sale vivo.—el tono de Jordan no tenía la calidez que segundos antes había usado cuando habló a Nyrianne, sino que era bajo, frío, mientras le clavaba los ojos en los suyos para que se diera cuenta de que hablaba totalmente en serio. — Te has confundido de coto de caza.

En un movimiento rápido, sabiendo que para llegar a su objetivo tendría que atravesar la caja torácica, Jordan echó el brazo hacia atrás y se la clavó en el pecho atravesando con esfuerzo hasta llegar al corazón. Los ojos del vampiro se abrieron, pero nada ocurrió. Nada visible al menos. Se quedó completamente estático, solo los ojos se le movían. La estaca de madera le había paralizado el cuerpo, pero no así la mente. Sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Con un gesto Jordan se movió, tendría que ir a por la daga que estaba en la bolsa.

Se giró entonces, para ver si Nyrianne estaba cerca o si le había hecho caso y había ido a un lugar seguro.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Vie Jun 17, 2011 1:11 am
Era el momento crítico, el que lo decidiría todo. Quién ganaba y quién perdía. Por eso agradecí interormente la idea que había tenido de pasarle la estaca. Al menos algo había hecho bien, por que parecía que aquella noche la tenía plagada de errores y malas pasadas. Notaba que estaba al borde del histerismo, había sido una noche que, aunque no había durado mucho - pues no era tan tarde - había sido muy intensa. Al terminar aquello necesitaría un buen tazón gigante de azucar para relajarme, sino estaría toda la santa noche en vela. Como si estuviera fuera de la escena todavía, podía ver como cada pequeño movimiento se sucedía como durara minutos eternos. Observé como Jordan tanteaba en busca de la estaca y mientras la que había lanzado yo giraba a toda velocidad en el aire hasta ir a clavarse en el hombro de la bestia.

— ¡Sí!— exclamé en voz baja, como una pequeña e impredecible celebración personal. Al final habían servido de algo mis entrenamientos. Últimamente me pasaba mucho tiempo en la sala de entrenamiento, aunque me decían algunos - los más creídos - que yo no tenía por que entrenar por que solo me hacía falta llamar a los cazadores. Quizás no entrenaba con armas, eso ya había quedado claro, pero sí en agilidad, velocidad y puntería. Y al parecer aquel entrenamiento había dado sus frutos. Sin embargo yo no tenía tiempo en pesar en eso, estaba demasiado preocupada. La angustia me estaba carcomiendo por dentro como las terminas se comen la madera. Creo que hacía tiempo que no lo pasaba tan mal. Y eso que la noche había empezado estupendamente. Necesitaría ir a terapia luego para no tener pesadillas.

— Pero... Pero... Entonces tú...— me mordí el labio con fuerza cuando vi como el vampiro se arrancaba la estaca del hombro y empezaba a brotar sangre oscura y asquerosa. Por supuesto, al escuchar lo que me dijo Jordan, y a pesar de las protestas, me di la vuelta. Dudé, y después me alejé unos metros hasta la boca del callejón. Giré la esquina pero al dar cuatro pasos me quedé parada. Entonces me volví a girar y regresé sobre mis pasos, asomándome por la esquina del callejón. No podía ver bien lo que estaba sucediendo, pero el ruido hizo que me volviera a acercar. Estaba completamente en tensión, como la mismísima estaca que ahora mismo Jordan sostenía con una mano.

Me llevé las manos a la boca cuando vi como el vampiro, con sus afiladas uñas como cuchillos, intentaba abrir al cazador en canal por el abdomen. Casi me dieron ganas de potar cuando pensé que lo había conseguido, pero al ver como Jordan se seguía moviendo con la misma agilidad de antes comprendí que no le había dado por los pelos. Suspiré por lo bajo. Dios, estar allí sin poder hacer nada era demasiado, me sentía tan impotente... Me dejé resbalar por la pared hasta quedar acuclillada viendo lo que sucedía. No pude escuchar bien lo que él dijo cuando arrastró al vampiro hasta la pared como si fuera de papel y lo enclastó allí, en el fondo del callejón. Solo se podían vislumbrar dos siluetas fornidas y poco más, pero por el tono que pude escuchar por parte de Jordan supe que estaba hablando muy, muy en serio. No llegué a oír lo que le estaba diciendo, sin embargo lo conocía bien y sabía que cuando hablaba de esa forma no se andaba con medias tintas. Y encontes se oyó un sonido viscoso, como de... Sí, la estaca clavándose en un cuerpo. Recé para que fuera el del vampiro, pero me tuve que tapar los oídos para no vomitar. Era un sonido asqueroso, solo de imaginarme la sangre brotando de su pecho me ponía enferma. A los pocos minutos me destapé levemente los oídos y alcé la cabeza.

— ¿Jordan...?— pregunté, sin poder ocultar el temor en la voz. Oh, dios mío, estaba sufriendo. Solo de pensar que la persona que podía salir de las sombras del fondo del callejón podía ser el vampiro me hizo estremecerme de forma violenta.— ¿Estás ahí...?¿Eres tú?— seguí preguntando. Todo era silencio en aquel momento. Se notaba que uno de los dos había caído. No me atrevía a levantarme, si estaba por ahí el chupasangre capaz de arrancarme la cabeza. Bueno, me lo merecería de todas formas. Me tapé los ojos, joder, joder... Estaba segura de que mi parasomnia iba a aumentar después de aquello. Sabía que no podría pegar ojo durante al menos el mes siguiente sufriendo por que algún vampiro entrara en mi habitación.— No, eso no, eso no. No quiero que se repita otra vez. Por dios.— repetí, pasándome los nudillos por los ojos con fuerza. Tenía auténtico miedo a mi enfermedad. Y lo peor era que no podía pisar un hospital, por lo que ir a un psicólogo quedaba descartado. Además de que no sabría qué contarle. Vale, ya me estaba montando mis paranoias. Empezaba a ver sombras que se acercaban.— ¿Jor...?— se me apagó la voz, alargué la mano para tantear a ver quién era, incluso me temblaba la mano.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Vie Jun 17, 2011 1:40 am
El cazador se acercó a la bolsa en el lugar donde Nyrianne la había dejado antes de que todo aquel caos comenzara, se agachó sin perder ojo del vampiro que se encontraba inmóvil a unos pasos de donde se encontraba y abrió la bolsa para ver su interior hasta que encontró lo que estaba buscando, cuando sacó la daga pudo ver con total claridad el temor que aparecía en los ojos del vampiro. Estaba seguro de que Emerick hubiera sonreído en ese momento, pero Jordan no lo hizo. Aquello era algo serio, demasiado serio. Matar a cualquier criatura, aunque se lo tuviera merecido, aunque librara de la muerte de más seres humanos, no era un juego de niños. Quitó la vaina de la daga que brilló en la oscuridad notando el mango de ébano frío en su mano. El filo no era recto, sino ligeramente curvado y ayudaría en el movimiento que tendría que hacer. Decían que había pertenecido a un cazador allá en plena Edad Media y que era acero de Damasco. Sabía que funcionaría, el filo era bañado en agua bendita tras cada uno de sus usos, como si de esa manera los efectos de aquella la bendijeran a su vez. No funcionaba siempre con todos los vampiros, pero aquel en particular parecía que tenía un cierto resquemor para los símbolos sagrados.

¿Alguna última palabra?—preguntó con cierta ironía sabiendo que no iba a poder decir nada en el estado que estaba.

Lo que sucedió a continuación era una de las partes del trabajo que a Jordan menos le gustaba. En un movimiento rápido y calculado la cabeza del ser fue desprendida del cuerpo y prácticamente en el acto estalló en llamas hasta que se convirtió en cenizas. Lo bueno que tenían esos bastardos que su propia sangre también desaparecía. Eran bastante limpios. Se incorporó entonces comenzando a recoger, a limpiar la escena, metiéndolo todo en la bolsa. Era ese el momento en el que peor se sentía, como si todos los golpes recibidos los sintiera de golpe. Con paso lento se dirigió hacia la entrada del callejón, con la bolsa en el hombro, deteniéndose por un momento para mirarse el abdomen donde el polo estaba prácticamente hecho jirones.

Fue entonces cuando la escuchó y su corazón no pudo evitar encogerse. Al dar un par de pasos la vio prácticamente encogida, contra la pared, con los ojos tapados y temblando como si fuera una hoja al viento invernal. Mierda. Estaba aterrorizada y no era para menos, había pensado que al no verla en un primer vistazo ella no estaría, pero en cambio…se movió entonces con pasos silenciosos y rápidos, agachándose delante de ella y estirando la mano para tomar la suya esperando que al notar el tacto cálido se relajara. Dejó que la bolsa cayera en el suelo, escuchándose el chasquido metálico de los objetos que había en su interior.

Nyri, abre los ojos.—dijo con tono suave, cálido, que contrastaba profundamente con el que había utilizado hacía unos instantes cuando se había dirigido al no muerto. El cazador había dejado paso al amigo que se encontraba preocupado. —Soy yo, mírame.

Aunque no sabía si era buena idea, seguramente no tendría buen aspecto. Los golpes pronto comenzarían a oscurecerse, aunque tenía suerte porque tampoco había tenido nada fracturado ni ningún corte que se le pudiera infectar. Apretó con ligereza la mano de ella mientras le miraba atento a cada uno de sus gestos. Debería haber estado allí, debería haber estado en el The Haven protegida, lejos de todo aquello. Siempre odiaba que se pusieran en peligro. Sabía que los cazadores lo sufrían, a fin de cuentas eran los guerreros de entre los suyos, pero en cuanto a los guardianes y a los sabios… si por él fuera los dejaría en un lugar seguro durante toda su vida y no saldrían de allí nunca.

Sueños estúpidos, sin duda, pero en ese momento lo que le preocupaba era ver a Nyrianne. Sabía que no estaba herida, no podía estar herida, el vampiro no había llegado hasta ella ¿verdad? Los ojos claros del hombre buscaron con cierta ansiedad alguna posible herida que la rubia pudiera tener.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Vie Jun 17, 2011 11:57 am
Quisiera no haber escuchado nada de todo aquello, ser sorda, así podría haber cerrado los ojos y simplemente esperar. Aunque quizás incluso hubiera pasado desapercibida toda la noche, por que parecía una sombra más del callejón, sinceramente. Me había hecho un ovillo hermético, rodeándome las piernas con los brazos por los costados y con los oídos tapados bien fuerte. Lo que más me preocupaba era que no sabía lo que podía saber de las sombras. No estaba acostumbrada a aquellas escenas. Los entrenamientos no eran tan bestias. Ya no volvería a verlos de la misma forma, ahora me los tomaría muy en serio. Sino ya veía que no me iban a servir para la lucha. Ah, maldita fuera. Me balanceé levemente hacia adelante y hacia atrás, murmurando por lo bajo. Tan bajo que casi no se podía escuchar. Iba echando vistazos de tanto en tanto, y en un preciso instante pude ver cómo sacaba una daga plateada que resplandeció bajo la luna, que por fin se dignaba a aparecer por el cielo. Durante toda la noche apenas se había visto. Notaba como todavía me escocía donde el vampiro había apretado con fuerza cuando le golpeé por primera vez, en la muñeca. Me dolía, pero seguro que se pasaría temprano. Aunque estaba claro que aquello me quedaría grabado en la cabeza por mucho, mucho tiempo.

Unos segundos agonizantes fueron los que tuve que esperar antes de ver ante mis propios ojos como el vampiro - me pareció que era el vampiro, sino no tenía sentido - estallaba en llamas y luego quedaba reducido a mero polvo. Algo que nunca habría tenido después de fallecer por vez primera, un ser erróneo que ya no tenía derecho a caminar por la faz de la Tierra. Realmente eran asquerosos y repugnantes, los vampiros. Se alimentaban de los vivos para convertirse a ellos mismos en muertos viventes. Eso eran, la sangre que su cuerpo contenía no era ni suya. Oh, dios mío, me vinieron ganas de sacarlo todo por tercera vez en aquella noche. Al final terminé quedándome allí, aovillada como si fuera un ovillo de lana, tan cerrada sobre mi misma que prácticamente no se me veía. Pero pareció ser que sí, que me vio, por que tras oír el sonido de unos pasos que se dirigían ya hacia la boca del callejón y - tras otros instantes de tensión - el sonido metálico de la bolsa que llevaba todos los utensilios dentro al ripequetear contra el suelo. Vale, vale... Relájate, así será menos duro. Y esperé algún golpe, o un ataque, algo que doliera. Sin embargo lo único que me encontré fue una mano. Al principio mis instintos saltaron y me dio por apartarla con un escalofrío notorio, pero entonces me di cuenta de que no estaba helada como la del vampiro.

— ¿Eres tú?— pregunté. Vale, había sonado casi como un sollozo. Me sorbí la nariz levemente y levanté la cabeza al escuchar lo que decía. Claro que sí, el vampiro por mucho que intentara hablar como si fuera todo un caballero nunca conseguiría aquel tono que tenía su voz. La de un amigo. Le apreté levemente la mano ahora que sabía que era él. El estómago me había dado un vuelco completo.— Oh, Dios mío. Por un momento había pensado que estabas muerto.— dije con un gran suspiro. Temblaba como la última hoja que queda colgando de un árbol en otoño. El verle allí con expresión preocupada me hizo darme cuenta de que todavía seguía en aquella especie de posición de autodefensa, así que me desenrosqué a mi misma a la velocidad de las tortugas. Estaba aliviada, ahora sabía que por fin se había terminado. Me lo quedé mirando.— ¿Te encuentras bien? Te ha... Y en...— oh, dios, me había quedado sin palabras. Simplemente señalé con la mano libre su zona del abdomen donde tenía el polo hecho jirones. Entonces me pasé la mano por la cara y me froté un ojo.— No debería haberte llamado. No, que va. No. Mira lo que ha pasado, joder. Si te hubiera hecho algo... ¿Y si te hubiera matado, y si tuviera que arrastrar tu cuerpo hasta el Heaven y decirles que había sido un vampiro, y por mi culpa? — me dieron ganas de golpearme la cabeza contra la pared.

Agaché la cabeza, realmente aquella sensación de malestar general - sobretodo en el corazón, que lo tenía más o menos del tamaño de una haba - seguía presente y tardaría en desaparecer. Las imágenes de aquella noche pasaban como una película por mi cabeza, una y otra vez, a cada momento más deprisa y se iban metamorfoseando. Y había mucha sangre por todas partes.
— Esto me provocará parasomnia por mucho tiempo.— murmuré mirando un punto inconcreto del suelo. Por un momento me había olvidado de que estaba allí, delante. Dirigí mi mirada hacía él. No tenía ni idea de si sabía lo de aquella enfermedad, quizás en realidad no estaba capacitada para ser Equites. Al final todo aquel lío de pensamientos y hizo incorporarme.— Espera... Necesito...— me dirigí hacia detrás de una caja que estaba cerca y me agaché. Sí, a la cuarta - no a la tercera - va la vencida. Eché toda la cena que tenía en el estómago allí, al menos no lo había hecho delante ni encima de él, que solo le faltaba eso.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Vie Jun 17, 2011 1:40 pm
Estaba bien, más o menos. Podía notar que estaba nerviosa y que tenía miedo, al menos hasta que le reconoció. Aquello provocó que la mandíbula de Jordan se tensara. En ese momento le hubiera gustado hacer sufrir un poco más a la sanguijuela que había desaparecido aquella noche. Maldito fuera por haberla hecho pasar por ese infierno. Observó cómo se movía y hablaba, no estando muy seguro de qué decir en esos momentos. Jordan no era un hombre de palabras, nunca lo había sido. Cualquiera que le conocía sabía que lo que mejor sabía hacer era gruñir y pelear. Había sido un superviviente nato y durante toda su vida había tenido que luchar en un momento u otro. Había demasiada rabia en su interior decían. Por esa razón había sido metido por su tío en el Dojo, aquel lugar que le había cambiado de manera literal la vida.

Había aprendido a canalizar toda esa rabia, había aprendido a defenderse y había entrado en los Equites donde había aprendido mucho más de lo que hubiera imaginado en un primer momento. Y ahora tenía que encargarse de cuidar a los nuevos que llegaban, como Nyri. Además, aunque pudiera parecer que no tenía corazón, que era un puro y simple asesino, en el fondo cogía cariño a cada uno de ellos, sabiendo lo que podían perder. Nyri no era una excepción, ni mucho menos.

Nyrianne, tenías que llamarme sí o sí, si no cuando hubiera venido aquí mañana por la mañana me hubiera encontrado con un espectáculo muy distinto.—el tono era tranquilo, aunque desde luego su comentario no se podía considerar como el más acertado. —Estoy bien, no te preocupes por mí.

Dolorido, sí, pero nada que una noche de sueño no arreglara. Había muchas cosas peores, había pasado por mucho más. Se le encogió el estómago cuando se movió para vomitar. Estaba temblando como una hoja y eso le enfureció un poco más. Contra él mismo, sobre todo, por no haber pensando que debería haberla mandado en primer lugar rumbo al Haven. Joder, es que era idiota. Se movió entonces hacia delante, casi soltando un gruñido y la tomó de la mano con firmeza.

Ven aquí Nyri.

Sin permitirla que se resistiera tiró ligeramente de ella, no con demasiada fuerza porque sabía que podría hacerla daño. Jordan no era una persona de contacto físico, no más del necesario al menos, pero en ese momento la guardiana rubia que era su amiga lo necesitaba por lo que en un gesto bastante impropio de él la movió hasta el círculo protector de sus brazos y la abrazó contra él mientras una de sus manazas se deslizaba brevemente por su espalda en un gesto que buscaba tranquilizarla. Era un gesto que había aprendido a hacer con Lizzy cuando su pequeña hija se caía o le pasaba algo que le hacía llorar. Sabía que le tranquilizaría, que al menos durante unos instantes, podría sentirse algo mejor. Para una persona que no estuviera acostumbrada a lo que acababa de ver, a los movimientos y a la violencia, era cuando menos impactantes.

Ya ha pasado, ahora nos vamos a ir al Haven, a mi despacho, y te vas a tomar algo ¿de acuerdo?—el tono buscaba ser lo más tranquilo posible mientras sobre su cabeza las mandíbulas de él se tensaban. Mierda de seres sobrenaturales… había leído la ficha de Nyrianne, sabía lo que ocurría y no había pensado en lo que podría afectarle aquello. Él no era médico, no entendía demasiado bien su enfermedad, pero lo que sí sabía era que las pesadillas podían volverse condenadamente reales para ella y que bien podría pasarla algo. —Debería haberte mandado marchar del callejón mucho antes y tú deberías haberme hecho caso.

El tono era serio, cuando dijo aquellas últimas palabras. No sabía cuánto había visto del final, pero ver cómo una cabeza era cortada por una daga no era precisamente lo más agradable del mudo, ni tampoco escuchar cómo la estaca atravesaba al otro ser. Él mismo sufría pesadillas de vez en cuando aunque dudaba mucho que llegaran al nivel de las de Nyrianne.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Vie Jun 17, 2011 2:38 pm
Desde el momento en el que eché todo lo que tenía por la boca me sentí mejor. Como si me hubiera liberado de un peso que llevaba mucho tiempo conteniendo. Y más o menos era así, por que hacía rato que el estómago me estaba dando vueltas como un loco y notaba la cabeza a punto de estallar. Pero una vez me incorporé de nuevo ya me sentía mucho mejor. Sí, ya había pasado, ya se había terminado. Aquel vampiro no volvería jamás a la vida, había desaparecido para siempre. Aquello era tranquilizador, pensar que nunca me lo volvería a encontrar, aunque estaba segura de que sí que me encontraría a otros vampiros a lo largo de mi vida si quería ser Equites. Y claro que quería serlo, desde hacía meses que quería, ahora que por fin lo había conseguido no me iba a echar atrás ni por asomo. Al fin y al cabo era lo que mejor se me daba. De todas formas compadecerse de una misma no servía de nada, más que pare deprimirse, así que prefería no pensar en eso. Uno se buscaba la vida como podía por sobrevivir en el nuevo mundo. Un mundo plagado de criaturas como la de aquella noche, y algunas mucho peores. Seguro que aquel vampiro no debía tener mucho tiempo, aunque más que nosotros dos seguro. Había seres muy, muy viejos que seguían todavía vagando por las calles, robando vidas.

Levanté la cabeza y me pasé una mano por la frente.
— Mañana vendré a limpiarlo y a ordenar un poco el desastre. Cualquiera que venga por aquí se quedará flipando sino.— dije. Ya me había recompuesto un poco, aunque sabía que aquello solo era el principio. Luego cuando estuviera sola en casa vendría lo peor. Ya me estaba imaginando las sombras acechando, imaginaciones, cosas que no existían. Y luego despertarme a media noche sudando a mares y gritando de terror. No entendía cómo los vecinos no habían llamado todavía a la policía. Parecía que cada noche viniera Jack el Destripador a abrirme en canal y sacarme los intestinos. Realmente lo había soñado más de una vez. Dolía, dolía mucho, pero después cuando me despertaba la mitad de las veces no podía llegar a recordar lo que había soñado. Eso era lo peor de todo. Tenía miedo y no sabía de qué.

Me quedé un instante parada al escuchar lo que decía y abrí los ojos como platos al imaginarme la sangrienta escena que podría haberse encontrado a la mañana siguiente si no hubiera acudido a mi llamada. Hice una mueca al pensarlo, argh. Después noté como con mano firme tiró levemente de mi y me rodeó con los brazos. Al principio no comprendí lo que hacía, pero entonces me di cuenta. Un abrazo. Vaya, no era propio de Jordan abrazar a las personas. No es que tuviera mucho contacto físico con los demás. Lo justo. Pero tampoco me extrañaba, no era una persona extremadamente sensible ni de las que besuquean y abrazan siempre. Y por mi parte lo agradecía, por que tanto beso y abrazo al final terminaba agobiando y a mi me ponía de los nervios. Tampoco estaba acostumbrada al contacto físico, prefería mantener la distancia, pero Jordan era un amigo y por eso mismo el abrazo fue reconfortante y la mano que se posó en mi espalda me proporcionó la seguridad y la protección que necesitaba.
— Gracias. En serio, gracias por haber venido tan rápido.— dije con un suspiro leve. Dejé caer la cabeza por un instante en su hombro. El temblequeo iba cesando paulatinamente, de forma que todo volvía a la normalidad poco a poco. Sí, por fin me estaba relajando y volvía a ser Nyrianne Charlize Bickbernsch, y no un saco de nervios que casi no podía no hablar.— Que noche, y yo que creía que no iba a suceder nada.— fue solo un murmullo.

Asentí lentamente con la cabeza cuando dijo que iríamos a su despacho y me tomaría algo. Lo necesitaba. Tenía la garganta más seca que un zapato y hasta ese momento no me había dado ni cuenta. Además de que ahora tenía el estómago completamente vacío y necesitaba recuperar fuerza, sino no llegaría ni a la vuelta de la esquina y todavía tenía que ir a buscar mi moto, que quedaba a unos quince minutos del Heaven andando. Me daba auténtico terror caminar por las calles - incluso con la moto - después de aquello. Pero no iba a mediar palabra, suficiente se había puesto en peligro ya como para que ahora le soltara que me daba miedo ir hasta casa sola. ¿Qué tipo de persona era? Por dios, en vez de parecer adulta más bien parecía que tenía cuatro años. El vampiro ya no estaba, punto. Pero seguía allí, aquel punto de ansiedad que no demostraba.
— De acuerdo.— me hice crujir los dedos, cada uno de ellos. Lo hacía cuando quería relajarme. El crac crac que sonaba cuando me petaba los huesos era como un calmante para mi.

Apreté los dientes por un momento cuando escuché el último comentario que había hecho y negué con la cabeza.
— No te creerás que me hubiera ido al Heaven sabiendo que no había ningún otro cazador cerca para ayudar. Sería ya demasiado que encima de que soy yo la que te he metido en este lío me hubiera marchado. Ni de coña. Y sí — alcé la mano antes de que me lo dijera.— ya se que eres el jefe de los Equites, pero también eres una persona importante para mi, Jordan, un buen amigo, así que no te esfuerces. Con cualquier otra cosa te hubiera hecho caso, pero justamente en la de irme no. Era más importante quedarme por si acaso que no dormir durante un par de días.— un par de días si tenía suerte, sino quizás un mes. Eso me lo callé, quizás pensaba que no era tan grave y seguro que si no sabía la duración de los periodos de terror nocturno sería mucho mejor.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Vie Jun 17, 2011 3:25 pm
Poco a poco los temblores de Nyrianne iban calmándose y lo mismo hacían los nervios de Jordan, al menos los que estaban relacionados con ella. No podía permitirse el relajarse porque sabía de casos en los que los vampiros no iban solos. Aunque fueran seres bastante impulsivos, independientes y caprichosos, algunos de ellos iban en parejas o tríos. Esperaba que el que acababan de matar fuera un ser solitario o sino seguramente tendrían problemas antes de lo que se esperaban. Bajó la mirada aunque se encontró con la coronilla rubia. Sus palabras hicieron que Jordan asintiera por un momento.

No me des las gracias por hacer mi trabajo, Nyrianne, sabes que no podía permitir que te ocurriera nada.—el tono era tranquilo, aunque en sus palabras le indicaba que no solo era su trabajo el estar allí aquella noche. —Hiciste bien en llamar y espero que si te vuelves a encontrar en una situación similar, me llames de nuevo. Si estoy cerca me acercaré yo o sino mandaré a alguno de los cazadores.

Todos los Equites sabían defenderse más o menos, algunos mejor que otros, pero era verdad que los Guardianes y los Sabios, sobre todo estos últimos, jugaban en clara desventaja. Sabía que Nyrianne se estaba entrenando, la puntería que había demostrado al lanzar la estaca era soberbia, pero también sabía que no le gustaba para nada la violencia que implicaba ser un cazador. La vida de ninguno de los grupos era fácil y sencilla, ninguno de ellos estaba libre de la aparición de un ser que podría arrebatarles la vida con un parpadeo de ojos. Era el precio que tenían que pagar por no estar en la ignorancia completa. La inocencia del resto de los humanos hacía que todos muchas veces desearan volver atrás, a aquel punto en el que lo más extraño que podrían ver sería en una película o en una serie, no en la calle o en un callejón.

Se movió ligeramente tomándola de los hombros para mantenerla sujeta, pero deshaciendo con el gesto el abrazo mientras ella hablaba, manteniendo el ceño fruncido. Los ojos claros del hombre se clavaron en los de ella apretando por un momento la mandíbula. No estaba demasiado acostumbrado a que se preocuparan por él, solía ser siempre al revés. Vale, Myron, Caleb o Emerick podían meterle una patada en el culo de vez en cuando recordándole que no era un inmortal y que podía morir como otro de ellos, pero la verdad es que las palabras de Nyrianne le habían dejado un tanto… sorprendido. Se la quedó mirando durante aproximadamente un minuto sin decir nada. Había tensión en el ambiente, por lo que finalmente la soltó y se agachó para coger la bolsa que tenía en el suelo.

Te lo agradezco, Nyri, pero no puedes ponerte en riesgo por mí. ¿Y si no hubiera sido yo el que hubiera salido de este callejón? Eres importante para los Equites, tienes un gran trabajo que hacer y además de toda una vida por delante.— la voz era tranquila mientras la miraba con el ceño fruncido. — Agradezco que estés aquí, viva, sin un rasguño, porque me preocupo por ti y porque eso significa que la noche ha terminado bien para nosotros.—la miró por un momento y la hizo un ligero gesto con la mano para que comenzaran a andar, mejor estar en movimiento por si acaso. —Vamos, será mejor que comencemos a movernos y mandaré a alguien para que limpie esto, no te preocupes.

Se subió la bolsa para ponérsela en el hombro y comenzó a andar de forma constante, sin aparente prisa, rumbo al bar. Había salido de allí como una exhalación por lo que seguramente las personas más observadoras se habrían dado cuenta de que algo iba mal. Se movió para atarse la cazadora impidiendo que se viera el destrozado polo negro aunque las marcas de la pelea eran visibles en su rostro allí donde los golpes del vampiro le habían impactado y en sus propios nudillos los cuales tendría que limpiar una vez llegaran hasta el bar. Miró a Nyrianne de reojo por un momento, quizá no hubiera sido el más diplomático. No, no lo había sido. Joder, se preocupaba por ella, era algo que no podía evitar.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Vie Jun 17, 2011 4:24 pm
El ambiente en general se veía más calmado. Por fin los latidos del corazón habían dejado de atronarme en los oídos como si fuera a estallar de un momento a otro, la respiración había vuelto a su cauce y ya no tenía el estómago girado. Eso sí, estaba cansada, bastante, pero la euforia y la adrenalina del momento todavía corrían por mis venas, así que iba más despierta que un búho. Incluso me sentía capaz de hacer otra guardia, físicamente. Psicológicamente no, si había otro encontronazo era capaz de pegarme un tiro. Por fin unos instantes de silencio en los que me pude regodear durante un momento. Adoraba el silencio, adoraba la paz y adoraba la tranquilidad y la calma en la que se sumía el mundo por la noche. De día era distinto, claro, los coches corrían por la carretera pitando como locos, la gente iba arriba y abajo ajetreada y todo era mucho más intenso. Por eso era que me gustaba más cuando ya oscurecía, que cada uno se iba a su casa y empezaba a soplar aquel vientecillo leve que te proporcionaba el confort necesario para sentirte a gusto con las calles. Por fin empezó a soplar dicho viento, fue lo que me faltaba para poder volver del todo a la normalidad.

— Lo se, sin embargo no está de menos agradecer. Al fin y al cabo quién sabe, si hubieras tardado un poco más...— no quise terminar la frase. Creí que él ya lo había dejado claro anteriormente, con el comentario de lo que se iba a encontrar a la mañana siguiente. Uf, no sería un espectáculo agradable de ver. Hice desaparecer esos pensamientos de mi mente al instante y asentí.— De todas formas creo que ya has comprobado que para las peleas no sirvo demasiado, así que tendría que llamar sí o sí. Pero ya tengo tu móvil entre los números de marcación rápida para emergencias, por si acaso.— era su trabajo, sí, pero también podía haber mandado a otro y él quedarse en el Heaven, por lo que sí que estaba agradecida, claro que lo estaba. Por eso mismo era como mi ídolo. Hacía tiempo que había demostrado que tenía las aptitudes y las habilidades necesarias para ser líder de un grupo tan numeroso como eran los Equites. Y eso que yo no hacía mucho que había llegado, sin embargo ya había visto como se las traía, y lo de aquella noche no hacía más que fortalecer la opinión positiva que tenía para con él.

Cuando deshizo el abrazo el calor natural que caracterizaba a todos los seres vivos desapareció con el contacto, sin embargo no sentí frío. El aire aquella noche parecía estar de nuestro bando, así que me limité a llevarme una uña a los dientes instintivamente y empecé a morderla. Era un gesto bastante común en muchas personas, en mi todavía más. Manías viejas que nadie conseguía quitarme. Vi que se quedaba observándome durante unos instantes, quizás un minuto, y terminé ladeando la cabeza y pensando que quizás si que tenía alguna herida o algo así y no me había dado cuenta. Pero noté que era algo más que eso, así que tampoco desclavé la mirada. En aquel preciso momento la tensión se podría cortar con unas tijeras, pero cuando vi que me soltaba y se agachaba para coger la bolsa me rasqué la mejilla, soltando el aire que había estado conteniendo hasta aquel momento. Alcé las cejas levemente cuando me dijo aquello. No en un gesto irónico, solo de cierta sorpresa o asombro.
— ¿Y qué debería haber hecho en el Heaven? Terminaría por quedarme sin cerebro de tan quemado que lo tendría esperando a recibir noticias. No hubiera sido mejor que estar aquí.— resoplé por lo bajo.— Además de que tú también eres importante para los Equites, y también tienes una vida entera por delante. Y hay muchas personas que te quieren y se preocupan por ti y que quedarían destrozadas si supieran que algo te había sucedido.— entre ellas me incluía yo, pero me estaba refiriendo también a otros cercanos que tenía.

Empecé a caminar a su lado mientras observaba alrededor. No podía evitar que se me dispararan las alarmas cuando nos dirigíamos hacia la salida del callejón. ¿Quién nos decía que no había sido una trampa, una emboscada? Sin embargo cuando estábamos ya casi en la boca del mismo no sucedió nada, así que pude tranquilizarme. Estaba pensando en aquellas palabras que habían resonado al final. ¿Quién podría preocuparse por mí? Al fin y al cabo él era alguien importante de verdad, llevaba años en aquello y mucha gente le había cogido apego. Yo era nueva, casi no hablaba con los demás y era bastante callada y seria.
— No es lo mismo, y lo sabes.— me encogí de hombros. Me había estado callada unos dos o tres minutos antes de decir aquello, pero ya se entendía a lo que me estaba refiriendo. Tenía que levantar la cabeza para poder verle el rostro, sin embargo lo miré por el rabillo del ojo mientras andábamos de regreso hacia el bar.— No es una novedad. Si le preguntaras a alguien ajeno te diría lo mismo.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Sáb Jun 18, 2011 12:00 pm
En ocasiones Jordan creía que toda la separación en grupos —Cazadores, Guardines, Sabios— había sido un tremendo error. Todos deberían ser capaces de defenderse de la misma manera, todos eran fundamentales e importantes, pero esa estructura había durado siglos, hasta el punto de que cada uno de ellos tenía sus habilidades bien específicas. Él no era tan inteligente que un Sabio, por ejemplo, lo sabía y lo comprendía. Miró por un momento a Nyrianne mientras seguían caminando en silencio. No había dicho nada más a sus primeras palabras, ambos sabían que había hecho bien en llamar. Si no fuera él, podría ser cualquier otro cazador que estuviera en las inmediaciones. En ocasiones creía que debería mandar siempre un cazador con un guardián, muchas veces lo hacía cuando se ponían a andar por lugares que eran peligrosos. Pero, ¿quién en su sano juicio pensaría que una sanguijuela iba a atacar tan cerca del Haven? En parte aquello había sido un acto suicida, o un movimiento demasiado listo. No estaba todavía seguro al respecto.

Aquellos callejones eran un lugar de caza perfecto, sobre todo porque solían ir personas de no muy buena reputación que tardarían más en darse por desaparecidas que las personas del centro. Sabía que había vampiros que se controlaban y no mataban, pero muchas de las desapariciones y de los asesinatos sin resolver eran producto de esos seres. Y de otros que prefería mantener lejos de su memoria. ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera encontrado con un licántropo? Si fuera en una de sus primeras noches como tal estaría completamente descontrolado y podría haber provocado una verdadera matanza. Ese pensamiento provocó un escalofrío que se deslizó por su espalda mientras apretaba los dientes con fuerza y uno de los puños con firmeza. Había demasiados peligros como para no estar atento. No entendía a esas personas que se quedaban inmóviles o que no pensaban en lo que había más allá de sus narices una vez que terminaba su turno. Y conocía personas así.

En ocasiones se preguntaba si habría llegado al punto de obsesionarse con la vida en los Equites, si se estaba convirtiendo en tal prioridad en su vida que no podía ver más allá. La duda era algo que estaba allí desde hacía demasiado tiempo. Sin rehacer su vida sentimental, simplemente dedicado al trabajo, sin hobbies más allá de los que siempre había tenido. En ocasiones se encontraba desconectado de la realidad. Negó por un momento para sí y bajó la mirada hacia Nyrianne cuando volvió a hablar pasados unos minutos, buscando algo que decir. ¿Pero qué podría hacer?

A ti también, Nyrianne, eres una buena amiga.—era un comienzo por lo menos, mientras hundía las manos en los bolsillos de la cazadora acomodando sus largas zancada a los pasos de Nyrianne puesto que no quería llevarla corriendo. —No sé hasta qué punto esas personas que dices lo hacen en realidad por mí o por lo que soy. —sabía, sin embargo, quiénes eran sus verdaderos amigos, pero había personas que parecían ir y venir según las conveniencias y esas personas eran precisamente en las que no confiaba. —Esta noche no ha pasado nada, volvemos los dos sanos y salvos, y con un problema menos en las calles. No quiero discutir contigo Nyrianne, pero me preocupo.—la miró una vez más, encogiéndose un instante de hombros, para soltar la perla de broma del momento, uno de esos extraños instantes en los que Jordan lo hacía. —Al final va a ser que soy como mamá pato con sus patitos y que no me hago a la idea de que también tenéis que aprender a nadar solos.

Por un momento había estado a punto de decir “a volar”, pero estaba claro que eso no lo hacían los patos, no todos al menos ¿o sí lo hacían? En definitiva, esperaba que el mensaje hubiera llegado lo suficientemente claro. Frunció el ceño una vez más, saliendo del callejón y dirigiéndose en dirección hacia donde se encontraba la fachada principal del bar. Llegarían en unos minutos.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Sáb Jun 18, 2011 1:52 pm
¿Cómo se suponía que debía de sentirme después de aquello? Por que tenía la cabeza hecha un lío. Una parte estaba en la escena que había sucedido hacía unos minutos. La otra estaba metida en mis propios pensamientos internos, la otra estaba pendiente de la conversación con Jordan y de lo que hacía y otra estaba pensando en cómo volver a casa sin morir en el intento. Por lo tanto no entendía nada de nada, y por mucho que intentara centrarme en una sola cosa todas parecían igual de importantes en aquel momento. Todas me gritaban "aquí, aquí". Era realmente exhasperante. Me froté las sienes con los dedos apretando tan fuerte como podía y cerrando los ojos por un instante. En cuanto llegara lo primero que haría sería ir a la cocina y coger tres aspirinas, eso antes de encender todas y cada una de las puñeteras luces del piso, claro. Vale, lo aceptaba, estaba aterrorizada. La idea de que se volviera a repetir algo como aquello y de que ni Jordan ni ningún otro cazador estuvieran cerca me daba temblores. Al fin y al cabo, detrás de toda aquella faceta de dura que parecía tener la mayor parte del tiempo se escondía una persona destrozada por el tiempo, pero que no se atrevía a salir más que cuando me encontraba en confianza. Por eso en aquel momento no me esforcé en volver a aparentar que todo estaba bien, que solo había sido un susto y que no había por qué preocuparse. La situación lo era, era preocupante, los vampiros acechaban en las calles y no eran los únicos precisamente. Cada vez iban en aumento, y los Equites tardaban lo suyo en crecer, así que casi se podría decir que nos superaban en masa.

El paso del tiempo me hacía pensar cuánto tiempo me podría mantener en mi sitio. Era como una apuesta conmigo misma. ¿Cuánto conseguiría mantener aquella máscara que siempre llevaba puesta para que los demás no vieran ningún tipo de sufrimiento? Aquella noche cualquier persona que no me conociera hubiera podido saber perfectamente que no era segura como aparentaba. No, la seguridad nunca había hecho mella en mi, no era una persona confiada con si misma. ¿Cuándo había llegado a desviarme tanto del camino en el que creía estar? Ni siquiera yo lo sabía. Parecía Alicia en el País de las Maravillas, no sabía ni siquiera lo que estaba sucediendo a mi alrededor. A veces terminaba por dejarme ir a los pensamientos y no me enteraba de lo que los demás decían. Estaba en mi propia nube, encerrada a veces de forma hermética. Dios, que no me conocía ni yo misma a veces. Me apreté el puente de la nariz notando como las aletas se me dilataban. Últimamente tenía muchos cambios bruscos de humor, y era de no dormir bien por las noches. Estaba desvelada, todo el día me encontraba cansada pero cuando llegaba la noche, como si me pusieran unas pilas nuevas, me sentía llena de energía. Por eso casi siempre hacía las guardias de noche, por que así me mantenía activa y no tenía tiempo para pensar en lo que podía suceder si volvía a casa en esos momentos.

— Podría contar a los amigos con los dedos de las manos y me sobrarían y todo. Soy muy cerrada, la gente no está acostumbrada a tratar con personas que casi no hablan y que además siempre... Bueno, eso, ya sabes.— me encogí levemente de hombros. Estaba diciendo la verdad. Simplemente era cierto, la gente prefería a una persona que hablara, que se desenvolviera bien, que fuera simpática, sonriera, fuera amable. Yo siempre sonreía, pero no era de verdad. Casi nunca llegaba a mis ojos la sonrisa, se quedaba a medio camino, bloqueada por una pared de cristal invisible que no dejaba pasar la alegría frente a personas que no fueran ya de confianza. Es decir, poca gente.— ¿Sabes? La gente como tú, aunque a veces los demás no lo demuestren, son a menudo los que caen mejor. Y lo digo por cómo eres, no por quién eres.— dije mirando distraídamente al cielo con las manos en los bolsillos del pantalón. Me encontré la botellita de agua bendita que había cogido por si acaso y se la tendí.— Toma.— como él llevaba la bolsa y yo ya no la necesitaba pues lo mejor era devolvera. El material no sobraba precisamente.— Lo que quiero decir es que la gente que habla por hablar, es demasiado pegajosa a los demás y no te dejan respirar ni un segundo acaban agobiando. En cambio los que cuando hablan dicen cosas interesantes, los que se preocupan cuando de verdad ha pasado algo y los que están ahí si alguien necesita un apoyo, esas personas son las que de verdad consiguen verdaderos lazos de afecto en la vida.— parecía un sermón, pero llevaba tiempo diciéndomelo a mi misma y necesitaba que alguien más lo escuchara, solo escuchar. Si luego no quería decir nada tampoco me molestaría.

No pude evitar reírme cuando dijo que parecía mamá pato con sus patitos.
— Sí, solo te faltan las plumas y el pico.— sonreí un poco, esta vez de verdad. Con Jordan por ejemplo no me hacía falta fingir. Ya hacía tiempo que sabía cómo era yo, y yo cómo era él. Y aunque por supuesto no lo conocía todo de él, sabía algunas cosas que me habían acercado más. Me estiré levemente antes de desviar la mirada del cielo hacia él.— Pero bueno, un empujoncito nunca viene mal, eh. Además, no tiene nada malo ser un pato... Vamos, aparte de la torpeza y de andar un poco raro, nada más.— bromeé también. Aquello había ayudado a quitar la tensión que había estado flotando en el aire hasta aquel momento. Me lo quedé mirando y empecé a sonreír.— Somos el comando patuno.— me reí.— Dios, ahora entiendo por qué soy tan torpe. De todas formas, ya entiendo lo que quieres decir.— asentí, regresando a la tranquilidad de antes mientras salía justo detrás suyo del callejón. No me atrevía a separarme demasiado por si acaso.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Sáb Jun 18, 2011 3:09 pm
El silencio únicamente roto por el sonido del tráfico unas calles más allá les acompañaba mientras caminaban por los callejones. En cierta manera, en aquel laberinto, el sonido quedaba amortiguado. Era una trampa mortal, Jordan lo había sabido desde el principio, y pocas personas paseaban por allí cuando caía la noche. La mayor parte de los edificios estaban conformados por fábricas muchas de ellas vacías y sin uso que eran utilizadas por distinto tipo de personas, desde vagabundos hasta otros seres que prefería ni siquiera pensar. A veces se preguntaba cómo era posible que The Haven estuviera allí, en esa carretera que se alejaba de Londres, y no hubiera tenido más problemas de los habituales. Parecía que todo el mundo sabía que allí no podían meterse en líos si no querían recibir una buena patada en el trasero que les llevara de nuevo a su vida o no vida. El vampiro de aquella noche se había acercado demasiado y Jordan esperaba que fuera por su juventud y no porque se estuvieran volviendo cada vez más estúpidos creyendo que podrían retar a los Equites sin que hubiera consecuencias.

Era cierto que no todo el mundo sabía lo que se guardaba en Haven, a fin de cuentas la organización central estaba en las oficinas del Blackspirit, bien cubiertas de personas que pudieran olisquear donde no debían. Haven era una guarida, como su nombre indicaba, un lugar donde pasar el tiempo si era necesario y donde uno podía disfrutar de un poco de tranquilidad siempre y cuando no se pasara de listo. Había prácticamente todas las noches Equites allí, además de otras personas. Si alguien era tan estúpido como para pensar que la zona no estaba controlada por si había algún ataque es que era estúpido. Y el vampiro con el que se habían cruzado no parecía estúpido precisamente. ¿Prepotencia? Sí, aquellos seres pecaban de ella.

La mirada clara de Jordan se volvió para mirarla con el ceño brevemente fruncido mientras mantenía el ritmo constante de sus pasos, tomando el botecito de agua bendita cuando se lo pasó haciendo un breve asentimiento y guardándolo en su bolsillo. Las palabras eran unas armas que Jordan no terminaba de manejar. Para una persona al que se le daba bastante bien todo aquello con lo que poder defenderse y proteger a los demás, en ocasiones resultaba frustrante no tener la labia suficiente como para hacer entender a los demás lo que quería. Hablaba poco, era una persona taciturna que prefería mantenerse observando que comenzar a hacer grandes discursos. Por regla general era Myron, mucho más abierto y bromista, el que terminaba haciendo las reuniones más importantes o al menos llevando la voz cantante porque consideraba que Jordan podría asustar a los presentes como le diera por gruñir.

Joder, el maldito Von Schwarz bien podría aparecer de una puñetera vez.

Los verdaderos amigos son pocos, Nyrianne, al menos en los que se puede confiar plenamente y tampoco son los que nos dicen a todo que sí. Hay personas que confunden los conocidos con los amigos y los amigos con los hermanos. Y en el momento en el que uno dice que no a algo se convierte en el malo de la película.—el tono era tranquilo, aunque el ceño fruncido indicaba que se encontraba pensativo mientras caminaba a su lado con sus largas zancadas amoladas al ritmo de la rubia guardiana para no hacerla correr. — Estoy contento con las personas en las que confío y que sé que son verdaderos amigos, pero me cansan todas esas tonterías de juegos de salón donde parece que no pueden estar ni dos segundos sin planear meterme una daga por la espalda. Con lo fácil que es decir las cosas de cara.

Los ojos del hombre brillaron entonces ante la broma de ella con clara diversión mientras seguían caminando, recorriendo sin más los callejones. La mano de Jordan se apretó, sin embargo, entorno de la botellita de agua bendita cuando le pareció escuchar un ruido en uno de los callejones por los que pasaban, aunque pronto lo descartó como el posible sonido de un gato escabulléndose ante su presencia.

Y yo acabo de entender por qué soy incapaz de bailar como una persona normal.—respondió él siguiendo la broma, negando por un momento para sí mientras la miraba. — Sois mi responsabilidad, quizá suene mal y quizá no os guste escucharlo, pero estáis aquí y tengo que hacer todo lo posible por manteneros a salvo. Sé que no siempre lo conseguiré, pero al menos lo intentaré con todas las armas que pueda.—alzó brevemente la mirada hacia el cielo nocturno. — Aunque eso signifique que no os caiga bien.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Sáb Jun 18, 2011 4:42 pm
Miraba hacia un lado y hacia el otro sin poder evitarlo, vigilando las sombras que se proyectaban, largas e impasibles sobre el asfalto y la grava. Había aprendido desde pequeña a mirar siempre a mis espaldas. Me habían enseñado que nunca debes perder de vista tu punto ciego, la espalda. Por eso muchas veces se me podía ver mirando por el rabillo del ojo en la calle. Si habían coches aparcados me ayudaba de los cristales para ver el reflejo, sino, de las sombras del suelo por si alguien se acercaba demasiado por la espalda. Siempre estaba vigilando, incluso cuando ni siquiera lo hacía a propósito me sorprendía a mi misma mirando hacia atrás directamente. Por puro instinto. Era ley de vida querer sobrevivir y cada uno se montaba la película a su manera para poder hacerlo. Eso sí, tenía muchas paranoias. Paranoias del tipo que veía a alguien detrás y cuando me daba la vuelta ya no estaba. Realmente me reía de mi misma por esas cosas. Pero también me habían dicho y yo misma había aprendido que no se podía ir siempre por la vida con miedo a cada paso, a cada comentario, a cada cosa que hicieras. Por que así una persona no vivía, era esclava de sus mismas acciones, vigilando que los demás no se enfadaran con ella por miedo a quedarse sola. Yo, por el contrario, hacía lo que mis instintos me decían, y no lo que a los demás podría complacer. Había dejado de ser así desde el accidente, antes siempre hacía caso a mi padre, casi vivía para él.

Justo cuando cogió la botellita con el agua volví a juntar mis manos y me hice crujir los dedos sonoramente. Malditas las manías que nunca se podía una quitar de encima. Ya sabía yo que si seguía haciéndolo por mucho tiempo cuando fuera más mayor me temblarían las manos como si tuviera una enfermedad, pero la verdad es que no le daba importancia. Pese a que Jordan parecía haber amoldado sus pasos para que no tuviera que ir corriendo, igualmente caminaba a toda leche. Quería llegar a un sitio que tuviera techo y paredes consistentes cuanto antes mejor. No me gustaba un pelo el tener el cielo totalmente descubierto y pensar que en cualquier instante podía caer otro vampiro a la luz de la luna. Aquellos normalmente iban solos, pero a veces se recogían entre ellos en pequeños grupos nómadas que se movían por la ciudad en silencio, derramando la sangre de personas inocentes que no habían hecho nada más que vivir la vida que les había tocado. Los Equites sabíamos lo que se movía por las calles de noche y de día, pero a cambio poníamos la vida en riesgo a cada instante. Era un precio que todos teníamos que pagar sin excepción, así como el de estar sufriendo pensando que cualquiera de tus familiares o amigos podrían ser la siguiente víctima de las bestias que corrían libres.

Lo que dijo hizo que me quedara pensativa durante un rato, mientras caminábamos de vuelta hacia el Heaven. Ya no quedaba casi nada para llegar, por suerte andábamos deprisa. Tras estar por unos instantes en silencio chasqueé la lengua y asentí.
— Ya es mala pata que cuando alguien se gana tu confianza y parece que todo va bien intente darte la puñalada por detrás. Por eso mismo uno no se puede fiar de nadie, o casi nadie.— solté un resoplido. A mi me habían dicho desde que había fallecido mi padre que no me fiara absolutamente de nadie, por que iba a estar sola en un sitio nuevo y por allí rondaba gente con muy malas intenciones. Sin embargo había aprendido a decir este sí y este no con la gente con la que tenía contacto, aunque fuera poco.— Pero entonces, ¿cómo sabes de quién fiarte y de quién no?— pregunté, ladeando la cabeza. No era una pregunta retórica, sino real. Claro, nunca me había parado a pensar en eso. Era muy complicado que alguien se ganara mi confianza, pero algunos lo habían hecho.— Quiero decir, las personas tienen la habilidad de fingir, ¿cómo distingues cuando es verdad y cuando es mentira?

Sonreí de lado viendo su expresión, mientras seguía sus pasos. Sin embargo tampoco para mi pasó desapercibido el sonido que venía de uno de los muchos callejones que había por allí. Noté como se me aceleraba el corazón cual motor alocado y pegué tal respingo que superaba incluso a los de los dibujos animados, crispando los dedos sobre el borde de la chaqueta como si me fuera la vida en ello. Tuve que contener un grito de susto. Pero al mirar hacia atrás no vi nada, así que me obligué a mi misma a darme la vuelta de nuevo hacia adelante y seguir andando. No era nada.
— Pues vaya par, para el dúo dinámico de la tele vamos.— negué con la cabeza mordiéndome el labio levemente. Venga, Nyrianne, que no ha sido nada eso. Me rasqué la mejilla distraídamente mientras me mordía una uña de la otra mano.— Hay gente muy independiente a la que no le gusta que le intenten proteger.— me encogí levemente de hombros.— Yo no soy una de ellas, creo que ya lo habrás notado.— me mordí la lengua con los dientes repetidas veces sin hacer fuerza. Le di una palmada en el hombro, a veces podía llegar a parecer un cavernícola si me lo proponía. Otra quizás le hubiera apretado la mano o le hubiera dado un beso, pero como ni yo ni él éramos dados al contacto físico me pareció lo mejor.— Venga hombre. A mi me caes bien. Me gustan los patos.

Me quedé un momento en silencio y después resoplé por lo bajo, mirando las paredes de los sitios por los que pasábamos. Lo que le iba a preguntar no me permitía mirarle directamente, pero quería saberlo.
— ¿Qué se siente al matar a alguien?— tenía que preguntarlo o iba a explotar. Por un lado me había hecho asco el oír el sonido de la estaca al clavarse en el cuerpo del vampiro, pero por el otro... Había sentido como un regodeo, después de todo lo que había hecho se lo merecía. ¿Sería lo mismo con los magos? No, no lo creía, eran humanos.— Dicen que hay gente que se lo pasa bien haciéndolo.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Sáb Jun 18, 2011 7:02 pm
Jordan pensó, en el pasado, en lo que había vivido a lo largo de su vida. Era cierto que mantenía viejas amistades, Myron era el ejemplo más significativo, pero también había perdido gente a lo largo de los años. Se había dado cuenta demasiado pronto que solo se podía confiar en muy pocas personas y muchas veces ni eso. Eran esas personas a las que había que mantener a salvo a toda costa. A las demás también, por supuesto, pero por esas personas el Cazador daría perfectamente la vida. Frunció el ceño, no eran muchas, muy pocas habían pasado la criba que le llevaría hasta ese límite aunque reconocía que se podría arriesgar por muchas otras personas. En ocasiones creía que se le había metido demasiado en la cabeza una serie de normas que se encontraban incrustadas en su cabeza a fuego. Echaba la culpa de ello a los libros sobre gestas caballerescas que en el pasado había leído, aunque en el fondo sabía que era su forma de ser. Apretó los dientes un momento, tensando la mandíbula en el mismo gesto. Sabía que sería prácticamente imposible que atacara a una mujer o a un niño, lo que le había dado problemas en el pasado. No todos los seres con apariencia de mujer o niño se merecían que tuviera ese tipo de consideraciones, al contrario, muchos se aprovechaban de ello.

La miró de reojo mientras andaban, con el paso ligero. Tenía razón, el género humano tenía una capacidad inmensa de fingir. La mayor parte de las ocasiones había que andar con pies de plomo. No se podía saber al cien por cien que la persona a la que uno consideraba un amigo no te iba a meter la puñalada por la espalda. Era imposible saberlo. Al menos para él. Emerick tenía una especie de sexto sentido o corazonadas o a saber que le hacían moverse por instintos que por regla general siempre eran acertados. Era una de las razones por las que le gustaba estar a su lado aunque sabía perfectamente que no era fiel a su persona, sino a la organización. Ambos se podían llevar bien, pero si Jordan hacía algo que perjudicara a los Equites, Emerick sería el primero en destrozarle la cara.

La mayor parte de las veces no lo sabes, no sabes en quién puedes confiar o en quién no, pero si no confiamos en alguien seríamos unos malditos amargados. Confía en tus corazonadas. Si una persona en un primer momento no termina de cuajarte, ándate con ojo.—el tono era tranquilo mientras caminaban, frunciendo brevemente el ceño. — Observa su forma de moverse y de actuar, las palabras pueden mentir, pero es jodidamente difícil hacer que todo el cuerpo te responda cuando lo haces. Hay mentirosos consumados, es cierto, pero si eres observadora te darás cuenta de ello.

Dejó que las palabras fluyeran, agradeciéndolas en cierta manera. Sabía que había personas que no soportaban que les protegieran, que se creían inmortales. Él mismo tenía esa capacidad y muchas veces sabía que podía ser condenadamente irritante. Miró por un momento al callejón por el que habían pasado, sabiendo que un par de bocacalles más allá se encontraría el Haven. Las luces cada vez eran más fuertes gracias a las farolas que apartaban las sombras que se encontraban a su alrededor. Había menos suciedad como si se fueran llegando lentamente a una civilización más o menos ficticia, dejando de lado aquellos callejones. Frunció el ceño por un instante que aumentó ante su pregunta, al tiempo que apretaba la botellita de agua bendita. Aquella pregunta era algo que siempre aparecía antes o después en cualquier conversación y que siempre provocaba una sensación de desasosiego dentro de él.

Sí, hay gente que disfruta haciéndolo. Hay gente que gusta de saborear el poder que conlleva el poder arrebatar una vida si se lo propone, con el simple gesto de las manos.—el ceño frunció mientras sabía que su cuerpo se había tensado y que andaba ligeramente más rígido de lo normal, como si cada palabra le costara. — A mí no, mato únicamente cuando es necesario, no me gusta ir por ahí arrebatando la vida a nadie. No soy un asesino a sangre fría como algunas veces me han insinuado. Lo hago para protegeros y no me produce ningún tipo de satisfacción.—quizá mentía en eso último un poco, sí que le había provocado satisfacción el acabar con la vida de aquel chupasangre porque eso significaba que no habría más personas que estuvieran en peligro. — Tengo que convencerme que por cada uno de esos seres que desaparecen, no es solo una persona la que va a tener una vida mucho más tranquila y seguramente vivirá más, sino que según la clase que sea pueden ser cientos o miles de hombres, mujeres y niños más o menos a salvo.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Sáb Jun 18, 2011 7:43 pm
Era como tener que aprender de cero. A mi nunca me habían enseñado a confiar en el resto, no sabía seguir esas corazonadas, no sabía a quién mirar bien y a quién mal. ¿Cómo podría juzgar a alguien si ni siquiera tenía la base para hacerlo? Era como el mundo al revés, no le encontraba sentido alguno. Pero sabía que tenía razón, y seguramente lo entendería en un tiempo. Solo tenía que practicar. Claro, practicar. ¿Y eso cómo demonios se hacía? No podía ir por la vida mirando a las personas para ver si estaban mintiendo o no, se terminarían por pensar que estaba loca. De todas formas tampoco es que demasiados se acercaran a mi y yo tampoco lo intentaba por mi parte. Prefería ir a mi bola, y aunque decían que el ser humano para vivir necesitaba relacionarse yo de momento lo llevaba bien con la gente que tenía a mi alrededor. Todo lo que me hacía falta estaba allí, no se para que quería más ya. Nunca había entendido a esas personas que tenían mil y pico amigos pero luego cuando necesitaban a uno de verdad no encontraban a nadie con quién contar. Quizás era eso a lo que se refería Jordan. Asentí lentamente mientras cavilaba sobre sus palabras de forma pausada. En cierto modo sí que tenía su sentido. Lo tendría en cuenta si sospechaba de alguien. Sospechar, vaya, sonaba como si fuera una especie de espía. ¿Pero en qué coño estaba pensando? Joder, cualquiera que pudiera meterse en mi cabeza pensaría que estaba como una puñetera cabra.

Todo el mundo mentía una vez u otra. Mi madre me había mentido una vez en respecto al accidente, mi hermana me había mentido. Todos habían mentido alguna vez, incluso yo lo había hecho. Pero la mayoría de veces lo hacían o por interés propio o por el bien de otra persona. Si era por el bien de otra persona todavía se podía pasar, pues era solo para proteger a la gente que importaba así que igual todavía tenía justificación. Sin embargo tenía que decir que cuando mi hermana me mintió me dolió de verdad. Siempre nos habíamos llevado bien, pero que me ocultara lo sucedido para que no me sintiera culpable por ello me hizo todavía más daño que saber la verdad. Quizás por eso me había vuelto tan fría y había decidido ocultarme, para que nadie me considerara vulnerable y por eso mismo no tuvieran que mentirme, ni intentar protegerme, ni nada. Siempre que alguien intentaba hacer algo por mi terminaba mal, siempre. Mi padre había intentado llevarme al trabajo con él para que en casa no agobiara a mi madre y además que me lo pasara bien. Y así había terminado. Solté un suspiro por lo bajo negando con la cabeza. Siempre que lo recordaba me ponía mala, melancólica.

— Así que en principio viendo los gestos y movimientos de la otra persona se puede saber si te está mintiendo o va en serio, ¿no?— ladeé la cabeza y después asentí lentamente.— Corazonadas.— repetí, pensativa. Vaya, no recordaba haber tenido corazonadas antes. Decían que era como si sintieras que algo estaba bien, o que estaba mal, sin saberlo realmente. Seguir tus instintos, lo que te decía la cabeza. O el corazón. Por eso se llamaban así, ¿no? Claro.— Lo tendré en cuenta para la próxima vez que me encuentre con alguien que no me de muy buena pinta. Aunque la mayoría los veo a todos simpáticos y amables.— torcí el gesto. Quizás en el fondo no desconfiaba tanto de todo el mundo. Sino tampoco cuadraría el hecho de que hubiera bastantes personas a mi alrededor. Alcé una ceja mirándole de reojo y chasqueé la lengua sonoramente, negando levemente con la cabeza.— Tu también deberías dejar que te protegieran de tanto en tanto. Por muy bueno que seas en tu trabajo sigues siendo humano, por suerte.— la vida mortal era anhelada por muchos de los seres como los vampiros, como el vampiro de aquella noche. Las cosas solo sucedían una vez en la vida, nunca volveríamos a estar allí, nunca sería lo mismo otra vez. Por eso cada momento era único e irremplazable. No había segundas ocasiones.

Me fijé en que fruncía el ceño más que en anteriores ocasiones. Parecía ser que aquella pregunta no le hacía mucha gracia, pero necesitaba saberlo si quería estar tranquila. La curiosidad era mala compañera a veces. Además de que no terminaba de comprender del todo lo que se debía notar cuando estabas clavándole un cuchillo a alguien en el corazón, arrancándole los brazos o cortándole la cabeza. Vi como se tensaba ante la primera frase que dijo. No debía ser fácil. Su explicación me pareció bastante acertada.
— Vaya.— tenía los ojos un poco más abiertos de lo normal, observándole con curiosidad y un brillo de interés en los ojos. Me rasqué la barbilla pensativa.— Así que es eso. Aunque dicho así no parece tan duro como es, según creo yo. Y sin embargo no soy capaz de matar ni a una mosca. No tiene sentido para mi. Esta noche estaba deseando arrancarle la piel a jirones a ese vampiro. ¿Nunca has sentido como si quisieras clavarle un cuchillo a alguien alguna vez? Suena un poco sádico, pero yo sí.— me encogí de hombros.— Y sin embargo a la hora de hacerlo no me veo con alma, no puedo hacer tripas corazón como tú o los cazadores.— negué con la cabeza lentamente.— Si yo también quiero que todos mis amigos, mi familia y el resto de los ciudadanos estén a salvo, ¿entonces por qué no soy capaz de ello y vosotros sí? No lo comprendo, no tiene sentido para mi. Tendré que entrenarme o algo así para ello. ¿Sino como demonios voy a ser capaz de proteger a nadie?
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Dom Jun 19, 2011 1:28 pm
Sí, a Nyrianne le ocurría como a Charlie, la mayor parte de las ocasiones consideraban que las personas que estaban a su alrededor eran buenas, amables, agradables, pero la realidad era muy diferente. A veces se preguntaba cuándo demonios se había vuelto tan cínico. Otras veces, sin embargo, se preguntaba si alguna vez había sido tan inocente. Siempre le había maravillado cómo a pesar de toda la mierda que se veía día a día en un trabajo como el de los Equites había personas que tenían la luz suficiente como para no dejarse arrastrar por la oscuridad. Eran llamas que se mantenían firmes a pesar de que soplara mucho viento o que la oscuridad intentara tragárselas. No llegaba a comprender del todo las razones, pero se seguían firmes mientras que otros habían caído. Él mismo, sin ir más lejos. Y no era porque no hubieran tenido pérdidas. Sabía más o menos la historia de Nyrianne, lo suficiente al menos como para comprender por qué dejó su ciudad natal y se trasladó a Londres alejándose de su pasado. No sabía exactamente lo sucedido, no era alguien que buscara meterse en las vidas ajenas.

Sabía lo que era que alguien intentara por todos los medios meterse en su vida, saber lo que pensaba y cómo había vivido. Hacía unos años había tenido la mala suerte de encontrarse con una mujer que había terminado obsesionad a con él. Había tenido que cambiarse incluso de casa puesto que era su vecina en el apartamento al que se había mudado tras la muerte de Lyra y Lizzy. Aquellos meses habían sido caóticos para él, hasta el punto que sin darse cuenta se había metido en un buen marrón, porque la dama en cuestión estaba casada. Finalmente todo había terminado bastante bien, eso sí, con amenaza del marido incluida. No había hecho nada, ni siquiera habían mantenido una conversación de más de dos palabras, pero ella había intentado saberlo todo de él. Myron terminó hasta los cojones de que le llamaran para intentar saber algo más de “ese amigo tuyo que apenas no habla” y maldita fuera, pero tenía nariz de investigadora y mucho tiempo libre. Había sido una de las razones por las que Jordan se había terminado aislando del mundo y había decidido no contar nada a nadie sobre su pasado.

Eso es porque eres demasiado buena, Nyrianne, tienes que tener cuidado. No quiero decir que comiences a desconfiar de todo el mundo porque entonces perderías una parte esencial de ti misma, pero sí que te andes con cuidado cuando trates con alguien: nunca se sabe quién puede ser.—ellos mismos eran algo así como una organización secreta, por lo que sabían de lo que hablaban. Nadie se imaginaría que tras las sombras había otro mundo completamente diferente y jodidamente complicado. Un mundo en el que todo era posible y que chasqueando los dedos alguien podría provocar que todo se descontrolara. — Me temo que es más fácil decirlo que hacerlo.—contestó frunciendo el ceño. — No suelo seguir muchos de mis propios consejos.

Lo que muchas veces decía a sus conocidos, él directamente no se lo aplicaba. Una cosa era protegerles a ellos, otra cosa era aceptar que alguien podría protegerle a él. Muy pocas personas lo hacían, al menos que él fuera consciente. La miró mientras hablaba sobre un tema que resultaba desagradable. Recibió la palmada en la espalda con tranquilidad mientras veían al fondo ya aparecer el Haven, con sus motos aparcadas en la parte de fuera en una hilera perfecta.

No todo el mundo puede hacerlo Nyrianne. Hay gente que no tiene en su naturaleza el matar a otro ser, sea un peligro o no, es una de las razones por las que eres una Guardiana y no una Cazadora. Haces un buen trabajo, Nyri, no tienes que matar a alguien para demostrar nada. Eres una Equites igual que yo y proteges a los demás a tu manera.—la miró entonces, tomándola del brazo para detenerla poniéndose él delante de ella. — Entrénate para defender, Nyri, pero no para matar. No es fácil, ni es agradable, y no me gustaría ver tus manos manchadas de sangre aunque sea en sentido metafórico y no literal.—frunció brevemente el ceño mientras la miraba. — Frida puede enseñarte todo lo necesario, o Emerick en el Dojo o incluso yo mismo. Lo estás haciendo bien, tienes agallas, cualquier otra persona hubiera salido corriendo sin pensar en nada más cuando apareció el vampiro, pero tú conseguiste pensar racionalmente y llamaste por teléfono, no te dejaste llevar por el pánico. Eso dice mucho de ti.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Dom Jun 19, 2011 3:01 pm
¿Acaso el problema era que me fiaba demasiado de las personas que me rodeaban? No, no era eso. Yo nunca abría mis compuertas personales a nadie que no conociera muy bien. Sabía que la traición en aquellos días estaba a la orden del día, con todo el tema del la Profecía al borde de la esquina. Pero entonces no lo entendía. Quería no fiarme de las personas, pero lo hacía igualmente. ¿Cómo podía saber siquiera cuáles eran magos y cuáles no? Si era muy complicado de distinguirlos, al fin y al cabo todos tenían más o menos el mismo aspecto. Eran humanos, lo eran. Por mucho que algunos dijeran que no, en realidad la mortalidad siempre había estado patente en ellos. Y eso no se lo podría quitar nadie. Además de que tenían la misma apariencia. ¿Qué era lo que nos diferenciaba tanto de ellos? La hostilidad, el pasado. A todos nos habían inculcado tarde o temprano que la magia no era buena. A los Equites, claro. A los magos les habían enseñado a usarla para bien o para mal, pero lo que era seguro era que tenían experiencia en ello. Desde pequeños aprendían de la magia, igual que nosotros aprendíamos a repelerla y a defendernos de ella. Los seres que no querían magia, los que deseaban una vida normal y un mundo sin muerte y sin sufrimiento. Esa era mi ideología.

Claro que un mundo sin dolor y sin sufrimiento era pura fantasía. Siempre habría alguien para causar el mal. Había, y en el futuro también, un equilibrio delicado entre el bien y el mal. Un equilibrio que a veces se podía ver descompensado, pero que siempre tenía que estar presente en todos los seres vivos. Nadie era totalmente bueno, ni totalmente malo. Todos teníamos nuestra parte bondadosa y la malvada, los humanos en si estaban programados así. Siempre lo había pensado, además de que era acertado. Ni siquiera yo me consideraba del todo equilibrada, me veía cegada a veces por la ira y la frustración del pasado. Me tornaba una persona violenta, y aquellos episodios era los que yo siempre intentaba ocultar a los demás. No quería descargar mi furia contra el resto, no quería. Y por eso, por que nunca o casi nunca me enfadaba, era como la ovejita del rebaño. La buena, la que nunca hacía nada, la mosca muerta. Pero de muerta no tenía nada, y me venían ganas de hacerles tragar las palabras a los que pensaban así. Siempre me había sentido culpable por lo de mi padre, pero tampoco me regodeaba en la desgracia de nadie. ¿Qué tipo de persona era entonces?

Pero Jordan tenía razón. Al no querer enfadarme con nadie también me convertía en una persona más vulnerable a ojos de los demás. Un blanco para las mentiras y los chantajes. No debería ser así, pero lo era.
– Es complicado. Creo que me será difícil acostumbrarme a ello. ¿Por qué la gente es así? No lo entiendo. No cuesta nada ser sincero con uno mismo.– negué con la cabeza mientras me pellizcaba el puente de la nariz.– Bueno, da igual, de todas formas tomo nota. Para próximas ocasiones iré con más cuidado.

Me paré cuando me detuvo y se plantó delante mientras escuchaba sus palabras. Sí, era buena idea escucharlo, por que normalmente Jordan no hablaba demasiado pero cuando hablaba no era para decir cualquier chorrada, además de que ya tenía más experiencia y era bastante mayor que yo. Por eso era un ejemplo a seguir para mi, siempre lo había pensado, desde que entré a formar parte de los Equites.
– No sería capaz de matar a nadie de todas formas.– suspiré lentamente y me quité los pelos de la cara.– Pero sí, necesito mucho entrenamiento. Me falta mucho, y creo que me he dado cuenta esta misma noche de ello. Y aunque no haya salido corriendo y haya llamado, no he llegado a tiempo. Aquella muchacha está muerta ahora, o peor todavía.

Nos estábamos aproximando al Heaven. Ya se podían ver las motos, todas aparcadas allí. Entonces me acordé de mi moto y me paré un momento.
– ¡Mi moto! – me golpeé la cabeza con una mano en la frente.– Maldita sea, se me había olvidado por completo que no la tengo aquí, la he dejado aparcada... Por ahí.– hice una mueca. Mierda, ¿cómo podía ser tan despistada? No, no, no. Si me robaban la moto me pegaría un tiro de verdad. No podía pensar que me la quitaran.– Ah, ah... Vale, voy a buscarla, ¿no? Sí, será lo mejor.– estaba hablando conmigo misma allí mismo.– ¿No mejor la voy a recoger mañana? Pero si me la rayan o algo parecido... Joder.– resoplé. Vale, ya volvía a ser yo misma.– Vale, yo la iré a buscar. Si quieres ve tirando hacia el Heaven que ahora vuelvo con la moto y la aparco allí mismo.– miedo me daba de irme sola, pero bueno, tocaba lo que tocaba.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Dom Jun 19, 2011 5:39 pm
Jordan tampoco lo comprendía, no entendía por qué las personas se comportaban de esa manera. Él intentaba siempre decir la verdad, era cierto que en ocasiones tenía que utilizar una serie de subterfugios para arreglar algunos asuntos, pero eso iba por completo contra su naturaleza. Lo tenía que hacer porque iba con su profesión, no podía dejar que los civiles, los que no sabían nada sobre la magia, comenzaran a investigar, a meter las narices donde no debían. A principios de mes le había ocurrido algo similar. Recordaba perfectamente a Elaine y lo sucedido en la luna nueva del mes, cuando habían tenido que ir a parar uno de los numerosos rituales que se hacían, esta vez con derramamiento de sangre. Había terminado mal parada, con varias costillas rotas y aun así había insistido en seguir investigando. Aquellas situaciones eran lo que más le molestaban, le preocupaban, porque sabía que por mucho que hiciera ella seguiría metiendo la nariz y él no estaría siempre para sacarla de los problemas en los que se podría meter.

Se frotó por un momento el rostro, un gesto que hacía cuando se encontraba cansado y pensar en Elaine siempre le agotaba. No había vuelto a verla y casi que era mejor, sino seguramente habría terminado estrangulándola. No había persona más irritante en todo Londres. Su insistencia había hecho que estuviera a punto de perder los nervios en más de una ocasión y ahora entendía mucho más el trabajo que hacían los Guardianes y los Sabios. Todos eran importantes, tal y como le había dicho a Nyrianne. Todos eran los que formaban los Equites. Que los cazadores fueran la mano más visible no significaba que no hubiera detrás un trabajo importante que incluía a los tres grupos. Era la unidad lo que hacía que fueran hacia delante, la unidad la que movía a cada uno de ellos. La miró por un momento, pensativo, mientras escuchaba sus palabras. Nyrianne tenía que aprender mucho, era cierto, pero era joven y lo haría con el paso del tiempo. Frida podría ser una buena maestra si se lo proponía aunque en ocasiones pensaba que la mujer estaba más pendiente de otros asuntos.

Aunque sé que es algo que no da precisamente ánimo, no podemos salvarlos a todos. Es algo que tenemos que aprender aunque sea duro de reconocer.—la miró a los ojos, poniendo su mano en el hombro de la muchacha mientras hablaba intentando mostrarle que estaba orgulloso de ella por lo que había hecho aquella noche y que no tenía que culparse. —Has hecho lo que tenías que hacer y fue llamarme, salir de allí cuanto antes. Me has ayudado esta noche, era un vampiro joven, pero aún así era peligroso. Sí, tienes que entrenarte y lo haremos, pero aun así siempre llama a un cazador, no te enfrentes con uno de esos seres tú sola ¿de acuerdo?

Lo decía completamente serio, estaba preocupado por lo que podría ocurrir. Nyrianne tenía dos dedos de frente y una cabeza bien plantada sobre los hombros, pero nunca sabía lo que podría pasar. No creía que iría a lanzarse contra el peligro sin tener una red de protección debajo, pero había visto que muchas veces las personas sorprendían. No, Nyrianne no sería de esas que en cuanto tenían un poco de idea se creían que eran dios. Era una joven que para los años que tenía había vivido demasiado, mucho, tanto que había hecho que abriera un fuerte abismo entre ella y todos los demás intentando mantenerse alejada. No hacía falta ser psicólogo para saberlo, no cuando Jordan mantenía esas mismas barreras que impedían que la mayor parte de la gente se acercara a él. La miró entonces cuando hizo aquel comentario y frunció el ceño.

Voy contigo, Nyri, no me gustaría que pasara nada de nuevo, si no te importa claro. Podremos venir los dos en tu moto que estamos a un paseo.—la miró entonces, pensativo. —¿La tienes muy lejos?

No le preocupaba demasiado el peso en general, pero andar por ahí con una daga, estacas y agua bendita sería bastante problemático sobre todo si se cruzaban con algún agente de la ley. Dudaba que eso pasara, no solían acercarse demasiado por esa zona, pero seguramente con la suerte que tenían aquella noche se darían de pleno con alguna redada. Se cambió entonces la bolsa de hombro para mirarla con tranquilidad, esperando su contestación.
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