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¿Who do you think you are? {Cyrian Morgan}

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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Dom Jun 19, 2011 1:49 am
7:28 AM. Prado. Londres.

Me saqué el iPod que llevaba en el bolsillo del pantalón de chándal y subí el volúmen de la música hasta que el aparato me indicó, molesto, que ya no podía dar más de si y que estaba al tope. Así que me tuve que fastidiar y seguir a aquel nivel que no me parecía lo suficientemente alto. Sin embargo la música retumbaba a toda castaña contra mis oídos, atronándolos, incluso juraría que la música se podía oír desde fuera. Uno, dos, uno dos. Vamos Nyrianne, no te puedes parar ahora. Mis piernas largas seguían el ritmo que el retumbar en los oídos me marcaba. Pam, pam, pam. Todo seguido, no podía parar ni un solo segundo. El corazón latía, más acelerado de lo normal, pero sin llegar a ser doloroso tampoco. Llevaba la respiración acompasada, exacta, controlada. Toda mi concentración estaba en aquellos momentos en mi propio cuerpo, en acertar los movimientos, como si aquello fuera lo más importante en el mundo. Quería olvidarme de todo lo demás por un rato. Después de lo sucedido en los callejones del Heaven me había prometido a mi misma que iría a entrenar más a menudo, y nada mejor que empezar por la velocidad y la agilidad. Para eso me iba genial ir a correr. Normalmente aguantaba una hora a un ritmo constante, sin frenarme, pero sabía que aquello no era suficiente. Me pedía más, me empezaba a sentir pequeña, me quedaba atrás comparada con otras personas. No era bastante. Necesitaba aumentar mis capacidades a nivel general. Suspiré lentamente y luego volví a inspirar. No estaba contenta conmigo misma.

Llevaba ya un buen trecho corriendo, nadie me había detenido y la brisa de la madrugada ayudaba mucho en el camino que todavía me quedaba por recorrer. Durante un trozo, solo se oían las suelas de mis bambas gastadas pisando la grava del suelo. Podía notar como las pequeñas piedrecitas se incrustaban en las escasas ranuras que había por la zapatilla de deporte. Sin embargo pronto el paisaje empezó a distinguirse por otro mucho más bello. Algunos árboles rodeaban la zona, pero lo más destacable de todo era que allí, a lo lejos, se podía ver un pequeño prado tupido de flores de varios colores. Aquello en cierta manera me motivó, así que aceleré el paso y corrí hasta allí. Un sitio apartado de toda la civilización, un sitio que era realmente un paraíso solitario para mi. Adoraba aquellos lugares que casi nadie conocía, como si fuera un escondite secreto para los niños. Tuve que travesar aquel pequeño muro de árboles y arbustos para poder llegar hasta allí y me quedé un momento en el borde del prado observando. Era realmente hermoso, además de que el sol de la mañana alumbraba poco a poco las flores que salían tímidas de su propio capullo y florecieran lentamente. Se me iluminaron los ojos. No lo dudé ni un instante, tras un pequeño salto de mi diminuto corazón, me puse en movimiento de nuevo.

Recorrrí un trozo del prado notando como las florecillas me hacían cosquillas en las piernas desnudas. No me quería poner pantalón largo por que me tocaba mucho las narices para correr. Era molesto, no entendía cómo la gente podía llevarlo de forma tan cómoda. Recorrí algunos metros más a largas zancadas - o más bien cortas, por que realmente era complicado encontrar a alguien más bajito que yo - hasta que por fin encontré un sitio agradable y sin frenarme siquiera me lancé sobre aquel pequeño lecho hecho con almohadones de hierba y briznas verdes. Me llevé las manos detrás de la cabeza lentemente mientras oía cómo la canción que había estado escuchando terminaba paulatinamente. Miré al cielo mientras veía como el sol, con verdadera timidez, empezaba a asomarse por el horizonte. Los rayos de luz ya alumbraban algunas zonas del prado en sí. Por fin la música se había acallado, pero no me retiré los cascos de todas formas. Lo único que quebrara el silencio en aquel momento era el viento, que soplaba de forma leve y agradable a través de aquellos pequeños tallos verdes rozándome el cuerpo. Casi me dio un escalofrío, estaba algo sudada por el esfuerzo, pero nada preocupante. Me subí ligeramente la camiseta - nada exagerado - para que me diera el aire y sonreí cuando noté que era así. Parecía estar en el paraíso. Tendría que volver más a menudo por allí. Era bonito, un buen lugar para tomar un descanso en solitario. O quizás no tan en solitario como yo me creía. Me pareció ver una sombra.

Me incorporé de golpe. Desde aquella noche del vampiro estaba alerta a cualquier pequeño movimiento sospechoso. Dudaba a cada instante, tenía miedo de que apareciera en cualquier momento una bestia y se me abalanzara encima, por lo que me puse rígida y me llevé una mano al bolsillo lentamente. Ahora me había acostumbrado a llevar una navaja enana encima por si acaso. Tenía miedo, no, miedo no, auténtico pánico de que algo sucediera. Ahora estaba apartada de todos, no podría llegar a llamar a nadie, y eso me ponía todavía más enferma. Me di la vuelta mirando hacia todos los lados intentando localizar aquella presencia que me advertía del peligro. Siempre sucedía cuando algún mago o criatura estaba cerca. Lo bueno de ser guardián era que tenías desarrollado esa especie de... Sexto sentido, por así decirlo.
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Mensaje por Cyrian Morgan el Dom Jun 19, 2011 1:36 pm
Se había levantado a las seis de la mañana como solía hacer. Apenas había dormido cinco horas pero estaba completamente despierto, cosa que a muchas personas podían llegar a sorprenderles. Dormir, para él, era una pérdida de tiempo salvo que tuviera una buena compañía y entonces, bueno, entonces no es que estuviera precisamente durmiendo. Después de hacer los ejercicios habituales para calentar y no terminar con una lesión que le dejara en una cama postrado, Cyrian comenzó a correr. La música de un grupo alemán, In Extremo, atronaba en su cabeza mientras corría a un ritmo constante. No era de esas personas que hacían competiciones. Había visto cómo muchos hombres buscaban picarlo para que corriera más, más rápido, más lejos. Cyrian hacía mucho tiempo que los había ignorado. Marcaba su propio ritmo como marcaba el resto de su vida: con calma y sin prisa, salvo algunas excepciones.

Prácticamente una hora y media después, estaba de regreso a su casa más aburrido que otra cosa, pensando en qué era lo que tendría que hacer aquel día. Demasiadas reuniones, demasiadas historias que en ocasiones le aburrían. El problema de estar tanto tiempo en candelera, es que llegaba un momento en el que cada uno de los días parecían una copia —muchas veces mala— de la anterior. La repetición de ciertas pautas de comportamiento que provocaban que hiciera una mueca de desosiego mientras sentía cómo el tímido sol que ya se había levantado pegaba contra su espalda apenas calentando la camiseta de tirantes negra que llevaba. El aire golpeaba con suavidad su rostro, un aire frío que indicaba la estación, pero no lo suficiente como para congelarlo hasta los huesos como en otra ocasión. Aquel ritmo constante, hacía que su mente pudiera pensar con tranquilidad sin el incordio de pensar en la gente que estaba a su alrededor. La situación estaba cada vez más jodida y todo por la puñetera profecía. Había saltado la liebre y había muchos, demasiados, cazadores dispuestas a linchar al pobre animal.

Fue en ese momento cuando sus ojos claros se fijaron en una espalda —y un trasero— que se movía unos metros más allá al ritmo de cada una de sus zancadas. Habría reconocido esa figura donde quiera que la viera, aquella Equites que le había jodido un negocio apenas unas semanas atrás. Como un gato que ha visto su siguiente presa se movió para seguirla, siempre a una buena distancia. No quería que le descubriera antes de tiempo y se terminara la diversión. Cuando la vio desviarse hacia un prado que había más allá, repleto de flores que comenzaban a crecer, la sonrisa comenzó a deslizarse por sus labios mientras la seguía, deteniéndose en la lindera de los árboles, mirándola con curiosidad. Parecía una niña pequeña en esos momentos que creía que nadie la miraba. Una niña con cuerpo de mujer que provocó que la sonrisa se ensanchara. Era hora de jugar un poco, solo un poco.

Cuando se incorporó, se movió ligeramente hacia un lado mientras movía la mano y susurraba unas palabras. Lo bueno del aire es que había en todas partes, por lo que una ligera brisilla comenzó a moverse, deslizándose por la pierna de la muchacha como si fuera una lenta caricia, por su hombro apartando el largo cabello rubio, por el rostro. Discretas e invisibles caricias mientras los ojos del hombre se mantenían clavados en ella, moviendo la mano con cada uno de los gestos como si en realidad fuera él quien lo estaba haciendo. El sol incidía directamente sobre los rubios cabellos de la muchacha, provocando que le hombre pudiera verla con claridad. Sabía que aquello no era correcto, que no estaba bien pero….

Necesitaba tanto una diversión, que en aquellos momentos su aparición había sido como ver aparecer de pronto a toda la corte celestial.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Dom Jun 19, 2011 2:14 pm
Nunca me querría ir de aquel sitio. Era como estar en mi propio mundo, con aquella tranquilidad que se podía notar en el aire, con la brisa soplando y los árboles moviéndose a su mismo son. Era relajante, y noté como poco a poco mi cuerpo empezaba a destensarse después de haber estado ejercitándose. Siempre me quedaba algo agarrotada después de correr, pero me sentía bien. Tan bien como si hubiera superado un muro invisible que siempre me impedía continuar, pero que cuando por fin conseguía traspasarlo y romper las barreras, me hacía sentir mejor que nunca en la vida. Era como una sensación de euforia, un cosquilleo por dentro, como si te hubieras tomado una dosis extra de chocolate y no pudieras parar quieto ni un segundo. Las fuerzas volvían de nuevo después de aquello, el corazón parecía ensancharse y la respiración a menudo se volvía más fluida y menos cargada. Era una magnífica sensación que pocas personas podían disfrutar y que deberían hacer más a menudo. Como un pequeño reto personal el asomarse cada mañana por debajo de las sábanas y decidirse a ir a correr bien temprano. Lo malo era que si te esperabas mucho podías morir achicharrado por el sol que brillaba en el cielo, y eso que precisamente calor no hacía.

Así que al final yo había cogido fuerzas y lo había hecho. Ahora me sentía más fresca y activa que normalmente. Me sentía como aquellas pequeñas florecillas que brotaban del suelo y se enredaban con las briznas verdes. Sin embargo aquella sensación de alarma no desaparecía por mucho que quería. Es como si yo le dijera a mi cuerpo que dejara de tensarse, que no sucedía nada, que allí no había nadie más que yo y el prado. Pero no, seguía en aquella posición medio levantada medio tumbada mientras intentaba escuchar algo más allá del viento que soplaba en aquellos momentos. Y entonces deseé que no soplara el viento, que se apagara por unos instantes y así poder escuchar perfectamente lo que estaba sucediendo a mi alrededor. El bosque dejó de ser acogedor poco a poco para convertirse en una trampa. ¿Y si había alguien allí? No, no podía ser, no había nadie más cuando yo iba hacia el prado y si alguien se hubiera escondido en los árboles lo habría visto, no era tan profundo tampoco para que se difuminara de tal forma una figura humana. Pero entonces... ¿Por qué? Negué con la cabeza, estaba paranoica.

Cuando empezó de nuevo a soplar aquel viento, rozándome la piel de una forma tan agradable, terminé de relajarme. No sucedía nada, lo único que pasaba era que estaba asustada, sí, desde lo del callejón estaba realmente asustada. Pero me decía a mi misma que tenía que dejar ese miedo atrás, sino no podría vivir tranquila y pasaría un infierno. Además, los vampiros no aparecían de día, se quedarían reducidos a cenizas y poco más. Me tumbé de nuevo, apoyándome en los codos y eché la cabeza hacia atrás, mirando al sol y cerrando los ojos. El sentir el aire acariciándome la piel de forma pausada era algo que me producía gran satisfacción. Era como si una mano invisible me recorriera la piel en aquellos sitios donde el aire dejaba su pequeña huella fresca. Sonreí, ojalá siempre pudiera ser así, que no hubiera que preocuparse por nada en el mundo. Ni por los magos, ni por la profecía, ni por los seres nocturnos, ni por nadie. Pero eso no podía ser. Era un precio que teníamos que pagar los Equites para no vivir en un mundo de ignorancia total. Conocíamos el secreto de la Tierra, y sin embargo a cambio éramos vulnerables como los mismos humanos - al fin y al cabo nosotros también lo éramos - y nos estábamos jugando la vida a cada instante que pasaba.

Sentí un picor en la garganta, y a los pocos instantes un pequeño estornudo resonó por todo el prado. Claro, estando vacío allí se podía hablar en susurros y se oiría perfectamente. Me froté los ojos, me estaba entrando sueño y todo, pero seguro que me había resfriado o a punto estaba. Me bajé la camiseta y me senté en el suelo. No quería irme. Miré alrededor, dando una vuelta completa, pero algo me hizo ponerme en tensión. Retrocedí en mi recorrido con la mirada hasta que me pareció ver una figura. ¿Imaginaciones mías? Me quedé mirando hacia allí, esperando a ver algún movimiento sospechoso. Jordan, se lo agradecía mentalmente por decirme que no me fiara de todos. Ahora siempre lo tenía en cuenta.
– ¿Hola...?– pregunté, sin alzar demasiado la voz. Se oía perfectamente. Dios, me sentía estúpida. Seguro que se estaban riendo de mi y era una broma.
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Mensaje por Cyrian Morgan el Dom Jun 19, 2011 2:40 pm
Simplemente, perfecta. Así era aquella muchacha que se encontraba en el campo. Para ser una humana, claro. Sus ojos azules brillaban ligeramente con la diversión contenida siguiendo con esas caricias imaginarias que parecía que estaban relajándola cada vez más. El control del aire, tan voluble como era, había que hacerse con cuidado. Nunca sabías por dónde podría salir. Aquel truco había sido perfeccionado por Cyrian durante años, sobre todo en esas fiestas tan comunes en los siglos pasados donde uno no podía acercarse a una mujer de cualquier manera. ¿Cuántas habían caído en sus redes aún estando en la otra punta de la habitación? Caricias sedosas que apenas se podían notar y que podían ser confundidas con una brisa repentina. Oh, sí, el viento podía ser un gran aliado para una persona como el Sol. La magia estaba ahí, viva, dispuesta, perfecta, solo había que utilizarla, usarla, ver cómo brillaban los hilos entretejidos, saber cómo hacer que esa esencia que vibraba pura se moviera por tu voluntad. Una palabra, un gesto, un susurro y tenías todo lo que querías en la palma de tu mano.

El carácter voluble y caprichoso del hombre era perfectamente compatible con el elemento que gobernaba. Solo su fuerza de voluntad impedía que estallara cuando se enfadaba, momentos en los que era mejor estar alejado de él. Tenía que tener cuidado porque sabía que podía afectar con sus estallidos al clima aunque no quisiera, que podría agitar el aire que les rodeaba a todos. Aunque en esos momentos, estaba muy muy lejos del enfado. Lo bueno que tenía que tan pronto como estallaba, se relajaba. No hacía grandes dramas ni se pasaba horas o días de esa forma, sino todo lo contrario. Le aburría sobre manera las personas que no sabían controlarse cuando debían.

El estornudo provocó que detuviera su gesto y que la atmosfera perfecta que se había creado desapareciera en mil pedazos. Un suspiro de frustración se escapó un instante de su boca mientras entrecerraba los ojos al verla moverse, incorporándose. Parecía que la calma había desaparecido por esa mañana. Una lástima porque estaba seguro de que podría haber conseguido mucho más de alguien tan hermoso como ella. Parecía completamente segura de que había alguien, Equite tenía que ser. Un reto mucho mayor que el de una humana cualquiera. Aquellos malditos cazadores no eran más que una traba para todos los seres mágicos que había en el mundo. Podía llegar a entenderles, por supuesto, pero por otro lado le martirizaba pensar que por su culpa habían perdido a tantos en el camino.

No es que todo el mundo pudiera tener un Don como el que él tenía, como los que tenían el resto de las personas que conocía fueran Noctem o Sol. Con gestos claramente perezosos, como los que haría un gato recién despierto al sol, se movió para apoyar el hombro en el tronco del árbol dejándose ver perfectamente cuando ella dijo aquel “Hola” que le pareció delicioso. Tenía un ligero acento que le indicaba al hombre que no era inglesa, un acento mucho más profundo que daba una entonación completamente diferente a sus palabras cuando hablaba.

Buenos días, querida—respondió finalmente mientras la miraba, hablando con voz tranquila y sin inmutar ni un solo momento su postura observando el rostro de la joven, buscando cualquier tipo de reacción. ¿Cuántos años tendría? Se la veía deliciosamente joven. — Espero que no te moleste que no me haya acercado, pero te veía tan tranquila y relajada, que consideré que mi presencia únicamente hubiera servido para molestarte ¿me equivoco?

Excusas, excusas baratas. A nadie le hubiera molestado su presencia, él lo sabía. Antes o después todos se giraban a mirarlo, deseaban estar cerca de él, escuchar sus palabras o recibir sus atenciones, sus caricias, sus besos. Si no se había acercado era porque le apetecía jugar, ver cómo se movía, qué hacía, cómo reaccionaba.

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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Dom Jun 19, 2011 3:54 pm
Seguro que estaba cogiendo un catarro, y es que ni siquiera me había esforzado en coger una chaqueta. Lo primero que había hecho después de levantarme era vestirme rápidamente, ponerme un buen calzado, coger algo para comer por el camino y las llaves de casa. Nada más. Por el camino como mucho me había hecho la coleta en el pelo para que no me molestara, pero al poco me la había quitado por que me molestaba mucho, así que era contradictorio. Últimamente lo que hacía no tenía ni cabeza ni pies, parecía que no encontrara la manera correcta de hacer las cosas, y eso me frustraba en sobremanera. Era como ver a los demás hacerlo todo perfecto y que a mi en cambio me saliera al revés. Siempre había sido así, una torpeza innata por mi parte que creía que venía de herencia, por que eso no me lo quitaba ni con aguarrás caliente. Por naturaleza ya era un desaste con patas, una persona a la que no se le podía dejar nada que se pudiera considerar frágil si no querían que terminara hecho pedazos. Maldita fuera mi suerte, que no podría haber sido mejor persona en cuanto a mis habilidades. Que era la señora torpeza en persona. Por mucho que entrenara no veía capaz de sacarme eso de encima.

Me froté levemente la nariz por encima para quitarme ese leve picor y después los ojos, que se me habían quedado llorosos tras estornudar. Pero sin embargo cuando me volví a sentar bien, la brisa había desaparecido por completo. Alcé las cejas, ¿pero qué demonios...? No lo comprendía, no tenía sentido para mi. Si durante todo aquel rato el viento había soplado, y seguía haciéndolo entorno a los árboles y algunas flores rebeldes que se negaban a estarse quietas en el prado. Pasé la yema de un dedo por la superficie de una de aquellas preciosas flores. Una roja, me pareció algo realmente bello, en conjunto. Tenía la parte interior de color amarillento, y a medida que iba hacia afuera los colores se iban oscureciendo, pasando por un naranja apagado hasta llegar a un rojo intenso. Aquella flor parecía estar fuera de lugar, como si hubieran puesto un pino en una selva tropical. Todas las demás eran de colores azulados, violetas y amarillos. Ladeé la cabeza mientras me quitaba un mechón de cabello de la cara, pero sin embargo seguía vigilando atentamente el bosque a la espera. Lo único era que para no parecer que estaba totalmente majara y hablaba con alguien que no había allí, disimulaba un poco. Pero notaba como mis latidos de corazón habían empezado a acelerarse de nuevo, esta vez con más rapidez que cuando estaba corriendo. Me puse en pie, mirando alrededor con atención. Pero entonces de repente algo cambió.

Como un felino, con movimientos ligeros y fluidos, vi como aquel muchacho que había permanecido en la sombra hasta dicho instante, salía de las sombras apoyándose en el árbol con toda la tranquilidad del mundo. Alcé las cejas de forma exagerada al verle, joder... Me sonaba muchísimo. Abrí los ojos como platos al recordarle y una expresión con una mezcla de sorpresa y enfado se marcó en mi rostro.
– ¡Tú!– dije, con tono acusador. Negué con la cabeza y retrocedí. Aquel chaval no me daba buena espina. Sin embargo cuando me di la vuelta para irme de allí indignada, una raíz mal colocada por la naturaleza me jugó una mala pasada. Y mira que intenté mantener el equilibrio, pero como si fuera a cámara lenta, alzando los brazos justo a tiempo, fui de cara al suelo. Conseguí poner las manos en el preciso instante en el que toqué tierra. Vale, eso había sido realmente ridículo. Quería irme de allí cuanto antes pudiera y ahora ni siquiera eso, sino que encima seguro que se reiría de mi por ser así de torpe. Alcé un dedo mientras me daba la vuelta en el suelo y le miré con los ojos entrecerrados.– Ni... una... palabra.– separé cada sílaba de aquella corta frase para que se entendiera bien y dejé caer la cabeza contra el césped mirando al cielo.– ¿¡Pero cómo se te ocurre!? Joder, que no se espía a la gente, que eso no es normal. ¿Sabes que podría haberme dado un paro al corazón, eh?

Me llevé una mano a la cara. Dios, que ridículo había hecho, pero que ridículo. Noté como empezaba a ponerme roja, todo el calor se me subía hacia las mejillas. Al final me digné a levantarme mientras me sacudía las briznas de hierba que se me habían quedado colgadas de la ropa con frustración.
– Genial.– gruñí prácticamente. Allí estaban, esos nervios que cada vez que veía a aquel chico se ponían de punta. No podía evitarlo, era como un gato arisco al que se le erizaba el pelo cuando veía a una persona que se le acercaba.– ¿Y tú qué demonios haces aquí? No te he visto mientras venía por el camino, y es raro que vengas justamente la mismo sitio que yo.– alcé levemente las cejas. Vaya pintas que debía tener. Estaba manteniendo las distancias tanto como podía. Aquel chico, en general, no me daba buena espina para nada. Y menos desde que lo había visto en aquel callejón haciéndole no se qué a un pobre chaval que seguro que no había hecho nada. Solo vi que lo estaba sosteniendo, y traté de atacarlo, pero, tal y como en esta ocasión, la mala suerte corría de mi lado.– Supongo que hoy no tienes planes para asaltar a nadie como el otro día.– ahí estaba, la característica vena irónica.– Te has equivocado de víctima, no llevo nada encima.– alcé los brazos a los costados y me encogí de hombros. Me refería al dinero y esas cosas, claro. Por lo demás si que llevaba, esa navaja que me clavaba el mango de forma insistente en la pierna, como avisando de que allí estaba.
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Mensaje por Cyrian Morgan el Dom Jun 19, 2011 5:39 pm
Cyrian supo el momento exacto en el que ella le reconoció y una lenta sonrisa comenzó a deslizarse por sus labios. No olvidaba una cara, había sido así desde que era un niño, ni tampoco un nombre aunque en ese caso no había tenido el placer de saberlo. Había algo en ella que le provocaba curiosidad, quizá que fuera una Equites y, sobre todo, que fuera tan torpe. Esa torpeza volvió a aparecer cuando cayó al suelo todo lo larga que era provocando una muy buena vista de su trasero durante unos instantes. Sus increpaciones solo provocaron diversión mientras él se moví hacia delante para acercarse con paso lento hasta donde se encontraba. Los ojos la brillaban furiosos y tenía el pelo revuelto debido al tropiezo que había tenido. Era una mujer hecha y derecha, con un cuerpo de infarto. El único gesto que pudo indicar que estaba enterándose de lo que le estaba diciendo fue su ceja derecha que se arqueó por un momento cuando le echó la bronca por espiarla.

Cyrian no estaba espiando, no desde su punto de vista al menos. Él estaba divirtiéndose. Había dejado sentir su presencia pero ella ni siquiera se había dado cuenta. Un mago sí que habría sabido que estaba por allí, le habría detectado y no habría hecho falta más presentación. Aunque era cierto que con un mago no habría podido jugar de aquella manera si no quería provocar un buen altercado. Dejó que se desahogara mientras metía las manos en los bolsillos del pantalón oscuro y largo que llevaba con una postura que indicaba a las claras que en ese momento no estaba buscando pelea. La referencia a su anterior encuentro provocó una nueva sonrisa, que casi se convirtió en una risa. Era bueno sabe que se acordaban de uno a pesar del tiempo que había ocurrido. ¿Habría soñado con él? Cyrian reconocía que había olvidado a la jovencita que tenía delante hasta hacía unos minutos cuando había visto su espalda y la sedosa melena moviéndose de un lado a otro por sus insinuantes movimientos. ¿Se habría dado cuenta de cómo se movían sus caderas cuando corría? En ocasiones pensaba que las mujeres no eran del todo conscientes de lo que provocaban en un hombre cuando las veía o quizá sí. Deslizó su mirada de forma perezosa por su cuerpo deteniéndose a unos pocos pasos de ella con las manos en los bolsillos y una postura que le mostraba claramente relajado aunque sus ojos claros se encontraban directamente fijos en los de ella.

Qué molestos eran aquellos que apartaban la mirada.

No pienso decir nada, seguramente te habrás dicho todo tú en tu cabeza.—respondió claramente divertido mientras la miraba una vez más hasta posar sus ojos en los de ella. — No estaba espiándote, no te confundas, había salido a correr igual que tú y me desvié para descansar, no me había dado cuenta de que había alguien aquí hasta que tu estornudo no rompió por completo la idea de paraíso que se había creado en mi cabeza.—la mentira salió de su boca como si se tratara de una verdad, mezclada con retazos que eran ciertos. De esa forma era mucho más fácil mantenerlas. Se había acostumbrado a hacerlo hasta el punto que siempre salía de forma natural. — Deberías ser más amable con un desconocido, sobre todo cuando no he hecho nada para molestarte.—respondió mientras sonreía con suavidad, negando por un momento para sí. — Qué mala costumbre es el quedarse solo con la primera impresión ¿no crees? Solo conoces una parte de la historia de lo que ocurrió en aquel callejón, quizá fuera yo al que habían atracado y les salió el tiro por la culata ¿te lo paraste a pensar? Puede que ayudaras a escapar a un criminal mientras que la pobre víctima que solo había intentado defenderse tuvo que lidiar con un nuevo problema.— el tono era suave, bajo, mientras la miraba sin moverse de lugar en el que estaba a unos pocos pasos de ella.

Era la distancia justa que le permitiría moverse si ella intentaba irse antes de acabar aquella conversación, pero también lo suficientemente cómoda para que no se sintiera intimidada por su altura. Una distancia en la que podría sentirse segura era mucho mejor que acercarse más y provocar que terminara por asustarse del todo. No era ningún acosador, ni un espía, pero aquel encuentro prometía hacer de una mañana sumamente aburrida, algo mucho, mucho, más entretenido.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Dom Jun 19, 2011 7:07 pm
Ni una pizca de gracia me hizo que sonriera de aquella forma. Me recordaba a la serpiente que acechaba al ratón, y yo no pensaba ser el ratón. Dios, aquel chico me ponía las alarmas al máximo nivel, es decir, alerta roja. Definitivamente no iba a dejar que hiciera lo que quisiera, por que parecía ser el tipo de persona a la que nadie le negaba nada por que era guapo y estaba bueno. ¿Que estaba bueno? Joder, Nyrianne, pero que cosas de pensar. En aquel momento no era lo mejor a tener en mente. Más valia controlar sus movimientos para que, si hacía alguna cosa sospechosa, poder tener la oportunidad se salir de allí pitando. Que al menos lo de la agilidad no lo tenía tan mal, por suerte. De todas formas no sabía por que pero me daba el efecto de que si echaba a correr me terminaría tropezando de nuevo y me abriría la cabeza. No sabía bien lo qué hacer, pero de momento lo primero era recuperar la dignidad que había perdido por el camino.

Cuando vi como se empezaba a aproximar me puse toda tensa, noté como los músculos se me ponían todos en tensión y miré hacia atrás disimuladamente. Sí, había un camino por el que podía salir si se daba el caso. Joder, que estábamos solos en un sitio apartado de la sociedad y eso no me había ni pizca de gracia. Me estaba montando unas paranoias yo sola que eran la leche, así que intenté centrarme en lo que sucedía, aunque notaba como el corazón se me iba a saltar por la boca en una segunda ocasión en la misma semana. Realmente creía que un día de esos me iba a dar un paro cardíaco o algo, todos estaban empeñados en meterme sustos. Parecía que tuviera el cuerpo de hierro, por que sino no entendía como todavía no había ido al hospital. Aunque por mucho que me diera una taquicardia o algo parecido no iba a pisar el hospital ni loca. Y solo faltó la guinda al pastel, entre aquella sonrisa ladina y la ceja arqueada como mínimo me dieron ganas de pegarle una torta de ahí mismo a la China. Vamos, que la cabeza le iba a dar más vueltas que a la niña del exorcista. Argh, dios, ¿por qué era tan rematadamente odioso aquel niño? Y eso que casi no habíamos cruzado ni dos palabras, que sino no sabía que era capaz de hacerle. Aquel instinto del que le había hablado el otro día a Jordan, cuando tenías muchas ganas de pegarle a alguien y arrancarle la piel a jirones aunque no te hubiera hecho nada, pues ese mismo sentimiento era el que me provocaba el chaval que tenía delante.

Apreté repetidamente los puños, haciéndome crujir los dedos. Necesitaba una pelotita de esas desestresantes, sí que la necesitaba, y con urgencia. Ladeé la cabeza lentamente mientras veía como se seguía aproximando, con aquellos movimientos felinos, lentos, que hacían que te lo quedaras mirando. No le aparté la mirada, sino que se la sostuve con los ojos entrecerrados, destilando pura hostilidad. ¿Sabes de esas personas que solo con verlas tienen un no se qué que hace que te caigan mal? Pues eso mismo. Le saqué la lengua.
— Desde luego, me he dicho que ha sido por tu culpa. Con tus... Andares felinos.— alcé una mano hacia él por un instante, como señalándolo, y después dejé caer el brazo a un lado de nuevo. Sin embargo pronto empecé a quitarme pequeñas hojitas y cosas diminutas que se me habían quedado en las puntas del pelo. Hice un mohín molesto como si tuviera cuatro años, mientras intentaba quitármelo.— Ya, seguro.— me encogí de hombros y alcé una ceja, irónica.— Y has aparecido aquí volando por el aire, no te jode. Seguro que alguna muchacha te ha dado una patada en el culo y has ido a parar aquí directamente.— dije, mientras le observaba. Vale, lo reconocía, estaba bueno, pero nada más. Me crucé de brazos y lo miré unos instantes antes de negar con la cabeza. Ni siquiera su sonrisa - por jodidamente bonita que fuera - me inspiraba confianza. Ese algo que había dicho el otro día en el callejón era lo que ahora no me cuajaba.— Después de lo que vi no me pareció que tu fueras la víctima. Y menos con la cara que tenía el pobre muchacho que había allí contigo. Así que no, no me fío de ti, tu... Mirada de depredador no me inspira confianza.— dije. ¿Pero qué coño estás diciendo Nyrianne?¿Por qué le cuentas eso?

Estaba demasiado cerca, aunque se mantenía a unos pasos lo veía demasiado cerca, demasiado grande e imponente. No podía, simplemente me superaba. Así que con movimientos no muy ágiles empecé a dar pequeños pasos hacia atrás, muy disimulados, intentando que no se notara demasiado que estaba poniendo espacio entre nosotros. Me gustaba mantener la distancia, más con las personas poco conocidas, todavía más con los que no me daban buena espina y ya una distancia de kilómetros si encima era un hombre. No es que tuviera miedo a los hombres, lo contrario, me gustaban, pero justamente aquel parecía el águlia que seguía al conejo, igual que la serpiente al ratón. Y entonces como un acto reflejo me di la vuelta para marcharme de allí a toda hostia. No me sería muy complicado correr a través de aquellos árboles y salir a campo abierto. Seguro que alguien pasaría por allí tarde o temprano. No me gustaba nada aquel chico.
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Mensaje por Cyrian Morgan el Dom Jun 19, 2011 7:48 pm
No pudo evitarse echarse a reír al ver el gesto mohíno de la muchacha mientras le hablaba. Estaba claro que no era la visión que quería ver por la mañana o al menos esa era la impresión que quería dar. Cyrian, por el contrario, estaba completamente convencido de que era lo contrario, de que estaría deseando haber despertado en un lugar apartado, con él al lado acariciando todo su cuerpo. Aquella imagen, una imagen de sábanas revueltas, de cabello rubio sobre el rostro, de gesto adormilado, de su mano rozando la suave piel provocó que los ojos del hombre se oscurecieran por un momento mientras la observaba con atención. Estaba tensa y arisca, los ojos le brillaban con furia mientras se acercaba como si con una mirada quisiera detenerlo en el sitio. Y, sin embargo, era una verdadera preciosidad precisamente por eso. Luchaba, se resistía, podía notarlo. Por regla general todo era demasiado aburrido: un par de palabras, unas miradas, una caricia. Y de vuelta a empezar en otro lugar y en otro momento. Aquella muchacha, sin embargo, era diferente. Tenía sangre en las venas —no literalmente, todos la tenían—, un fuego interior que hablaba de dificultades y de juegos. Y a Cyrian le encantaban los juegos.

Los juegos y los retos. En ocasiones pensaba que debería haber sido Psike, pero al final se había tenido que conformar con el viento. El viento que flotaba ligero a su alrededor, como una brisa mañanera que llevaba hasta ambos el olor de la naturaleza que había a su alrededor. Una brisa ligeramente fría, a pesar de que el sol seguía lentamente su recorrido por la bóveda celeste que por una vez en Londres no estaba llena de nubes. Los ojos claros del hombre se desviaron entonces, observando el cielo y entrecerrándolos por un momento cuando la luz incidió directamente sobre ellos antes de volver a mirarla una vez más. Se había alejado un par de pasos y se lo permitió puesto que estaba seguro de que de esa manera estaría un poco más cómoda.

¿Comodidad? ¿Desde cuándo se preocupaba él por la comodidad ajena? Desde el momento en el que había decidido que aquella joven rubia merecía la pena al menos unos minutos de su tiempo. Una nueva sonrisa apareció en sus labios al escuchar la mención del viento. Si ella supiera… aunque era cierto que el volar no era algo que pudiera hacer. No era superman y prefería andar con los pies bien anclados a la tierra. Jugueteó por un momento con el ipod que tenía dentro del bolsillo del pantalón, uno de esos aparatejos que habían salido de última generación y que tanta curiosidad le daban. Había cambiado mucho todo a su alrededor, hasta el punto que muchas veces le costaba adaptarse a las nuevas tecnologías. Al menos, tenía la suerte de que su curiosidad siempre jugaba de su bando y traía cosas interesantes para ponerle delante, para hacerle intentar entender cómo funcionaba. Estaba a la última, mucho más que algunos de sus compañeros magos.

Gracias, creo que nadie me había dicho hasta el momento que tenía unos andares felinos.—comentó con cierta ironía mientras la miraba como si le hubiera hecho el mayor de los cumplidos. Sacó las manos de los bolsillos para dejar de jugar con el ipod y porque con los brazos cruzados estaba más cómodo mientras seguía con la mirada sus movimientos, dando apenas un paso hacia delante. — Mírame bien, chándal, sudor… ya me gustaría que esto último fuera por otra razón, pero la verdad es simple: he estado haciendo exactamente lo mismo que tú.— el tono era controlado mientras la miraba, arqueando una vez más la ceja. — Parece ser que hoy es el día de las similitudes con los animales, menos mal que no me lo tomo a mal, pero ¿tienes prisa?—preguntó entonces observándola dar un par de pasos más. — Por supuesto que tenía cara de asustado, básicamente porque no le había salido como él quería. Te enseñaría cómo quedó mi ropa aquel día, pero la verdad es que tuve que tirarla directamente gracias a un navajazo que me metió en la manga de la cazadora.—frunció entonces el ceño. — ¿Hubiera sido mejor dejar que me acuchillara? ¿Estarías entonces más tranquila?

Estaba nerviosa, se lo notaba y solo le podía decir: chica lista. Hablaba mucho de ella que no se tranquilizara en su presencia, aunque también podía ser tremendamente molesto si echaba a correr o a gritar. Estaban solos, era una buena ocasión para entablar una… conversación, que en realidad no estaba muy seguro de qué motivo tenía más allá de dar un cambio significativo a un día que se presentaba excesivamente formal.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Dom Jun 19, 2011 9:20 pm
El oírle reírse solo hizo que me estremeciera, un estremecimiento de pies a cabeza y de cabeza a pies. Es decir, para arriba y viceversa. No llegaba comprender lo que le hacía tanta gracia. O mejor dicho, no lo comprendía a él. Era un tipo extraño, sí, era eso. Como si su cabeza fuera un quebradero complicado de comprender. ¿Y para qué quería yo conocerlo? Pero había una parte de mi más rebelde y más ocura que en realidad sí que quería conocerlo. Y eso era lo que más de los nervios y más furiosa me ponía. Que aquel chico despertaba en mi una curiosidad y una atracción que los otros no hacían. Que solo con verlo una vez ya me había quedado con aquella sensación desagradable de querer saber más. De tener curiosidad por él. Y eso no podía ser sano de ninguna de las maneras, o al menos no para mi. Yo tenía que centrarme en mis cosas, no podía dejar que un muchacho cualquiera me pusiera el mundo patas arriba. Ni de coña. Encima de que no tenía para nada buena pinta, y me daba a mi que era el tipo de chico que las madres no quieren conocer por que saben que va a ser un desastre total para sus hijas. ¡Pero bueno! Ni que nos fuéramos a casar. Tenía que controlarme, controlar mis pensamientos que se salían cuando lo veía. Parecía como si supiera exactamente como alterarme, en todos los sentidos, y eso no me gustaba nada.

Arrugué la nariz levemente cuando vi cómo me miraba, e incluso pude notar un leve oscurecimiento ocular, pero no me dio tiempo a fijarme bien por que estaba más atenta a sus movimientos en general. Casi estaba a tocar de la linde del bosque ya. Había retrocedido unos cuantos pasos. Estaba luchando contra mi misma, y mi expresión de enfado y mi mohín en los labios parecían expresar todo lo que con palabras no podía decir. ¡Maldita fuera la vez que lo vi en el callejón! Si es que siempre me metía donde no me tocaba. Quería darme con una pared en la cabeza. Pero claro, esa sensación de malestar, a la vez de regodeo y de algo que no supe identificar seguía allí. Una sensación extraña, la última. Por un lado me decía que no me acercara a él, y por la otra sí. ¿Pero aquello qué era?¿Que llevaba un imán humano pegado al cuerpo o qué?

Al menos la brisa había regresado, y por un momento me permití un lujo que no debería dejar que me hiciera mella. Relajarme. Relajarme totalmente como lo había estado antes, cuando todavía no había "llegado a descansar" justamente al prado. Adoraba el viento, te hacía sentir bien, igual que la lluvia y los días lluviosos en general. Aunque de siempre me habían gustado los días soleados, y aquel era uno de ellos. El prado quedaba iluminado de tal forma que parecía un cuento de hadas. Y el ogro estaba allí para estropearlo. Ogro de forma metafórica, claro, por que de ogro físicamente no tenía demasiado. Al revés.
— Pues los tienes. Pareces un gato... Bueno, ahora mismo un gato mojado.— me crucé de brazos, señalando el sudor que brillaba en su piel en aquellas zonas que se podían apreciar.— Pero bueno, seguro que cuando te seques mejoras un poquitín, no te preocupes.— chasqueé la lengua. Ala, y lo que faltaba, el punto rebelde que me salía en la cumbre de mis molestias. Lo primero era ironizar, y después ya llegaba el tornarse totalmente contraria a la personalidad que siempre tenía. La muchacha amable desaparecía a ratos. Sin embargo cuando me dijo que le mirara no pude evitarlo, se me fueron los ojos para recorrerle de forma fugaz el cuerpo. ¡Dios bendito! Que bueno que estaba el muy cabrón, por así decirlo. Que seguro que pasaba y la mitad de las personas se giraban a mirarle. Nyrianne, céntrate, cén-tra-te. Venga, que esto no es nada para ti, autocontrol. Pero me daba a mi que el autocontrol estaba ya de viaje hacia otro lugar. Me tuve que pasar las manos por la cara para disimular, pero en realidad me estaba tapando los ojos para no verle. Tuve que reprimir una carcajada, sin embargo se me escapó una de pequeña y corta por que no la pude contener. No tenía ni idea de cuánto lo estaba comparando en aquel momento con un animal.— No tengo prisa, no.— dije, cuando me hube calmado un poco. Ay, que me estaba dando el ataque de risa. Eso me pasaba cuando estaba muy nerviosa. Me acomodé junto a un árbol, apoyándome con los brazos cruzados.

Vi como se acercaba y entonces alcé un dedo, a ver si pillaba la indirecta que estaba gritando un NO como una casa.
— Em...— me quedé un momento mirándole y sacudí la cabeza. Joder, que empane llevaba encima, y era por su culpa. Ah, y que no había desayunado, eso también.— No te muevas. Quiero decir... No te acerques más.— le advertí, poniendo una mano en su pecho para intentar empujarlo levemente hacia atrás, aunque sabía que no tenía más fuerza que él. Ah, al notar los músculos debajo de la camiseta me tensé de nuevo, pero entonces me moví rápidamente. Saqué una barrita de cereales que llevaba en el bolsillo bien guardada y la abrí para pegarle un mordisco. Sí, así me entretendría durante un rato. Me obligué a mirar la barrita con todo el interés del mundo, no podía mantenerle la mirada por mucho tiempo y notaba que volvía a enrojecer.— Es extraño, no vi ninguna navaja por ningún lado. Si te pegó un navajazo no creo que le diera tiempo a guardarla de nuevo. ¿Y si vamos allí y lo comprobamos? O a la policía, si alguien la ha encontrado habrá una denuncia.— me crucé de brazos.— Claro que no hubiera sido mejor, ni estaría más tranquila. Me pones de los nervios igualmente.— le solté sin preámbulos.
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Mensaje por Cyrian Morgan el Dom Jun 19, 2011 11:33 pm
Qué descaro, los labios de Cyrian volvieron a curvarse en una sonrisa mientras le hablaba. La comparación con un gato mojado no es que le agradara especialmente, daba directamente contra su enorme ego, pero la verdad es que incluso le hacía gracia. Observó sus rasgos mientras le miraba, viendo cómo por un momento las pupilas se dilataban. No es que tuviera la mejor apariencia del mundo, pero sabía perfectamente que su éxito no estaba relacionado con su ropa, sino con él mismo. Su mirada se deslizó por el rostro de ella mientras dejaba que le mirara, bajando los brazos a ambos lados de su cuerpo para permitirla un escrutinio de su cuerpo al completo. Por su parte, estaba más interesado en cómo un mechón rubio acariciaba su mejilla derecha en ese mismo momento. El acento de ella era rítmico, seguramente nórdico aunque no estaba del todo seguro de qué país. Tenía una entonación diferente a la inglesa y eso siempre le había gustado. A pesar de los años pasados, Cyrian seguía con una vieja lucha en sus venas que había perdido hacía demasiado tiempo su pueblo.

Humanos, aunque él en el fondo lo fuera. Mundanos que no sabía lo que había a su alrededor y que cuando lo sabían atacaban a los que menos deberían haber atacado. Estúpidos que no veían que podrían haberse servido de los hechiceros para acabar con el resto de los seres sobrenaturales. Tenían enemigos en común, pero hacía tiempo que para Cyrian los Equites eran el depredador más fuerte al que tenían que vencer. Organizados, eran un auténtico problema cuando iban en grupo, pero no cuando estaban solos, como aquella delicada jovencita. Mientras ella iba hacia atrás, él avanzaba, hasta quedarse a unos pocos pasos de ella. La miró a los ojos pensativo, intentando descifrar qué haría a continuación. Una media sonrisa volvió a aparecer con su comentario. Había caído en su pequeña red, solo un poco, en el momento en el que había dicho que no tenía prisa. El orgullo era un presente que muchos tenían, él mismo era un claro ejemplo, pero la rebeldía de la joven también le indicaba que ella poseía uno tan firme como el suyo propio. Solo había hecho falta tocar una tecla para que saliera a flote, un pequeño reto para que se mantuviera justo donde quería que estuviera.

Bajó la mirada a la mano de ella cuando le tocó en el pecho para apartarlo, pero no se movió ni un centímetro. Podía sentir la calidez de la palma de la mano allí donde la había posado y arqueó una ceja con ironía una vez más. Las manos volvieron a sus bolsillos observando su gesto, notando el nerviosismo una vez más y un ligero sonrojo que aparecía en sus mejillas. La chica dura no lo era tanto por lo que parecía.

Querida, ¿viste aquel lugar? Estaba lleno de suciedad, no tengo ni la más remota idea de dónde habrá podido terminar su navaja, seguramente debajo de algún montón de basura si es que la policía no la encontró o quizá algún vagabundo.—el hilo de la telaraña seguía produciéndose mientras la miraba sin alzar la voz a unos pocos pasos de donde se encontraba ella. — Puff, vamos, que por mucho que haga no vas a cambiar de idea—se quedó callado por un momento mirándola, ladeando el rostro. — ¿Ni siquiera si te invito a desayunar? Porque me imagino que comerás algo más que una pobre barrita de cereales.—se movió entonces para apoyarse junto a ella en el tronco del árbol de medio lado, apoyando su hombro muy cerca del de ella para mirarle a unos escasos centímetros como si aquello fuera lo más normal del mundo. — No te quedará otra , ¿verdad?— la mirada de él bajó de sus ojos a la barrita, que en esos momentos estaba muy cerca de los labios de la chica, al tiempo que una media sonrisa aparecía una vez más. — Tengo bastante hambre.

Las últimas palabras las dijo en voz baja mientras la miraba a los labios quizá más tiempo del aconsejable y volvía una vez más a los claros ojos de ella, poniendo el gesto más inocente que era capaz de componer.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Lun Jun 20, 2011 12:40 am
Esta vez cuando él sorió pude visualizar que aquel comentario sobre el gato mojado no es que le hubiera hecho demasiada gracia. Me tuve que contener para no volver a soltar una carcajada, aunque por dentro me estaba muriendo de la risa e incluso se me escapaba alguna lagrimilla rebelde que no quería quedarse en su sitio. No quería reírme en su cara, no sería ético, además de que tenía que intentar mantener mi faceta. Sin embargo me estaba siendo endiabladamente complicado. Los nervios me pasaban una mala jugada aquella vez, por que cuando me ponía así era cuando me daba al risa floja y me partía por cualquier cosa. Incluso si la situación no era para reírse, si era peligrosa, simplemente no lo podía evitar. Algunos se echaban a llorar, otros a temblar, pues yo me reía. Y eso que no era demasiado común en mi que me carcajeara de dicha forma. Era como si me tomara una dosis extra de chocolate. Algo raro. Alcé las cejas cuando vi como descruzaba los brazos y me di cuenta de que se había enterado de mi pequeño repaso, así que carraspeé levemente mirando hacia otro lado del prado. Me había pillado con las manos en la masa, que vergüenza. Yo no tenía la soltura de algunas muchachas con las que me había cruzado más de una vez, esas que se te quedaban mirando como si fueras el pedestal de la Estatua de la Libertad, sin tapujos. A mi si me pillaban entonces sí que sentía como se me coloraba la cara.

Vi que también me observaba, y con cierta rebeldía por mi parte me soplé el mechón de pelo que se me había quedado fuera de sitio. No sabía por qué, pero no me gustaba que me mirara de esa forma, como si estuviera observando un experimento de laboratorio que estaba todavía por probar. Yo no era ningún experimento, y tampoco me iba a probar. Vi como seguía avanzando mientras yo daba pasos hacia atrás, inseguros pero firmes, intentando encontrar desesperadamente la distancia que tanto necesitaba para poder pensar bien. Me llevé una mano al otro bolsillo, tanteando por dentro de forma nerviosa en busca del móvil. Sabía que si me encontraba a alguien sospechoso debía llamar. Jordan mismo me lo había dicho, así que sostuve el móvil dentro de mi mano con fuerza, preparada por si tenía que correr un poco antes de llamar. ¿Por qué siempre me veía corriendo? Nunca podía afrontar las cosas de cara, tenían que venir a ayudarme para todo. Era así de frágil, de débil. Por eso siempre me estaba pidiendo más, aguantando hasta el mismísimo agotamiento físico. Ladeé la cabeza lentamente cuando vi que sonreía de forma ladina. No me gustaba, nada.
– No tengo prisa pero debo volver pronto, y si ven que no he regresado a la hora que he dicho me irán a buscar. Saben por dónde voy.– eso llevaba una amenaza implícita. Estaba claro; si te atreves a hacer algo después los demás te encontrarán.

Me fijé en que se quedaba observándome la mano que había colocado en su pecho para empujarlo, pero no se movió. La retiré casi al instante, como si me hubiera quemado, al ver que ponía aquella expresión de ironía a la que rápidamente me había acostumbrado ya. Y me seguía crispando los nervios. Ah, dios, ¿había algo de aquel chico que no me alterara? No, no lo creía.
– Pues que casualidad. Seguramente podría tener tus huellas, una pena, realmente. Me pregunto cómo te lo montarías en la cárcel, qué historia les contarías a los demás presos cuando vinieran a preguntarte que por qué estabas allí. Quizás incluso fuera a visitarte y todo.– mentira, no iría jamás, pero sin embargo no estaba de menos decirlo. La parte cortés no la había perdido del todo, que sino hubiera dicho algo bastante peor. Aunque por dentro lo estaba pensando, no sería capaz de soltárselo en voz alta. Se podría cabrear. Eso sería peor.– No, ya te digo yo que no voy a cambiar de opinión. Al menos hasta que no me demuestres lo contrario.– alcé una ceja lentamente.– En principio sí, es mi almuerzo. Cuando vuelva a casa ya me tomaré un estupendo desayuno después de una estupenda ducha también.– y eso iba con segundas, por que él también debería ducharse, no es que oliera mal, pero eso de ir sudado - aparte de hacer que estuviera rematadamente bueno, el jodío - no era muy estético que se pudiera decir.

Vi como se apoyaba en el mismo árbol que yo - como si no hubieran otros por allí, eh - y encima más cerca no podía estar. Así que fruncí el ceño en un gesto de desaprobación total. No quería tenerlo tan cerca. Principalmente por que me daban ganas de... De... ¡pegarle una increíble torta! Por un lado. Lo otro no me atrevía ni a decirlo. Alcé levemente las cejas y luego volví a mirar la barrita, haciendo un mohín.
– No, solo me queda esta. La otra me la he comido por el camino. Bueno, yo y un perro.– dije, recordando que le había dado casi la mitad a un pobre animal que estaba allí, sentado al lado de su amo, dormido. Cuando escuché sus palabras, combinadas con aquella sonrisa y ver como su mirada se deslizaba hacia abajo, algo más abajo de los ojos, no pude evitar quedarme por un momento mirándole fijamente. Parecía hipnotizada, sin embargo salí de aquel pequeño encandilamiento y sonreí de lado. Yo también sabía hacer aquello. Le hice un gesto para que se acercara un poco, ya vería, ya.
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Mensaje por Cyrian Morgan el Lun Jun 20, 2011 1:35 am
Lista, muy lista, demasiado lista. Aquella magnífica escusa de “no te acerques porque saben por dónde voy y bla bla bla”, la había escuchado muchas veces. En ocasiones como aquella no entendía por qué se tenían que complicar tanto las cosas si en el fondo ambos estaban queriendo lo mismo, pero era cierto que si la rendición hubiera sido demasiado fácil se hubiera sentido defraudado. La rubia parecía bastante inmune a sus encantos, cosa que en cierta manera le frustraba, pero por otra, la que prevalecía en esos momentos, le picaba la curiosidad. Por regla general, solía tener unos resultados bastante prometedores. Tampoco es que estuviera jugando fuerte, únicamente la estaba dejando que se acostumbrara. Tenía que ir con pies de plomo considerando que ella sí que parecía saber lo que era, de la misma manera que él conocía la fama de los Equites. Que fuera torpe a la hora de pelear, no significaba que no tuviera otras aptitudes escondidas. No olvidaba quién era, de la misma manera que ella no olvidaba quién era él. Se encontraban en un callejón sin salida, uno en el que la única manera de conseguir algo era ir poco a poco.

No te preocupes, no hará falta que vengan a buscarte.

Y era verdad, no tenía intención de atacarla, no al menos de la forma que ella parecía convencida que quería hacer. Sus gestos le indicaban la irritación que llevaba encima y maldijo por un momento que no estuviera tan tranquila como hacía unos minutos cuando estaba tumbada en el claro. Debería haberse acercado en ese momento y no esperar como lo había hecho. Había desperdiciado un buen momento. Un momento que parecía que no volvería a producirse mientras él estuviera a su alrededor. Tensión. Una tensión que era producida por el miedo a lo desconocido y por otras sensaciones que tenían que ver más con otro tipo de instintos. Y eran precisamente estos últimos en los que estaba interesado el Sol.

¿Y cómo podrías cambiar de opinión si ni siquiera me dejas invitarte a desayunar? Un desayuno, solo te pido eso. ¿Tanto te cuesta? Un café, una tostada, quizá un zumo, por los Dioses mujer, ni que te estuviera pidiendo casarte conmigo.—exageraba, por supuesto, poniendo cara de ofendido mientras fruncía brevemente el ceño, un gesto muy poco común en alguien que por regla general tenía una media sonrisa en los labios. —Una ducha, sí, creo que a ambos nos vendría bien una.

Una conjuntos, a poder ser. La miró a los ojos mientras lo decía, con una media sonrisa en los labios. Y la imaginación de Cyrian podría imaginárselo a la perfección: una cortina de agua, sus dos cuerpos desnudos y el resto mejor dejarlo a la imaginación o meterlo bajo censura. Una vez más su mirada se oscureció mientras la miraba con intensidad a los ojos. Estaba seguro de que tendría un cuerpo de infarto. Uno de esos cuerpos que provocaba que se derritiera, aún así, se contuvo. Y lo hizo porque sabía que tenía que ir paso a paso, no podía correr. La miró arqueando una ceja mientras hablaba y negó.

Más razones entonces para que aceptes mi invitación. Te prometo que no habrá maleantes que puedan hacerte daño, ni atracadores con navajas que nos asalten en mitad del camino.—se despegó un poco del árbol para moverse hacia delante mirándola. —Te puedo asegurar que no había mis huellas, parece ser que crees que soy algún tipo de capo de la mafia o algún criminal por el estilo. Reconozco que nuestro primer encuentro fue cuando menos…—se quedó por un momento callado moviéndose por un momento hacia delante quedándose a unos centímetros del rostro de ella. —Desagradable, pero no tiene por qué repetirse ¿no crees? ¿comenzamos de cero?

Se detuvo, sin moverse, ligeramente inclinado hacia ella en esa posición en la que se encontraba con el hombro apoyado de forma relajada contra el tronco del hombro y las manos en los bolsillos. De nuevo aquel mechón de cabello rubio se encontraba acariciando su mejilla, sacando un dedo del bolsillo hizo un suave gesto con uno de los dedos haciendo que una brisa se lo apartara como hacía unos instantes había hecho ella sin apartar su mirada de la suya esperando una reacción que sabía que no estaba demasiado lejos de producirse.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Lun Jun 20, 2011 12:58 pm
Con aquellas palabras suyas no veía que solo empeoraba la situación. Que estábamos alejados del mundo, y ya veía la escena. Yo en el suelo muerta, o peor, inconsciente, y mientras tanto él cavando un agujero en el suelo para que cuando vinieran los demás, que dudaba que fueran a venir, por que no solía decirle a nadie que iba a correr - tampoco es que conociera a tanta gente - no habría ni un solo rastro de dicha personita sobre la faz de la Tierra. Más bien por debajo de ella. Contuve un estremecimiento. Intentaba que no se reflejara aquel espanto en mis ojos, y es que a veces tenía una imaginación para esas cosas que me daba miedo a mi misma. Cualquiera que se metiera en mi cabeza se llevaría un buen susto. Sin embargo parecía ser verdad, que no pretendía nada malo. Sino ya lo hubiera hecho, ¿no? Que dejar inconsciente a alguien no era tan complicado. Bueno, quizás para mi sí, pero para los demás no. Buf, mis propias paranoias eran dignas de ver. Traté de relajarme, centrarme. Aquel muchacho no buscaba nada más que hablar, eso. Me lo repetí a mi como unas cincuenta veces antes de volver a apoyarme de forma tranquila en el tronco del árbol.

— ¿No hará falta? Joder, eso es lo típico que dicen los asesinos en serie antes de cargarse a la víctima.— no lo decía con nerviosismo aquella vez, simplemente con ironía, o sarcasmo, como se quisiera ver. ¿Me estaba confiando? Ah, no, no no no, eso no podía ser. Siempre terminaba por caer en una red en la que no debía, era peligroso. Ya me habían advertido antes, pero es que eso corría por mis venas, una parte me decía que no era de confianza, que tenía que apartarme, y la otra me decía que no me alejara. ¿A cuál hacer caso? Pues por una vez me iba a arriesgar y no iba a salir de allí como alma que llevab al diablo, no. Me iba a enfrentar al peligro. Todos mis sentidos me decían que el chico que tenía allí delante lo era, era un peligro en potencia. Bien.

Sonreí un poco cuando me volvió a mencionar lo del desayuno. No sabía de donde sacaba tanto ánimo, otro seguramente ya se habría dado media vuelta y marchado por allí en busca de otra muchacha que le dijera que sí, que encantada. Pero claro, yo no decía que sí a todo ni de lejos. Era más bien, como ya había demostrado, de las del no. Pero quizás por una vez podría hacer una excepción. Todo se vería. Abrí los ojos como platos cuando me dijo lo de casarme con él. Aunque sabía que lo decía de forma exagerada, claro, pero sin embargo me sorprendió. Ni siquiera podía imaginarme a mi misma con un vestido de boda, menos casándome. Torcí el gesto. Una relación seria sí que la podía tener, pero eso de la boda ya... Quedaba muy lejos todavía.
— Espero que no me pidas que me case contigo, por que te digo que me da algo aquí mismo.— me mordí el labio de forma distraída y me quedé observándole un segundo más.— ¿Por qué tanta insistencia? Otro chico ya se habría dado por vencido.— dije, crujiéndome los dedos. Ni que fuera a pegarle un puñetazo, vamos, que lo parecía. Lo hacía también antes de ponerme los guantes de boxeo. Me iba bien. Asentí cuando dijo lo de la ducha.— Creo que no iría mal.

Ladeé la cabeza levemente cuando vi como sonreía de forma extraña al decir aquello. Ah, no, seguro que ya se estaba imaginando cosas raras.
— Por separado.— aclaré, por si todavía no lo había pillado del todo. Que yo no era de las que a la primera se lanzaban a la cama de cualquiera, como había visto a otras chicas hacer. Chicas más jóvenes que yo, mucho más. Cada vez empezaban a una edad más temprana. Era bastante triste. No me daba buena espina cuando veía como su mirada se oscurecía. Tenía la leve sensación de que era por que algo oscuro se le pasaba por la cabeza. Yo también sabía meterme en la piel de ese juego al que intentaba jugar. Lo había pillado. Sin embargo, pues, solté un suspiro lento cuando escuché que no se daba por vencido. Aquel pequeño soplo hizo que el mechón rebelde volviera a caer una vez más sobre mi rostro.

— Ya es un consuelo saber que no habrá maleantes ni atracadores que se metan por medio, que sino ya sería demasiada emoción para un desayuno.— dije, con una media sonrisa. Espera, ¿le estaba sonriendo?¿en serio? ¡No! Pero sí, lo estaba haciendo. Vi como se inclinaba levemente hacia adelante diciendo aquellas palabras, pero no volvería a caer en la trampa. No, ya había aprendido. Al menos eso era lo bueno, que aprendía deprisa de mis errores.— Hombre, pues quizás de la mafia...— me lo quedé mirando con los ojos entrecerrados, aunque sonreía.— Sí, creo que no fue el mejor primer encuentro, la verdad.

Vi sus movimientos, como si fueran a cámara lenta. Entonces lo noté, estaba haciendo... Magia. ¿Magia? ¡No lo creía posible! Había sido él el de antes. Ahora sí que me hirvió la sangre de verdad. Se iba a enterar de quién era Nyrianne Charlize Bickbersch, como que me llamaba así. Chasqueé los dedos delante de su cara para cortar el contacto visual y me alejé del tronco, hacia el prado. Me planté en medio, rodeada toda de flores por ambos lados y le miré con una sonrisa ladeada, ladina.
— Hagamos una cosa.— empecé a decir.— ¿Ves ese molino que queda allí a lo lejos? Aquel de allí que no se mueve.— dije, y antes de que me pudiera responder o preguntarme que qué estaba haciendo proseguí con lo mío.— Vamos a hacer una carrera hasta allí. Si ganas, voy contigo a desayunar o a donde tu quieras, si pierdes, entonces me dejarás en paz.— me crucé de brazos. No podía rechazar un reto como aquel, sabiendo que debía tener un enorme ego. Por un instante me centellaron los ojos con cierta hostilidad.— Y sin trucos por medio.— evidentemente me refería a la magia.
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Mensaje por Cyrian Morgan el Lun Jun 20, 2011 10:14 pm
Una vez más las cejas de Cyrian se arquearon con cierta diversión en esa ocasión. Su gesto le indicaba que aquel comentario no es que le hiciera mucha gracia aunque él, por una vez, no había intentado que sonara siniestro. No era de esos que le gustaban matar por matar, menos a alguien que le había provocado la curiosidad suficiente como para mantener una conversación de más de cinco segundos. Sus ojos azules reflejaban más de lo esperado, casi podía ver los engranajes de su cerebro pensando, analizando, tomando decisiones. Una sonrisa apareció en sus labios mientras comentaba lo de la boda. ¿Tan extraño le parecía? Sí, también para él lo era. No creía en unos votos que no le decían nada y menos los del cristianismo. Él se había criado en otra época, en otro mundo casi, con unas tradiciones bien diferentes. Había visto el amor en su casa, por supuesto, entre sus padres, pero también había visto en lo que ese amor se podía convertir cuando se entregaba a la persona que no era la adecuada. No volvería a caer en la misma trampa, aprendía rápido, muy rápido de sus errores.

Otro chico no soy yo, además dicen que todo lo que vale la pena cuesta ¿no crees? Si me hubieras dicho que sí a la primera hubiera sido toda una decepción.—la sonrisa volvió a sus labios arqueando brevemente su ceja ante su comentario. Debería dejar de pensar en ella debajo de un chorro de agua, pero la verdad es que se lo estaba poniendo cada vez más difícil. —Por supuesto, por separado, ¿quién crees que soy?

La ladina sonrisa que apareció en sus labios desmentía por completo aquellas palabras que buscaban ser sinceras. Unas palabras que claramente no lo eran. No pensaba mentir, no demasiado al menos, aunque era cierto que al final a él le gustaba cada cosa en su sitio y que terminaría dándose una ducha en su casa en solitario después de una posible noche. No era de los que se quedaban estúpidos eran los que pensaban aquello. Desvió brevemente la mirada hacia sus labios, solo un momento y después de vuelta a sus ojos. No quería darla la impresión que no la estaba escuchando, sabía que a las personas si había algo que les molestaba es creer que no se estaba enterando. Muchas veces le importaba una mierda lo que le decían, pero había una parte de su cerebro que acumulaba toda la información. Había aprendido pronto lo importante que era. Aquella mujer que tenía delante tenía un punto de interés que pocas conseguían. No se había doblegado y eso era mucho más interesante de lo que no podría imaginarse.

Algo tranquilo y sin muchas complicaciones, mi vida no es tan peligrosa como podría darse a entender por lo sucedido, al contrario, tengo una existencia bastante pacífica.—sonrió de medio lado, al menos la mitad de la veces, la otra mitad era otro cantar completamente diferente. —Por eso mismo espero poder cambiarlo, en una situación completamente normal.

Pocas cosas cogían por sorpresa al Sol así que cuando se movió rompiendo la proximidad y el contacto visual con aquel gesto, la miró intrigado mientras se separaba del árbol por completo escuchando sus palabras. ¿Una carrera? ¿Estaba loca? Tenía más velocidad que ella, más fuerza, tenía todas las de ganar. Con paso lento se acercó hasta donde se encontraba ella deteniéndose a un par de pasos. Allí, con la luz del sol alzándose por detrás de ella e iluminándola parcialmente, junto con las flores que tenía a sus pies, parecía una ninfa salida de los bosques. Arqueó una ceja en respuesta a sus palabras como a sus propios pensamientos insólitos por completo, no creía tener un alma de poeta escondida.

Sin ningún tipo de truco por parte de los dos ¿verdad?—contestó entonces mirándola con tranquilidad. —Nada de juegos sucios como poner la zancadilla ni desaparecer en mitad del camino. Los dos tenemos que llegar hasta ese lugar.—la miró entonces a los ojos. —Prométemelo.

Aunque para él la palabra significaba ya muy poco, sabía que muchas personas la consideraban sagrada. No sabía si la rubia estaba entre ellas pero prefería asegurarse. No le hacía ni una pizca de gracia el quedarse corriendo solo mientras ella desaparecía por otro lado. No le importaba correr, hacer aquello simplemente le daría una oportunidad de ver si era una persona que cumplía con su palabra o si por el contrario buscaría otra escusa. ¿Lo haría? La miró con firmeza esperando a ver qué hacía o decía con posterioridad, con un cierto toque de curiosidad en lo profundo de sus ojos azules.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Mar Jun 21, 2011 12:37 am
Al ver como arqueaba de aquella forma las cejas me dieron ganas de pellizcarle la mejilla. Incluso llegué a alzar un poco la mano, pero al darme cuenta de lo que estaba haciendo abrí los ojos como platos y la dejé caer de nuevo. ¡No! No, no, y no. Nunca. Nunca me fiaría de aquel tipo con pintas de macarra que parecía haber sido sacado directamente de una mafia de por aquella zona. Era increíble como la gente podía cambiar de parecer por una expresión amable y una sonrisa bonita. Pero eso no me iba a volver a suceder a mi. Demasiadas veces había picado ya en la red solo por eso. Me di cuenta de una cosa en aquel momento. Era vulnerable. Era un blanco para muchas personas. Solo por que no tenía pinta de ser una machorra como otras parecía ser que se cebaban conmigo. Incluso los propios Equites me mi grupo, que me gastaban bromas como esconderme las cosas, o bien decirme cosas impropias - sí, de esas que te hacen enrojecer - y esas bromas que a la vez te hacían sentir bien y mal. Más bien que mal, pues siempre terminábamos riendo, pero bueno. Me mordí una uña distraídamente mientras le escuchaba, y no pude evitar una cara de ironía que se me puso justo cuando escuché lo que decía. Aunque tenía parte de razón, eso era cierto.

— Verdad. Las cosas que se consiguen con esfuerzo luego saben mejor que si se entregan en bandeja.— le guiñé un ojo. Ou yes, yo también sabía echar cartas en aquello. Aunque por supuesto no llevaba las mismas intenciones que creía que él tenía. Quisiera o no, seguía siendo un mago, y nunca me podría fiar de que cualquier día no le diera por usarme como rehén. Espera, ¿cualquier día?¿desde cuando me había dado a mi por pensar que habría otro día? Aquello no me podía estar sucediendo. Estaba depositando unas esperanzas que no deberían existir en algo inconcreto. Negué lentamente con la cabeza cuando escuché lo siguiente que dijo.— ¿De verdad me preguntas que quién creo que eres? Madre mía. Mejor no me hagas responder a eso.— alcé las manos en señal de negación. Esperaba que fuera una pregunta retórica. Por que sino no sabría que responder, sinceramente. No sabía que pensar sobre él. Por un lado me creía su versión, pero por el otro algo me decía que aquello del callejón no era simplemente un intento de atraco a mano armada, me había quedado en blanco respecto a ese tema. Sin embargo me eché un poco hacia atrás al ver aquella sonrisa ladina que me indicaba que eso de ducharse por separado era una completa mentira. Al menos en cierta manera me había dicho la verdad, pero no paraba de enrojecer, tanto que al final me iba a dar un paro cardíaco o algo parecido.

Al final solté un largo suspiro. Quedaba del todo claro que aquel muchacho de cabeza cuadrada - de forma metafórica, no literal - no se iba a dar por vencido. Si hacía falta lo veía siguiéndome hasta mi casa mismo, y eso ni de coña dejaría que pasara, así que me llevé las manos a la cabeza en un gesto de desesperación y al final puse los ojos en blanco.
— ¡Está bien, está bien! Haremos eso mismo que yo te he dicho.— alcé una ceja.— Y si tu vida es tan tranquila como tú dices entonces lo comprobaremos, sino me temo que tendrás que esperarte a ver si algún día nos volvemos a encontrar.— sí, eso mismo era. Se lo había dejado bien claro creía. Si él ganaba, entonces yo le seguiría sin refunfuñar a donde me quisiera llevar, pero sino entonces conseguiría esa paz que deseaba. Me gustaba estar sola, no necesitaba a una mosca rondándome alrededor. Una mosca que estaba muy buena, y tanto, pero no dejaba de serlo. Y encima mago. Lo que me faltaba. Es que era el colmo ya. Por un chico que se me acercaba y al final terminaba siendo mago, y encima más orgulloso que un pavo real. Niña, eres un genio, así de claro.

Vale, al observarle acercándose hacia allí donde yo estaba - y encima viendo cierta frustración en su mirada - pensé que quizás no tenía tantas opciones de ganar como yo me pensaba. No le había visto correr, pero solo por su musculatura podría jurar que estaba en forma. Más que yo quizás, que llevaba algunos días sin salir a correr. ¡Dios! La había cagado. Ahora tendría que esforzarme al máximo si no quería pifiarla. Oh, dios mío. Le miré por unos instantes más - debajo del sol abrasador estaba bastante guapo, y no lo podía negar por que sería estúpida - antes de apartar la mirada. Miré de nuevo el molino, eso, que era muy bonito y estaba... Endiabladamente lejos. El muy cerdo, que no podría haber estado más cerca, maldito molino. Me giré en redondo hacia él entrecerrando los ojos por el sol y levanté una mano para cubrirme de los rayos que me dejaban medio ciega. Que mal aspecto debía tener en ese momento, con el pelo hecho un asco, medio bizca y con una expresión de sorpresa.

— ¿Trucos por mi parte? Pero bueno, ¿quién crees que soy?— repetí su pregunta, chasqueando la lengua al final. Ladeé la cabeza un poco mirándole con una ceja perfectamente arqueada y me mordí el labio un instante. Vale, venga, que podía hacerlo. Resoplé por lo bajo y me subí las mangas de la camiseta antes de bajarme los calcetines hasta que ya no daban para menos. Así me costaba menos de correr por que me hacían de amortiguador con los tobillos. Pequeños trucos que se aprendían con el tiempo, era lo bueno.— Por dios, ¿me ves a mi con pinta de ponerte la zancadilla o desaparecer? Venga hombre, que he sido yo el que te ha retado a una carrera. No tendría sentido que desapareciera en este momento.— y era verdad. No se me había ni pasado por la cabeza de hacerlo, así que no tenía nada que esconder. Le sostení la mirada firme por unos instantes, con la cabeza alzada, orgullosa de mi misma. Después con un gesto rápido me recogí el cabello en una coleta alta y di un par de palmadas.— Venga, vamos allá. Veremos que sucede al final.— me encogí de hombros y tras estirarme un poco de las piernas y de los brazos allí mismo, sin problemas, me puse en posición de salida.— Cuando tú digas, campeón.
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Mensaje por Cyrian Morgan el Mar Jun 21, 2011 2:44 pm
¿Cuánto hacía que no se divertía tanto? Si comenzaba a hacer memoria no sabía exactamente el momento. Era divertida, lista y tenía una rapidez mental de la que pocas personas podrían vanagloriarse. Que no se creyera sus mentiras, aunque también era cierto que no demasiado sutiles, hacía que Cyrian la mirara con más curiosidad todavía. Estaba manteniéndose firme, un reto difícil de dejar pasar para alguien como el Sol. En ese cerebro había miles de recovecos diferentes que hacían querer destaparlos uno a uno. No se aburría y eso era decir mucho. El hastío provocado por los años sobre la tierra podía provocar que pasaran días sin encontrar nada que le emocionara de verdad, que le hiciera sentir en cierta manera vivo —salvo aquellos momentos en los que se encontraba disfrutando de alguna mujer bien dispuesta, por supuesto, e incluso aquellos momentos podían convertirse en monótonos—. Necesitaba darle un salto a su vida, algún tipo de emoción. En ocasiones creía que por eso se encargaba de trabajos que de otra manera no hubiera llevado a cabo. No le gustaba demasiado ensuciarse las manos cuando siempre había alguien que podría hacerlo por él no porque no pudiera hacerlo, simplemente porque no sentía el placer que otros sentían con determinadas acciones.

Su gesto de desesperación provocó una media sonrisa en sus labios mientras la miraba, era bueno en cierta manera que lo tuviera. Estaba claro que no sabía qué pensar de él. La insistencia tenía, de todas formas, un límite. Tampoco quería convertirse en el típico plasta que seguiría a una mujer a todas partes y que la insistiría una y otra y otra vez. Aquello no iba con él, es más, esa era una circunstancia excepcional. Ante una negativa no volvía a repetir salvo que le interesara por alguna razón. La rubia lo hacía. Quizá porque era Equites, quizá porque se encontraba aburrido en aquel momento, quizá por una mezcla de ambas razones anteriores. Como fuera, la mujer que tenía delante de él había provocado que el depredador interior se activara.

Me parece una acertada decisión.—contestó mientras la miraba, con una sonrisa mientras observaba sus movimientos con tranquilidad. —Y tal y como nos hemos encontrado hoy, estoy seguro de que el Destino nos deparará más de un encuentro.

Londres era una ciudad lo suficientemente grande como para que pudieran pasar semanas, meses o años, pero habían sido dos veces en muy poco tiempo. No sabía qué Dioses estaban detrás de todo aquello, pero desde luego no pensaba desperdiciar aquella oportunidad. Observó cómo se preparaba moviéndose hasta ponerse a su altura. Los ojos del hombre recorrieron su figura, deslizándose por su columna vertebral cuando se agachó y teniendo una magnífica vista que provocó que una nueva sonrisa apareciera en sus labios durante unos segundos. Había sido un movimiento involuntario para ponerse bien los calcetines, pero lo suficientemente insinuante como para que el Sol notara cómo los pensamientos volvían a irse por caminos que estaba seguro de que la jovencita que tenía al lado ni siquiera se imaginaba. Ante sus comentarios una carcajada apareció pronta y divertida mientras negaba ligeramente, poniéndose en posición.

No pensarás que te voy a responder a esa pregunta ¿verdad?—preguntó repitiendo prácticamente la misma idea que ella había pronunciado hacía apenas unos minutos, con una media sonrisa en los labios. —Únicamente dejaba claro lo que consideraba como trucos, puesto que no habían quedado bien prefijados antes.—se encogió de hombros mientras la miraba, observando después hacia donde se encontraba el molino. Era una buena distancia, tendría que pensar bien cómo iba a hacerlo. Correr a lo loco únicamente serviría para cansarlo y en ese momento tenía en mente otros deportes mucho mejores y placenteros para terminar de esa manera. —Bien, rubia, veamos qué puedes hacer.—la miró por un momento, en posición a su lado.— ¡Ya!

La voz del hombre retumbó por un momento en el prado en el que estaban al tiempo que veía cómo la mujer salía corriendo con rapidez en dirección al molino. Por un momento, él se quedó quieto simplemente disfrutando del espectáculo que le ofrecía de su espalda y de esas caderas que se movían con cada uno de sus movimientos. Estaba seguro de que no se imaginaba ni por un momento de lo deliciosa que parecía en ese simple acto. Con gestos casi perezosos Cyrian comenzó a correr detrás de ella, como quien persigue a su presa, dejándola siempre unos cuantos pasos de distancia, pero permitiendo que nota su presencia detrás de ella en todo momento para dejarla bien claro que él estaba justo a un paso por detrás.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Miér Jun 22, 2011 1:57 am
El cansancio había dejado de hacer mella en mi cuerpo, así que ya me encontraba mucho mejor, más preparada para la carrera. Sí, tenía que ganarle si quería tener una existencia en paz. Si perdía luego me lo estaría recordando durante toda la semana, o quizás más. No podía permitir algo así, no. Ni de coña vamos, que antes me tiraba de un puente, seguro que sería más leve que eso. Además del ego, que me saldría herido. Así que me tenía que poner las pilas. Me terminé en un instante la barrita que llevaba todavía en la mano, saboreando el último cacho hasta el final. Después me guardé el papel en el bolsillo bien arrugado para que no hubiera peligro de que se me cayera y le miré desafiante. Alcé la barbilla de nuevo, de forma orgullosa. A mi me lo iba a decir, lo de hacer trucos. Cuando en realidad era él el que seguramente los haría. Si yo no sabía ni cómo hacerlos, que no poseía mágia. Vamos, como no pusiera una canción de Pitingo en el móvil para asustarlo poco más podría hacer.

Sonreí ante la idea y me puse una mano delante de la boca disimuladamente para que no se notara tanto. Dios, ahora me imaginaba la cara que pondría y es que me partía yo sola. A aquellas alturas ya se debía pensar que estaba como una puta cabra, y sino poco le faltaba vamos. Ni siquiera sabía cómo era que seguía allí después de todas las contestaciones que le había echado y aquellas cosas raras que hacía cuando me ponía nerviosa. En cierta forma estaba contenta. ¿De qué? Ni idea, sería la adrenalina que liberaba el cuerpo mientras corría, por que sino no tenía cabeza ni pies para mi. Sacudí la cabeza lentamente, intentando quitarme aquellas ideas estúpidas. No podía pensar en eso. ¿Por qué cuando estaba cerca de aquel chico me costaba pensar?¿Por qué trastabillaban mis pensamientos de aquella manera? No, no y no. Me froté los ojos con fuerza, con los nudillos, antes de coger una gran bocanada de aire. Di un par de saltitos pequeños a un lado y al otro notando como las florecillas crujían debajo de las suelas de mis zapatillas. El olor a hierba ascendía, rodeándonos, expandiéndose por todos lados. Me sentía bien, alegre, ligera. Estaba casi radiante, y por un momento me olvidé de que no estaba sola. Sonreí.

— ¿Más de un encuentro? Me iré preparando entonces, creo que necesitaré dosis extra de energía.— dije, aunque por supuesto eran para poder soportarlo, que paciencia bendita necesitaría como para poder estar con él durante más de una hora. Si ya me estaba costando pensar claramente cuando estaba tan cerca, ni quería pensar si pasaba más tiempo con aquel engendro. Me pasé las manos por la cara y me quité otro mechón que se resistía a quedarse en su dichoso sitio. Le miré durante unos instantes. Vale, lo reconocía, tenía unos ojos preciosos. Si fuera un buen chico incluso podría decir que me gustaba y todo. Pero no, no. No.— Creo que tendré que hablar con el Destino y aclarar algunas cosas, por que desde luego parece que no me sopla bien los vientos.— resoplé frunciendo el ceño lentamente, haciendo un mohín de contrariedad como si tuviera cuatro años. A veces realmente aparentaba tenerlos, incluso sin quererlo, la mayoría de veces era involuntario. Pero entre mi torpeza, aquellas quejas con el típico 'ayyyyy' cada vez que me hacían algo molesto y mis caras, parecía que en vez de ir hacia adelante iba hacia atrás.

Después de ponerme bien los calcetines me giré para mirarle y vi que me estaba observando, y no precisamente el rostro. Alcé las cejas lentamente, con asombro, y después me incorporé sin dejar de girarme a medias hacia él.
— Qué, ¿ya te has quedado satisfecho con el análisis o pretendes profundizar un poco más?— pregunté abriendo los ojos como platos. Pero que descaro, que descaro que tenía aquel muchacho. Si ni siquiera se había dignado a disimular un poquitín, que al menos todavía sería pasable, no, ahí, mirando directamente, claro que sí hombre.— Hazme una foto que te va a durar más, al final me vas a gastar y todo.— le solté, así tal cual. No me gustaba que se me quedaran mirando de aquella forma, como si tuviera monos en la cara o algo parecido, vamos. Siempre les preguntaba eso, que si tenía monos en la cara por casualidad.

Esperé a que se colocara antes de carcajearse y me quedé con cara de póker al ver como se reía en mi propia cara. Que bien, perfecto, genial vamos. Hacía tiempo que no me encontraba a alguien endiabladamente molesto y dichoso como él. Me crují los dedos como siempre hacía - las viejas costumbres nunca se olvidan - antes de agacharme un poco casi tocando con las manos al suelo. Era mejor para arrancar que no quedándose totalmente de pie, llevabas más impulso. Me iba a dejar el alma en aquello, pero bueno. Le saqué la lengua ante aquel comentario, de forma suelta, y después miré hacia el molino de nuevo. Ahí estaba, ahí estaba sí. No podía perderlo de vista. Venga, que tú puedes Nyri.
— ¿¡Pero cómo que rubia!? ¡No me gusta como suena!— exclamé, desconcentrándome por completo y girándome hacia él. Pero no me dio tiempo a decir nada más, por que dio la señal de salir y entonces fue cuando empezó. Noté como se me tensaban todos y cada uno de los músculos de las piernas, y pronto estaba corriendo como alma que lleva al diablo, con la coleta bamboleándose al ritmo de mis pasos, los pies crujiendo con cada zancada sobre la hierba verde, los pantalones rozándome los muslos con cada paso.

Sin embargo notaba como él me seguía sin demasiado problema. Como si estuviera acechando. Como si yo fuera la próxima cena. Casi se me salió el corazón por la boca, me di la vuelta un instante para mirarle, para ver si realmente estaba haciendo algo, y vi como se lo tomaba con toda la calma del mundo y un poco más. Pero no me podía girar, no debería haberlo hecho, por que casi me pegué otro morrazo. Por suerte logré recuperar el equilibrio justo a tiempo y casi me dieron ganas de reírme de mi misma por no llorar.
— ¡No me distraigas!— le dije. Su respiración, su presencia, me ponían de los nervios.— Em... Aléjate... Aléjate un poco, que terminaremos tropezando y todo al final si te pegas tanto.— dije, entre jadeos, pues ya me estaba empezando a cansar. El corazón se me aceleraba y con él la respiración. No me gustaba aquella cercanía, como si esperara al momento oportuno para saltar encima de la pobre criatura a la que le había tocado sufrir el don del payaso.
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Mensaje por Cyrian Morgan el Vie Jun 24, 2011 10:55 am
Oh, sí, cariño, mucha energía extra iba a necesitar. El pensamiento se le cruzó por la cabeza y una vez más la sonrisa ladina apareció en sus labios. Para todo lo que tenía en mente iba a necesitar mucha, no, muchísima porque pensaba hacerla rozar el cielo con la yema de los dedos en cuanto tuviera la oportunidad de hacerlo. Aquel cuerpo bien se merecía el esfuerzo. No se podía decir que Cyrian era un amante egoísta o descuidado, algo que contrastaba bastante con la idea que solían tener de él cuando uno le conocía. Cuando se daba a una persona lo hacía de forma completa, aunque fuera por unos instantes. Le gustaba el placer, tanto para él como para la persona que le acompañaba. Y era un experto en darlo. La miró arqueando la ceja, con una media sonrisilla que no anunciaba nada bueno.

Para eso necesitarás comer en condiciones y no solo una barrita energética que en realidad de energética solo tiene el nombre.—contestó con calma mientras la miraba, ladeando el rostro. A punto estuvo de echarse a reír de nuevo cuando escuchó el comentario sobre el viento.

Si ella supiera… Como si fuera una respuesta una ligera brisa llegó de repente al claro donde se encontraban, alzando con ello el olor de las flores que se encontraban a su alrededor. Si Cyrian hubiera sido otra persona hubiera dicho que era un lugar tremendamente idílico y lo era. El sol naciendo, la presencia de las flores, la muchacha que tenía a su lado. Era todo demasiado perfecto y eso solo podía indicar problemas. Cuando había calma, una calma como aquella, solo significaba una Tormenta formándose en algún punto que llegaría hasta ellos en cualquier momento, sin ser conscientes de ello. Cyrian sabía que jugaba con juego al estar en ese lugar con alguien que era en realidad una Equites y uno una pobre humana a la que pudiera usar y tirar. Lo sabía y no le importaba. ¿Qué era la vida sin un poco de riesgo?

Las fotos no son tan interesante como los naturales, así que si no te importa prefiero lo que ven mis ojos en este instante.

Aquel comentario podría provocar que le soltara una leche, cosa que no le sorprendería en lo más mínimo. No sabía muy bien qué le estaba pasando, pero en cierta manera necesitaba provocarla. Le sonrió con su sonrisa más angelical y se preparó después para lo que vendría a continuación. En serio, joder, si es que le estaba provocando. Por un momento se desconcentró al ver la posición en la que se había puesto imaginándose cosas que debería dejar de lado si quería hacer algo de provecho aunque la verdad es que no le resultaba nada fácil no acercarse a ella más todavía. Que no se quejara, que al menos no había intentado tocarla… aún. Y eso era más de lo que muchas otras podrían podían decir en cuestión de respeto.¿Respeto? Je.

Observó cómo salía corriendo, podía notar con precisión cómo el cuerpo de la mujer se movía cortando la distancia que la llevaría a la meta. Por su parte, Cyrian simplemente se dispuso a seguirla sin muchos miramientos. Tenía una visión demasiado perfecta de ella mientras corría como para romper la distancia y superarla. ¿Por qué hacerlo cuando estando allí perfectamente? Su mirada apreciativa se deslizó por un momento por su cuerpo y no pudo evitar echarse a reír, una vez más, cuando ella habló de aquella manera.

Solo estoy asegurándome que no haces ningún truco.—comentó divertido mientras se movía por un momento para poder saltar con facilidad una pequeña zanja que había en el camino y se ponía a su lado. —Solo estoy reservándome para el final, ir demasiado rápido desde el principio no es bueno, hay que tomarse las cosas de forma lenta para poder aguantar más ¿no te parece?

Aquellas palabras podían tomarse por muchos sentidos y los ojos oscurecidos del hombre hablaban con claridad por dónde iban los tiros, sobre todo porque su voz se había bajado un tanto pareciendo casi el ronroneo de un gran felino, para después dedicarle una ladina sonrisa.
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Mensaje por Nyrianne C. Bickbernsch el Vie Jun 24, 2011 11:38 pm
No pude evitar mirarle con las cejas alzadas cuando dijo aquello, y encima con una sonrisa que, viéndola ya desde lejos, no auguraba anda bueno. Lo había clichado, sabía qué tipo de persona era. De las que buscaban el placer de la vida por encima de todo, y no precisamente el de la comida o el de la música. Más bien iban directos a buscar el fuego, el placer de los placeres, el manjar de los dioses, una mujer con la que compartir los deseos carnales. Eso en el caso del hombre, si fuese una mujer bien podría ser al revés también. O en otro caso con personas del mismo sexo. Nunca me había preocupado demasiado aquello, no era una persona que fuera de las que tienen prejuicios por ese tipo de temas, más bien ni siquiera me había esmerado en pensar en aquello demasiado tiempo. Solo en veces fugaces en las que se te presentaban enfrente y no podías evitar pensar en ello. Sin embargo siempre tenía cosas más importantes de las que atender, así que no es que me parara a pensarlo detenidamente, por que sino sabía que me quedaría dándole vuelvas y más vueltas a la cabeza.

Alcé las cejas ante aquella sonrisa y aquellas palabras.
— ¿Perdona? Pues a mi sí que me dan energía, toda mi vida me han ido bien y no voy a cambiar ahora la dieta que sigo solo por que tu creas que no aportan lo que tendrían que aportar.— negué con la cabeza chasqueando la lengua, sacando mi lado más rebelde y, posiblemente, también el que era más infantil de todas las facetas que tenía. Y eso que eran unas cuantas, las que tenía. De todas formas no le di demasiada importancia a aquello, ya supuse que sabría que no iba a hacerlo, aunque si ganaba me vería obligada a ir con él a donde quisiera. Maldita mi gracia, que no podía haberle dicho que iría con él hasta donde quisiera desayunar y luego irme, no. Podía ser un verdadero genio cuando me daba la gana, vamos. Y en aquel momento había demostrado una tontería como una casa al caer de aquella forma en su red. Argh, no. No podía ser. Maldita fuere, maldita.

Dios, que agradable era aquella brisa. En Noruega siempre sopaba un aire, pero era condenadamente frío y glacial, a menudo incluso traía pequeños cristales de hielo o grandes ventiscas de nieve. No era lo mismo. Aquel viento acariciaba los sentidos de forma realmente enternecedora, pero no iba a dejar ver esa faceta de mi con tanta facilidad. Sino igual se pensaba que me estaba ablandando, y quizás, solo quizás y muy en el fondo... Empezara a hacerlo. No parecía ser tan malo como me pensaba. Incluso no le veía tan malas intenciones como yo creía. Sin embargo quería aguantar un poco más para ver si mis suposiciones eran ciertas o no. Si me equivocaba o en cambio estaba en lo cierto. Nunca debías fiarte completamente de una persona, nunca.

Le miré fijamente durante unos instantes, dudando si meterle tal mamporro que se fuera de cara al suelo o mejor dejarlo correr. Al final, y con bastante esfuerzo, terminé optando por la segunda opción.
— Pues déjame decirte que si tuviera una pistola cargada en mano o una red de contención no te haría tanta gracia verlo en directo. Ya te lo digo ahora mismo.— no era una amenaza. Simplemente le estaba dejando constancia de que no era una humana cualquiera como las demás a las que seguramente ya habría engatusado anteriormente para quién sabía qué planes.— Así que mejor que te andes con ojito, eh.— advertencias, solo advertencias, nada más. Pero yo no advertía en vano. A la tercera iba la vencida, ¿no? Pues a la tercera era cuando caía el golpe. Y ya llevaba dos, así que era mejor que no tentara a la suerte.

De repente estaba corriendo a toda velocidad, sí. Notaba el viento silbar con fuerza en mis oídos por la velocidad que llevaba. Me notaba potente, feliz, aquella sensación de adrenalina que había sentido antes de llegar al prado y de que todo aquello sucediera. Aquella sensación tan agradable de ser libre, de notar como si fuera un párajo que iba a donde quería. Y todo aquello se terminó cuando me di cuenta de que aquel muchacho todavía seguía allí, cerca, demasiado cerca. Relativamente cerca. Y el molino también se acercaba a gran velocidad. Ya solo faltaban unos pocos metros para llegar, veinte a lo sumo. Ya estábamos casi a tocar, la carrera era rápida, tan rápida como nosotros queríamos. Incluso por unos instantes llegué a sentirme bien corriendo al lado suyo. Pero como siempre, había algo que estroepaba la escena. En ese caso sus palabras.
— ¡Que yo no hago trucos!— dije con un largo jadeo. No me costaba respirar, al contrario, pero sin embargo el cuerpo seguía siendo humano, solo la mente podía traspasar aquellas barreras autoimpuestas. Siempre aquellas malditas barreras que a una no le dejaban ser. Vi por un momento que se alejaba y me pensé que quizás se iba. Quizás se había cansado ya de aquel juego y... No, pues no. A ser verdad iba a saltar una pequeña zanja en el camino, y para no ser menos, pues hice otro tanto saltándola en vez de rodearla como hubiera hecho la mayoría de la gente.— ¿Tomarse las cosas de forma lenta...?— lo que vi centellar entonces en su mirada casi me asustó y todo.

Tuve que hacer muchos equilibrios por que mis pies decidieron enredarse en aquel preciso instante.
— ¡Mierda...!— solté, con todo lo mal hablada que era yo. Sí, por segunda vez caía de nuevo. Pero esta vez no lo hacía sola. Por instinto me agarré a lo primero que pillé, y por casualidad fue su camiseta. Me enganché a ella como si me fuera la vida con eso, en cierta forma era así. O al menos mi orgullo. Me enganché con uñas y dientes para no caerme, pero me pareció que no había llegado a clavarle las uñas, al menos no de forma muy profunda.— ¿Ves lo que pasa cuando me despistas? ¡Por eso te he dicho que no lo hicieras!— dije exhasperada, todavía enganchada a su camiseta, medio de rodillas por el tropiezo. Ahora parecía que le estuviera rogando o algo parecido.
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Mensaje por Cyrian Morgan el Sáb Jun 25, 2011 12:46 am
No pensaba que fuera a cambiarlo por lo que sus comentarios solo hicieron que una media sonrisa de cabrón apareciera un instante en sus labios mientras que sus ojos azules brillaban divertidos mientras la miraba. Una sonrisa que no llegó a brillar claramente en sus ojos azules. Le gustaba esa rebeldía, esa forma que tenía de confrontarlo como si fuera lo más normal del mundo. Le gustaba que le pinchara, que siguiera hacia delante a pesar de todo. Le gustaba, en definitiva, que fuera ella. Y lo hacía porque de otra manera hubiera sido una más del montón, una aburrida que no le dijera absolutamente nada. En cambio, la rubia que tenía delante hacía que su mente se activara y que el aburrimiento, el hastío, que por regla general era lo que marcaba su vida desapareciera lentamente o al menos se atenuara lo suficiente como para hacer que aquella mañana fuera muy diferente a lo que hubiera imaginado en un primer momento. Y menos mal, porque lo único que le hubiera mosqueado de verdad es que ella hubiera sido una humanita como otra cualquiera.

Los humanos podían ser tremendamente obvios, además entre la juventud actual había aparecido la moda de ser excesivamente obvios y soeces, cosas que le desagradaban por completo. Parecía que no entendían que alguien realmente sensual no era el que mostraba sino el que insinuaba. Con la ropa que solían llevar, se mostraba todo y se dejaba muy poco para la imaginación, lo que hacía que terminara siendo terriblemente aburrido. En su mente se encontraba todavía aquellos bailes en el Londres del XIX donde las mujeres llevaban elaborados vestidos que provocaban que los hombres desearan ver aunque fuera un tobillo, un muñeca, un trozo de hombros. Sabían insinuar sin ser demasiado obvias, un movimiento que mostrara el inicio del escote, un roce que pareciera inocente al pasar a su lado, un movimiento de abanico que hacía que un mechón de cabello acariciara su cuello. Sí, aquello había sido verdaderos retos y no lo que veía en ese momento.

¿Lo harías? ¿Me dispararías?

Fue una pregunta curiosa mientras le miraba a los ojos. ¿Sería capaz? Había algo en su interior que le dijo que sería muy capaz de hacerlo, pero por otro lado intuía que se le haría difícil, muy difícil, dañar a otro ser humano. No lo haría si no se sentía especialmente amenazada. La rubia que tenía a su lado no era una asesina, no era una cazadora, sino que era algo más. La información que le llegaba es que a pesar de que quería proteger, tenía una enorme fuerza de voluntad que le impediría hacer algo si no fuera estrictamente necesario, pero lo haría. Lo haría si él se pasaba de una ralla que ella había trazado de antemano. Su intención era rodearla, bordearla, tensarla, aumentar lentamente esa línea hasta que no se diera cuenta de que la había hecho desaparecer por completo.

El aire golpeaba con suavidad mientras corría, no había necesitado ni siquiera jugar con él para ayudarlo a correr más rápido. Había sabido desde el primer momento que aquella batalla estaba ganada de antemano por lo que no se había preocupado en concentrarlo. Era natural, simplemente natural. Era su elemento y se sentía bien con ello. La miró de reojo ante su comentario, pero no fue capaz de reaccionar a tiempo para impedir que se cayera. Su mano se movió para sujetarla de todas formas porque en el fondo, aunque le costara reconocerlo, era un caballero y tenía algún tipo de código de honor interiorizado que le impedía dejar que una mujer —una de verdad, no las niñatas que había en el mundo en ese momento de la historia—sufriera un verdadero daño.

No seas malhablada.—le respondió mientras se quedaba por un momento en aquella posición que trajo demasiadas imágenes a su cabeza sin poder evitarlo. La tomó de la zona del antebrazo para ayudarla a ponerse en pie mientras fruncía el ceño ante sus comentarios. —No he hecho nada, cariño, si hubiera hecho algo para desconcertarte te puedo asegurar que no te habrías caído precisamente.—bajó entonces la mirada hacia las rodillas de ella sujetándola todavía con suavidad, pero con firmeza. —¿Te has hecho algo?

Entre piques y bromas, terminaron por llegar hasta el Molino. Como era de esperar, ganó Cyrian por lo que ambos terminaron por marcharse a desayunar. Aquella había sido una buena mañana para el hechicero, aunque era cierto que sabía que la rubia se trataba de una Equites, tenía que reconocer que era una Equites... lo suficientemente especial como para querer repetir en el futuro.

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