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Un paseo para recordar {Ealasaid J. Whitman}

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Mensaje por Kenan S. O'Neil el Mar Jun 21, 2011 1:37 pm
— Oh, vamos, Eala. Se que tienes suficientes agallas para quitarte las sábanas de encima y salir de la cama. Venga, que hace un día estupendo. No me hagas ir a buscarte por que te juro que te echo una jarra de agua por encima.— dijo por el móvil. Y no iba en broma, perfectamente era capaz de hacerlo, y tanto. Hacía un día de aquellos que no se veían a menudo. El cielo estaba despejado como pocas veces, y Kenan estaba ansioso por salir a dar una vuelta por la calle. Quería ver el ambiente, lo que se cocía por aquellos lares. Desde que vivía en Londres era un ritual salir cada sábado, levantarse temprano, ya que no tenía que ir a trabajar. Era el único día en el que su compañero se encargaba de sustituirle en el taller, así que tenía todo el tiempo del mundo para él solo. No quería desperdiciarlo tirado en el sofá comiendo palomitas y mirando la tele como si tuviera ya ochenta años, que todavía estaba bien joven y activo. Así que había decidido llamar a Eala para que saliera con él a dar un paseo. Pero claro, la muy remolona le costaba levantarse por las mañanas, y eso le tocaba mucho las narices.— Así que si no llegas en diez minutos al Hyde Park iré hasta allí y me colaré por la ventana o por donde sea, y te digo desde ya que no será agradable. Así que quítate ya el pijama de la Hello Kitty que se que llevas puesto y vente para aquí, que estoy esperando.— le advirtió. En realidad se lo pasaba en grande diciéndole aquellas cosas. Colgó el teléfono móvil poco después y se lo volvió a meter en el bolsillo.

Eala era la chica que había conocido poco después de llegar a Londres. La había conocido cuando todavía estaba estudiando, pero después él dejó los estudios para dedicarse a lo que de verdad quería y ella se quedó en la Universidad. De todas formas se veían a menudo, si ella no iba a visitar a Kenan al taller, era él el que se acercaba a la universidad cuando todos terminaban las clases. Tenía que reconocerlo, aquella pequeña chiquilla que tenía dos años menos que él era como un torbellino en movimiento. Siempre haciendo cosas, riendo, soñando. Por eso se había fijado en ella. Le parecía distinta a las zorras que andaban aquellos días por las calles, con sus minifaldas que casi enseñaban las bragas y todo el sostén por fuera. Y encima se pensaban que así algún chico las querría. Lo que no entendían era que solo daban mala imagen a los demás, o al menos era eso lo que el joven pensaba. Aunque eran como el calor y el frío. No es que Kenan fuera ningún témpano de hielo, pero no estaba acostumbrado a ser tan abierto como algunas otras personas. Sociable, sí, pero reservado. No contaba su vida al primero que se le cruzaba por delante. Era precavido, sabía que en aquella vida las cosas estaban muy mal y uno tenía que andarse con cuidado. Pero como Eala era tan descuidada y soñadora a veces, desconectaba del mundo y era él quién tenía que vigilar que no se matara por el camino y cosas parecidas. Ya se lo decía, pero la muchacha parecía no hacerlo a propósito.

Se apoyó en un banco mientras miraba hacia el parque. Grandes zonas de césped se extendían por todas partes, árboles enormes y miles de bancos. Un sitio perfecto para quedar y dar una vuelta. Y más aquella mañana que todo parecía estar de su lado. Kenan estaba de buen humor, si hubiera tenido un humor de perros seguramente no se habría dignado ni a salir de la cama. Era lo que le sucedía, se quedaba sin ganas de hacer nada. Cruzó los tobillos apoyándose en el suelo y se metió las manos en los bolsillos de forma desenfadada. No se había molestado ni en peinarse prácticamente, así que llevaba los pelos medio punky. De todas formas no le quedaba mal, o al menos cuando se había visto en el espejo le pareció que no. Llevaba unos tejanos oscuros, una camiseta blanca de manga corta y encima, como siempre, su cazadora de cuero negra. Siempre le acompañaba a todos lados, era como su amuleto. Además de sus gafas de sol, que no se quitaba a menos que fuera un caso extremadamente necesario. Y no es que fuera sensible al sol, ni que tuviera unos ojos horribles - al revés, los tenía preciosos - simplemente se sentía más a gusto.

Vio como un niño se le acercaba hasta quedar delante suyo y alzó levemente las cejas, con una media sonrisa. Los niños no se le daban muy bien, pero tampoco es que los odiara ni nada parecido, simplemente no tenía demasiado contacto con ellos. Así que levantó la mano un poco y le tocó la nariz. El niño sonrió y luego se fue tan feliz como había venido. Kenan alzó las cejas de forma interrogativa y negó con la cabeza. Joder, mira que podían llegar a ser raros los críos cuando querían. No sabían ni lo que estaban esperando. En fin, que nadie entendía la mentalidad de un niño todavía. Poco a poco todos crecían, quisieran o no, y el tiempo iba quitando poco a poco las ilusiones que te hacías cuando apenas pasabas un palmo del suelo. Todos tenían que aprender a caminar por si solos, a mantenerse a flote en una sociedad cruel y cerrada en la que pocos lograban sobrevivir. Ese era el verdadero campeón, el que lo conseguía sin hacer uso de un poder otorgado por otras personas, solo con los propios méritos. Kenan miró la hora en el reloj y resopló, quedaban dos minutos.
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Mensaje por Ealasaid J. Whitman el Mar Jun 21, 2011 2:01 pm
¡Kenan! No puedo salir así, además se está tan bien en la cama, me he acostado tardísimo.—refunfuñó mientras se movía ya levantándose de la cama, cuando se ponía así era mucho mejor hacerle caso si no quería que le soltara un par de gruñidos. Adoraba a ese chico sobre todas las cosas, pero en aquella mañana de sábado estaba odiándole un poquito, pero solo un poco y de manera superficial que en realidad ella no sabía hacer esas cosas. —No me cuel…—miró el teléfono como si fuera un bicho raro al ver que le había colgado e infló los mofletes como siempre hacía cuando había algo que la disgustaba.— ¡Menudo comienzo de día!

Entonces comenzó la explosión de movimiento: corriendo por toda la casa, que si una ducha rápida intentando que no se le mojara el pelo porque por muy buen día que hiciera —visto en un instante de asomar la nariz a la ventana cuando pasó por el salón— el frío estaría allí, vestirse a toda velocidad y estar a punto de matarse cuando el pie se le trabó en la pernera del pantalón vaquero ligeramente desgastado que había cogido sin mirar siquiera en el armario, tomar del tendal un jersey que estaba seco —menos mal— en colores azules y violetas, sus favoritos, y calzarse unas botas sin muchos miramientos mientras intentaba no caerse mientras se acercaba hasta donde estaba la cazadora colgada. Miró el reloj por un momento: record, le quedaban unos minutos todavía. Salió de su piso a toda velocidad bajando por las escaleras de dos en dos y estando a punto de matar a una pobre vecina que subía con las compras, cosa que no entendía porque tenían ascensor, pero algunas personas eran de la vieja escuela.

Ya en la calle tuvo que detenerse: tenía tres opciones o su bicicleta o el metro o…

¡Taxi! A la entrada Norte de Hyde Park por favor.—gritó cuando vio uno de esos característicos vehículos londinenses saliendo prácticamente a la calzada.

Cualquiera pensaría que estaba loca y en parte lo estaba. Aunque Kenan no le hubiera hecho nunca nada más que un par de bromas como hacía cualquier amigo, sabía que su amenaza de colarse en su casa y empaparla podría suceder si le tocaba mucho las narices. Además estaba de bueno humor y eso significaba diversión. Su amigo era demasiado serio, de verdad, pero se había portado demasiado bien con ella. Desde su ruptura hacía nada con aquel chico con el que había estado saliendo y que pensaba que era distinto, que realmente la quería, había estado allí aguantándola. El pobre había tenido que aguantar una sesión de películas para llorar con varios kilos de chocolate y kleenex. Era su mejor amigo, mucho mejor que cualquier chica que le hubiera conocido. Siempre cuidaba de ella y Eala hacía lo mismo por él. Con gestos nerviosos miraba al exterior cuando el taxi se paró delante de un semáforo muy cerca de su destino.

Tenga, no se preocupe por la vuelta.

Lo más divertido es que se sentía como en una película en la que la heroína llegaba tarde a una cita con su príncipe azul, aunque en aquel caso fuera su mejor amigo. ¡Oh! Claro, su mejor amigo y ambos tendrían que salvar al mundo porque había habido una invasión extraterrestre que tendrían que solventar los dos juntos, peleando coco con codo. Con esa idea en la cabeza recorrió corriendo los metros que la quedaban corriendo a toda velocidad o al menos la velocidad que le permitían sus botas de tacón y su torpeza habitual. A punto estuvo de chocarse con una pareja que salía de Hyde Park y les dedicó un “perdón” rápido y una sonrisa que evitó como solía pasar que le miraran mal o le soltaran alguna bordería. Si es que parecía un ángel, con su rostro aniñado y esa sonrisa en los labios, el cabello claro volando detrás de ella. Sus ojos le divisaron sentado en uno de los bancos y aceleró: ¡solo quedaban unos pocos metros! Cuando se puso a su altura tuvo que agacharse, poniendo las manos en las rodillas mientras intentaba recuperar la respiración y finalmente alzó la cabeza inflando los mofletes por un momento.

Dime que he llegado a tiempo porque si no es así voy a pensar en demandar a los taxis de esta ciudad.—contestó mientras se apartaba un mechón de la cara y le miraba a los ojos claramente divertida. —¡Necesito un chocolate! ¿Has desayunado? Porque yo no gracias a un amigo que no podía esperarse ni siquiera media hora y aun así tampoco tengo en casa. ¿Vamos?

Le tendió entonces la mano para que se incorporara mientras le miraba con los ojos brillantes por la emoción de estar allí por mucho que hubiera refunfuñado.
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Mensaje por Kenan S. O'Neil el Mar Jun 21, 2011 5:57 pm
El chico sonrió de lado cuando escuchó lo que decía Eala al otro lado de la línea. Era tan inocentona a veces que incluso le daban ganas de achucharla como si fuera un pequeño peluche. Aunque sabía y quería protegerla, por que al fin y al cabo su vida tampoco había sido un camino de rosas que se pudiera decir, y a Kenan le había llamado la atención desde el primer momento en el que la vio. Aunque eso hubiera costado sudor y lágrimas - muchas más lágrimas que sudor, eso había que decirlo, sobretodo por aquellas películas ñoñas que había tenido que tragarse - se sentía bien al haberla conocido. Era como un soplo de aire fresco para sus pulmones, que a veces se encontraba tan agobiado que no podía ni respirar prácticamente. Y no es que estuviera enamorado de ella, que a veces lo parecía, pero le tenía mucho apego. Siempre se preguntaba de dónde habría salido aquella muchacha para ir a parar justamente allí. Rodeada de tantos maleantes, de tanta gente hostil, en un mundo del que no parecía darse cuenta de que no se podía fiar. Vivía en su propia nube, y eso le preocupaba. Cualquier día veía que se iba a meter en un lío y él no podría estar allí para hacer nada. Realmente a veces Kenan se empezaba a desesperar por ella. Negaba lentamente con la cabeza lentamente mientras esperaba, mirando el reloj.

Conociéndola seguro que habría cogido su bicicleta. No la soltaba ni para dormir prácticamente. Él que prefería ir con su coche, que era bien cómodo y además lo llevaba hasta donde quería sin tener que esforzarse demasiado. Pues no, ella prefería ir en esa dichosa bicicleta a todos lados, como si por una persona que lo hiciera cambiara mucho la cosa. Cualquier día la iba a secuestrar y la metería dentro del coche, cerrando las puertas por dentro si era necesario. Y se la llevaría a dar una vuelta, quisiera o no. Para que se acostumbrara al coche, que era la mar de cómodo. Nunca había soportado ir en metro, había demasiada gente y demasiado pervertida. Que había intentado coger el tren alguna vez y al final terminaba dando manotazos a diestro y siniestro para que no le tocaran el culo o se le acercaran demasiado. Era algo que no soportaba. ¡Qué se pensaban! Él no era un ninfómano ni nada parecido. Aunque no negaba que le gustaba el sexo, eso siempre, pero solo por una noche. Sin embargo con Eala fue diferente al verla, no pensó directamente en llevársela a la cama. Fue algo más.

Por eso cuando la vio llegar de aquella manera no pudo evitar sonreír de lado. Siempre tan despistada y tan torpe, pero le sorprendió que no fuera con la bicicleta. Alzó las cejas lentamente mientras veía como se iba acercando. Había acudido en taxi, seguro que iba tan ajetreada que no había tenido tiempo ni a sacar la bici de donde la tenía. Se tuvo que tapar la boca para no echarse a reír cuando vi como casí se comía a una pareja que estaba por allí paseando tranquilamente. Siempre igual, si es que era un desastre con patas, aquella mujer. Aunque ya había visto como muchos la miraban con deseo, y eso lo ponía de los nervios. Era como una niña con cuerpo de mujer, y eso hacía que muchos se fijaran en ella, por su inocencia, por su ingenuidad, por su aura soñadora. Sin embargo cuando se acercó, Kenan sonrió y alzó la muñeca lentamente para mirar su reloj.

Cuando vio como se paraba allí a tomar aire solo una pequeña pizca de remordimiento le pasó por el cerebro. Quizás la pobre no había tenido una buena noche... No, que va. Se la veía bien, además de que estaba en forma. Se mantenía, claro, tanto hacer deporte para moverse arriba y abajo pues le habían dejado un buen tipo. Se cruzó de brazos observándola con pose seria, pero al final terminó sonriendo ampliamente. Anda que no se lo pasaba bien ni nada. Aunque tenía que decir que los dos se divertían a menudo, gastandose bromas entre ellos y riendo.
— A ver...— frunció el ceño mirándose el reloj y después se rió.— Que crack, todavía faltan diez segundos para que hayan pasado los diez minutos, así que has llegado a tiempo. Vaya, has tenido que correr, ¿no?— comentó irónicamente mientras señalaba su pelo. Lo llevaba perfectamente, pero quería fastidiarla un poco.

Se rió al escuchar lo que decía, pero de todas formas se separó del banco ayudándose de su mano y alzó una ceja.
— Chocolate, ¿eh? Mira que eres golosa.— se empezó a reír y le pellizcó la mejilla.— Anda, vamos a ver por dónde podemos pillar una buena taza que se pueda llevar y así nos damos una vuelta por el parque. ¿De verdad querías perderte este estupendo día?— señaló su entorno con la mano y casi le dio a un tipo que pasaba por allí con el brazo.— Que raro que hoy no vengas con tu bicicleta, si no te despegas de ella vamos, ni para ducharte diría yo.
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Mensaje por Ealasaid J. Whitman el Jue Jun 23, 2011 9:07 pm
El aire le ardía en los pulmones después del ajetreo que había llevado en los últimos minutos. No es que le gustaba mucho eso de andar corriendo de un lado para otro, prefería moverse en bicicleta, pero ¡es que no le había dado ni tiempo! Observó los movimientos de Kenan mientras miraba el reloj. Estaba segura de que en ese momento la estaba haciendo sufrir, sobre todo cuando frunció el ceño. Oh, jo, seguro que no lo había conseguido. Se lamió brevemente los labios en un intento de humedecerlos porque se le habían quedado resecos después de haber salido corriendo. Cuando le dijo que había conseguido llegar un suspiro de alivio se escapó de sus labios sin poder evitarlo y una enorme sonrisa apareció en sus labios.

¡Ja! Lo sabía, sabía que había llegado a tiempo y eso que he tenido que lanzarme prácticamente en marcha cuando el taxi se paró en el semáforo, pensaba que no llegaba. El pobre hombre habrá pensado que estaba como una regadera, solo me ha faltado un: ¡Siga a ese coche!.—al decir aquella última frase cambió el tono de voz para intentar imitar a uno de tantos actores que había la había dicho en algún momento dado, poniéndola más grave intentando imitar la voz de un hombre. No pudo evitar llevarse la mano al pelo para asegurarse que estaba en su sitio. No es que fuera coqueta, porque no lo era, pero tras lo que había estado corriendo estaba prácticamente segura de que tendría que tener unos pelos de loca o de bruja piruja y no sabía muy bien cuál sería mejor. Arrugó brevemente la nariz al ver que estaba más o menos en su sitio, aunque se lo peino un poco con los dedos por si acaso. Aquel día lo llevaba suelto, ni siquiera le había dado tiempo para ponerse alguna horquilla o un par de prendedores que siempre utilizaba. En casa lo llevaba en moños sueltos, lo mismo que cuando estaba en la facultad. —No me engañes, tengo el pelo bien.—le dijo haciendo un mohín, aunque Kenan en realidad no le había dicho nada sobre ello. —Y sí, he venido corriendo, porque al caballero se le había terminado la paciencia.

En un gesto puramente infantil que no pudo controlar, le sacó la lengua. Le gustaba meterse con él de vez en cuando, aunque si tenía que ser sincera no le gustaba nada nada cuando se enfadaban. Si ocurría, cosa que había pasado en alguna ocasión pero menos de lo que uno podría imaginar al ver la diferencia de caracteres, al final en poco tiempo se había terminado pasando. El máximo tiempo que habían estado enfadados había sido dos semanas y Ealasaid lo había pasado francamente mal. Se había acostumbrado a tenerlo cuando lo necesitaba y el no saber nada de él había provocado una enorme frustración, al final había hecho de tripas corazón porque en realidad no estaba muy segura de por qué se habían enfadado, aunque creía que había sido culpa de Richard su último novio, y se había acercado al taller donde trabajaba. Todo se había zanjado viendo una vez más Grease y riendo como locos sentados en el sofá de su casa. Desde ese momento había procurado que la sangre no volviera a llegar al río aunque cuando le pellizcaba la mejilla como acababa de hacer le daban ganas de olvidarse de que supuestamente era su mejor amigo ¡la hacía sentirse como si se tratara de una niña pequeña!

Sí, por favor, un chocolate para llevar sería perfecto.—contestó cara de felicidad mientras sonreía por un momento mirándole hasta que su rostro se cambió a uno de susto cuando vio que había estado a punto de pegar a un pobre hombre que pasaba por allí.— Ten cuidado Kenan, que casi le metes una buena.—arrugó la nariz y después le miró mientras tomaba su mano y tiraba un poco de ella para que se pusiera en movimiento, fijo que encontrarían algo un poco más allá. —Y sí, pensaba perdérmelo al menos hasta las doce del mediodía, ayer me acosté un poco tarde.—arrugó la nariz mientras seguía tirando de él sin mirar en realidad por donde iba porque estaba andando hacia atrás. —No me hables… no me has dado ni tiempo, he tenido que coger un taxi y sabes lo poco que me gustan esos chismes.

Chismes: palabra utilizada por Eala para referirse a cualquier cacharro mecánico, en su mayoría, que no sabía para qué demonios funcionaba.
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Mensaje por Kenan S. O'Neil el Vie Jun 24, 2011 8:39 pm
Mientras la muchacha respiraba todavía costosamente por la carrera, Kenan se estaba allí de pie tranquilamente, como si acabara de levantarse de la cama y todavía estuviera con las fuerzas al cien por cien. Y es que así era, le duraba para mucho la energía. Así que decidió que lo mejor era esperar a que Eala se recuperara para poder ir a dar la vuelta, pues tampoco quería que se desplomara por allí por tal carrera y sin haber desayunado nada de nada. Que entonces tendría que correr al hospital y no había demasiadas ganas. Bueno, vale, no, en realidad era que le preocupaba que le pasara algo. Aunque realmente no la veía como a una hermana. Sino que cuando veía que alguien se fijaba en ella, o que se le acercaban demasiado, sentía como le hervía la sangre al rojo vivo y se ponía de los nervios, queriendo incluso partirle la cara al que estaba cerca. Sobretodo si se trataba de otros hombres. Era una sensación extraña. De todas formas lo que no quería era que otros se fijaran en ella. Sabía cuánto dolor podía provocar cierta gente, sabía que no tenía que fiarse de casi nadie, y que la mayoría de las personas pretendían siempre algo detrás de sus cariñosas y engañosas palabras.

No pudo evitar reírse cuando escuchó aquello que dijo. Solo de imaginárselo le entraba la risa. Debía haber sido de aquellas escenas que son dignas de ver, igual que cuando alguien cometía un error garrafal y absurdo en clase o cuando un imbécil se caía con el skateboard por las escaleras. Sí, Kenan podía llegar a ser algo cabrón y también bastante retorcido si se lo proponía, pero eso prefería guardárselo para si mismo y no compartirlo, que luego la gente terminaba asustándose de él por tener aquellos pensamientos tan... Oscuros. Incluso él llegaba a sorprenderse a si mismo cuando aquellas cosas acudían a su cabeza sin remedio.
— Seguro que solo te faltaba la pistola apuntándole, eso. Por que tal y como me lo cuentas parece que en vez de coger un taxi hayas ido a atracar un banco o algo parecido, vamos.— sonrió de lado cuando lo dijo, imaginándose a Eala vestida toda de negro con un traje de cuero y el típico gorro a juego que todos los ladrones llevaban. Habría sido digno de presenciar, eso seguro. Como le gustaría haber estado allí cuando lo había hecho, cuando se había lanzado al taxi casi de cabeza.— Pues el pobre taxista habrá quedado arreglado con tu inminente asalto, vamos, que ni que fueran las rebajas en el mercadillo.

Se quedó viendo como se pasaba la mano por el cabello por si lo tenía bien o mal. No le quería decir que lo llevaba perfectamente, como siempre, pues aunque estuviera despeinada siempre iba mona. Era como si la mala apariencia no pudiera hacer mella en la muchacha. Algo que siempre tenía a Kenan intrigado. Intrigado por saber cómo se lo hacía. Pues cuando él se levantaba llevaba unos pelos peor que los de Frankenstein y normalmente con los ojos más oscurecidos de lo normal. Cosa rara, pero bueno. Además de otros efectos corporales de los que más valía no hablar, solo que tenía la tienda de campaña montada alguna que otra mañana todavía. Pero eso eran cosas bastante personales que no le había contado a nadie ni tampoco pensaba hacerlo. Así que se limitó a reírse cuando vio aquel gesto modesto que hacía ella para colocarse bien un pelo que ya estaba perfecto.
– Ah, si yo no he dicho que lo tuvieras mal.– sonrió de lado de nuevo. Era cierto, pero le había lanzado una indirecta al señalar su pelo. Le encantaba hacerla caer en sus pequeños juegos.

Cuando le sacó la lengua no se pudo contener y con dos dedos se la cogió levemente, dándole un pequeño tirón de forma juguetona. Después se la solto para que no se quejara y empezó a caminar a su lado con tranquilidad. Siempre había sido un gran apoyo para él, Eala, desde el momento en el que se conocieron supo que su amistad duraría por mucho tiempo. Y puede sonar cursi, pero es cierto. Desde siempre había tenido la esperanza de que alguien se acercara a él, no por su físico, sino por algo más. Y por fin había empezado a recomponer su vida, a ser una persona como las demás que no solo atraían a los demás por una cara bonita. Y Eala parecía haberse fijado en algo más que solo en eso. Por eso mismo era por lo que la apreciaba tanto. Desde que se habían conocido su relación solo había hecho que mejorar, y aunque tuvieran sus altibajos como en todas las relaciones, siempre seguían más o menos la misma línea.

Casi no pudo contenerse la risa cuando vio aquella cara de espanto que se le quedó al ver que casi golpeaba a un hombre que pasaba por allí, pero se encogió de hombros levemente y el chaval siguió su camino como si nada, así que Kenan hizo otro tanto y se rió.
– Oh vamos, no me digas eso. No me puedo creer que planearas quedarte en cama hasta esa hora.– frunció el ceño levemente, aunque no estaba enfadado ni nada parecido. Simplemente se divertía. Se mordió la lengua para ahogar una carcajada y entonces sonrió.– De acuerdo, a sus órdenes mi señora, no te hablaré a partir de ahora, como tú me has dicho que haga.– dijo haciendo voto de silencio, al menos por el momento, cerrándose los labios con una llave invisible que lanzó por allí Dios sabe donde. A ver qué haría la pequeña princesa en aquel caso. Le gustaba ver sus reacciones, era tan mona... Y tan dulce. Como un peluche gigante.
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Mensaje por Ealasaid J. Whitman el Sáb Jun 25, 2011 12:44 am
Si había algo que le encantaba a Eala, era reírse. Siempre había sido así y era algo que por muy mal que lo estuviera pasando nunca cambiaría, era uno de esos placeres de la vida que necesitaba sentir, por lo que cuando escuchó las palabras de Kenan y se imaginó la escena, una risa divertida estallo con total claridad. Era una risa alegre y real que sonaba como miles de campanillas sonando a la vez. Su rostro se iluminó mientras que unos adorables hoyuelos aparecían en sus mejillas como siempre sucedía cuando estaba de buen humor, que solía ser el 99% de las veces. No entendía a las personas demasiado serias que se pasaban el día de morros cuando una buena risa era la sal de la vida y esta solo se vivía una vez. Eala era un estallido de luz, no porque se lo hubieran dicho, no porque intentara serlo, sino porque lo hacía sin darse cuenta, de forma natural.

¡Ya decía yo que me faltaba algo!—exclamó claramente divertida mientras los ojos claros la brillaban llenos de entusiasmo.— La próxima vez voy a ponérmelo aunque para eso voy a tener que comprarme un mechero de esos que parecen una auténtica pistola. No atracar un banco, ¿eh?. —comentó pensando que podría haber sonado mal y que podría malinterpretarla puesto que en ocasiones hablaba sin darse ni cuenta de lo que estaba diciendo, por impulsos, como si fuera una niña pequeña en cierta manera que no necesitaba filtrar la información que salía de sus labios. —¡Lo de taxi! Me encantaría ver su cara aunque igual después piensan que estoy rematadamente loca y me mandan a alguna institución mental ¿me irías a ver? ¡Claro que lo harías! No me ibas a dejar allí sola y aburrida.

Su capacidad para “montarse películas” era bien conocido en todos lo que la conocían por lo que estaba segura de que Kenan no se asombraría al escuchar aquella locura. Una locura, eso sí, cargada de la vitalidad de la que estaba hecha Eala y que no era poca. Se sentía contenta y eso se notaba en sus movimientos, el cansancio que había provocado la carrera parecía que había desaparecido y se encontraba llena de energía, cosa extraña porque la noche anterior se había pasado hasta tarde leyendo… y pensando. Últimamente pensaba mucho. No es que no lo hiciera de forma habitual, muchas gente creía que solo era una rubia tonta, sino porque lo que había sucedido con su ex la había dejado un tanto marcada. Sus acusaciones se repetían una y otra vez. ¿Sería verdad? Le había dicho que en realidad no sabía lo que sentía, que Kenan siempre sería un fantasma entre ella y el resto de los chicos con los que estuviera. ¡Kenan era su mejor amigo! ¿Qué esperaba? ¿Qué se olvidara de él o dejara de hablarlo? ¡Pues se iba a tener que aguantar! No se lo había dicho a su amigo porque era una soberana tontería. ¿O no?

Arrugó la nariz cuando Kenan pilló su lengua, un gesto que hacía bastante a menudo y que provocó que le arrugara la nariz en un mochín durante unos breves instantes. Ambos comenzaron a andar uno junto al otro y Eala, pensando en lo que Richard le había dicho, se contuvo de cogerlo del brazo puesto que podrían dar otra imagen que no quería. No le gustaba sentirse así, pero… bueno, estaba preocupada por un tema que quizá fuera una auténtica tontería. Además, en cuanto se tomara el primer chocolate del día todo mejoraría. Se le quedó mirando por un momento mientras hablaba y volvió a sonreír, desapareciendo rápidamente el gesto pensativo que la llenaba el rostro.

Y sí, pensaba hacerlo, dormir es un auténtico placer.—contestó mientras le miraba aunque sus ojos se oscurecieron un poco ante su comentario. ¿No la hablaría? Jo, eso sí que no podía ser, se le quedó mirando por un momento. —¿Vamos al Starbucks? Así podremos tomarnos lo que queramos y traérnoslo, adoro el Starbucks, ¿te lo he dicho alguna vez? Y además me apetece un muffin con doble de chocolate.—se mordisqueó el labio inferior mirándole, esperando a que le contestara, pero como vio que seguía en sus treces infló por un momento los mofletes con cierto gesto de disgusto. —¿De verdad no vas a hablarme en todo el día? No, ¿verdad? Vamos, vamos, háblame.

Le miró con esa carita adorable que siempre ponía sin darse cuenta mientras le pinchaba con el dedo en el costado para picarlo.
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