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Clases de entrenamiento para Cazadores veteranos {Jordan Stevenson}

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Mensaje por Emerick Mctavish el Miér Jul 27, 2011 5:25 pm
La sala rectangular era fría, las paredes eran de metal pulido y el suelo de madera negra, por toda la sala habían colgadas o colocadas en pedestales armas, medievales y modernas, incluso algunas armas especiales de Equites. Estaba situada en el sótano, por lo que solía hacer calor y el aire acondicionado trabajaba a su máxima potencia.
Había entrado a entrenarme cuando apenas el sol asomaba por el horizonte, el Dojo estaba cerrado aquel día, así que no tendría ningún chico al que enseñar. Podría dedicarme exclusivamente a mí mismo.
Estire mis músculos con algunos ejercicios suaves, para calentar. Di algunas vueltas corriendo alrededor de la sala, mientras pensaba en que arma escogería para entrenar. Finalmente me decidí por la espada medieval bastarda de dos manos, un arma especial de los Equites echa de puro adamantino. Pesaba menos que una forjada con metal corriente, pero por ella había que forzar más la mano.
Escogí mi preferida, una simple, sin gran decoración y muy manejable, con un par de estocadas ya parecía ser una extensión de mi propio cuerpo. Algunos cabellos mojados de sudor se pegaron a mi rostro, casi ya tenía el cabello hasta los hombros y aunque me gustaba como me veía para entrenar era algo incómodo.
El muñeco de prácticas, un saco de esparto relleno de paja, hacía tiempo que estaba bastante destrozado, pero mientras aguantara seguiría practicando con él. Le propine unos cuanto golpes por el flanco, moviéndome ligero a su alrededor, con movimientos rápidos de pies como los de un boxeador, una técnica de distracción que solía poner nervioso a los adversarios. Normalmente en las misiones me tocaba eliminar a hechiceros, muy seguros de su magia inhumana, pero de cuerpo y mente débiles, quítales el poder y se lo quitaras todo, eso es lo que decía mi padre cuando entrenábamos.
Seguí desahogando mi energía contra en muñeco de esparto que se movía frenéticamente con la paja flotando alrededor nuestro como un una danza sangrienta.
Sentí como el ascensor que daba a la sala de entreno bajaba con su suave tintineo, me sorprendió, aunque seguí practicando, no estaba alerta, no totalmente, puesto que aquel lugar era seguro, dudaba que un enemigo lograse infiltrarse tan lejos sin haber sido detectado. Pero no había planeado ningún entreno en grupo para aquel día. Otra alma solitaria venía a entrenarse junto a mí. Entonces sería bien recibido, en el fondo deseaba que fuera Jordan, puesto de los guardianes era demasiado pasivos, siempre buscando técnicas para desarmas y atrapar sin derramamiento de sangre, algo inútil por lo que yo pensaba. Y los sabios no solían luchar demasiado bien.
Le propine algunas estocadas poderosas al saco que acabo de reventar, llenando todo el alrededor con paja, lastima, luego tendría que rehacerlo y limpiar todo que lugar.
Las puertas del ascensor se abrieron en aquel preciso instante.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Miér Jul 27, 2011 6:27 pm
Jordan había estado corriendo, pero seguía intranquilo. Había habido demasiados acontecimientos nuevos en los últimos tiempos y necesitaba pensar. Necesitaba encontrar las claves de lo que había estado ocurriendo. Lo que en un primer momento había parecido ser algo rutinario había terminado en una masacre y con los Equites que fueron sin poder volver. Habían descubierto que los Fae, una raza mágica que parecía estar ajena al mundo mortal, cada vez se adentraban más en el territorio humano y más a menudo. Incluso habían tenido una escaramuza, pero el haber pasado al mundo Fae era sin duda una locura. No había estado de acuerdo con aquello por una simple razón: guerra. Y tenían ya dos flancos abiertos. Como siguieran así terminarían destrozados. Tenía que entrenar. Incluso él, por muy jefe que fuera, iba a tener que comenzar a salir a las calles de nuevo. No era algo que le preocupara, ni mucho menos, al contrario: lo necesitaba. Necesitaba moverse del sillón donde pasaba buena parte del tiempo, controlando las diferentes misiones y asegurándose de que todo el mundo estaba en el sitio que le correspondía.

Vestido con un pantalón de chándal, unas deportivas y una camiseta de manga corta todo ello negro Jordan no parecía ni por asomo el jefe. Tampoco es que lo hubiera buscado. El ascensor seguía moviéndose mientras él mantenía las manos en el interior de los bolsillos mirando la puerta. Necesitaba entrenarse, necesitaba sentir una espada en la mano y poder moverse con ella con comodidad, necesitaba notar cómo los músculos terminaban por dolerle y lo necesitaba porque de esa manera sabía que estaba vivo. Vivo, mucho más vivo de lo que hubiera imaginado. Nyrianne estaba viva, Emerick estaba vivo, eso era lo que importaba. Había habido pérdidas, demasiadas, en los últimos meses. Había habido pérdidas que le habían terminado por marcar aunque en un primer momento se hubiera negado a ello, se hubiera negado a admitir que le importaban.

Todos ellos lo hacían, le importaban, demasiado.

Las puertas se abrieron por fin y cuando vio la figura solitaria que se encontraba con una bastarda en la mano y con lo que quedaba del muñeco de entrenamiento en el suelo no pudo evitar que una lenta sonrisa apareciera en los labios. McTavish estaba en la sala. Aquello hacía que todo pudiera ser condenadamente divertido. Jordan no era una persona que sonriera de forma habitual, por lo que el gesto desapareció pronto mientras que terminaba por entrar en la sala.

McTavish, no sabía que te encontrabas aquí.—comentó entonces con la voz tranquila que le caracterizaba. Miró una vez más hacia la paja que estaba en el suelo y arqueó ambas cejas en un gesto interrogativo. —Parece ser que tu adversario no daba la talla—se acercó hasta donde se encontraba con las manos aun metidas en los bolsillos. — Menos mal que la paja es fácil de limpiar.
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Mensaje por Emerick Mctavish el Miér Jul 27, 2011 8:24 pm
Del ascensor había salido para mi agrado Jordan, mi superior, mi amigo. Uno de los pocos que tenía ciertamente, no es que no tuviera oportunidad de hacer amigos, simplemente era difícil relacionarse con los demás. Sobre todo si tu trabajo era ser una máquina de matar.
Salude al recién llegado de la forma tradicional del Dojo, tal y como les enseñaba a los alumnos, con una inclinación firme y rápida, con los brazos frente al pecho un puño cerrado sobre la palma abierta de la mano. Resople incorporándome.
-Jefe!- le sonreí divertido a Jordan, siempre me había gustado llamarle de una manera graciosa a la par que formal.- no sabía que hoy tenia entreno… ya está cansado de tanto…
Imite con las manos el movimiento de alguien que tecleaba en un ordenador invisible, me subí un imaginario monóculo mientras me tomaba algún refrigerio en una copa inexistente, todo ello con cara de ser alguien muy importante i rica.
Me eche los cabellos hacia atrás en un gesto pensativo, conversar nunca había sido mi fuerte, y tampoco tenía muchas cosas que decir. Así que agarre un par de espadas de bambú de practicar y le lance una a Jordan.
-Estas oxidado jefe?- le dije mientras adquiría mi posición de ataque.
Le tantee un par de veces para evaluar su nivel, seguía siendo bueno muy bueno, aunque yo tenía claro que la práctica hacia la perfección. Y si había algo en lo que ocupaba el tiempo era en practicar. Me puse más serio, y nos paramos y esquivamos durante un rato. El jefe de los Equites parecía que con cada golpe se iba sintiendo menos tenso, su rostro se relajó y sus golpes empezaron a fluir de una manera más productiva. Atacándome por la izquierda sabía que había más posibilidades, ya que era mi flanco débil, logre pararle a tiempo pero con un rápido revés me estoco en las costillas dejándome por un segundo sin respiración. Alcé la mano en son de paz.
-Me rindo!- resople, cansado pero satisfecho, aunque no lo había dado todo de mí, era un buen ejercicio, siempre deseaba practicar más y más.
Me senté sobre una caja de metal que descansaba al lado de una máquina de refrescos e invite con una señal a Jordan para que hiciera lo mismo. Introduje dos monedas en la maquina mientras me pasaba la mano por la frente mojada. Mi camiseta de tirantes estaba empapada y se pegaba a mi torso dejando advertir la tonalidad de mis músculos.
Abrí una lata y le ofrecí la otra al guerrero que se sentaba a mi lado, a pesar del ejercicio sonreíamos. Desde la última lucha parecía que algo había cambiado en él.
-Cuéntame jefe, que te ronda por la cabeza, sabes que si te preocupa algo puedes decírmelo, te ayudare-. Yo siempre tan directo, no quería presionar a nadie, o dañarle, pero las vacilaciones no iban conmigo. Yo soltaba las cosas, tal y como las sentía, aunque en contadas ocasiones me trajera muchos problemas. Quería ayudar, aunque no me gustaban los humanos, tampoco esos extraños Fae, ni los hechiceros, debía proteger a los primeros. Mi deber era proteger a los débiles y enseñarles, si lo deseaban, a defenderse.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Miér Jul 27, 2011 9:11 pm
Jordan negó por un momento ante Emerick cuando se puso a hacer el tono y tomó en el aire la espada de entrenamiento. Había estado en el Dojo, ambos habían compartido buena parte de los ejercicios, por lo que ambos se conocían. Además, Jordan hacía esgrima, era un deporte que siempre le había fascinado. Era una especie de mezcla de estilos que se compenetraban a la perfección. No hacía falta hablar cuando lo hacían los golpes, las fintas, los movimientos. No hacía falta hablar cuando estaban entrenando y para los dos hombres eso era fundamental. El movimiento de sus cuerpos con las espadas de enteramiento era fluido y parecía que ambos bailaban. Jordan no sabía exactamente cuánto tiempo estuvieron así, cuánto tiempo estuvieron atacando, rechazando, golpeando y recibiendo. Lo único que supo es que cuando finalizaron, cuando las espadas se bajaron, se encontraba mucho más relajado de lo que había estado en mucho tiempo. Su cuerpo estaba dolorido, cierto, pero era el dolor del ejercicio y ese nunca era malo.

Hacía mucho tiempo que no pasaba un momento así.

Demasiado tiempo para él. Se acomodó junto a Emerick, recibiendo la lata de refresco que él le daba y la abrió, dando un trago y notando el frescor de la bebida. Unos instantes después se secó los labios con el dorso de la mano y miró hacia la sala vacía. En cierta manera se encontraba mucho mejor así, que en un lugar abarrotado puesto que siempre le había molestado lo segundo. Dejó que los minutos pasaran con tranquilidad, apretando por un momento los dientes antes de dar un nuevo trago.

Los Equites tenemos demasiados enemigos, Erick.—comentó utilizando el nombre que usaba cuando estaban en confianza como en ese momento. Allí, sentados, no era su jefe. En realidad, nunca le había importado serlo. Es más, en ocasiones aborrecía el peso que le había caído sobre los hombros. — Y lo ocurrido con los Fae solo va a provocar más nerviosismo, más daños y más muerte.—jugueteó por un momento con la lata echando el torso hacia delante y dejando que las manos juntas con la lata en medio cayera entre ambas rodillas en un gesto que hablaba de relajación. — Los Noctem, los Sol, ahora los Fae… se nos está viniendo todo encima Erick y tenemos muchas pérdidas.

Frunció brevemente el ceño pensando en ello. Sí, tenían demasiadas pérdidas en el camino y sabía que vendrían bastantes más.
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Mensaje por Emerick Mctavish el Jue Jul 28, 2011 3:15 pm
Fruncí el ceño pensando en la última batalla, había sido muy dura, pero habíamos salido vivos, aunque las pérdidas habían sido importantes, yo quería pensar que por lo menos estábamos vivos, y podíamos seguir luchando. Los muertos ya habían hecho su parte, y serian recordados siempre. Era nuestro turno para vengarnos, y lograr la victoria por encima de todos los enemigos.
Bebí de un trago toda mi lata de energética bebida azul, la puse entre mis manos y la aplaste hasta dejarla bien plana, la enceste en un pequeño cubo que residía un poco más allá.

-Yo también eh estado pensando en ello, me duele, aunque ya sabes… yo no hablo de estas cosas-. Aunque me sentía cómodo con Jordan seguía siendo difícil para mi hablar de lo que sentía.- creo que es una oportunidad que nos ha brindado el destino, si la vida te da patadas tienes que defenderte. Entrenaremos mas duro, buscaremos aliados, nuevos reclutas. Les atacaremos desde las sombras, y los devolveremos allí de donde no debieron salir jamás.

Me levante enérgico, teníamos que pensar en positivo, si nos rendíamos en aquellas circunstancias seguro que acabarían dominando la situación y matándonos uno por uno, aunque era fuerte solo no podía contra todos ellos, la clave era el equipo.
Algo que no había aprendido de mi padre era el trabajar con otros como yo, el siempre me había dicho que nadie querría estar al lado de un asesino, que debía trabajar solo, desde las sombras. Aquello me hizo ser siempre un solitario y alejarme de todo aquel que había entablado una conversación conmigo. Pero cuando me uní a los Equites definitivamente sentí como el apoyo de otros, el deber de proteger a los compañeros me hacía mas fuerte y me daba mas ganas de cumplir con las misiones y trabajar mas y mas duro. Mucho mas que las miradas severas de mi padre o sus enérgicos azotes que quemaban la piel.
Gire mi cuerpo hacia Jordan que miraba hacia el suelo con aire de preocupación.

-Jefe!-. su gesto desapareció para transformarse en sorpresa.- hace tiempo que no me das ninguna misión, desde la gran batalla. Estoy aburrido de entrenar a esos niños desagradecidos… Eso me recuerda que debo enseñarte a un mocoso pelirrojo que tiene muchas posibilidades. Pero no me distraigas ahora con eso, dime, no nos ha llegado ninguna información nueva?

No es que realmente solo deseara salir de caza como un loco asesino, sino que de alguna manera quería distraer a Jordan de sus amargos pensamientos, veía el dolor en su rostro, y me hacía sentir como si no pudiera quitar ese peso de su interior. Tiraría de el si hiciera falta.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Jue Jul 28, 2011 3:58 pm
El peso sobre los hombros de Jordan no era físico, pero pesaba mucho más que si tuviera encima dos toneladas. Como cabeza de los Equites en Londres tenía que organizar la información, mandar reclutas, preparar las guardias y mil cosas más. Era cierto que sabía delegar —no era tan estúpido como para no hacerlo—, pero lo cierto es que en determinadas ocasiones las decisiones finales eran suyas. Frida era buena en lo que hacía, Charlie era perfecta en el puesto que estaba, sin Emerick seguramente se hubiera vuelto hacía tiempo loco, pero aun así a veces se encontraba solo. Dio un sorbo de nuevo de la lata, como si el hecho de ir poco a poco fuera a funcionar e iluminarle de alguna manera. Escuchó a Emerick, sus palabras, sus ánimos y dejó que el aire que contenía en los pulmones saliera poco a poco, lentamente.

Lo sé y lo haremos, solo que en ocasiones necesito decirlo en voz alta. Las sombras se mueven, Emerick, y no sé hasta qué punto estamos preparados para hacer frente a todo lo que se nos echa encima.

¿Serían capaces de hacer frente a todos esos enemigos que se le venían encima? Él creía que sí. Era un guerrero y los guerreros seguían luchando, pasara lo que pasara, el problema es que era un guerrero que tenía que pensar también en los demás. ¿Qué haría si pasara algo a Nyrianne o a Emerick, a Charlie incluso a Frida? ¿Qué haría cuando había jurado que los protegería? No, no quería repetir de nuevo lo sucedido con Lyra y Lizy, eso haría que se le rompiera el corazón. Apretó con fuerza la lata pero no lo suficiente como para estrujarla, dando un sorbo de la vivida energética y miró a Emerick cuando volvió a hablar. El rostro varonil reflejó un gesto de asentimiento, sabía que Emerick necesitaba estar haciendo algo, más allá de entrenar a los nuevos reclutas. Necesitaba acción, moverse, activar esos músculos. Era en cierta manera como Caleb, el cual había vuelto a desaparecer como solía hacer: vivían por y para la acción. Algunos les consideraban locos, pero la verdad es que podía entender esa ansia por ponerse en movimiento.

Él mismo estaba deseando salir de allí.

Charlie sigue trabajando en ello, lo mismo que el resto de los Sabios. Ya sabes que no podemos lanzarnos como si nada detrás de los hechiceros y los fae ahora sin saber cómo demonios contraatacar, no quiero un baño de sangre y menos para los nuestros.—frunció por un momento el ceño con gesto pensativo y entonces se le ocurrió algo. — Sé que no es lo más emocionante del mundo, pero la compañera de Nyrianne ha sufrido un accidente, ¿por qué no haces una ronda de guardias con ella? Quizá os encontréis con algún ser que pueda ser eliminado y al menos así podríais entrenaros. Además que necesita protección, es una guardiana y no me gustaría que la sucediera nada.

Recordaba demasiado bien la noche hacía unos meses donde había sido atacada por un vampiro: no, no quería volver a vivir lo mismo. Aquella angustia había sido desastrosa.
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Mensaje por Emerick Mctavish el Jue Jul 28, 2011 8:34 pm
Golpee mi puño contra mi palma enfadado, yo quería salir a luchar, necesitaba sentir que hacia algo útil pero los sabios seguían encerrados en aquel mismo sitio buscando información. Hasta que no encontraran algún síntoma de magia no podrían enviarme allí.
Me frote la barbilla, que ya estaba rasposa con un rastro de incipiente barba rubia. La compañera de Nyrianne… por alguna razón no recordaba su rostro, pero si el de Nyrianne, dulce y hermosa. Le ponía nervioso, no solo porque fuera una guardiana algo que notaba contrario a él, sino por esa forma tan resulta de hablar que tenía.
-Que le paso a su compañera?-. Pregunté intrigado.- es por la última batalla? Sea como sea estoy mas que dispuesto a acompañar a Nyrianne a cualquier sitio, siempre que no se meta en problemas absurdos y me haga caso. Las mujeres son tan… raras…
Me revolví en mi asiento preocupado, seria una guardia dura, no por los peligros, sino por el sudor frio que me recorrería cada vez que Nyrianne me mirara con esos enromes ojos. Debía reconocerlo era atractiva, pero tenia mucho carácter. Siempre había pensado que si algún día me casara seria con una mujer como mi madre dulce, tranquila.
Observe el reloj de pared que colgaba de la pared norte, ya marcaba algo mas de las doce del mediodía, y empezaba a notar el cansancio del cuerpo. Si invitaba a Jordan a comer y charlábamos de algo trivial era posible que se le olvidaran un poco las presiones de la organización.
-Mientras esperamos algo mejor que ayudar a ancianitas a cruzar las calles, que te parece si vamos al comedor de arriba y nos ponemos hasta las cejas? Ha sido un buen ejercicio-. Reflexiono sobre la mejora de Jordan en el lucha.- pero aun no eres tan bueno como yo!
Me rio divertido, no solía hacer bromas, y normalmente era un hombre bastante serio, pero con los Equites tendía a abrirme algo mas, me sentía mas cómodo. Me puse en pie y le di una fuerte palmada en la espalda al jefe como animo.
-Arriba jefe!-. dije dirigiéndome enérgico hacia el ascensor.

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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Vie Jul 29, 2011 12:31 am
Jordan analizó en silencio el lenguaje no verbal de Emerick. Estaba claro que necesitaba salir a las calles de la misma manera que necesitaban hacerlo la mayor parte de los que estaban allí. No podía impedirles hacer su trabajo. Eran hombres jóvenes, hombres y mujeres, que estaban en plena efervescencia por decirlo de alguna manera. Él mismo necesitaba moverse, no quedarse parado, era una de sus grandes frustraciones ¿cómo recriminarles buscar exactamente lo mismo? Desde luego que no podía hacerlo. Respiró hondo un instante, dos, mientras finalmente terminaba su refresco y hacía un gesto muy similar al que Emerick había hecho antes: estrujó la lata y la lanzó con puntería hacia una de las papeleras.

Fue en un enfrentamiento que tuvo hace un par de días, menos mal que Nyrianne no estaba con ella. Ha terminado con un brazo roto y bastante magullada, pero se recuperará.—comentó con gesto calmado mientras le miraba. Nyrianne era importante para Jordan, cualquiera que tuviera dos ojos lo vería. Era una persona imprescindible en la forma de vida que llevaba y se había convertido en una muy buena amiga. —¿Sigues todavía con eso? Cualquiera pensaría que son de otro planeta. No te preocupes, Nyri es buena gente y no te lo va a poner dificil, aunque es cierto que es bastante cabezota. Creo que os irá bien juntos.

El miedo que le daba a Jordan es que se emocionaran demasiado en el sentido de meterse en algún problema. Negó por un momento. Lo que estaba claro es que Nyrianne no estaría mejor protegida, Emerick podría hacer frente a todo lo que se le pusiera delante prácticamente sin parpadear. Se incorporó ante su invitación. Tenía hambre, era la hora precisa para ello, para nutrir su cuerpo después de haberle agotado. Se movió, estirándose sobre todo en la zona de la espalda y de los hombros. El problema de tener un trabajo bastante sedentario es que últimamente andaba molestándole la espalda. También podía ser de la cantidad de golpes que se había dado en su vida en esa parte de su anatomía porque se negaba a pensar que ya era la edad.

Algún día alcanzaré al maestro.—dijo bromenado al tiempo que se acercaba al ascensor para llamarlo, minutos más tarde se encontraban ya ambos en el interior notando cómo subía. —Tengo un hambre canina y eso que he desayunado correctamente. No sé yo si esto de venir a entrenar contigo es producente o contraproducente.
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Mensaje por Emerick Mctavish el Sáb Jul 30, 2011 1:41 pm
Subimos juntos al ascensor que nos mecía con su sonido ronroneanté hacia una de las plantas superiores. Apoye la espalda contra una de las paredes del cubículo pensando en Nyri, aunque fuera una misión que con suerte podría pasar sin problemas no es realmente lo que deseaba. Me sentí un poco culpable, no quería que ella se dañara por mi testadura idea de ir en busca de pelea… pero aun así deseaba realmente poder hacer algo. Esos brujos con cuerpo humano no deberían haber cruzado la frontera jamás. Los hombres y mujeres de la tierra eran las ovejas y los Equites éramos sus perros guardianes.
Los números rojos se iban iluminando a medida que llegábamos a la planta del comedor, paro en seco y abrió chirriando sus puertas de metal, sin mediar palabra nos dirigimos a una mesa del fondo del restaurante. Cruzamos la sala que estaba prácticamente vacía, apenas algunos administradores comían con sus ordenadores portátiles siempre enchufados a su lado.
Cuando estuvimos instalados en la mesa, desde donde se veía toda la sala era una manía de guerrero que estaba alerta teníamos que estar siempre controlando la situación. Se acerco una de las camareras, bajita con el pelo rubio recogido y una sonrisa siempre pintada en el rostro. Parecía muy dulce.

-Buenos días señor Stevenson, señor Mctavish. Que desean tomar?

No necesitaba la carta para saber que pedir, aparte que ya la tenía muy vista, prefería que me sorprendieran, alumnos con la comida.

-Para mi el menú del día…

Jordan hizo lo propio, y enseguida se marchó la joven camarera aun con su sonrisa reluciente. Entraron en la sala un par de ejecutivos serios que discutían sobre el mercado. Pero ni rastro de Nyri o de Charlie, de Frida ya me parecía correcto, no quería verla ni en pintura.
Mire a Jordan muy serio, a pesar de que parecía estresado por tanto trabajo no me había dado ni una sola misión desde hacía mucho tiempo, sabía que era su mejor hombre y el que más deseaba salir a la caza.

-Dime Jordan-. Comente casual.- mucho trabajo? Ya sabes que yo no se que hacéis en las oficinas, y no me interesa realmente, pero me gustaría saber si la cosa avanza… No quiero ser insistente o pesado, tu dímelo, sabes que aprecio la sinceridad. Pero aun así me empeño en saber que pasa en las altas esferas…

No era mi intención parecer frio con Jordan, pero hacía meses que no me movía del Dojo entrenando a esos críos humanos, algunos me gustaban, de verdad me lo pasaba bien con ellos. Pero necesitaba acción de verdad, aparte de pasearme con Nyrianne.
Antes de que el jefe pudiera responder la sonriente camarera nos puso delante el primer plato, para mi había una sopa de champiñones que olía de maravilla.

-Que aproveche-. Masculle segundos antes de atacar a la sopa con voracidad, sorbiendo con molestos sonidos, a lo que sonreí disculpándome como un jovenzuelo.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Sáb Jul 30, 2011 2:51 pm
Era normal que Emerick quisiera saber qué pasaba. En cierta manera era lo lógico y lo normal. Se trataba en buena parte de su mano derecha. Era el mejor encontrando a las personas necesarias para entrar a los Equites, además de terminar haciendo el entrenamiento básico antes de enviárselos a Frida que terminaba con ellos. Frida, aquella belleza fría que siempre había provocado que Jordan desconfiara. Se frotó el rostro. Tenía demasiados problemas en ese momento como para pensar en los planes de desacreditación de la rubia. Además, la pregunta de Emerick era mucho más central y más importante. Observó cómo le ponían una ensalada delante de él, el plato fuerte iría después con un estofado que sabía que allí lo hacían perfecto y se llenó el vaso de agua. No era de beber alcohol, salvo quizá una cerveza o un vaso de whisky ya cuando estaba en el Haven o en casa. Llevar dos negocios muchas veces era de lo más complicado.

Los Sabios siguen buscando formas de controlar la manera de pasar hacia el Otro Lado mientras que intentan localizar miembros de los hechiceros, sobre todo de los Sol. Los Noctem parece que están más o menos tranquilos.—desde un encuentro que había tenido unos meses antes, a principios de año, Jordan se había dado cuenta de que había que diferenciar. Ese encuentro había sido con un Noctem, el decano de la universidad de Oxford que por cierto había desaparecido, pero que le había hecho ver que había algo más allá. Ya lo sabía, no era un cazador ciego como muchos otros parecían pensar ni mucho menos. Sabía pensar y razonar y sabía darse cuenta de que no todo era blanco o negro. — Por otro lado tenemos problemas con los vampiros, parece que cada vez están más activos, lo mismo que otros seres. Es como si la Profecía hubiera hecho que todo comenzara a moverse.—se quedó pensativo unos instantes y miró a Emerick. — Charlie me comentó algo sobre un nido de vampiros que había localizado o estaba a punto de localizar. Es una buena oportunidad si quieres para desfogarte un poco, aunque tendrías que llevarte a un par de cazadores como apoyo.

Sabía que Emerick podía defenderse solo, sabía que seguramente no vería con buenos ojos que le impusiera la presencia de dos cazadores pero necesitaban ir con el mejor. Necesitaban ver cómo actuaba, cómo se movía, cómo luchaba. Necesitaban una guía. Habían perdido a “novicios” demasiado frecuentemente esa semana. La muerte parecía acechar a los Equites en el mismo momento en el que bajaban la guardia y eso no podía ser o terminarían diezmándoles. Necesitaban fuerza, necesitaban número, era la única manera de poder sobrevivir a lo que fuera que se estuviera moviendo por las sombras de Londres. Había podido palpar la maldad y no le hacía la mínima gracia.

Necesitaban estar preparados y sabía que con Emerick podía contar para ello.
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Mensaje por Emerick Mctavish el Dom Ago 07, 2011 12:58 am
El plato de pasta con fino queso azul se detuvo frente a mi, me frote las manos, en parte por su delicioso aroma y en parte por la idea de poder matar a unos cuantos chupa sangre. Pero los dos cazadores de apoyo… Jordan sabia que no los necesitaba, aun asi debía llevárselos, pero había pocas unidades disponibles, asi que tampoco sabría a quien elegir.
Ataco su plato italiano con voracidad, imaginándose la masacre que podría causar en ese nido de asesinos infernales, pensó seriamente mientras clavaba la mirada en su jefe, ese chiquillos no eran fuertes aun, no podrían soportar eso. Seguramente les temblarían las piernas, lo ultimo que quería era ver como caían mas jóvenes inexpertos.
Al instante una fría cara me vino en mente, Frida, la reina del hielo como nos gustaba llamarla cuando bromeábamos con Charlie, era buena matando, aunque no tanto como yo. Pero su presencia no se hacia de mi agrado.

-Jefe…- no quería comentar algo indebido.- a que cazadores crees que debería llevarme? O tal vez algún guardián?

Deseaba que la respuesta fuera “ningún guardián” temía tener que competir de nuevo con la arpía alemana, deseaba tanto la atención de Jordan que podría saltar a ese nido sin pensárselo dos veces.
El delicioso plato ya se había terminado, y esperaban pacientes a los postres, adoraba los pasteles, no tanto como Charlie, pero le gustaba el chocolate.

-Cuando me pasaran la información? Quiero probar algunas armas que no eh utilizado aun… que tal si me cojo unas redes de contención para freír a esos chupópteros?

La sonriente camarera nos sirvió, una gran copa de helado de chocolate con galleta me esperaba, me la comí con gusto.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Dom Ago 07, 2011 12:18 pm
Sabía que a Emerick no le hacía ni una pizca de gracia el tener que meterse en un nido con otros cazadores. Era alguien mas bien independiente que prefería ir a su ritmo y lo entendía. Cualquiera que lo hubiera visto luchar sabía, perfectamente, que podía llevarse por delante todo lo que se le pusiera. No tenía ninguna duda en aquello, pero al mismo tiempo Jordan era una persona excesivamente protectora y sabía que los chupasangre podían ser muy traicioneros. Excesivamente traicioneros. Hasta el punto de que no dudarían una mierda en llevarse por delante a quien fuera y utilizarían todo tipo de juego sucio.

Jordan se entretuvo por un momento con el segundo plato, mientras pensaba con atención las palabras y también las personas adecuadas. Ante la palabra guardián pensó en Frida: la rubia tenía más peligro que una escopeta de repetición y era igual de inestable, luchaba bien, pero era un condenado problema la mitad de las veces. Y, a eso, había que añadirle que Emerick no trabajaba precisamente bien con mujeres. La descartó porque además la necesitaba en Blackspirit.

Creo que lo más prudente es que te lleves a Thompson y a Greyson—comentó, pensando en los dos cazadores experimentados. Con aquellos tres dentro de un nido no iba a sobrevivir ni el apuntador. Esperó pacientemente hasta que le pusieron el postre delante mientras le miraba con gesto pensativo por un momento: un trozo de tarta de queso que era una de sus favoritas. Frunció el ceño. — Mañana por la mañana lo tienes en tu correo, Emerick, y se lo comunicaré también a ellos si te parece bien el plan. Si después tenéis algún problema habla con Frida, estoy seguro de que os podría echar una mano y que estaría encantado de patear un par de traseros.

Sabía que seguramente no lo haría, pero era algo que tenía que decir en cierta manera. De la misma manera que tendría que reunirse antes o después con la rubia. Al día siguiente mientras que Emerick estaría con los chupasangres, él dirigiría uno de los grupos de inspección de la zona de la grieta. Se sentía culpable por lo que estaba allí ocurriendo y tenía que ver hasta qué punto se equivocaba.

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