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Sacria D. Aurea

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Mensaje por Sacria D. Aurea el Vie Jul 29, 2011 6:03 pm

Sacria Deum Aurea
" Protegat me Deus meus."



Datos Basicos


Nombre Completo:
Sacria Deum Aurea

Edad Real y Aparente
370 reales; 40 aparentes.

Nacionalidad
Británica

Grupo
Noctem Aeternus

Rango
Sight

Actividad
Comerciante y asidua donante a la abadía de Westminster junto con otras iglesias menores.

Orientación Sexual:
Asexual / Homosexual reprimida

Datos Descriptivos

Descripción Psicologica
Podrá ser astuta y voluntariosa, pero ante todo es una criatura ambiciosa, capaz –sino de hallar la forma- de pasarse toda su existencia ideando un mecanismo capaz de mover montañas con tal de cumplir sus objetivos. Implacable, es una defensora absoluta de las palabras de Maquiavelo: “El fin justifica los medios”. Aunque, desde luego, sólo aplicándose a sus propios fines. Convencida de sí misma cree que su voluntad a largo plazo beneficiaría a todo quien quisiera ser beneficiario. Y, error aun mayor, en ocasiones puede confundir su voluntad con la auténtica “voluntad de Dios”. Contemplado así, cualquier opinión en contra por leve que sea bien podría ser oprimida sin consideración alguna.
Su fanatismo religioso va más allá de lo comprensible: parte de la certeza de que Dios está allí, sólo para ella, y que tiene una misión reservada para ella –cualquiera sea su voluntad-. Cualquier hecho positivo es reconocido como una “señal divina”, cualquier desgracia un pequeño recordatorio de que no debe desviarse del camino señalado y su mismo poder un medio de comunicación con el Altísimo, y un privilegio para sí. De la misma Iglesia que masacró a tantos inocentes y culpables, ella es la defensora aunque tergiversando algunos detalles a su favor y por tanto a los de su Señor. Decididamente, algunas costumbres nunca cambian.
Puede ser bondadosa aunque no caritativa así como puede ser objetiva aunque no cruel. O talvez no. En realidad, Sacria bien ha recurrido –y probablemente lo seguirá haciendo- en más de una ocasión, siempre bajo el pretexto de obtener un bien mayor. Lamentablemente, en ocasiones ni ella misma puede ver claramente si esto es verdad o no.
En materia de afectos estos definitivamente no son los suyos. El ideal de maternidad sólo ha tocado su puerta en ocasiones, aunque nunca para quedarse y del matrimonio ni hablar. En cuanto a éste último aspecto se debe hacer hincapié en que no rechaza el matrimonio por una cuestión de religiosidad –al menos no es esta la causa principal- sino que sencillamente jamás se ha sentido atraída por los hombres. Ha llegado a admirarlos, desde santos hasta genios o sencillamente personas con voluntad de hierro, pero de allí a encontrar cualquier tipo de atracción física más allá de desear darles un abrazo reconfortante sencillamente jamás ha habido. En cuanto a las mujeres, prefiere no pensar al respecto. Las amistades tampoco son un aspecto común en ella, los dedos de una sola mano le son suficientes para enumerar todas las amistades auténticas que a mantenido a lo largo de más de tres siglos. En realidad es un poquitín triste. Sin embargo, las relaciones donde dos partes se benefician –o una discretamente a costa de la otra- sí han sido muy numerosas a lo largo de su vida, y probablemente éstas mismas son las que se confunden con la amistad que por cierto no existe.
Es leal y hasta noble, pero todo hasta cierto punto. En realidad es voluble y tan confiable como la nieve, que cambia su dirección de descenso conforme la dirección del viento varía. En líneas generales, si tienes algo que ofrecerle será de lo más confiable. Si por el contrario no es así, acabas de meterte en la boca del lobo.

Gustos
La lectura, ya sea de novelas o de investigaciones, es algo que le apasiona: atesora los conocimientos que obtiene de cada una de ellas. Las representaciones teatrales también se llevan gran parte de su tiempo libre. Los servicios religiosos son de su agrado también, aunque considera que con el tiempo han perdido el rigor y actualmente ya ni asiste a ellos; prefiere realizarlos en privado, lejos del bullicio. Y, aunque le apene admitirlo, con el tiempo ha sido permisiva consigo misma y se ha permitido vestir algunos hilados finos y llevar consigo joyas valiosas, generalmente con motivos religiosos. De más está decir que estos pequeños detalles le agradan.

Disgustos
Las faltas de consideración y de respeto a sus ojos son casi como auténticos pecados. La ignorancia, por el contrario, es algo que le desagrada pero que de todas formas está dispuesta a perdonar. Que frustren sus planes sin duda inspira odio en ella, así como que se les reste importancia: eso demuestra –según ella, claro- un punto máximo de ignorancia que difícilmente merece perdón. Y, por supuesto, detesta los alborotos.

Miedos/Fobias/Debilidades
Quizás su mayor miedo pueda parecer un poco irreal, pero la idea de que su Dios no respalde sus métodos para actuar le convierte la sangre en hiel. La idea sólo se ha presentado en sus peores pesadillas, pero no por eso se convierte en una amenaza menos real. Pero el peor de los castigos, sin duda, sería que para los demás hechiceros quedara a ojos vista su falta de respaldo divino. De todas formas ella se negaría con toda su alma a permitir que semejantes cosas ocurrieran.

Hobbies/ Manias
Controlarlo todo. No puede soportar la idea de que las cosas escapen a su control –las cosas que son de su interés, desde luego- y mucho menos que sus planes se vean frustrados.


Enfermedades
Poseé un cuadro anémico no tan leve como gustaría esperar, que no se ve demasiado beneficiado ante los ayunos que ella se impone a sí. De cualquier modo, es algo controlable.

Datos Biograficos

Familia
De su familia consanguínea poco y nada ha sabido. Es cierto que con algo de esfuerzo y dedicación bien podría haber descubierto mucho sobre ellos, pero debe entenderse que jamás se sintió interesada por encontrarlos, pues para ella siempre fue evidente que nunca la amaron. Sin embargo, pudo encontrar algo de contención dentro de la Iglesia y naturalmente una persona se destacó de entre todas: la abadesa Angela. Ella fue quien la encontró y quien decidió hacerla parte de la Iglesia desde pequeña, asegurándole su subsistencia y su secreta predilección por entre el resto de mujeres. Era una mujer piadosa y valiente, pero por sobre todas las cosas responsable y amorosa; fue lo más cercano a una madre que Sacria jamás tuvo. Sin embargo, también era una mujer un poco manipulable y finalmente esto fue lo que le costó su cargo y, posteriormente, su deserción de las tierras inglesas.

Historia
Generalmente, al contar una historia se comienza desde el principio; desde los aspectos más básicos de la persona en cuestión: la familia. Para Sacria jamás hubo familia que valiera. Pero, afortunadamente, pudo encontrar algo bastante similar.
De su concepción es imposible saber algo: si su madre era una campesina desesperada o una cortesana aun más, todo es un misterio. Pero, algo evidente hoy día, es que la magia corría por sus venas. Noble estirpe o mestiza, otra incógnita más, aunque los hechos nos harían tomar una postura más inclinada hacia la segunda posibilidad. De todas formas para las Hermanas siempre fue identificada como un regalo de Dios.
Dio la casualidad una fría tarde de invierno que la abadesa de un monasterio femenino, de regreso a dicho monasterio, diera unos minutos de descanso a su caballo para que pastara. Era una mujer que no albergaba temor a nada, desde luego, salvo a la ira divina, y quizás únicamente por ello decidió hacer semejante cosa. Porque a pesar de su jerarquía estaba sola en pleno claro, y era una mujer. De cualquier forma, nada malo le ocurrió en aquella ocasión.
Fue extraño en ese momento –mas tarde se diría a sí misma que simplemente había sido una casualidad, y que más que divina se había tratado de una situación vulgar- pero de repente su caballo dejó de pastar para dirigirse hasta unos arbustos bastante poco apetitosos. La abadesa no les prestó atención hasta que momentos después los arbustos comenzaron a chillar y a lloriquear como si de una pequeña criatura se tratara. La abadesa, alertada tras unos segundos de sorpresa, corrió hacia la zona señalada. Y, tras ver a la pequeña bebé envuelta en un pedazo sucio de tela, se produjo el primer “milagro” en la vida de la abadesa.
La pequeña fue recibida en el monasterio de muy buen grado por todas las Hermanas; cada quien tenía un pequeño toque maternal que ofrecerle. Sin embargo, quien más devoción hacia ella sentía –y quien más trataba de ocultarlo, infructuosamente por cierto- era la abadesa Angela, aquella mujer que la había salvado. La niña era la mascota del monasterio y en poco tiempo todas, novicias y monjas, se convencieron de que era un auténtico regalo del Cielo. Y la abadesa Angela, de que la pequeña tenía una misión.

-Madre Angela…-la niña parecía preocupada. Lo que estaba a punto de decir significaba para ella aun más que una confesión.
-¿Hija mía?-la abadesa se mostró receptiva, como siempre. Pero ella también podía presentir lo grave del asunto.
-Volví a soñar con eso.

Era la criatura más mimada del templo, y también su protegida: nada podría afectarla. Pero cuando empezó a prevenir hechos futuros, algunas religiosas no pudieron evitar inquietarse. De cualquier manera, la abadesa se ocupó de ocultar semejantes cosas y pronto todo quedó en el olvido casi total. Pero la abadesa estaba preocupada, en una época donde el papel de la Inquisición parecía estar llegando a un punto cúlmine de la historia. ¿Y si su pequeña –porque así pensaba en ella en secreto- era acusada por brujería, aun a sus apenas diez inviernos vividos? La abadesa se prometió protegerla hasta que la muerte se lo hiciera imposible. Y un día la muerte llegó.
A pesar de todo Angela había logrado mantener a Sacria siempre a salvo, oculta bajo las sombras de su iglesia y tras los pliegues de su túnica. Sacria se había convertido en la hija que nunca había concebido y ella en la madre que nunca la había amado: sería inevitable que llegado el momento de acabar con la relación madre-hija ambas partes sufrieran. Sin embargo, al terminar de una manera más brusca de las naturalmente posibles, la situación tomaría un tinte totalmente distinto.
Era irónico que eso sucediera. ¿Una abadesa, acusada de cometer actos de brujería? En su afán por proteger a la joven Angela había olvidado el preocuparse por sí misma, y también obtuvo unos cuantos enemigos dentro de la corrupta Iglesia. Jamás llegó a ser quemada en una pira frente a una multitud de campesinos, pero sin duda se vio obligada a desertar su adorada patria inglesa.
Sacria, aun novicia, se encontró de pronto sin el apoyo del principal pilar de su vida y, lo peor de todo, ahora ella misma era quien estaba experimentando cambios. Sacria temía por sí misma, por aquellas visiones que tenía y por su propia alma: era una bruja. Ahora, ya más que adulta, recordar aquello le produciría cierta gracia, pero en ese entonces nada podría haber estado más alejado. Al convertirse en monja pidió un traslado. Pasados unos años abandonó los hábitos de manera permanente, aunque nunca olvidando lo que con ellos había aprendido.
El número de inviernos vividos pasó a ser demasiado grande, irreal para el aspecto juvenil que ella siempre presentaba. Sacria tuvo que vagar por distintos pueblos e incluso naciones, pero finalmente encontró un pequeño grupo afín a ella, con sus mismas debilidades aunque con distintas ideologías. Para Sacria fue un alivio de otros “bendecidos” –pues en un principio se negaba a considerarse a sí misma como una bruja- pero finalmente tuvo que dejar de depender de ellos. Ellos eran sencillamente vengativos. Sacria también, a no dudarlo, pero no encontraba alivio alguno en retribuir a un puñado de campesinos inocentes lo que ellos mismos le habían hecho a otros seres mágicos. Para ella, la venganza sólo podía tener lugar en un momento determinado, y ese ya había pasado. Sólo que quizás en el futuro podría haber uno nuevo.

-¡Pero mira lo que han hecho! Merecen ser castigados.
-Eso es inútil.
-¿Acaso los perdonas, después de todo?
-Por supuesto que no. Pero ya es demasiado tarde para actuar.


Vagar, vagar y vagar, pero finalmente encontró lo que estaba buscando…o algo ligeramente similar. El Noctem Aeternus parecía ser una respuesta algo distorsionada a sus plegarias. Sin embargo no era perfecta, o al menos no tenía ese tipo de perfección que ella misma había imaginado. A sus ojos, necesitaba una mejor dirección y si bien con el paso de los años nunca consiguió ningún puesto de relativa influencia en ella, sus intenciones, su obsesión controladora, jamás disminuyeron. Pero con los años también se le volvió evidente a sí misma que debería buscar una nueva forma de actuar, en busca de que una posición pasiva y obediente jamás le había rendido los frutos esperados.
Para ella, el momento de la venganza ha llegado. Antaño, ya era demasiado tarde: la Inquisición había terminado tan rápido como había comenzado. Sin embargo, la situación actual es totalmente distinta a sus ojos, pues los ataques hacia hechiceros están en pleno apogeo. Es el momento de defenderse de los atacantes y de atacar a quienes osan no defender a los hechiceros. Y, tambien, es el momento de cambiar el pensamiento de los restantes hechiceros.

Otros Datos
† El nombre que se le dio en la Iglesia no fue ninguno tal como “Sacria”; de hecho ella recuerda vagamente algo similar a Danielle o Diane; hoy día le es imposible estar segura. Sin embargo la necesidad de cambiar periódicamente de nombre para guardar cierto anonimato en sus viajes de ciudad en ciudad provocaron que finalmente debiera elegir un nombre para sí misma. Y ya conocen el resultado.
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Mensaje por Jordan O. Stevenson el Vie Jul 29, 2011 6:15 pm
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Recuerda pasarte por los registros y, lo principal, se activa y diviértete.
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