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El Dojo del Maestro {Amarantha Royston}

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Mensaje por Emerick Mctavish el Jue Jul 28, 2011 2:51 pm
“Escuela superior de artes marciales y esgrima del maestro Mctavish”
La brillante plaquita dorada relucía bajo el sol de la mañana como todos los días en la gran puerta de madera del Dojo. Las clases de los más jóvenes habían terminado y esperábamos pacientes en la puerta a que aparecieran los progenitores y otros familiares que recogieran a los pequeños. No tenían más de diez años, pero ya había alguno que sobresalía notablemente, y ya hacia planes futuros con ellos.
Se acercaban algunos vehículos de donde bajaban sonrientes mujeres y hombres, algunos se paraban a hablar conmigo, a preguntar sobre el continuo entrenamiento de su prole, otros solo me saludan o me agradecían mis esfuerzos. Muchos de aquellos niños eran indisciplinados, desconcertantes y totalmente salvajes cuando caían en mis manos, de lo que me entere mas tarde era de que en la ciudad, entre los mas privilegiados, corría el rumor de que yo podía enderezar a cualquier jovencito malcriado. Lo cierto era que de momento no había fallado ninguna vez.
Cuando solo quedó el rastro de polvo en el camino me adentre en el Dojo, aunque nunca cerraba las puertas, puesto que no temía a los ladrones y por aquellos lugares solía haber poco movimiento de población.
Mientras barría enérgicamente la sala de entrenamientos para jóvenes aprendices pensé en que podría hacer el resto del día, tal vez entrenar en Blackspirit o si había suerte alguna misión me seria encomendada, no me importaría poder estirar un poco los músculos peleando con algún hechicero.
Aunque pensándolo mejor, lo primero que debía hacer era arreglar el jardín frontal del Dojo, que los niños solían pisar sin preocuparse. Me quite la camisa que iba atada con un cinturón negro para solo quedarme con unos pantalones anchos blancos, muy cómodos para pelear. Las herramientas de jardín estaban en una caseta un poco alejada del edificio principal.
Un cerezo estaba creciendo alegremente y cayendo al otro lado de la valla de madera que delimitaba mi terreno, con enérgicos movimientos pode sin piedad el descontrolado árbol. Como una metáfora de como enderezaba el alma torcida de alguno de mis alumnos, me sentía bien haciendo algo Zen que relajara mi mente y espíritu que siempre solía estar alerta.
De espaldas al camino recortaba despreocupado el árbol, cuando sentí una perturbación, era mi estomago quejándose ruidosamente de la falta de alimentos en el. Resople por la interrupción de mi momento de relajación, pero deje las tijeras de podar allí mismo y me gire dispuesto a preparar algo para llevarme a la boca.
De lejos, recortada por el sol, percibí una figura femenina que se dirigía tranquilamente hacia el Dojo, sería un urbanita que venía en busca de la tranquilidad del campo, o algún cliente que requería mis servicios, así que me apoye contra la valla de madera y espere pacientemente a que se acercara.
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Mensaje por Amarantha Royston el Jue Jul 28, 2011 4:24 pm
Me habían dado el día libre en la oficina, cosa que por una parte me alegraba y por otra no. Odiaba que rompieran mi rutina sin previo aviso, en mi mente planeaba mi día con precisión, y aquella llamada telefónica mientras desayunaba un café con tostadas sentada en la encimera de mi cocina me había descolocado todos mis planes. Después de colgar me quedé con una tostada en la mano, mirando un punto fijo, sin saber que hacer, hasta que una idea vino a mi mente: ¡Salir de compras!

Terminé de desayunar, ahora con menos prisa que antes, ya que no tenía horario, y fui a darme una ducha. Cuando salí, envuelta en una toalla, me dirigí a mi habitación, abriendo el armario para vestirme. Escogí unos vaqueros ajustados, con una camiseta blanca y ancha que dejaba parte de mi espalda y un hombro al descubierto con unas sandalias negras. Me puse una americana negra por encima y cogí mi bolso, dispuesta a salir, pero un maullido me distrajo. Nagini, mi gata, estaba en la ventana, mirándome fijamente, como si supiera que tenía el día libre. Maullaba insistentemente, moviendo la cola.

-No voy a llevarte a las afueras...

La gata saltó con agilidad del alfeizar y se acercó a mi, mimosa, restregándose contra mis piernas, mientras maullaba de nuevo. Suspiré sonoramente y la cogí en brazos.

-Lo hago solo para que te calles, que conste.

Nagini ronroneo en mis brazos, acurrucándose, y yo sonreí entre dientes. A veces se escapaba de mi comprensión como un animal tan pequeño podía ser tan sumamente inteligente. Cogí las llaves de mi New Beetle y bajé a la calle. Hacía sol, esperaba no pasar calor en el bosque. Conduje con el animal de copiloto, sin moverse del asiento, todo el camino en silencio, hasta que aparqué a las afueras del conjunto de arboles.

Tras apearnos, observé como mi gata se apresuraba a internarse en la vegetación, era una cazadora nata, le gustaba que la llevara allí para que corriera tras algún pájaro. Yo la seguí, pero se me hacía difícil verla en todo momento, por lo que al cabo de un rato estaba completamente perdida y sin señal alguna de Nagini. Continué andando, apartando ramas y procurando no tropezar, hasta que llegué a un pequeño claro donde había una especie de conjunto de edificios pequeños. Me puse la mano de visera, para ver mejor, y entonces vislumbré a alguien, por lo que me acerqué.

-Perdona... ¿Has visto una gata negra por aquí? Responde al nombre de Nagini.

Dije una vez parada frente al hombre, bastante imponente, he de decir, ya que era mucho más alto que yo, rubio, de ojos azules, y... Sin camiseta.
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Mensaje por Emerick Mctavish el Jue Jul 28, 2011 9:06 pm
El sol del mediodía brillaba alegre sobre los cabellos largos de la joven que se acercaba, tenia un hermoso rostro que estaba turbado por la expresión de la preocupación. Paro delante mio mirándome de arriba abajo, un escalofrió recorrió mi espalda. Las mujeres tan directas me ponían nervioso.
Un gato? Pensé mientras me incorporaba, por allí había unos cuantos gatos salvajes, que solía alimentar con las sobras. Pero no creía que ninguno fuera de aquella joven tan distinguida, parecía recién salida de una boutic de la gran urbe, aunque no lo tenia muy claro, todas las mujeres me parecían muy coquetas.

-No eh visto ninguno…-. La decepción se hizo evidente en el rostro de la chica, asi que decidí hacer algo, al fin y al cabo era un Cazador, un gato urbanita no podía ser un gran reto.- lo siento… pero si quiere yo podría ayudarla a encontrar al animalillo.

Me aclare la garganta nervioso, nunca sabia como hablarles exactamente a las mujeres, era un hombre muy directo e impasible. Demasiado frio y distante, no sabia como parecer amable con ellas. Al instante me dio cuenta de que no se había presentado y que estaba semidesnudo.

-Disculpe-. Dije haciendo una leve inclinación con la cabeza.- donde están mis modales… Soy Emerick Mctavish, el maestro de este Dojo…

Me presente señalando tras de mi el conjunto de edificios de estilo japonés clásico que formaba la academia de artes marciales y la casa.
Me peiné el largo cabello rubio hacia atrás con un gesto distraído mientras miraba de reojo la piel de aquella chica, delicada y suave. No como la mia, curtida al sol y endurecida por el entrenamiento. Además de varias cicatrices en la espalda, recuerdos de su padre.

-Si deseas esperar dentro, podemos dejar algo de comida en la puerta y esperar a que el felino aparezca, y así no se quemara al sol-. Seguro que tocarla debía ser delicioso.- Todos los días aparecen varios de ellos por aquí, estará haciendo amigos…

Sonreí cómplice del gato, sintiéndome un poco como el, debía estar solo en la ciudad. El campo siempre daba ganas de salir corriendo y sentirte libre. Señale la casa con la mano en un gesto de bienvenida. Y me adentre en el cuidado jardín tapado por la sombra de varios árboles frondosos.
Abrí las puertas correderas, coloque amablemente dos cojines en el porche de madera exterior, también lleve un té helado que le ofrecí con una sonrisa a la joven. Porque hacia aquello? Supongo que pocas veces se me presentaban oportunidades de hablar con gente, y menos chicas tan guapas. Aunque si lo pensaba bien, todo aquello parecía ser una locura digna de Alicia en el País de las Maravillas.
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Mensaje por Amarantha Royston el Vie Jul 29, 2011 1:13 am
El hombre se giró hacia mí, incorporándose. Era rubio, de cabellos largos y gesto serio, aunque no parecía un carcamal ermitaño que alejaba a la gente de su casa arrojandoles piedras. Cuando me dijo que no la había visto suspiré, mordiéndome el labio. No era la primera vez que Nagini se escapaba, y en parte la comprendía, querría estar un rato sola, siguiendo su instinto cazador, y no en un apartamento en medio de una ruidosa ciudad con apestosas palomas. No iba a servir de nada que la buscara, estaba segura de que ella sabía donde estaba yo, y cuando quisiera reunirse conmigo, lo haría.

-Ah, no hace falta...

No estaba de muy mal humor, ya que si lo hubiera estado le habría mirado de mala manera y me habría girado dejándolo allí. Lo que me faltaba, estar con un humano perdida por el bosque. Él parecía nervioso, como si yo le diera miedo, pero solía ocurrirme, ya que sin darme cuenta miraba de forma algo dura a las personas, las intimidaba. Él se presentó, Emerick McTavish, yo asentí, con una pequeña sonrisa de cortesía.

-Yo soy Amy, Amy Royston, secretaria.

Negué levemente con la cabeza al decir lo de secretaria. No sabía lo que era un Dojo, pero si era un maestro, suponía que era su oficio, así que yo había dicho el mío. Miré la agrupación de edificios de estilo japonés con algo de curiosidad, en mis 298 años de vida nunca había visto nada así, al menos no en Inglaterra. Había viajado bastante, pero nunca a Japón, se podía decir que era... Bonito.

Volví la vista a él, que me estaba observando, como si nunca antes hubiera visto a una mujer, y entonces él me dijo que podíamos esperar dentro. Mi primer pensamiento fue reírme de él, hasta se me escapó una pequeña sonrisa, pero entonces recordé lo que Samuel me decía siempre: "Por mucho que odies a los humanos, no puedes permitir que ellos lo sepan".

-Ahm... ¡Claro! Muchas gracias, es muy considerado de su parte.

El hecho de que me tratara de usted me acordaba a los sirvientes de mi tio y sus invitados, allá por el siglo XIX, que me trataban como a una señorita, no como ahora, que todos habían perdido los modales. Le seguí, entrando en un jardín cuidado, parecía que Emerick tenía mucho tiempo libre, y esperé al lado de la puerta mientras él buscaba algo dentro. En algo tenía razón, a la sombra se estaba mucho mejor. El rubio sacó unos cojines y volvió a entrar, y yo me senté, sorprendida por su hospitalidad, cualquier otro me habría mandado a paseo.

-Muchas gracias.

Dije cogiendo el té helado que me ofreció al volver a salir, dándole un pequeño trago, estaba bastante bueno. Me llevé una mano al colgante de ónice, mi amuleto, que estaba inactivo, cosa que me calmaba, mientras pensaba de que hablar.

-Y... ¿Vives aquí solo todo el año?

Era una pregunta estúpida, pero no se me daba bien entablar conversaciones triviales con humanos que no conocía de nada.
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Mensaje por Emerick Mctavish el Sáb Jul 30, 2011 2:06 pm
Secretaria… pensé mientras bebía mi té helado con ganas, ya que el calor del mediodía comenzaba a picar en la piel que estuviera expuesta a el, no debía ser el oficio más emocionante del mundo, pero que podía espera de una mujer de ciudad, ellos eran así, aburridos. Aunque de alguna manera aquella chica no parecía tan sosa, sino que tenía algo interesante, parecía fuerte y resuelta.

-Es un hermoso nombre…- su pregunta me pillo de sorpresa, parecía querer entablar una ordinaria conversación conmigo, porque no? Si tampoco tenía trabajo ni en el Dojo ni para los Equites.- vivo aquí si, es mi trabajo y mi casa, esta casa la construimos mi padre y yo, hace algún tiempo, para que pudiéramos entrenar sin estar demasiado lejos del centro, aunque no se para que, no suelo acercarme allí demasiado.

Me acabe mi te de que solo quedaban los hielos fundiéndose lentamente en el fondo del vaso de cerámica verde.

-Tú también vives sola en la ciudad?-. no quería parecer un entrometido, pero hasta que no apareciera su aventurero gato no había nada mejor que hacer.- Aparte de tu pequeño amigo peludo…

Sonreí con una pizca de nerviosismo, a pesar de poder matar a alguien a sangre fría y esa misma noche dormir como un recién nacido, aun no podía relacionarme normalmente con las mujeres. Nunca había tenido una amiga, casi no me relacione con niñas cuando era pequeño, puesto que mi padre me llevaba a colegios privados exclusivos para varones. Y tampoco había conocido a mi madre… Me morid el labio inferior algo distraído en mis pensamientos.
Me levante con un salto ágil, se me acaba de ocurrir una idea, busque a ciegas debajo del porche de madera hueco, hasta que encontré con cara de satisfacción mi objetivo, unas cuantas latas de comida gatuna que escondía allí para cuando aparecían los felinos medio salvajes de los alrededores. Se las mostré a Amy con una sonrisa, no eran de la mejor calidad que podía encontrar, pero siempre servían para pobres animales como aquellos, que nunca sabias si un día morirían atropellados, peleando o de enfermedades, por lo menos que no murieran de hambre.
Abrí un par de ellas y las deje en el rincón habitual, cerca de dos enormes piedras donde algunas noches dormía algún extraviado, pero no temía que se adueñaran de la casa, eran demasiado callejeros, no deseaban el cariño de un amo ni la seguridad de una casa, sino vivir sus aventuras con su manada luchando cada día por sobrevivir, por eso me gustaban, supongo que me sentía identificado con esos pequeños gatos.

-No creo que aparezcan hasta más entrada la tarde-. Informe a Amy.- ahora estarán dormitando en algún árbol, seguramente su gato también. Así que viendo la hora que es, desearía quedarse a comer? No soy muy buen cocinero, pero le prometo que me esforzare.
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Mensaje por Amarantha Royston el Lun Ago 01, 2011 4:09 pm
¿Entrenar? Pensé al escucharle, mientras bebía un poco del vaso. El té fresco me aliviaba la sequedad de garganta y me refrescaba, cosa que agradecía con la temperatura que había a aquellas horas de la tarde. Seguramente enseñaría karate, o judo, o las dos cosas, o alguna de estas disciplinarias técnicas de defensa chinas. No estaba muy puesta en la cultura milenaria, nunca me había interesado más allá de leer un par de libros sobre sus practicas mágicas.

-Si, vivo sola en un apartamento en el centro de la ciudad.

No quise darle mucha más información sobre donde vivía, con eso era suficiente. Miré en derredor, observando la extensión de su casa, mientras me llevaba el té casi acabado a los labios. Era un lugar tranquilo donde vivir, a mi, que me gustaba estar sola, me encantaría estar rodeada simplemente por arboles y naturaleza en general, pero me había dicho a mi misma que tenía que ganar dinero a base de mi esfuerzo, y no comprar todo lo que necesitaba con la ayuda de mi tío.

Dejé el té al lado del suyo, terminado como el mío, y observé como se levantaba de un salto, sorprendiendome, y sacaba algo de debajo de donde estabamos sentados, comida para gatos, más exactamente, para atraer a Nagini. Podía resultar de ayuda, aunque dudaba que la gata tuviera hambre, era una excelente cazadora, al igual que su dueña.

-Oh, no tienes porqué cocinar por mi...

Dije sorprendida por su invitación. Nadie antes me había invitado a su casa, si algún que otro compañero de trabajo a cenar fuera, ofertas que había rechazado, pero no de aquella manera.
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Mensaje por Emerick Mctavish el Dom Ago 07, 2011 12:38 am
Amy, la secretaria, parecía algo incomoda, así que salte sobre el césped con una sonrisa tranquilizadora, a pesar de que yo podía estar mas nervioso que ella misma. Aquel día me había levantado de buen humor, aunque mi cocina no era muy buena, Charlie la odiaba, menos el sushi, era la única cosa que me salía rico.
Entre por una de las puertas correderas invitando a Amy a entrar, ella me siguió dudando, la sala era el comedor principal, era una de las mas grandes, tenia varias mesas alargadas donde los alumnos comían, la dirigí a la mas lejana de la salida, junto al arco de madera que separaba la estancia de la cocina abierta que se podía ver perfectamente desde allí.

-Espero que te guste la comida japonesa, es mi especialidad.- le dije desde el otro lado de la sala, donde el agua ya estaba calentándose en el fuego.

Mientras tanto abrí la nevera apoyándome en ella y mirando hacia el interior.

-Que preferirás beber? Tengo mas té helado, vino blanco, refrescos y muchos zumos.- todos los niños bebían batidos de frutas y zumos para recuperar la energía perdida durante la mañana.- sírvete tu misma, los vasos y copas están aquí…

Abrí unos de los estantes de arriba dejando a la vista la brillante cristalería, mientras sacaba del congelador el pescado congelado que me reservaba para momentos importantes, aquel no era uno de los mas importantes, pero ya que la chica se había tenido que quedar por obligación al menos podrían comer algo decente.
Corte limpiamente el pescado, haciendo alarde de mis habilidades con el cuchillo, el arroz ya se reblandecía en el agua hirviente que se evaporaba saliendo por la ventana entreabierta. Quería darle conversación a la invitada pero realmente no sabia muy bien que decir.

-Realmente siento lo de tu gata…
- la charla informal no era mi especialidad.- espero que vuelva pronto… y bien, cuéntame algo de ti.

La mire sonriendo amable mientras volcaba el arroz en el escurridero, tenia la mezcla de aceites y hierbas aromáticas preparadas asi que solo tenia que juntarlo todo, montarlo y enrollarlo con las finas tiritas de algas negras. Lo serví sobre la mesa junto con palillos de cerámica y un poco de sake caliente.

-Que aproveche-. Cogí un pedazo para probarlo, realmente me había salido bueno.
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