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Who wants to live forever? { Nyrianne C. Bickbernsch}

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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Dom Jun 19, 2011 8:32 pm
Preferí dejar de lado el comportamiento humano. Siempre me había gustado la psicología y esas cosas, sin embargo nunca me había dedicado en serio a ese ámbito con los estudios, ni siquiera había llegado a hacer bachillerato. Solo había terminado en cuarto y después lo dejé, me dediqué a algo mucho más sencillo para lo que no necesitaba licenciatura alguna por que además había conocido al llegar a la dueña de la tienda, así que no había problema. Allí me había metido a trabajar como ayudante, ordenando estanterías, aconsejando a la gente lo que tenía que comprar y lo que no y, por qué no decirlo, aconsejando también cuáles eran las más baratas y bonitas. No era una persona manipuladora, no me gustaba quitarles los cuartos a la gente solo por una dichosa camiseta que podía costar igual dos euros y te la ponían al precio de seis. Aquello no era justo, y como a la de la tienda no le importaba pues yo siempre iba a hacer aquello. Era quizás un poco de morro el mío, por que además pagaban bien en la tienda, el sueldo no era malo, y encima a veces me regalaban alguna prenda que me encantaba y me había enamorado de ella. Todo un chollo, vamos, aunque me hacían sentir mal con aquellos pequeños regalos. Creía no trabajar suficiente. Nunca era suficiente con nada. Era muy autoexigente conmigo misma, siempre me pediría más, y más, y más. Y nunca sería bastante. Aquel era el problema que tenía yo. Por eso no estaba satisfecha del todo, siempre con un pequeño toque de ansiedad presente.

Solté un pequeño soplo de aire por lo bajo que se fundió con el aire que corría en aquel momento por allí. Era agradable, por fin todo volvía a su cauce tal y como si nada hubiera sucedido aquella noche. Ojalá hubiera sido así, que me hubiera quedado dormida y cuando despertara estuviera en cama, aunque seguro que el sueño habría terminado de una forma muy dura. No quería imaginármelo, apreté la mandíbula lentamente y noté como las aletas de la nariz se dilataban solas. Eran solo los nervios, que me estaban jugando una mala pasada, nada más. Así que sacudí levemente la cabeza antes de volver al presente, a lo que me estaba contando en aquel momento. Tenía que tomar nota de todo lo que pudiera, por que seguramente aquella conversación no se iba a repetir. A menudo Jordan estaba bastante ocupado, siendo el líder tenía muchas cosas que coordinar y aunque tuviera tiempo para los demás Equites, la faceta de amigo no la sacaba durante horarios de trabajo a no ser que fuera alguna excepción.

Asentí lentamente con la cabeza a sus palabras, mientras escuchaba lo que decía. Tampoco creía poder enfrentarme yo sola a una bestia de aquellas aunque quisiera, por que no estaba capacitada para ello. Y aunque entrenara, una cosa era físicamente, las habilidades y eso, pero otra muy distinta era estar preparada psicológicamente para eso. Lo segundo era endiabladamente complicado de conseguir. Si una persona no estaba preparada para eso no sería capaz de hacerlo, nunca. Incluso yo había comprendido eso, con la ayuda de lo que había dicho Jordan.
— De acuerdo. Llamaré a algún cazador para que venga si me encuentro alguna alimaña de esas por ahí.— asentí. Me quedé pensativa.— En realidad no tenía que ir sola, pero la compañera no podía venir así que me ha tocado a mi ir a hacer el turno sin acompañante.— torcí el gesto haciendo una mueca por un segundo y suspiré.— No se si se lo quiero contar. Pobre, se pondrá de los nervios. Madre mía.— me di con una mano en la frente de nuevo.— Que bien. Bueno, en definitiva, eso, que si surge algún problema tendré el móvil a punto.

Claro que lo haría. Nadie en su sano juicio se atrevería a enfrentarse solo a un bicho de esos. Si Jordan casi no salía vivo de esta, no quería ni imaginarme lo que hubiera sucedido de intentar afrontarlo yo sola. Quizás no hubiera salido con vida del callejón, o más bien directamente no hubiera salido. Que era la opción más probable, con toda seguridad. Me giré de nuevo para mirarle, ya había dado un par de pasos sin embargo por dentro agradecí profundamente que se ofreciera, sin embargo también sentí una punzada de remordimiento. De todas formas terminé por asentir lentamente, aunque me debatía entre estar contenta de que me acompañara o sentirme mal. Al final empezaba a ganar terreno lo segundo.
— Vale, pero...— ¿cómo decirlo?¿Y si aparecía otro vampiro? Al final terminé por soltarlo todo.— Joder, Jordan, no quiero meterte en más problemas ya. Que suficiente has pasado por una noche creo. Encima de que te ha golpeado varias veces, y se nota que estás cansado aunque no lo demuestres. Si pasa cualquier cosa me sentiré muy culpable.— suspiré. Vale, ahora ya me encontraba mejor.— Supongo que ahora entiendes por qué no me he ido al Heaven antes cuando me lo has dicho, ¿no? Y supongo también que si te digo que te quedes aquí no me harás caso, así que...— me encogí de hombros ligeramente.

Hice un gesto leve con la cabeza. La moto no estaba demasiado lejos, unas cuantas calles más arriba.
— Anda, vamos.— dije con un tono más tranquilo y suavizado. Me volví a crujir los dedos mientras me estiraba.— ¿Por qué demonios teníamos que ser los dos tan rematadamente cabezotas y cuadrados?— resoplé por lo bajo.— La moto debe estar a cinco minutos de aquí andando, así que no queda demasiado lejos. Será mejor que nos demos prisa. Quien sabe qué más nos vamos a encontrar por ahí.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Dom Jun 19, 2011 9:05 pm
Suspiró de forma mental al escuchar sus palabras, diciendo aquello había hecho que Jordan se tranquilizara por completo, al menos todo lo tranquilo que podía estar en una situación como aquella. En ese momento echó en falta no llevar un cigarrillo con él, necesitaba una calada. No era una persona que fumara de forma asidua, no al menos el tabaco que se podría comprar ha liado, pero era cierto que en ocasiones como aquella le venía bien para serenarse y pensar. Miró a Nyrianne mientras caminaba a su lado, sintiéndose más relajado. Quizá fuera porque la noche parecía que comenzaba a encauzarse, quizá por el viento que acarició su mentón donde se veía con claridad la barba de un par de días o que el Haven aparecía delante de ellos con una clara señal parpadeante: hogar. O al menos, seguridad. Estando tan cerca si ocurría cualquier cosa podría hacer una llamada y varios de los Equites se presentarían sin más. Una familia. Siempre había pensado que eran algo así. Muchos habían perdido a la suya en diferentes ataques de seres sobrenaturales, no solamente magos. Había de todo. Algo que mucha gente olvidaba. Los Equites no luchaban únicamente contra los hechiceros, sino que tenían que hacerlo también con otras criaturas sobrenaturales. Tenían abiertos demasiados frentes y no siempre conseguían llegar bien al final de la jornada laboral.

Eran buenos en lo que hacían porque eran astutos, pero la verdad es que costaba no pensar que quizá no estaba haciéndolo del todo bien cuando alguno de los suyos terminaba herido o incluso caía. No eran inmortales, solo humanos que se basaban en la inteligencia y las nuevas tecnologías para luchar, en el conocimiento y en tradiciones que llevaban mucho tiempo implantadas dentro de la organización. Al menos ya no iban con alzacuellos. Ni con crucifijos y agua bendita a donde fuera, ni hablaban en latín. Se habían desprendido de las connotaciones religiosas y lo agradecía, sobre todo porque él no lo era. Hacía tiempo que ese Dios del que hablaban no le decía completamente nada. Creía en lo que veía y lo que veía es que estaban de mierda hasta las orejas. En ocasiones creía que hubiera sido buena idea no haber sabido qué mierda había en el mundo y vivir en la ignorancia, pero después se daba cuenta de que aquello hubiera sido mucho peor. No quería convertirse en un civil completamente indefenso a lo que había en las sombras, podrían ser felices, pero su vida podría quebrarse en un segundo si no sabían defenderse de lo que podría aparecer delante de ellos.

No hace falta que se lo digas a nadie, únicamente se preocuparían.—la comentó mientras la miraba y después frunció el ceño al escuchar sus palabras. — Sé exactamente como te sentías antes, pero era mi obligación decirte lo que te dije. Y no, no pienso quedarme atrás por mucho que digas, así que… mejor no discutir.—se puso a su lado para comenzar a andar con ella, a paso tranquilo. No había prisa, estaban en terreno conocido, con suerte aquella noche no tendrían más problemas. — ¿Por qué no dejas la moto con las demás?—le preguntó con curiosidad mientras andaba, volviendo a meterse las manos en los bolsillos y jugueteando con el bote de agua bendita. — Y no te preocupes tanto por mí, Nyri, es mi trabajo ¿no? Solo tendré que dormir mínimo doce horas esta noche cuando llegue a casa y estaré como nuevo mañana.—le comentó claramente bromeando mientras miraba un momento hacia el cielo. — Pues, estamos en Luna Llena, así que puede pasar cualquier cosa ¿tienes lista tu plata por si las moscas?

Era una broma, claro que lo era, aunque muchas personas pensaran que Jordan no tenía sentido del humor, la verdad es que estaba por ahí flotando y que de vez en cuando aparecía como en ese momento. Tenía que estar en buena compañía y relajado, y aunque esto último era relativo puesto que seguía en alerta, lo primero era una verdad como una casa. Sí, había luna llena. Con la suerte que tenían seguramente terminarían encontrándose con algo. No, esperaba que no, porque el kit de emergencias que llevaba encima no era precisamente eficaz contra un licántropo.

Joder, esperaba que los hados fueran buenos esa noche y que les permitieran seguir hacia delante sin más complicaciones.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Dom Jun 19, 2011 10:24 pm
No me había dado cuenta hasta aquel momento de que llevaba las uñas clavadas en la chaqueta como si me fuera la vida en ello. Desde que había oído aquel ruido no me había desenganchado de ella menos para hacer pequeños gestos. Y eso que no iba poco abrigada. Llevaba la chaqueta deportiva, unos tejanos que eran gruesos y negros, una especie de chanclas que se cogían por detrás del pie - cosa que no me había facilitado para nada el movimiento antes - y después, debajo de aquella chaqueta, también llevaba otra capa que se podría considerar jersey y una camiseta de manga corta. En aquel momento no tenía ni pizca de frío, más bien al revés. Después de varios asaltos a mi corazón, iba más embalada que un cohete. Vamos, que había entrado en calor con tanto ánimo. Aquel vampiro al menos había sido útil para algo en su no vida. Por eso mientras echábamos a andar me quité la primera chaqueta, dejando ver que debajo llevaba un polo parecido al que a él le habían hecho jirones. Aunque el mío era de un color rojo intenso. Vale, es que no lo tenían en otro color, se les habían agotado y fue el único que quedaba. Me iba largo, me colgaban las mangas por encima de las manos, aunque hasta ese momento habían estado retenidas por la chaqueta. Ahora ya no, y parecía un fantasma andando por la calle.

Asentí cuando me dijo que no se lo dijera, tenía razón.
– Cierto, será lo mejor. Tampoco es que haya que contarlo, al fin y al cabo lo que cuenta es que seguimos enteros.– dije, intentando quitarle hierro al asunto, que me pesaba como un condenado en aquellos momentos. La culpabilidad no me la iba a quitar nadie, pero la podía apaciguar un poco viendo qué Jordan no estaba herido, que estaba bien, sano.– Vale. Vale.– alcé las manos y sonreí un poco. Era cierto, éramos tan cabezotas que ninguno haría caso al otro aquella noche, al menos en lo referente a eso. Ladeé la cabeza cuando me preguntó aquello y me mordí el labio.– No se, la suelo aparcar cerca de la tienda. Donde trabajo. Me va bien, además de que si tengo que dejar algo en la tienda es mucho más sencillo. Pero creo que me replantearé el dejarla aquí también.– anda que no, y bien que me lo iba a replantear. Después de aquello no era muy apetecible ir por las calles de noche tal cual.– Pero hay gente que tiene muy mala leche y como me la rayen...– apreté los puños. No quería ni imaginármelo. Era mi pequeño tesoro.

Me reí cuando comentó que solo tendría que dormir doce horas.
– Casi nada, vamos, de un tirón eso se pasa volando. ¡Pero no puedo evitarlo! Me preocupo, me preocupo.– alcé las manos en gesto inocente. Era sobreprotectora con todos los de mi alrededor, lo sabía, no podía hacer nada contra eso. Miré hacia arriba, siguiendo su mirada, y abrí la boca del todo al ver que era cierto, había luna llena. Me tanteé los bolsillos.– Pues... Pues no.– torcí el gesto.– Ah, espera.– me rebusqué en los bolsillos y sonreí.– Sí.– saqué una bala de plata, una única y exclusiva bala de plata. Ni siquiera llevaba pistola. Se la tendí.– Toma, te sirve más a ti que a mi ahora mismo.– le di un par de palmaditas más en el hombro, un gesto que tenía muy familiarizado últimamente con todo dios. Esperaba que allí no le hubiera golpeado, por que sino la estaba cagando pero bien.– Bueno, al menos es una noche bonita.– arrugué la nariz levemente.

Lo era, pero llena de peligros también. No íbamos preparados para algo más, sin embargo aquello era como hacer la guardia juntos, y al menos nos echábamos un paseito antes de regresar al Heaven con la moto. Esperaba que no le hubieran hecho nada, me iba a cabrear muchísimo sino. Y preferentemente era mejor que no pillara dicho cabreo delante de Jordan, por que solía cagarme en todos los dioses del cielo y no era demasiado agradable de ver. Tenía mis rabietas, sí, y eso que era bastante controlada normalmente. No solía dejarme llevar por mis explosiones momentáneas de enfado, eufória o cualquier sentimiento relacionado con una extrema sensación en el cuerpo. Pero cuando se trataba de un amigo, de la moto o de algo importante de verdad... No lo podía evitar. Se me agrietaba la máscara por todas partes y debajo se podía ver figurar un rostro lleno ira furibunda. No era un espectáculo que muchos hubieran presenciado, a lo sumo un par de personas. Y digamos que no se habían quedado tranquilas después de aquel arrebato de rabia por mi parte. Podía ser bastante... Temperamental, si me lo proponía.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Dom Jun 19, 2011 11:34 pm
La miró de reojo mientras andaban escuchando sus palabras, notando el peso de la bolsa golpeando de forma rítmica en su espalda. No se le pasó por acto el gesto de quitarse la cazadora. Para estar en el tiempo que estaban debía reconocer que estaba haciendo bastante bueno. La temperatura parecía mantenerse y aunque llovía, e incluso nevaba a fin de cuentas estábamos en Enero, había pequeños descansos como aquel que hacían que uno pudiera ir un poco más ligero de ropa de lo que estaban acostumbrados. Al menos no tendrían que preocuparse por narices rojas y resfriados, era lo único que podría pasar esa noche que de momento no había ocurrido. Y decía de momento, porque estaba claro que la suerte no estaba con ellos. Volvió a alzar la mirada, la Luna se alzaba por entre los edificios marcando su fase plena. Los tres días siguientes iban a ser una puta casa de locos, con perdón. No sabía exactamente si habría habido algún ataque de licántropo en los meses anteriores, esperaba que no, parecían bastante tranquilos últimamente, y no deseaba tener a uno de esos lobos por allí, podría armar una bastante gorda.

Los vampiros eran una cosa, pero un licántropo descontrolado podría ser una auténtica pesadilla. ¿Cómo se borraba la presencia de un enorme lobo o algo parecido de los medios? ¿Qué se le decía a todos aquellos que estaban a su alrededor? ¿Un ataque de un animal salvaje? Joder, lo eran, pero explicarlo así era cuando menos extraño. A veces creía que tenía que ser alguna especie de mutación de la rabia lo que había provocado aquellos síntomas. A saber lo que sería, había leyendas sobre cambiaformas en todas las culturas, sobre personas que podían convertirse en lobos y en otros animales. Era algo que estaba muy presente. Se quedó por un momento pensativo y la miró entonces cuando dijo lo de su moto.

Si te la rayan, te doy permiso a que descuartices a quien lo ha hecho o me encargaré de que te paguen la reparación ¿trato hecho?

Esperaba que no llegara a ocurrir, sabía lo que significaba un vehículo para una persona. Él mismo podría cabrearse de verdad si alguien tocaba su moto o su coche, cualquiera de los dos. Les tenía más mimados que si fueran sus propios hijos —una auténtica exageración, a Lizzy la tenía mil veces más mimada en su tiempo—, ni siquiera Myron podía acercarse a ellos y mucho menos conducirlos sin que él estuviera cerca. Y eso que se suponía que era su mejor amigo. Tomó por un momento la bala al tiempo que notaba los golpecitos de Nyrianne en el hombro y negó un par de veces, volviendo a tomar su mano y poniéndosela encima.

No te preocupes, no creo que pase nada. Una pregunta, eso sí, ¿qué haces por ahí con una bala de plata?—le preguntó mirándola con curiosidad. A lo largo de los años había visto muchas personas que tenían diferentes tipos de amuletos que llevaban cuando salían a cazar. Había de todo tipo, formas y colores. Una bala era bastante usual. ¿Sería supersticiosa? No podría reprochárselo, en ocasiones él mismo también lo era realizando una serie de movimientos o “rituales” cuando salía de casa por ejemplo. Estupideces como otra cualquiera, gestos repetitivos que muchas veces no se daba ni cuenta de que hacía. Se quedó por un momento pensativo alzando una vez más la mirada al cielo. — No hace frío y eso ya es decir mucho.—los pasos de ambos repicaban ligeramente contra el asfalto de la calle mientras andaban, Jordan siguiendo a Nyrianne en el proceso. — A parte de lo de esta noche, ¿cómo te va todo?

A veces se le olvidaba preguntar, no es que se le olvidara en realidad, sino que intentaba no atosigar a la otra persona, pero puesto que aquella noche parecía ser la indicada para sincerarse en cierta manera, sentía curiosidad por ver cómo le iba todo a Nyrianne, de esa manera se aseguraría de que todo estaba bien con ella, de que no tenía problemas más allá de los que le pudieran venir por ser una Equites. No tenía que olvidar que además de su trabajo para la organización, tenían una vida normal que tenían que cuidar si no querían volverse completamente locos.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Lun Jun 20, 2011 12:05 pm
Sinceramente, no sabía para qué demonios me había quitado la chaqueta. Ahora no sabía donde dejarla. Primero me la colgué del brazo, pero me molestaba mucho para moverme y así no hacía más que tocarme las narices a mi misma. Así que intenté colgármela de los hombros, pero me dio la sensación de que parecía o una abuela de noventa años o una muchacha salida de la casa de la Pradera. Descarté esa opción también. Repámpanos, que arte que tenía yo para hacer bien las cosas. Era un as, vamos. Solución, al final, después de darle vueltas y vueltas, terminé llevándola abrazada contra el pecho como si fuera una especie de perro o algo parecido. Sí, la quería mucho, aquella chaqueta, y no me separaría de ella. Aunque a veces era un tostón. Igual que los paraguas, que los muy dichosos parecían tener vida propia y se enganchaban en todo lo que se encontraban por delante. Por eso no me gustaba llevar paraguas. Le seguí los movimientos, y vi que volvía a mirar la luna llena que se alzaba imponente en el cielo. Aquella noche se veía más grande de lo normal. La luna parecía querer mostrarse en todo su tamaño, mostrándole al mundo que no estaba tan escondida como algunos parecían pensar.

Al mismo tiempo daba cobijo a los seres que deseaban salir a cobrarse la venganza, a robar vidas. Aquellas vidas podrían haber sido las nuestras, pero para eso mismo estábamos. Mantener el orden era necesario, alguien tenía que hacerlo. Y yo formaba parte de ese alguien. Aquello me hacía sentir orgullosa, a nivel de mi misma y de todos los demás Equites que luchaban cada día contra el mal que acechaba a la puerta de cada una de las casas de Londres. En las calles, en los bares, en las discotecas, en todas partes. En cualquier momento y en cualquier lugar. Era tan complicado tener unos ideales de mundo que seguir... Sabiendo que nunca podrían ser, que todo el resto de nuestra vida seguiría con el mismo camino. A no ser que la Profecía se cumpliera, dios no lo quisiera. Estaríamos bien jodidos si de golpe todos los magos y los seres nocturnos empezaran a moverse, por eso era mejor erradicarlos antes de que se rebelaran a gran escala. Sería una catástrofe a nivel mundial. Sin embargo cuando escuché sus palabras giré la cabeza hacia él, con la mirada iluminada.

— ¿En serio?— podría jurar que los ojos me brillaban como dos perlas. Descuartizar. Oh, sí, con eso me había quedado. Capaz era de hacer cualquier cosa si tocaban mi pequeña joya. Encima de que era muy delicada, la moto, y había costado una pasta que te caías de culo si te decían el total.— ¡Genial! Entonces trato hecho. Espero por su bien que no le hayan tocado ni un solo pelo.— parecía que fuera mi hija, sí, pero me importaba de verdad. Eran mis esfuerzos, todo lo que había hecho durante mi estancia en Londres, lo había recopilado en esa moto.— Perfecto, sí.— parecía que ya estuviera deseando encontrar a los responsables antes siquiera de saber si habían tocado la moto en si, a veces incluso yo reconocía que podía llegar a ser algo - bastante - sádica. Además de que así podría practicar un poco, que ya me hacía falta. Lo malo era eso, que si me los encontraba era capaz de explotar como una bomba de relojería.


Vi que en vez de quedarse la bala me la devolvía, y ladeé la cabeza con curiosidad. Él tenía una pistola, por lo que podía meter la bala de plata en caso de que hiciera falta. Pero bueno, como ya supuse que era consciente de ello, pues lo dejé correr y cerré la mano entorno a la bala.
— Bueno, me la dio hace algún tiempo un Equites. Me dijo que era mejor que siempre la llevara encima por si acaso. Fue, si no me equivoco, justo cuando acababa de llegar. Les gustaba gastarme bromas. Malditos...— eso último lo dije en un murmullo, como para mi misma. Luego continué.— Y parece que al final alguien terminó compadeciéndose y me dijo que si alguna vez una de esas situaciones sucedían de verdad esto me serviría.— me rasqué la barbilla.— Al fin y al cabo, aunque sea una bala de plata, sigue siendo una bala que sirve. Aunque no llevo ni pistola, así que más bien es como un amuleto o algo así. Todavía intento entender qué quería decir.— era raro, pero no quería despegarme de ella. Siempre la llevaba encima por si acaso. Como alguien siempre lleva un anillo de herencia familiar, yo llevaba la bala. Y eso que no era de herencia, pero bueno. Me sentía más... Protegida, si la llevaba conmigo. Asentí cuando dijo que no hacía frío, era cierto. Se estaba la mar de bien en aquel momento. La temperatura ideal.

Me quedé pensativa cuando preguntó que cómo iba todo. ¿Por dónde empezar? Bien y mal, las cosas iban y venían. Sin embargo más o menos iba haciendo.
— Bueno, ahí vamos haciendo.— torcí el gesto.— Ya ves, rutina, por la mañana a correr, después a trabajar, al salir a boxeo y después ya me toca guardia. Aunque a veces hago turno cuando no me toca.— hice una mueca.— Pero bien, por lo demás todo bien. Creo que me voy adaptando a esto de vivir en Londres, aunque llueve mucho. Y de chicos no te voy a hablar, que sino luego veo un interrogatorio por ahí.— era una broma, claro. Tampoco es que tuviera demasiado que contar respecto a eso, pero al fin y al cabo todavía estaba en la edad de fijarme en ellos. Sonreí de lado.— ¿Y a ti cómo te trata la vida en general?
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Lun Jun 20, 2011 10:10 pm
Jordan la miró de reojo con una clara diversión en los ojos, estaba claro que hablaba muy en serio cuando se trataba de su moto. Él la entendía bien porque por los motivos dichos ya antes, eran una posesión que siempre traía buenos momentos. Como un amante de la velocidad que era procuraba tenerla siempre en perfecto estado, aunque era cierto que muchas veces se pasaba por el taller donde trabajaba O’Neil para revisar que todo estuviera en orden. Además de un medio de locomoción básica, también la utilizaba en el trabajo. Muchas veces se movía con los vehículos de los Equites, pero en otras ocasiones prefería moverse con su moto. Era más rápida, mucho más fácil para aparcarla y podía moverse por la ciudad con facilidad. Ese último punto era clave, con la cantidad de avisos que podría haber, el movimiento era fundamental.

Aunque también era claro algo: desde su subida al puesto que tenía, estaba jodido. Apenas podía estar en las calles que era donde le gustaba estar y tenía que conformarse con hacer más horas de papeleo de lo que hubiera imaginado hacía unos años. Mierda, odiaba los putos papeleos. Los informes, las reuniones, las horas sin dormir. Odiaba tener que hacer los grupos, mirar las guardias, cuadrar todo para que cada cual estuviera con la persona que mejor le venía para poder hacer su trabajo. Respiró hondo por unos instantes, hundiendo un poco más las manos en los bolsillos. Él era un hombre de acción, necesitaba moverse, luchar, sentir la adrenalina. Lo echaba de menos, no le gustaba nada lo que estaba ocurriendo además en los Equites. Comenzaba a haber facciones, personas que consideraban que no estaba bien haciendo su trabajo. Eso le preocupaba porque en cierta manera le minaba la moral. Lo hacía porque Jordan no se consideraba que fuera el que realmente debería estar sentado en la silla. Había hombres y mujeres mejor capacitadas, que podrían hacer igual o mejor el trabajo que estaba haciendo. Hombres y mujeres que gustaban del poder. Él, en cambio, hubiera dado cualquier cosa porque le pusieran una misión en las manos y llevarla a cabo.

Así que como había supuesto se trataba de un amuleto. Podía imaginarse quién le había dado la bala de plata. Había muchos graciosos entre los Equites, muchas bromas que en ocasiones no tenían mucha gracia. Se la quedó mirando unos instantes. La bala de plata era un símbolo en cierta manera, al menos no la habían dado un crucifijo. La plata era un metal muy preciado que se había utilizado durante muchos años por los Equites. Seguían muchas tradiciones antiguas que habían servido, que tenían su uso. La plata, el fuego, las estacas de madera, el agua bendita eran instrumentos que habían sido su herencia. A las futuras generaciones ellos dejarían otras muchas tecnologías que ayudarían en la campaña que vendría, porque Jordan sabía que aquella Profecía no traería nada bueno: lo sentía en los huesos.

La plata es un buen amuleto, además de que puedes utilizarla llegada el caso como bien te dijeron. No fue un mal consejo, aunque me imagino que te la daría Robinson, tiene un bonito sentido del humor cuando se lo propone.—comentó con ironía, mientras negaba por un momento para sí, mirando hacia delante, las manos en los bolsillos jugueteando con esa botellita de agua bendita que antes le había pasado. —¿Sabes disparar Nyrianne? Porque si no sabes podríamos ir algún día al campo de tiro. Siempre viene bien por hay problemas. No es que les paren la mitad de las veces, pero les ralentiza lo suficiente como para poder salir corriendo o pedir ayuda.

Las armas siempre había sido una de las aficiones del Cazador, desde antes incluso de haber entrado a formar parte de los Equites. Tenía una buena colección en cierta forma aunque estuviera mal decirlo y sabía utilizarlas. Las armas de fuego, aunque siempre había considerado que destrozaban los viejos ideales, eran una buena forma de distracción y eliminación llegado el caso. El hombre se quedó por un momento mirándola, escuchando sus palabras. Era preocupación, sí, por saber si estaba adaptándose bien. Sabía que la vida podía ser muy puta cuando se torcía.

Creo que tenemos una vida bastante paralela, me paso el día entre el Haven y los Equites, sin más. Desde que…bueno, desde que subí al puesto que tengo me ha tocado más horas de despacho de las que creía posible.—masculló frunciendo el ceño. —Así que las horas que puedo me las dedico a entrenar, es la única forma de no volverme loco.—la miró entonces pensativo.— Y no te haría un interrogatorio, únicamente te pediría que me lo presentaras.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Lun Jun 20, 2011 11:33 pm
Vi claramente como su mirada destilaba un pequeño brillo de diversión y sonreí. A veces me ponía bastante posesiva con lo que por derecho era mío. Que la gente se tomaba muchas confianzas con cosas que en realidad no les pertenecian y luego sucedía lo que sucedía. A ver si, peor que habérmela rayado, me la habían robado. Entonces sí que me iría a patear toda la puta ciudad de arriba abajo para encontrar a los que habían hecho aquello y les quitaría las tripas una a una mientras todavía estaban vivos. Solo era ese leve pensamiento el que se me pasaba en ese momento por la cabeza, pensando en frío. Y eso que todavía no me había calentado. Si después no había sucedido nada me alegraría tanto que era capaz de dar una fiesta solo por eso. Que siempre me montaba mis propias historias antes de que sucedieran siquiera, y luego todo era mucho más leve de lo que estaba esperando ver. Lo aceptaba, mi imaginación daba para largo y tendido. Tenía para dar y regalar. Debería haberme dedicado a ser pintora o algo parecido, seguro que haría unos cuadros estupendos gastando todo aquel arte en algo que no fuera crearme ilusiones - buenas y malas - en mi cabeza. Que así solo conseguiría volverme loca en un momento u otro, y no era algo que me hiciera especial ilusión, sinceramente. Aunque por un lado decían que los locos eran las mejores personas del mundo, y también las más sinceras. Quizás solo me hacía falta un pequeño empujoncito para ser igual que esas personas.

Tampoco es que me considerara mala persona, no. Simplemente... Indefinida. Todavía me estaba formando, por lo tanto no tenía la personalidad del todo cuadrada. Me daban altibajos, y eso me desconcertaba. Tan pronto podía esta riendo como triste, y eso se debía a aquel pequeño trauma tiempo atrás. Aunque todos los Equites habíamos sufrido de alguna forma, todos habíamos tenido que pagar un alto precio por hacer aquello que hacíamos. O sino todos la gran mayoría. Y sabía que lo que me había sucedido a mi no era lo más fuerte que corría por dentro de nuestra unidad. No, habían cosas que era mejor no conocer, por el bien de todos. Además de que, ¿para qué necesitaban saberlas? Eran cosas personales, cosas que cada uno tenía para si mismo y no para ir contándolas por ahí al primero que pasaba por delante. Eso sería de estúpidos, sinceramente. Ni siquiera yo me había dignado a contarle a nadie lo sucedido allí en Noruega. No me veía con corazón para decir que me sentía tremendamente culpable por eso, que me sentía como si fuera una asesina. Que a veces llegaba a verme las manos manchadas de sangre salpicada. Me las miré instintivamente, con las palmas abiertas, pero no había nada allí. Estaban limpias.

— Pues como no aprenda antes a sostener una pistola me temo que de mucho no me va a servir la bala. Pero de todas formas me gusta llevarla encima, dicen que la plata trae buena suerte, así que no está mal llevarla por si acaso. Aunque creo que mucha suerte hoy no ha habido.— torcí el gesto levemente.— Pero sí, es posible que haya sido él. Al entrar como no le conocía no se me ocurrió tampoco preguntarle el nombre, pero creo que ya he podido probar su sentido del humor tan... Retorcido.— dije frunciendo levemente el ceño y me reí. Ladeé la cabeza con curiosidad al escucharle.— Pues no, no tengo ni la más remota idea de cómo se usa. Me da cosa cogerla, no vaya a ser que sin querer le pegue un tiro a alguien. Pero la verdad es que me iría bien aprender, solo por si las moscas. Nunca se sabe lo que te puedes encontrar por ahí. Y así te libras un rato de tu trabajo entre papeleo.— sonreí de lado.— Y también es parte del entreno, en cierta manera, ¿no? Ya es algo. Ah.— me pasé las manos por la cara y me tiré de las mejillas hacia abajo.— Pero soy tan catastrófica que soy capaz de volarle una pierna a alguien con la pistola.

Ese era mi mal de ojo. Mi torpeza. Extrema, dichosa, maleante. La odiaba. Era como si tuviera una espina clavada en el cuello que no me dejaba trabajar bien, y eso me frustraba mucho. Pero cuando me ponía de los nervios las cosas me salían todavía peor, así que prefería no darle demasiada importancia que meterme el gran guarrazo y hacer el ridículo delante de todo dios. Que solo me faltaba eso para que se rieran de mi. Si ya me gastaban bromas de por si solo, no quería ni imaginarme como sería si sucedía un desastre como ese. Así que negué lentamente con la cabeza, debía tener una cara de susto en aquel mismo momento que no me la aguantaba ni yo misma. Pero en seguida volví a la normalidad y escuché lo que decía.

— Pues vaya dos estamos hechos, eh.— sonreí abiertamente.— Así que te toca hacer mucho papeleo... Bueno, si necesitas ayuda con alguna cosa me lo dices, que siempre tengo algo de tiempo libre cuando salgo de la clase de boxeo, así que no me importaría echarte una mano con lo que necesites.— me froté las manos por encima de las mangas. En serio, parecía una especie de fantasma ambulante que se paseaba por las calles. Ya no quedaba demasiado.— Mira, la moto está... Justo allí.— señalé el final de aquella calle, donde se veía relucir una moto de color rojo brillante con inscripciones marrones. Casi se me salieron los ojos de la emoción al verla, igual que siempre me sucedía cuando la iba a coger.— ¡Allí está, allí está!— parecía que tuviera cuatro años. Quería echar a correr hasta allí, pero sabía que Jordan me acompañaba y tampoco quería parecer una cría. Le miré emocionada como una niña a la que le han comprado una bolsa enorme de chucherías.— ¡Oye! ¿Qué te parecería, en un hipotético caso, que fuéramos un día de estos por ahí? A un karaoke, quizás, o a una discoteca, a ver si así bailas normal.— bromeé riendo.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Mar Jun 21, 2011 2:22 pm
Escuchó en silencio sus palabras mientras caminaba con ella, le gustaban las palabras habladoras porque de esa manera sus silencios no eran molestos. Muchas personas creían que tenían que suplir esos silencios con palabras huecas, sin sentido, conversaciones que muchas veces le crispaban los nervios, en cambio con Nyrianne era completamente diferente. Ambos hablaban cuando tenían algo que decir, por esa razón le gustaba la compañía de la rubia que estaba a su lado. Pocas personas eran las que conseguían que Jordan se relajara, que fuera en cierta manera él mismo. Nyrianne era una de ellas. Podía comportarse con ella como era sin que hubiera mayor problema. Sabía que si de repente decidían mantenerse en silencio lo harían, sin más. Habían aprendido en el tiempo que se conocían a respetarse. Eso era algo que muy pocas personas llegaban a comprender. Muchas veces decían que eran francamente diferentes y tenían su punto de razón. Al fin y al cabo, había una considerable diferencia de edad. Se podía decir que Nyrianne era la hermana que nunca había tenido, esa sensación de protección se incrementaba hasta límites insospechados cuando estaba con ella como había pasado esa misma noche; había salido del Haven sin dar mayores explicaciones, estaba seguro de que habría habido más de un comentario y sin embargo le importaba, como se decía comúnmente, una mierda.

De esa forma, no era extraño que estuviera pensando en cómo podría ayudarla. Había algo en Nyrianne que le recordaba a Charlie, en parte entendía por qué las dos parecían compenetrarse también y eso le gustaba. Ambas necesitaban tener amigas de su edad y sexo. No es que él no pudiera ser un buen amigo, pero entendía que no pudieran hablar las mismas cosas. En ocasiones sentía curiosidad de cómo sería verlas juntas, por un agujero, cuando hablaban. Fijo que sería digno de ver. Otras veces se preocupaba lo indecible ¿Y si las sucedía algo estando juntas? No, era mejor no pensar en aquello porque comenzaría a salir esa vena que tan bien llevaba ocultando en los últimos tiempo, bueno, no es que la ocultara muy bien pero él lo intentaba que a fin de cuentas en cierta manera era lo que contaba.

Cuando le habló sobre la pistola, propuesta que le había hecho él mismo, se quedó unos minutos pensativo simplemente dejándola hablar. Era reconfortante en cierta manera escucharla. Estaba acostumbrado a los cambios drásticos de temas gracias a la otra rubia que tenía en su vida, por lo que no le costaba demasiado seguirla el ritmo. Miró un momento al circulo plateado que se encontraba en el cielo durante un momento antes de recopilar en palabras todo lo que había estado pensando.

Pues entonces no se hable más, tú y yo tenemos una cita para ir al campo de tiro. Tienes que decirme qué ratos tienes libre y podemos quedar directamente allí. No te preocupes por disparar a nadie, aunque tendrás que recordar que no me puedes apuntar.—comentó claramente bromeando mientras la miraba de reojo.—Eso sí, no te desanimes, poca gente tiene buena puntería a la primera. La primera vez que yo disparé… aquello fue un desastre, pensé que nunca conseguiría acertar a nada, pero después incluso igual te gusta. Puede ser muy relajante descargar un cargador imaginándote la cara del jefe cabrón que te ha estado puteando con la última guardia.—tomó aire un momento, notando el olor de la ciudad y echando de menos la naturaleza que tanto le gustaba. —Gracias, Nyrianne, de verdad, pero me he metido solo en este berenjenal y tengo que salir como sea.

Aunque fuera tirándose de los pelos, cosa que no pensaba hacer. Cuando vieron la moto y vio los gestos de Nyrianne no pudo evitar mirarla claramente divertido. Era como una niña pequeña que acabaran de decirla que se iban a Eurodisney. Esa ilusión en su rostro, en sus gestos, en su voz, le parecía terriblemente tierno, cosa que no iba a decir porque quizá recibiera un buen puñetazo y la verdad es que se encontraba un tanto dolorido por el ajetreo de esa misma noche. Y entonces llegó el batacazo, no literal, pero sí mental cuando le hizo el último ofrecimiento. ¿Cuánto hacía que no salía por ahí? Es más, ¿cuánto hacía que no iba a un Karaoke? O mejor dicho… ¿había ido alguna vez a uno? La miró como si hubiera dicho algún tipo de barbaridad, con un gesto de clara sorpresa que rompió durante unos segundos su rostro normalmente serio y se quedó sin decir nada unos segundos hasta que fue capaz de reaccionar.

Pufff, no, no, yo no bailo ni canto ni nada de eso. Seguro que conseguiría lo imposible, que se pusiera a nevar en pleno verano o yo que sé. Hace muchísimo que no voy a ninguno de los dos sitios, es más, tengo mis dudas de que haya ido a un Karaoke alguna vez.—contestó mirándola, con el ceño brevemente fruncido. —Pero podéis ir… Charlie y tú, fijo que os divertís.

Dioses, eso sí que sería digno de verse.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Mar Jun 21, 2011 8:22 pm
Después de aquello se produjo un pequeño silencio en el que ninguno de los dos dijo nada. Era agradable pasear sin necesidad de decir tonterías cualquiera para poder llenar un hueco vacío. Simplemente, si no había nada que decir no había nada que decir. Y ya está. Ni tampoco era estresante. Realmente con Jordan las cosas eran más tranquilas, más pausadas, como si la vida corriera a un ritmo diferente. Él había vivido muchas cosas en su pasado, corrían rumores por ahí, pero sin embargo no era tan cotilla como para preguntar. A mi no me gustaba que se metieran en mi vida, así que yo tampoco me metía en la de los otros. Si alguien me comentaba algo sobre mi o mi familia, mi pasado o lo referente con ello, siempre me ponía de mala gaita. No me gustaba que se metieran con ello, ¿qué demonios les importaba a ellos? Cada uno tenía sus propios problemas a acarrear y un pasado que no todos tenían que contar. Yo no quería contarlo. No era algo agradable. A veces me gustaría hacer borrón y cuenta nueva, volver a empezar, olvidarme de todo lo sucedido anterior mente y reiniciar mi propio cerebro. Como un formateo de un disco duro. Pero eso también conllevaría olvidar los buenos momentos, los amigos, la familia. No podía hacerlo, no era capaz.

Ladeé la cabeza un poco mientras esperaba alguna respuesta por su parte. Aunque era paciente, sabía que Jordan meditaba las palabras antes de decir cualquier cosa. Al menos sabía que nunca soltaba una chorrada cualquiera. Por eso me gustaba estar en su compañía. Una se sentía segura y a la vez se podían aprender muchas cosas. Era un tío que estaba formado tanto a nivel mental como corporal. Aunque era demasiado mayor para mi como para pensar de una forma que no fuera como un hermano. Sí, eso era. Como un hermano mayor con el que teníamos una protección mutua. Por eso me había sorprendido aquella noche al llegar tan deprisa. Pero me di cuenta de que si hubiera sido al revés yo también hubiera acudido corriendo estuviera donde estuviera. Y por supuesto si no me hubiera llamado me habría cabreado, por que al fin y al cabo había confianza y sabía que si se metía en problemas, aunque pudiera salir él solo de ellos, podía avisarme.

Me reí al escuchar lo que decía.
— Entonces perfecto, iremos al campo de tiro cuando tengas un rato libre, por que yo los sábados por la mañana no tengo nada que hacer, así que no hay problema, pero tampoco querría robarte el único momento libre que tengas entre tanto papeleo y tanto trabajo.— alcé las manos en gesto inocente mientras me reía.— Oh vamos, a ti precisamente no te apuntaría, pero hay algunos a los que sí que les tengo ganas.— frucí los labios en un mohín molesto, aunque estaba bromeando. Nunca me atrevería a alzar el arma contra cualquiera de mis compañeros. No quería ni imaginarme lo que podría suceder si se disparaba el arma.— ¿Sí?— pregunté cuando me dijo lo de su primera vez cuando disparó.— Vaya, entonces creo que no tengo que preocuparme demasiado. Creo que me irá bien para... Ya sabes, descargar tensiones. Al estilo policía de esos que salen en la tele con los cascos y las gafas de sol.— quizás me estaba emocionando bastante, pero es que siempre me había hecho gracia verlos.— Y creo que ya sé a quién imaginarme para eso de descargar el cargador de la pistola. Ou yes.— me reí. Asentí levemente con la cabeza a lo que dijo y sonreí.— Bueno, pues ánimo campeón, que tú puedes.

Lo trataba ya como si fuera mi propio hermano. Le había cogido apego en aquellos meses, la verdad es que sí. Más que a algunos otros miembros de los Equites, por que siempre me había ayudado cuando lo necesitaba además de que sabía que esa fama que tenía de persona frívola y cruel era mentira, solo una tapadera. En realidad era una persona la mar de maja que a mi al menos me caía muy bien, y a otras personas que yo conocía también, por que se lo veía, veía como lo miraban. Otros no, claro, pero a mi tampoco me caía bien todo el mundo y había notado miradas de hostilidad por parte de algunas personas del grupo y externos. ¿Tenían envidia de algo? No lo entendía. No tenía nada destacable, era un cero a la izquiera práticamente, y sin embargo me las había apañado bastante bien por allí. Me empecé a reír mientras miraba la moto. Escuché sus palabras, y vi en su expresión que se había quedado sin nada que decir por un momento, le había pillado por sorpresa de verdad, sí. Sonreí ampliamente, como una cría, mientras le miraba. Cualquiera diría que era mi padre o algo parecido.

— ¡Entonces tendrías que cantar! Que guay, que se pusiera a nevar en verano. Sería increíble.— bromeé riendo. Sí, sería estupendo. Ver la nieve siempre me había ilusionado, aunque allí en Noruega nevaba muy a menudo.— ¿Sabes? Echo de menos la nieve. Allí en Noruega nevaba igual una vez por semana. Aquí llueve más que nieva.— negué con la cabeza lentamente y sonreí.— Pues Charlie y yo te arrastraríamos hasta el karaoke aunque tuviéramos que secuestrarte durante un rato.— le saqué la lengua y después, sin poder aguantarme más, me lancé a correr hacia la moto para ver si mi niña se encontraba bien. Le di varias vueltas alrededor y suspiré lentamente.— Mierda.— había una pequeña rallada en la parte de delante, pero nada grave.— Bueno, supongo que lo podré cubrir con pintura. O llevarla al taller.— hice un mohín de desesperación, como si me hubieran quitado la piruleta de antes. Me subí a la moto y cogí los cascos. Le tendí uno a él.— Toma, para tú.— ladeé la cabeza con una media sonrisa. Era un casco que siempre me había encantado. Rojo, a juego con la moto. Yo llevaría el negro, que no me gustaba tanto pero bueno.— Ala, que esta vez te voy a llevar yo. Y más te vale sujetarte bien.— bromeé riendo.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Vie Jun 24, 2011 10:56 am
Las armas no eran un juego, pero sabía que el disparar sería fundamental para Nyrianne antes o después. La distracción de una bala podía ayudarla así que Jordan decidió que lo mejor sería seguir hacia delante con aquel plan. Se quedó pensativo mientras seguían caminando, pensando en cómo lo haría. El sábado era un buen día. Por regla general lo reservaba para él mismo, pero estar unas horas con Nyrianne no iban a significarle nada, al contrario, le vendría bien. De vez en cuando necesitaba estar con los pies en la tierra. Se aislaba tanto que se olvidaba que el resto del mundo existía. Frunció el ceño. Era algo que solía hacer, se metía en el trabajo porque era la única manera de no pensar. Todo el mundo tenía sus fantasmas y él no era una excepción ni mucho menos, más bien al contrario. En su mente estaban grabados acontecimientos que habían sucedido años antes y que de vez en cuando volvían para repetirse una y otra vez. El no haber podido estar allí para defender a su familia era algo que le carcomía por dentro hasta tal punto que le hacía sentirse culpable. Sí, culpable, así se sentía cuando pensaba en Lyra y en Lizzy, algo que no había confesado ni siquiera a Myron. Respiró hondo un instante mientras se llevaba la mano a la cabeza y se revolvía el pelo intentando concentrarse en lo que tenía delante, en aquel momento, en Nyrianne. No podía permitir que los recuerdos le llegaran porque si lo hacía entonces podrían llevarlo a un lugar en el que no quería estar.

El sábado me parece buen día, en principio no tengo nada que hacer. Podemos quedar para desayunar y después nos acercaríamos al campo de tiro para que pudieras practicar, si te parece bien.—la verdad es que no se relacionaba demasiado con el resto de los Equites en horas fuera de trabajo o del Haven, salvo excepciones claves que tenían nombres y apellidos. Era bastante profesional en ese sentido, además sabía que tenía que evitar por todos los medios los comentarios que podrían saltar sobre si tenía ciertos favoritismos, más ahora que estaba al mando del grupo de Londres. —Te ha faltado el detalle de mascar chicle, si no lo haces no podrías ser uno de ellos.—la miró de reojo mientras hacía aquel comentario, para después mirarla fijamente durante unos momentos. —¿Se puede saber en quién estás pensando? Mucho debe haberte quemado para que pienses así.

La curiosidad era genuina. ¿En quién estaría pensando? ¿Quién podría haberla mosqueado de aquella manera? Aunque él tenía su pequeña lista negra. Había personas que le sacaban de sus casillas o que no entendía, directamente porque se comportaban de unas maneras que salían por completo de sus esquemas. Aun así, esas cosas se las guardaba muy adentro porque no era aconsejable dejarlas salir. Sabía que el día que no pudiera controlarse por completo, que sus emociones se desataran, podría liarse una buena. Tenía unos estallidos de carácter que podían dejar temblando a los que estuvieran cerca cuando eso ocurriera. No solía mostrarlo, es más, evitaba hacerlo por todos los medios posibles. Observó cómo salía corriendo hasta la moto mientras él se movía con parsimonia. Le hacía en cierta manera gracia verla comportarse de aquel modo. Nyrianne siempre solía ser demasiado seria y en ocasiones sentía que en parte le ocurría como a él, que se alejaba de las personas procurando mantener una línea imaginaria que no permitía que traspasaran. El problema es que Jordan estaba dispuesto a arriesgarse a hacerlo, porque Nyrianne había sido de las pocas personas que habían conseguido que se soltara.

No, no lo sería, te lo aseguro, así que mejor nada de cantes si no quiero que hacer un cambio climático global. Nunca he estado en Noruega, pero me gustaría visitarla en el futuro.—la miró, frunciendo el ceño mientras terminaba de llegar a su lado al escuchar su comentario. —Lo peor es que estoy seguro de que lo haríais, de que seríais capaces de secuestrarme y mantenerme atado a una silla, o incluso peor: que me haríais subir a un escenario y cantar.—solo de imaginárselo de le ponía la piel como escarpias. Joder, ¿quién lo iba a decir? Jordan Owain Stevenson teniendo miedo de subirse a un escenario cuando se enfrentaba sin parpadear a muchos otros peligros. —Llévala al taller de O’Neil, ¿sabes dónde es? Es donde suelo ir yo.—tomó el casco rojo por un momento, para después comenzar a ponérselo, dejando la visera arriba para poder mirarla y hablar con comodidad. —Esto va a ser toda una novedad… no suelo ir de paquete.

Esperó a que Nyrianne montara en la moto y arrancara para después subirse él, procurando poner sus largas piernas con comodidad y sujetándose a su cintura. Era cierto, por regla general no iba de paquete, solía conducir. Se sentía un poco raro en aquella situación mientras se ponía la bolsa cruzada en el pecho para ayudar a mejorar el movimiento. Desde luego, como les parara la policía, iban a tener mucho que explicar. Con un movimiento tranquilo se bajó la visera y le dio un toque en el hombro para indicarla que estaba listo.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Sáb Jun 25, 2011 10:03 pm
Vaya, nunca habría pensado que iría a un campo de tiro con Jordan. Era algo que no esperaba, pero de todas formas me parecía una buena manera de pasar el sábado. Estaba bien, además de que no era una persona agobiante ni impaciente, era de la gente con la que puedes estar un día sin terminar hasta los mismísimos cojones de dicha persona por lo pesada que puede llegar a ser. No, por eso mismo me alegré de que fuera con él con quien fuera y no con otro, como por ejemplo con Robinson, que si pudiera a veces también me encargaría de meterle una bala entre ceja y ceja. Tenía cada bromita que tocaba bastante las narices si le daba la gana. ¿Y con quién se había cebado algunos días atrás? Pues con quién iba a ser, conmigo. Tocada de una cosa que era mejor no mencionar. Pero de todas formas ya se las pensaba devolver todas de golpe algún día, cuando ya se hubieran olvidado de ello, sí. Era mucho mejor servir la venganza en un plato frío. Se iban a enterar de quién era en realidad la muchacha que no parecía más que una mosquita muerta normalmente. Por que no acostumbraba a rebotarme, ni a destacar, ni esas cosas, se creían que no iba a devolverlas. Pero iban por muy mal camino si se creían que era así, por que desde luego que lo hacía. No sería la primera vez que me vengaba de alguien, y podía tener bastante mala gaita cuando le ponía empeño.

Vi como se revolvía el pelo y ladeé la cabeza, preguntándome qué sería que le hacía pensar de aquella manera. Normalmente no era de los que se podían ver nerviosos o intranquilos, pero todos teníamos un límite para todo.
— Claro, me parece bien. Hay que coger fuerzas si queremos ir al campo de tiro, que sino luego nos dará por comernos las balas o algo parecido del hambre que tendremos. Sí.— estaba empezando a desvariar a aquellas horas. Vale, no podía evitarlo. Era algo que me salía solo, del alma. Siempre que empezaba a sentirme en confianza era cuando aparecía aquella vena graciosa que me tocaba las narices por que decía cosas extrañas. Seguramente se terminaría pensando que estaba como una puta cabra, pero bueno. Me empecé a reír cuando escuché que decía lo del chicle. Joder, solo de imaginarme la escena me entraba la risa floja, si es que sería buenísimo. Ya lo estaba deseando, pero no, no, que las armas no eran cosas con las que una pudiera jugar. Negué con la cabeza mientras todavía me carcajeaba y entonces le miré de reojo con una media sonrisa.— Eso es un secreto profesional. Todos tenemos nuestros blancos, digamos que este está justo en la mirilla del cañón ahora mismo.— me crují los dedos lentamente, como si le fuera a pegar un tiro en aquel mismo momento.

Podía ser bastante sádica si me daba por querer. Había imaginado cosas bastante asquerosas que nadie querría saber, por que solo de pensarlas a la mayoría les entrarían arcadas y terminarían echando hasta la primera papilla, pero es que no lo podía evitar. Los pensamientos me volaban solos a la cabeza, sin remedio. Siempre había sido así, de pequeña ya andaba pensando en arrancarles la cabeza a mis barbies. Era curioso, por que no soportaba ver muertes en directo, ni matar, pero en mi cabeza me imaginaba cosas mucho peores. Me veía completamente capaz de torturar a alguien mientras me reía en su cara para sonsacarle alguna información. Y lo peor era que seguramente luego saldría tan feliz del sitio donde estuviéramos. En los calabozos de la sede de los Equites, quizás. Pero no me quería ni imaginar la de artilugios estrafalarios que debían haber por allí. Instrumentos de tortura que pocas personas desearían ver, a no ser que fueran tan sádicas y retorcidas como yo. Bueno, no, que retorcida no había sido nunca.

— Oh, vaya. Bueno, tampoco no iría tan mal, total...— me encogí de hombros sonriendo de lado. Le miré con suspicacia.— Algún día conseguiré que cantes, ya lo verás. Seguro que mejor que el Pitingo y todo.— bromeé pasando una mano por encima de la moto con tranquilidad. Oh, como adoraba aquel cacharro que nunca me había dejado tirada.— Y tanto que lo haríamos. Mañana mismo llamo a Charlie para planearlo todo, ya verás que secuestro más majo que te vamos a montar. Ni te vas a dar cuenta hasta que estés encima de ese escenario cantando una canción de Paco Flores o de Fito y los Fitipaldis.— madre mía, como me gustaba echarle leña al fuego. Si es que solo de imaginarme la escena me entraba la risa, incluso pensaba que me iba a echar a llorar de contenerme tanto. Pero seguro que sería un descojone total.— Sí, creo que ya se donde es. Me parece que me he pasado alguna que otra vez por allí, nada puntual vamos. Pero de todas formas ya intentaré que me encuentre un hueco por ahí para que me arregle esto.— le di un par de golpes en la parte delantera de la moto. Me coloqué el casco negro y me subí la visera para poder verle.— Siempre hay una primera vez para todo, ¿no? Anda, sube.

Me monté yo primero sobre la moto, me acomodé y esperé a que también se subiera. Mientras esperaba a que se pusiera cómodo en el asiento me bajé la visera del casco y me puse los guantes. Si, esos guantes típicos de cuero para conducir, pues esos mismos tenía yo. Los abroché bien y después me apoyé en el manillar de la moto. Cuando noté un toquecito en el hombro sonreí de lado y le tras encender el motor de la moto empecé a darle gas manteniendo el freno apretado. Cuando el motor ya se hubo calentado lo suyo entonces lo solté y salimos a toda hostia casi derrapando y todo. Me empecé a reír. La velocidad me hacía sentir bien, y el velocímetro no hacía más que subir y subir más a medida que le daba potencia a aquella preciosidad de dos ruedas que iba a las mil maravillas.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Dom Jun 26, 2011 12:10 am
Jordan asintió con suavidad ante su comentario, pero no dijo nada más. Al menos podrían comer antes de ir al campo de tiro. El cazador solía ventarse con hambre, la verdad es que solía tener hambre a casi todas las horas. Siempre había pensado que era por la cantidad de energía que gastaba en todo momento, ya no solo por moverse, sino por pensar. El cerebro del hombre estaba continuamente funcionando, sin detenerse ni un segundo. Decían que la actividad mental gastaba tanto o más energía que la física, en el caso de Jordan era totalmente de acuerdo. El hombre se movía, mucho, siempre estaba de un lado para otro, pero la verdad es que era su forma de pensar en todo a la vez lo que más consumía energía y lo que hacía que siempre tuviera hambre. Por las mañanas sobre todo. Había gente que no conseguía que le entrara nada cuando se despertaba, en cambio Jordan podía comer todo lo que se le pusiera por delante. Levantarse en casa de Stevenson era un verdadero placer porque siempre había tortitas, zumo, huevos y bacón, además de leche y cereales. Y se lo comía, de una sentada. Lo hacía porque tenía muchas horas por delante y porque siempre terminaba yendo a correr en cuanto tenía ocasión.

Seguía sintiendo curiosidad por saber quién demonios era la persona que tenía entre ceja y ceja, quizá fuera Robinson. A veces se comportaba como un auténtico capullo. Todos habían tenido que sufrir alguna de sus bromas y muchas veces eran verdaderamente pesadas. Jordan había tenido que romperle la nariz una vez por gilipollas, pero no era algo que pudiera decir ahora a Nyrianne, menos cuando tenía que aparentar ser el jefe que era en realidad. Robinson había conseguido que incluso Myron se mosqueara y eso era decir… mucho. Por regla general el policía solía mantenerse bastante alejado de las trifulcas sin sentido, pero Robinson había traspasado la raya lo suficiente como para hacer que el rubio descargara contra él toda la fuerza de su puño y Jordan sabía cómo se las gastaba cuando daba un derechazo. En un gesto pensativo se llevó la mano al mentón donde había recibido el último golpe cuando estaban entrenando. Sí, era mejor ir con cuidado con Myron cuando se cabreaba.

Me das miedo Nyri, en serio, me das un medio terrorífico en este momento. El problema es que sé que al final me vais a terminar arrastrando y me veré haciendo el mayor ridículo del mundo.—gruñó sin poder evitarlo mientras le miraba con el ceño fruncido mientras se encontraban ya junto a la moto. —Y me niego a cantar a cualquiera de esos dos, si voy a subirme a un escenario al menos cantar a algún clásico como alguna de los Rollins o de Guns&Roses. Incluso puedo cantar “Who wants to live forever?” de Queen.—negó por un momento y la miró de reojo metiendo las manos en los bolsillos y jugueteando con la botellita de agua bendita. —¿Ves lo que has conseguido? Hacerme hablar de música.

Sujetándose en su espalda, Jordan esperó hasta que la moto se pusiera en marcha y cuando lo hizo no pudo evitar que una media sonrisa apareciera de forma fugaz en su rostro cubierto por el casco e invisible a todos los demás. La velocidad era algo que le encantaba, era algo que se deslizaba por su cuerpo de tal manera que provocaba un estallido de adrenalina mucho mejor que cuando iba de cacería y eso ya era decir. Como Nyrianne, su moto era también una de sus más preciadas posesiones. Quizá jugaba con ventaja porque al ser cazador tenía unos reflejos mucho mayor desarrollados, cuando era joven siempre había jugado al límite, hasta casi quemarse, sobre todo después del accidente de Lyra y Lizzy que las había apartado de su lado. Había estado unos meses en los que deseaba terminar con todo. Se movió para acomodarse, sujetándose a su cintura y ayudándola a tomar cada una de las curvas para impedir que ambos se fueran al suelo. Sabía lo jodido que era cuando el que iba detrás no se movía con corrección. Se le hacía extraño no estar conduciendo él, se le hacía raro porque estaba acostumbrado a controlar todos los aspectos de su vida por lo que aquello, estar confiando en alguien tanto como para dejar que manejara esos minutos de su vida, era una especie de regalo que no entregaba a todo el mundo ni mucho menos.

Al contrario, hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Ambos se movieron entonces, dirigiéndose hacia el The Haven donde pasarían gran parte de la noche.

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