Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» LET´S FLY TOGETHER (ELITE)
Sáb Feb 04, 2012 2:10 pm por Invitado

» 27 almas de guerrero
Sáb Ene 21, 2012 4:14 pm por Destino

» Personajes Cannon {Fae}
Jue Dic 15, 2011 7:23 pm por Ruth M. Lorderyan

» C.H.A.O.S. Foro Rol - {Élite}
Jue Dic 15, 2011 4:51 pm por Invitado

» Live Your Dream [Cambio de Botón - Elite]
Jue Dic 01, 2011 10:17 pm por Invitado

» Munso Mágico Latino - Afiliación Élite.
Lun Nov 21, 2011 8:10 pm por Invitado

» Angriffe {X} Normal {X} Foro Nuevo
Miér Nov 16, 2011 5:46 pm por Invitado

» Un crepúsculo diferente; ya nada será como antes [Afiliación normal] Foro Nuevo
Mar Nov 01, 2011 3:47 am por Invitado

» Ao no Yume {Afiliación ELITE}
Dom Oct 23, 2011 12:01 am por Invitado

¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 42 el Dom Ago 30, 2015 12:21 am.
proximamente
ROLTop4Us Roleplay Monster
sarasaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa TokyoKisekiA Wizard's Path ESImage and video hosting by TinyPicTwilight MoonPIRATAS DEL CARIBE ROL<Photobucket http://img40.imageshack.us/img40/4930/3535pettyfertumblrlh8sf.jpg Image and video hosting by TinyPicborder=Prophecy Of Lovehttps://2img.net/h/i1198.photobucket.com/albums/aa453/sparskfly/35x35-2.gif Live Your Dream Priori IncantatemtTeatro de los vampiros

Nothing to do here [Ezra & Ambientación]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Mensaje por Ayden K. Thropp el Dom Jun 19, 2011 3:16 pm
Miércoles 21 de Enero, 21:15 p.m.

Llevábamos desde el sábado solos, Ezra y yo. Por una parte era genial. Él estaba más tiempo en casa y aprovechábamos para hacer... Cosas de adultos. Desde que Wyatt era ya consciente de lo que pasaba a su alrededor, nos controlábamos mucho. No había sido tan así en su primer año de vida (Ez solía bromear con "Venga, ahora a por la niña", y yo ponía cara de "Como me vuelvas a dejar embarazada de corto los... Jhé"), pero ahora, siendo nuestro hijo tan listo como era y enterándose, además, había que controlar un poco las llamas de la pasión, por llamarlo de alguna manera. Ciertamente nunca había deseado a otro que no fuera mi marido, de modo que en mi caso sí podíamos decirlo así. Así que sí, desde el sábado por precaución, mi esposo y yo éramos los únicos ocupantes de la casa. Mis padres se habían quedado con él hasta el viernes, que era cuando venían mis suegros. Había hablado con el padre de Ezra por teléfono, explicándole la situación, y recomendándole que fuera directamente a Stratford-Upon-Avon, que era donde vivían mis padres. Les había dejado en la casa todo lo necesario para el bebé durante dos semanas de viaje, y Wyatt estaba encantado, yendo de una parte a otra del país de gorra y sin motivo. Los padres de Ez se habían mostrado de acuerdo con la resolución. De fondo (se ve que mi amable suegro había puesto el altavoz para hacer partícipe a la víbora de su esposa de lo que yo decía creyendo que le interesaba también), se había oído a su madre diciendo: "¡Qué bien! Así no tendré que verla, menos mal". Asco de familia política.

Ahora mi marido y yo volvíamos de cenar en el centro, paseando por las calles frías como una pareja tranquila. Queríamos volver pronto a casa para hablar por teléfono con Wyatt (lo llamábamos todas las noches), y para no dejar el hogar sin vigilancia, por si acaso. Aunque en mi visión nuestra casa tenía luz, no sabía hasta qué punto fiarme de la exactitud de las mismas. Ezra me había dicho que no me preocupara demasiado, que fuera lo que fuera él estaba preparado para todo, y que me protegería, como siempre. No me hacía gracia la perspectiva de una escena de tiroteos al más puro estilo película Western en plena Avenida de St. James, una de las calles residenciales más elegantes de todo Londres. Quería llamar la atención en el vecindario lo menos posible, y si alguien iba a hacer una incursión a nuestra casa, el objetivo no estaría cumplido. Suspiré arropándome en mi gabardina y me aferré más fuerte al brazo de Ez. A su lado estaba tranquila, pero cada noche, al colgar el teléfono, no podía evitar la paranoia de mirar hacia afuera, desde el ventanal del salón que daba al jardín, esperando que lo que fuera saltara encima del pequeño huerto de mi esposo. Cuando llegamos a nuestro portal, estuve a punto de tirarme a besar el suelo, moteado de nieve. Saqué las llaves y cerré la puerta de la valla tras de mí, una vez Ezra hubo entrado. Ya en casa, el orden habitual era evidente, lo que me hizo respirar aliviada. Dejé las llaves en su sitio y besé a mi marido con suavidad. Imperiosa necesidad de saborear sus labios cada vez que podía.

-¿Quieres ir llamando a Wyatt? Yo voy a cambiarme- le sonreí y subí las escaleras, deshaciéndome de la gabardina mientras tanto. Normalidad, claro, no podíamos permitirnos otra cosa. Lo dejé todo en su sitio en nuestra habitación y me puse más cómoda, con el camisón color lavanda (especialmente sexy, no sé si me explico) con el que él me había sorprendido la última vez que fuimos a París, tendiéndolo sobre la cama de nuestra habitación de hotel. Sobre éste, una bata ligera. Fui al baño a cepillarme el pelo y volví a bajar. Me senté en el sofá esperando pacientemente mi turno para hablar con mi hijo, que al otro lado de la línea y a juzgar por la amplia sonrisa en el rostro de su padre, se lo estaba pasando bomba con sus abuelos.
avatar
Mensajes
24
Créditos
86
Sight~

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Ezra D. Blair el Lun Jun 20, 2011 3:57 am
Los días transcurrían con aparente tranquilidad y normalidad. Me gustaba recalcar lo de "aparente", aunque sonara paranoico. Sí, ya sabéis. Todo parece corriente hasta que un meteorito te demuestra lo equivocado que estabas. Las visiones de Ayden no eran precisas ni perfectas, es verdad, pero yo confiaba en mi mujer porque me salvó la vida, y de no ser por ella, nada de lo mágico que había ocurrido en mis años de existencia se hubiera convertido en realidad. Muchas de esas visiones nunca se habían cumplido, al menos no por ahora, y muchas de ellas, también, eran borrosas y difusas, por lo que no cabía preocuparse. No se puede temer a lo que no conoces en absoluto, nosotros habíamos dejado esa norma no escrita entre ambos. No alarmarse por visiones incompletas, inconexas o sin sentido. Durante unos años nos volvíamos locos, noches sin dormir, haciendo guardias largas frente a las puertas o ventanas. Era mejor la sensatez, sin duda.
Una vez más, el episodio Mamá vs. Ayden se repetía, y yo me cercioré de que hablaría con ella muy seriamente, porque eso iba a acabarse, que las navidades siguientes seríamos una maldita familia feliz. Vale, dicho así no suena muy halagüeño, pero creo que se me entiende. Y es que no ayudaba que dos mujeres muy importantes para mí estuvieran peleadas, cuándo se trataba de la seguridad de Wyatt. La de nosotros mismos, maldita sea. Entendía a ambas, pero la equivocada era mi madre, y eso tenía que solucionarlo yo, porque mi padre era un gran padre, pero nunca se metía en esas cosas.

Ayden se sentía feliz de estar en casa, y me lo demostró besándome de esa forma tan suya, y que transmitía tanto con tan poco. Estaban siendo unos días duros, que nos tocaba suavizar con todo el tiempo que no habíamos podido disfrutar. Ella lo agradecía sin hablar, y desde luego que yo también. En el trabajo me estaban dando -a mi juicio- demasiada tregua, pero los cabos que había por atar ya estaban atados, y tenía un margen amplio para tomarme esas vacaciones. A la larga terminaría dejándolo. Todo ese mundillo. Me gustaba, pero era la primera vez que en un trabajo no solo ponía en peligro mi vida, sino la de mis seres queridos. Por ahí no iba a pasar, me negaba. Preferiría cortar patatas en un restaurante a que Ayden o Wyatt estuvieran en serio peligro.

- ¡Vaya, el abuelo se ha adelantado! -le había comprado los DVD's que le gustaban, los que le prometí en el coche. Ese hombre estaba más puesto en la tecnología de lo que yo pensaba- Pero eh, ahora tienes que ir a dormir, ¿eh? Nada de quedarte hasta las tantas viendo la tele que nos conocemos. -Hice una pausa, el niño reía y me contaba lo mucho que saltaba Yoda en uno de los capítulos. Trivialidades infantiles, que me sonaban exquisitas sólo por el hecho de ser su padre. Reí con ganas cuando intentó decir el nombre de "Obi Wan Kenobi", que nunca le salía. Entonces preguntó por Ayden. Le tendí el teléfono a mi mujer con una sonrisa antes de besarla en la frente y levantarme, de camino a la habitación, en busca de mis cómodas zapatillas.- Todo tuyo, mamá. -la miré de arriba a abajo- Estás estupenda, luego... hablamos. -susurré a su oído, para que Wyatt no me oyera. Hablar, claro.

Subí las escaleras algo más tranquilo que noches atrás. Mejor así, pensé, mientras me quitaba la camisa frente a la ventana. La parte más oscura y morbosa de mi interior, la que hacía que amenazase a agentes de la mafia italiana por intentos de regateo en el precio semana sí semana también, llamó a mi puerta, remarcando en mi cabeza que sería emocionante el hecho de volver a meterse en una pelea de ese tipo después de muchos años. Si se trataba del enemigo que yo creía, podía dejarme llevar por ese poder latente que ya no podía utilizar en su totalidad desde poco después de la guerra. Sin embargo, ese lado oscuro enseguida se veía eclipsado por una imagen de Ayden o Wyatt en el suelo, sin respirar, y automáticamente me olvidaba de todo.
Al terminar de ponerme el pantalón del pijama -me dejé puesta la camiseta de tirantes interior, a Ayden le gustaba tener la calefacción cómo si tuvieramos acciones en la compañía eléctrica- y las zapatillas, bajé hacia la cocina para servirme un vaso de leche caliente. En la casa sonaba la harmónica voz y la risa de mi mujer hablando con mi hijo- Sonreí, mientras miraba por la ventana. Todo parecía normal. Me gustaría que esa visión fuera otra de las muchas inofensivas.

Me gustaría mucho, pero algo me decía que no era así. El rostro de Ayden al contármelo, por ejemplo.
avatar
Mensajes
24
Créditos
86
Psike~

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Narración el Lun Jun 20, 2011 8:39 pm
Están dentro.

La tensión por aquellas palabras hizo que los otros tres hombres alzaran la mirada para fijarse en la espalda del copiloto que a unas cuantas casas de distancia observaba la calle. Llevaban allí varios días, observando el ir y venir de la pareja. Había sido difícil conseguir aquella dirección, pero por fín lo habían conseguido. Se habían aprendido las rutinas de los dos, haciendo su trabajo de forma milimétrica, cada hora, cada movimiento durante los últimos cinco días. Aquella noche era la indicada. Muchos de los vecinos se habían marchado, algún tipo de feria benéfica que a aquellos hombres ni les iba ni les venía. Estaban allí por algo claro y contundente, la rapidez era la máxima.

No creo que nos den problemas, únicamente dos.

El sonido de una pistola al amartillarse se escuchó en la parte trasera de la furgoneta mientras que uno de los hombres se ponía un chaleco de kevlar. Los merlines, como les llamaban de manera jocosa, no solían utilizar más armas que sus propios poderes, pero sabían que aquel en particular era un tanto… especial. Por su puta culpa habían perdido a dos de los suyos y cuando supieron que era un mago lo tuvieron claro: aquel cabrón se la había jugado y nadie lo hacía. Los Equites, o mejor dicho aquella célula en particular, eran radicales que muchos considerarían como terroristas. Organizados, un poder en las sombras que solo buscaban su oportunidad. El copiloto se movió para asegurarse que el cuchillo estaba bien colocado en la funda de su bota militar y les miró por un momento haciendo un gesto con la mano para que salieran. Vestidos de negro, con ropa que recordaría la de un escuadrón militar, uno tras otro salieron en la furgoneta hasta ser cuatro. El guardián, se detuvo por un momento mirándoles.

—Como Stevenson se entere de esto…
—No seas gallina, Benson, ese soplapollas no podría ver más allá de su puto ombligo ni aunque le metieran una patada en su culo.
—Deberíamos haberle avisado.
—¿Y qué cojones crees que haría? Darnos la charla, por empezar estábamos negociando esas putas armas sin que se enterara ¿lo recuerdas?

Minutos más tarde se habían puesto en marcha. Habían decidido entrar por el jardín, evitar la parte delantera ya que además de ser un auténtico suicidio llamarían mucho la atención. Como si de sombras se trataran se movieron hasta encontrar uno de los puntos en el muro donde era más fácil y se dispusieron a saltar como si de sombras se trataran al interior, uno detrás de otro, hasta que finalmente se detuvieron cuando la luz de la cocina de encendió pegándose a la pared. Allí estaba, tomándose un vaso de leche, sin esperarse lo que iba a ocurrir. Con una media sonrisa, uno de los hombres hizo un gesto al guardián que encendió un aparatito con un ligero click, el inhibidor de frecuencia no tenía mucha potencia, pero funcionaría mientras que estuvieran cerca de él.

—Proteged a Benson en todo momento, no dejad que le hagan nada. Dividiros hasta dar con la mujer y llevadlos al salón. Hoy nos vamos a divertir.

Mientras que el guardián se quedaba atrás, los hombres se dirigieron entonces hacia la entrada, con el rifle de asalto preparado para lo que pudieran encontrarse en dirección a la puerta trasera de la casa moviéndose por un lateral del jardín, el más alejado a la ventana de la cocina.

Off: Son cuatro, el guardián aunque va armado se quedará atrás. Van con chalecos de kevlar y los rifles de asalto. En principio no van a disparar, su idea es “divertirse” con los dos antes de hacerlo, lo que intentarán será entrar en la casa y llevarles a los dos al salón. No he puesto que entraba porque no sabía si la puerta estaba en la cocina o en el salón o en ambos lugares, pero aquí quedan sus intenciones.
avatar
Mensajes
24
Créditos
86

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Ayden K. Thropp el Miér Jun 22, 2011 9:59 pm
Sonreí y retuve a mi marido unos segundos para darle un beso, con el teléfono en la mano, antes de que se fuera. Claro que "hablaríamos". Tal vez cuando me recuperase del hecho de que me dejara sin palabras, como cada vez que hacíamos el amor. Le palmeé ligeramente el trasero con una sonrisa amplia y radiante, a pesar de todo, a pesar de echar de menos a mi hijo, a pesar de estar inquieta, a pesar de que me picaba la nariz. No podría decir nunca con palabras lo enamorada que estaba de él. No me explicaba cómo había pasado los primeros años de mi vida (tanto de humana mortal y normal como de bruja, más lentos y largos) sin él. Era como si su presencia me hubiera abierto los ojos a un mundo nuevo, aunque la forma de conocernos hubiera sido poco ortodoxa. Vamos, es que más rara imposible. Si se la contara a alguien que no fuera hechicero sería en plan: "Hm, bueno, sí, verás, es que tuve una visión de él durante la Segunda Guerra Mundial, el pobre, que iba a ser disparado por un nazi... Pero yo llegué antes y disparé al nazi primero, y aquí nos ves ahora, setenta años después de... Sí, eh... ¿A que nos conservamos genial?". Sí, algo así. Ironía, ¡uf! La reina del mundo. Cogí el teléfono, en fin, y me senté en el sofá a hablar con mi hijo.

-Hola, mi amor. ¿Cómo estás?
-¡Muy bien! ¿Zabez, mamá? Hoy loz abueloz me han llevado a caza de un tal Zézpid... No debía eztad, el tal Zézpid, poque no había nadie...

Me eché a reír. Claro que no había nadie en casa de Shakespeare... Más que nada porque estaba de museo, no era habitable. Pero claro, eso Wyatt no lo sabía, y aunque se lo dijera, no lo entendería.

-Qué bien, cielo. ¿Y qué más has hecho? ¿Has jugado con la consola del abuelo?
-Zí... Hemoz jugado juntoz y le he ganado. Zoy un macha.
-Un hacha, cariño.
-Zí, también se dice así. ¡He comido ezpaguetiz! Los ha hecho la abuela, eztaban ezquizitoz. Pedo me he manchado de tomate la camizeta de Stiwi que me compró papá.
-Pues dile a la abuela que la lave, mi amor.
-Ya, pedo ez que dice que no le guzta eza camizeta y que no quiede que la lleve, que le da miedo. ¡Me llama el abuelo pada acoztadme! Me va a contad un cuento, ¿sabez mamá? ¡De los tuyoz!
-Muy bien, cariño. Pero dile a la abuela que te lave la camiseta, ¿de acuerdo? Que descanses. Te quiero muchísimo.
-Y yo a ti, mami. Y a papá también. Y a ti también.
-Buenas noches, hijo.
-¡Adióz! Hablamos mañana.

La conversación se cortó. Como cada vez que pasaba, cada vez que dejaba de oír la voz de mi hijo, sentí una honda desazón. No por él, porque sabía que estaría bien. Sus abuelos (tanto maternos como paternos) lo cuidarían como si fuera el tesoro de mayor valor del mundo mundial. Pero era tristeza. Me dolía estar separada de él, no había estado separada de él nunca desde que nació. Suponía que no podía ser bueno estar tan apegada a un ser humano, aunque ese ser humano lo hubiera fabricado yo. A veces me decía que algún día se iría, haría su propia vida, y yo tendría que estar preparada para ese momento. Y tratarlo como si él necesitara mi aire, o mi espacio, no ayudaría a construir un hombre de provecho en un futuro lejano. Suspiré cansada y me levanté a dejar el teléfono en su terminal, en una estantería junto al amplio ventanal que daba al pequeño jardín. Me di la vuelta. Y volví a girarme hacia la ventana en un segundo.

Había visto algo moverse. Y había oído el sonido de algo que se movía. No era la paranoia, no estaba loca, esta vez lo había visto. Me acerqué a la cristalera frunciendo el ceño. No iba a salir, hacía demasiado frío como para salir tal como iba, pero apagué la luz del salón para ver mejor. Escudriñé en la oscuridad. No había nada, nadie, nada ni nadie que se pudiera ver. Sólo nieve. Nieve sobre el árbol en el que habíamos colocado un columpio para Wyatt, sobre la pequeña extensión de plástico que cubría y protegía el aún más pequeño huerto de Ezra, sobre el estanque situado en una esquina del jardín. Suspiré. Seguramente habría sido un gato. Un viento frío revolvía los copos sueltos del manto blanco.

Volví sobre mis pasos, teniendo buen cuidado de no chocarme con nada, y entré en la cocina. Mi marido estaba ahí, con sus pantalones y su camiseta, que dejaba sus brazos fuertes y torneados al descubierto. Lo observé con cariño desde el marco de la puerta y me descalcé antes de avanzar. Para que no oyera mis pasos. Para que fuera el silencio el que lo abrazase por detrás. Mis brazos se deslizaron con suavidad desde su cintura hasta asegurarse de que mis manos se posaban sobre su pecho, cruzadas la una sobre la otra. Besé su hombro repetidas veces antes de apoyar mi mejilla en su espalda. Su respiración, su calor. Mi aire y mi cobijo.

-Hola- susurré con una sonrisa.- Aún tenemos que "hablar", ¿sabes?- me deslicé hasta quedar delante de él, aún con ese gesto dulce en mi rostro. Mis manos se sujetaban en sus caderas.
avatar
Mensajes
24
Créditos
86
Sight~

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Ezra D. Blair el Jue Jun 23, 2011 7:19 pm
Había algo que no me gustaba de todo aquello. El último día en que un enfermo va a morir, empieza a mejorar. Antes del gran huracán, o la gran tormenta, el tiempo es plácido y tranquilo. Ese era el ambiente que se respiraba en casa, por algún motivo. Algo más que muchos años y mucha experiencia tenía que darte el hecho de envejecer lentamente. Era una especie de sexto sentido. Nada que ver con el don de Ayden, ni con la intuición femenina, no. Algo que te daban las viviencias, una especie de detector de spoilers, saber leer las situaciones y actuar en consecuencia. No sabía que pensar al respecto, porque eso si que era bastante inhabitual.
Ayden me devolvío a nuestra cocina y yo sonreí. Todo era cariño y bienestar a su lado, yo nunca sabía cómo agradecérselo del todo, entonces ponía cara de bobo feliz. Era cuando me cogía de improviso, apelando a mi lado tierno. Entonces me derretía por dentro y me sentía dichoso de tener a una chica cómo esa en mi vida. Miré por la ventana sonriente, al tiempo que dejaba el vaso que todavía contenía algún resto blanquecino en el fondo de cristal. Cogí una de sus manos y la estreché dentro de la mía. Quise, antes de cualquier cosa, disfrutar del calor de su cuerpo junto al mío. No me daba cuenta de lo mucho que había hecho esa guerra por mí. De no ser por eso, ahora no tendría todo lo que tengo, de no haber ido.

- Hola. -respondí. No tardé en besar sus labios y subirla a la encimera. La dejé allí sentada y sonreí- Lo sé, y para "hablar" tenemos el resto de la noche. -volví a besarla varias veces hasta que recaí en el malestar que me producía la situación. Suspiré, mirándola a los ojos.- Algo no va bien, Ayden. Es cómo ... ya sabes, eso que me ocurre a veces. Si lo que tiene que pasar, va a pasar, podría ser ahora mismo. -paré de hablar y puse las palmas de mis manos en su cara- Te quiero. Te quiero mucho y no quiero que os pase nada, ni a tí ni a Wyatt. Por eso quiero fiarme de tí. Pero creo que éstos nervios me están pasando factura...

Confesé mi preocupación. Mi alianza, que desde que estaba casado con Ayden se había convertido tanto en mi talismán cómo en mi canalizador, resplandecía muy ligeramente. Al principio no le dí más importancia. Había convertido mi alianza en mi objeto personal porque sabía que siempre iba a llevarla encima. Además, el pensamiento conciso de Ayden me ayudaba a concentrar mi poder. Antes llevaba un colgante, un diente de lobo que me dió mi padre al nacer, pero tuve la necesidad de coger algo y hacerlo mío. Y en esos momentos no había nada más mío... más nuestro que Ayden y yo. El anillo no dejaba de resplandecer, y fue entonces cuando me di cuenta de que mis sospechas eran fundadas.

- Ahora escúchame bien y confía en mí. -dije, susurrando. Intenté no cambiar mi semblante ni hacer ningún movimiento extraño- Sube a buscar tu canalizador y baja enseguida. Tenemos visita, si no me equivoco mucho.

Round one.
avatar
Mensajes
24
Créditos
86
Psike~

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Narración el Jue Jun 23, 2011 9:00 pm
Los ojos del jefe de aquella cédula no se apartaban ni un solo milímetro de lo que sucedía en el interior de la cocina. No pudo evitar un gesto de desagrado al ver con total claridad la escena que se estaba desarrollando en el interior. ¿Cómo se atrevían aquellos engendros? Para él, los hechiceros no podían mostrar ningún tipo de sentimientos, era como un insulto para los que sentían los humanos. De esa forma se le hacía más fácil. No eran humano, sino criaturas que debían ser exterminadas porque esa era la única forma. Hizo un gesto silencioso para que los otros dos cazadores se adelantaran. Estaban entretenidos lo que les daba una especie de ventaja. Estaba seguro de que no se lo esperarían por lo que se sentía confiado. Una sonrisa siniestra apareció en sus labios mientras se movía en dirección a la puerta del salón que daba hacía el jardín. Estúpidos, ni siquiera eran capaces de prever lo que estaba a punto de suceder.

No querían dar la señal de alarma antes de tiempo, por lo que por señas les indicó que fueran silenciosos. Si podían capturarlos a ambos a la vez sería mucho más fácil. Detrás de sí sabía que iba el guardián, Benson, era el más joven de todos ellos, el último que había entrado en la unidad y, desde luego, el más débil. Una mueca volvió aparecer. Estúpido. Sus ideas sobre Stevenson le producían dolor de estómago. Aquel debilucho estaba haciendo que lo que antes había sido los Equites Aureis se debilitara hasta no ser más que un fantasma. Joder. No sabía cómo cojones le habían elegido a él cuando había otras muchas personas que harían un trabajo mucho mejor que el soplapollas aquel. Él mismo lo haría mejor, podría ser capaz de hacer una limpieza en Londres a fuego y hierro que no se habría visto desde la época de la Inquisición, aquellos sí que sabían cómo hacer las cosas.

La debilidad era algo que detestaba, una debilidad que sabía que tenían como los magos se dieran cuenta de que estaban allí afuera, acechándolos. Uno de ellos llegó hasta la puerta abriéndola con un claro “crack” que se escuchó en la tranquilidad de la noche únicamente rota por los coches que pasaban por las calles, pero en ese momento el grupo de cuatro hombres solo pensaba en lo que había en el interior, en la caza. Porque aquello era una cacería. Como lobos hambrientos se adentraron uno a uno en la oscuridad mientras que se movían con cuidado de no tropezar con los muebles. Más allá se podía ver la luz de la cocina donde hacía apenas unos minutos habían dejado a la pareja.

Una nueva seña les indicó que avanzaran mientras que Benson se quedaba junto a la puerta, cerrando una vez que estuvieron en el interior. No querían que hubiera mayores problemas, aunque no esperaban que pudiera haber más magos en las cercanías aquello no se sabía nunca. Respiraban la tensión que había en la casa mientras que como las sombras que eran se adentraban esquivando un sofá y dirigiéndose con los fusiles de asalto en ristre rumbo al lugar de donde venía la luz. Sentían el corazón acelerado por cada paso que daban mientras que estaban atentos a cada uno de los ruidos de la casa. Les pareció escuchar un crujido en el piso de arriba por lo que uno de ellos fue en aquella dirección, subiendo por las escaleras para asegurarse que no había nadie más que sus presas.

Oh, sí, aquello se ponía cada vez mejor. Solo unos pasos les separaban de la cocina y el líder, aquel que odiaba con toda su alma a los hechiceros, se puso delante protegiendo su espalda contra la pared mientras. Unos pasos más, únicamente unos pasos más. Finalmente se asomó al marco de la cocina con el fusil en alto mientras miraba al hombre que se encontraba allí.

Vaya, vaya, pero qué tenemos aquí.—gruñó mientras intentaba ver a la mujer que parecía que se había esfumado como si fuera humo.—¿Dónde está tu mujercita?

Apuntándolo con el arma, hizo un gesto para que se moviera mientras le miraba con el ceño fruncido esperando que el inhibidor pudiera llegar hasta donde se encontraba porque sino la fiesta iba a comenzar mucho antes de lo que hubiera imaginado. Los ojos negros del hombre se fijaron en los del hechicero notando cómo la adrenalina borboteaba con fuerza. Mientras, en el piso de arriba, el hombre que se había separado investigaba cada una de las habitaciones para asegurarse de que no había nadie allí, dispuesto a llevar a punta de pistola —o fusil en este caso— a cualquiera que se encontrara al salón.
avatar
Mensajes
24
Créditos
86

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Contenido patrocinado
Mensajes
24
Créditos
86
Contenido patrocinado

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.