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Un momento de quietud {Diarmaid O'Dowell}

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Mensaje por Dorchas M. Branwen el Vie Jul 29, 2011 7:05 pm
Se movía por las callejuelas de la ciudad como si fuera su territorio y en cierta manera lo era. La noche había caído en el Otro Lado, tras el Velo que los separaba del mundo de los humanos, pero la vida seguía presente. Era cierto que muchos dormían, pero para otros tantos comenzaba la jornada laboral. Esa tarde noche Dorchas no estaba de “guardia” sino que iba a uno de los lugares que más le gustaban por su tranquilidad… o por la falta de ella, según la noche. Necesitaba el ambiente del “Roble Rojo”, necesitaba ver que la vida continuaba, escuchar las risotadas de los hombres, las canciones de los Bardos, oler la cerveza, saborear un buen cuerno de hidromiel. Necesitaba sentir la vida puesto que llevaba meses alejada del lugar que consideraba su hogar enfrentándose a las sombras más oscuras y saboreando a cada paso la muerte.

Antes de llegar incluso al Roble Rojo pudo escuchar el ajetreo de la gente, la música que llegaba de su interior. Se detuvo entre las sombras a unos pasos. Eran apenas las ocho de la tarde noche, en realidad había todavía claridad en el cielo y no había oscurecido del todo, pero se sentía en su elemento. Vestida con unos pantalones negros y una camisola del mismo color, además de finas botas que no hacían ruido, Dorchas pasaba prácticamente desapercibida en esa posición. Pasó allí unos minutos, lo suficientes como para ver cómo echaban a un hombre que ya se encontraba ebrio y cómo entraban algunos miembros de la milicia. Suponía que antes o después todos terminaban pasando por allí. Era un buen lugar de reunión, para descansar, para conocer noticias. Además de ser un buen lugar para comenzar una aventura.

En ese momento la aventura que Dorchas necesitaba era sencilla: hidromiel y quizá una habitación dónde dormir unas horas. Podría hacerlo en su habitación, cierto, pero la verdad es que no le gustaba demasiado seguir unos mismos caminos cada día. Con estos pensamientos se separó de la pared, fue entonces cuando escuchó el gruñido de su estómago e hizo una mueca: de acuerdo, también necesitaba algo para comer. Al entrar en el lugar no se hizo el silencio como uno pudiera imaginar sino que cada cual siguió a lo suyo. El nombre de la Sombra del Rey no era conocido y mucho menos su rostro, al menos hasta que llegaba el momento de dejar aquel mundo. Los pasos silenciosos de la mujer se acercaron hasta la barra donde se encontraba el Fae que regentaba el lugar.

Hidromiel y estofado.

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Mensaje por Diarmaid O´Dowell el Vie Jul 29, 2011 7:40 pm
Hacía una semana que había cruzado el portal, había perdido la cuenta de las veces que lo había hecho, para asentarse en la ciudad de los humanos llamada Londres. La primera para del plan de los Fae era la de obtener toda la información posible sobre los Equites, aunque sabía que muchos de los suyos querían aniquilar a la humanidad entera, y era eso a lo que se había dedicado durante esos siete días. Claro que tampoco debía olvidar su deber de proteger al príncipe, ahora todavía más desde que asesinaron a los reyes, por eso pasaba algunas horas con él por mucho que se negara.

Sin embargo aquel día, o más bien aquella tarde, volvió a cruzar al Otro Lado al darle permiso Patrick. En su casa de Londres, antes de marcharse, se despojó de la ropa humana que llevaba puesta, unos pantalones que llamaban tejanos y una camiseta oscura, y se encaminó al armario donde tenía su verdadera ropa. En esta ocasión se decidió por un jubón gris pálido y unos pantalones del mismo color con un cinto que sostenía a Viehla. Una vez llegó a su ciudad natal tomó una buena bocanada de aire limpio, el de la ciudad humana apestaba a humo, y esbozó una amplia sonrisa al estar en casa.

Alzó la mirada al cielo que empezaba a oscurecerse tomando un tono violáceo y caminó rumbo al "Roble Rojo”. A esas horas no podía visitar a su familia, conociendo a su padre seguro que se molestaría, por lo que lo dejaría para el día siguiente. Además la taberna de noche era cuando mejor estaba con las historias de los bardos inundando el local acompañados por sus instrumentos. Cuando entró la música llegó a sus oídos, su piel sintió el calor de las chimeneas y la que desprendía el cúmulo de gente, y a sus fosas nasales llegó una mezcla del olor a cerveza, hidromiel y comida que caracterizaba al local. Miró a un lado y al otro pero no reconoció a nadie en ese primer vistazo así que se encaminó a la barra, colocándose al lado de alguien que vestía de negro pero que no reconoció de momento.

- Hidromiel, por favor.- le pidió al camarero, cortés.
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Mensaje por Dorchas M. Branwen el Vie Jul 29, 2011 8:44 pm
¿Cuánto tiempo había estado allí delante de la barra? No demasiado, aunque sí el suficiente como para haberse terminado el plato de estofado que le habían puesto delante. Quizá fuera porque tenía hambre, la verdad es que sus horarios de comidas se reducían básicamente a los momentos en los que su estómago se quejaba. Sabía que tenía que nutrir su cuerpo, alimentarse, pero en cierta manera únicamente lo hacía en momentos excepcionales. Dio un sorbo a la hidromiel notando el sabor en los labios y relamiéndose después mientras que a su alrededor la vida continuaba, seguía moviéndose como si nada. Como si no supieran que la muerte podía rozarlos en cualquier momento. Menos mal que estaba de buen humor.

Su concentración se volvió hacia el arpa de un bardo que se encontraba delante del fuego contando una historia mítica, relacionada con la Fianna. La Fianna eran unos guerreros celtas que supuestamente habían luchado hacía mucho tiempo y habían desaparecido. Los Fae sabían que si había sido así era porque habían pasado al Otro Lado. Estaba atenta a la leyenda que cantaba, una leyenda que todos conocían pero que aun así gustaba por igual a todos los que se encontraban allí. Fue entonces cuando notó una presencia conocida y volvió el rostro justo en el momento en el que habló el hombre que se había puesto a su lado. La seguridad del Guardia Real, el cabello oscuro, los ojos negros, le dijeron exactamente quién era aunque no fuera con el uniforme. Habían estado luchando demasiadas veces hombro con hombro, habían pasado por demasiadas cosas como para que se le pasara desapercibido.

Diarmaid. —comentó girándose para que la viera apoyando el codo donde tenía el cuerno con el hidromiel en la superficie pulida de madera mientras le miraba. Era extraño, pero con él no utilizaba el apellido como solía hacer con prácticamente todas las personas con las que se cruzaba. Siempre había sido Diarmaid. Le miró por un momento, de arriba abajo, asegurándose que estaba bien. Había escuchado rumores que se pasaba bastantes temporadas en el Londres humano para poder solventar los problemas que se les había venido encima. — Me alegra verte, no esperaba encontrarme con nadie conocido esta noche, ¿cómo te encuentras?

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Mensaje por Diarmaid O´Dowell el Sáb Jul 30, 2011 7:07 pm
El tabernero sirvió el hidromiel en un cuerno, tal y como se servía la bebida ambarina, dejándolo luego frente al Guardia Real. El hombre fue a hablarle puesto que conocía a Diarmaid desde que entró en la milicia y se convirtió en un asidúo parroquiano del "Roble Rojo" junto a Dorchas y Frederick, aunque también había venido alguna que otra vez con Norand, sin embargo una voz femenina lo interrumpió y provocó que el caballero se girara. La persona que vestía de negro y que se encontraba a su izquierda no era otra que su amiga, y compañera de armas, Dorchas Branwen. El cabello azabache de la mujer lo seguía manteniendo corto y contrastaba con su piel blanca. Sus ojos esmeralda observaban a Diarmaid empezando por los pies hasta llegar a los orbes oscuros del Fae, estaba seguro que uno de los novatos de Mortimer sería presa de un sudor frío ante tal repaso.

- La verdad es que yo tampoco lo esperaba pero veo que las viejas costumbres no cambian.- comentó esbozando una agradable sonrisa, haciendo referencia a las inumerables veces en las que habían ido al "Roble Rojo".- Estoy bien dentro de lo que cabe en estos tiempos tan revueltos y tan sólo es el principio.- contestó a su pregunta adoptando una expresión más seria para luego llevarse el cuerno a los labios. El moreno mantuvo el líquido ambarino unos segundos en su boca para saborear aquella bebida que hacía un tiempo que no probaba. En el mundo mortal no conocían el hidromiel y en su estancia en Londres sólo había probado la cerveza pero no era tan buena como la del Otro Lado.- Como ya sabrás he estado al otro lado del portal. No te imaginas las cosas que pueden hacer los humanos sin el uso de la magia.- muchas de sus invenciones eran para mejorar su calidad de vida pero otras estaban diseñadas para la guerra, una guerra en la que nosotros éramos sus rivales.

Diarmaid ladeó su cuerpo en una pose más cómoda ya que la conversación con Dorchas iba a ser larga o por lo menos lo esperaba. No recordaba exactamente cuanto hacía que no se veían pero estaba seguro que hacía mucho tiempo de eso, y mucho más que no se reunían los tres antiguos compañeros de milicia. Al observar que el plato de comida que tenía la Sombra delante estaba vacío asoció que su cuerno estaría igual así que llamó al tabernero.- Llénale el cuerno a mi compañera.- ordenó con un tono suave pero seguro, ese tono que le caracterizaba y a la vez le diferenciaba de Mortimer.- Ahora dime, Dorchas. ¿Qué tal te ha ido a ti?- le preguntó curioso por lo que le había ocurrido en todo este tiempo a ella.
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Mensaje por Dorchas M. Branwen el Sáb Jul 30, 2011 7:36 pm
Mortimer y Diarmaid eran como la noche y el día. El Guardia Real siempre terminaba que la Sombra se relajara en su presencia puesto que sabía que su honor le impediría lanzarse hacia su yugular en cuanto se girara. Era cierto que tenían discusiones, era verdad que muchas veces habían luchado ya no codo con codo, hombro con hombro, sino el uno frente al otro, pero siempre habían terminado volviendo a momentos como aquel. Eran esos momentos cotidianos que Dorchas tanto echaba de menos. Todo el mundo parecía que se olvidaba de que ella también necesitaba aquello: un estofado, un cuerno con hidromiel, una taberna, música y una conversación. En ocasiones parecía que todo el mundo se olvidaba de que era de carne y hueso. En ese momento se movió para poder ponerse de medio lado apoyando el codo en la superficie de madera con comodidad para poder ver a Diarmaid. Se había situado de tal forma que su espalda daba hacia una de las paredes del lugar por donde sería difícil que alguien le atacara por la espalda.

Estuve esta mañana con Mortimer, me mostró todo lo que había descubierto, debe ser muy extraño.—el tono era suave mientras le miraba con el ceño por un momento fruncido. — Parece que todo ha cambiado tanto que es difícil acomodarse, aunque tengo la intención de cruzar en cuanto pueda. Quiero ver con mis propios ojos lo que hay allí, acodarme y conocerlos.—fue entonces cuando Diarmaid pidió que la rellenaran el cuerno y asintió brevemente, observando cómo el ambarino líquido llenaba de nuevo la cavidad. — Gracias— aunque el agradecimiento no terminaba de formularse como una realidad mientras miraba al tabernero antes de volver a clavar sus ojos en el moreno. — Estuve en las tierras del Este, cerca de Tyuaran cumpliendo con la última de las misiones del Monarca. Ya sabes que la casa Tyaur no apoyaban al Rey, estaban buscando una excusa para levantarse en armas, así que tuve que disuadirlos de que lo intentaran.—no había emoción en sus palabras, ni placer, solo estaba relatando una realidad. Miró a Diarmaid con gesto pensativo porque había temas que sería mejor que relataran en un lugar más privado. — Busquemos una mesa apartada y hablemos con comodidad, hay asuntos que me gustaría preguntarte que me temo que no son para todos los oídos si no te importa que hablemos de asuntos más serios, por supuesto.

Si no hablaban ahora, deberían hacerlo más adelante. La Sombra sabía que el Guardia Real estaba allí como Diarmaid, no como tal, que necesitaría seguramente desconectar de todo para poder seguir hacia delante con todos sus quehaceres, pero se moría por preguntarle cosas, por saber qué opinaba él, por zambullirse un poco en la tranquilidad que para Dorchas significaba el moreno.
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Mensaje por Diarmaid O´Dowell el Dom Jul 31, 2011 12:00 am
La sociedad Fae encasillaba a los miembros de la milicia como meros instrumentos de muerte, una espada que aniquilaba a todo aquel que se atrevía a enfrentarse a ellos. Pero la realidad era otra muy diferente. Detrás de la armadura se encontraba un hombre, o una mujer, que empuñaba su arma para proteger a su pueblo, personas que sentían y padecían igual que cualquier Fae. Diarmaid sabía diferenciar esos dos aspectos de la milicia y por ello era querido entre los suyos.

El moreno escuchó lo que dijo su compañera sobre la información de Mortimer, el General había hecho bien su trabajo como ya era sabido.- Sí, son extraños pero a la vez fascinantes. Sé que no eres del tipo de persona que se contenta con lo que le narran, prefieres vivirlo en tus carnes. Sólo puedo decirte que tengas cuidado y que tienes mi casa de Londres si la necesitas.- sabía que Dorchas se cuidaba muy bien ella sola pero desde la muerte de Norand no quería asistir al funeral de ningún otro amigo. Escuchó atento a su relato de lo uqe había ocurrido en ese tiempo en el que no se habían visto. Conocía lo ocurrido con la casa Tyaur como también era consciente que el envío de la Sombra era la mejor opción. Si hubieran enviado al ejército estarían delante de una guerra civil en el momento menos indicado pero en éste caso. El uso de la violencia a veces era la mejor solución entre las peores.- No me importa en absoluto. Además si vas a cruzar al otro lado tendrás que saber ciertas cosas.- se encogió de hombros y le hizo una señal con la cabeza hacia la zona de las mesas.- Ve a por una mesa libre, ahora te sigo.- dio otro sorbo a su cuerno y lo dejó en la barra esperando que ella lo llevara hacia el lugar que eligiera, mientras se ocuparía de que a los oídos curiosos les fuera más difícil enterarse de lo que hablarían a partir de ahora.

- Bardo, canta la historia de Irieth la doncella guerrera.- le pidió dándole una monedas de oro. Esa historia, que trataba de la lucha de una dama contra todo tipo de seres malignos para vengar la muerte de su amado, era lo suficientemente ruidosa como para fastidiar a los curiosos.Una vez el bardo empezó a cantar y a tocar su instrumento Diarmaid se dirigió a la mesa donde estaba sentada Branwen.- Bien ya podemos empezar. Pregunta lo que quieras, Dorchas.- hablando con un tono normal que era silenciado por la música pero pronunciando bien cada palabra para facilitar la comprensión de su interlocutora.
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Mensaje por Dorchas M. Branwen el Dom Jul 31, 2011 12:38 am
Tranquilidad, bendita tranquilidad. Era como el ojo del huracán el estar con Diarmid. Pocas personas tenían en realidad ese efecto sedante en Dorchas. Le ocurría lo mismo cuando estaba ceca de Lenne. Era como si al estar cerca de personas que eran de buen carácter, bondadosas, llenas de luz, aplacar en cierta manera las sombras que amenazaban con devorarla cada día. Era como si sedaran esas ansias de sangre que en ocasiones se instalaban en su interior y que le hacían moverse de manera continua para buscar el siguiente lugar, la siguiente víctima. Los labios de la mujer incluso se curvaron en una sonrisa al escuchar las palabras del Fae que tenía delante. Estaba claro que Diarmaid la conocía mucho más que la mayor parte de la gente.

Gracias Diarmaid, lo tendré en cuenta, aunque al final tendré que hacerme también yo con algún sitio en ese lugar, no me gusta aprovecharme de vosotros.—con aquellas palabras le indicaba que también Mortimer le había dicho lo mismo. Ambos sabían que Dorchas no estaba mucho tiempo en un mismo lugar, por lo que quizá antes o después tendría que aceptar la hospitalidad de Diarmaid. La hospitalidad era algo que estaba muy presentes para todos los Fae, era algo imprescindible, algo fundamental como sucediera con las antiguas sociedades humanas. Asintió con suavidad mirándole a los ojos. — Hasta ahora entonces.

Tomando el cuenco recién llenado con una mano se movió entre las mesas dirigiéndose hacia uno de los rincones. Aunque la mesa no estaba vacía en ese momento, sino que había un hombre con una mujer en el regazo no hizo falta más que una mirada de la mujer de negro para que se levantaran y se dirigieran hacia otro lado. Dorchas podía ser bastante terrorífica cuando se lo proponía. Dio un trago de su cuerno paladeando el hidromiel mientras se movía para sentarse en una de las sillas dando la espalda al rincón donde no había nadie que pudiera atacarla. Desde ese puesto privilegiado pudo ver cómo el Guardia Real hablaba con el bardo y pronto una conocida tonada ahogó prácticamente el resto de los sonidos de la taberna.

Muy buen pensado, Diar, así no habrá oído que nos escuche.—sonrió de medio lado mientras dejaba el cuerno sobre la mesa con cuidado y apoyaba los codos en la mesa echándose hacia delante para pode mirarle a los ojos. — ¿Qué es lo que ha pasado? Quiero decir… Mortimer me ha dado su versión, pero quiero escuchar también la tuya e incluso iré a hablar con el Príncipe en cuanto tenga ocasión.
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Mensaje por Diarmaid O´Dowell el Dom Jul 31, 2011 6:24 pm
Diarmaid asintió cuando la Sombra habló por última vez, por mucho que el Fae hubiera ido a la taberna a despejarse de esa semana de trabajo le debía una explicación a Dorchas al correr por ella la sangre de la familia real. Antes de empezar su relato tomó un pequeño sorbo de su hidromiel para humedecer sus labios mientras que el ambiente se inundaba de una tonada alegre y con un ritmo rápido, el bardo narraba la boda de Irieth y Kityan.

- Lo mejor es que empecemos por el principio aunque yo no estaba presente cuando ocurrió. Como sabes mi deber como Guardia Real es encargarme de la protección del príncipe, en cambio mis otros compañeros se ocupan... se ocupaban de la salvaguarda de los reyes.- se corrigió, todavía no se había acostumbrado a la muerte de sus monarcas.- El día que ocurrió la matanza el príncipe y yo no nos encontrábamos en el castillo, fuimos con unos nobles a cazar.- siempre había pensado que existían otras actividades más productivas que cazar por diversión pero él nunca se metía en esas cosas abiertamente.- Cuando volvimos nos enteramos que habían atacado la ciudad y asesinado a los reyes.- justo cuando pronunciaba esas palabras la música cambió a una estridente mientras el bardo narraba la entrada en escena del hechicero Drythas y sus demonios.- Un conciudadano que sobrevivió al ataque había oído que nuestros enemigos se referían a ellos mismos como Equites. Ese grupo de humanos venían del portal por lo que aprovechando que su barrera estaba debilitada lo cruzamos nosotros también.

Diarmaid terminó la primera parte de su historia con expresión seria, narrar ese episodio no era fácil para él. Aunque no lo diría abiertamente se sentía culpable por no haber podido evitar una masacre de tal magnitud. Esos malditos Equites lo pagarían con la muerte, cada uno de ellos.

- Todavía tengo que reunirme con Frederick para saber que ha descubierto él sobre esa organización secreta.. Ni siquiera el resto de humanos conocen su existencia pero un grupo reducido de hechiceros, divididos entre ellos, que combaten contra ellos. Supongo que todo esto ya te lo habrá explicado Mortimer.- explicó antes de pasarse una mano por su cabello.- Antes te mencioné que los humanos habían creado artefactos no mágicos, algunos de ellos mortales. El que más debemos temer son las que llaman armas de fuego. Hay de muchos tipos, algunas pequeñas que se manejan con tan sólo una mano, otras más largas y con mayor rango que tienen que sostener con dos manos. Todas utilizan como proyectil unas piezas de metal frío y algunas de ellas una ráfaga de éstas. Al accionarlas provocan un fuerte ruido pero se les puede colocar otro artefacto que las silencia.- la visita a la armería había sido muy útil para comprender más de esas armas.- Sin embargo poseen otras armas peligrosas, no tenemos que subestimarlos como seguro que hace Frederick.- le conocía bastante bien para saber que los habría infravalorado.- De momento estamos obteniendo información antes de empezar a actuar.- finalizó su explicación esperando las preguntas de Dorchas.
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Mensaje por Dorchas M. Branwen el Dom Jul 31, 2011 9:10 pm
Dorchas simplemente le miró. Observó sus gestos, notó su dolor al no haber podido estar en la ciudad. Y su ira fue acrecentándose a medida que le escuchaba hablar. No contra él. La Sombra no echaba la culpa de lo sucedido a la Guardia Real. ¿Quién se hubiera imaginado que seres del otro lado hubieran podido atravesar un portal que llevaba siglos inactivo? ¿Quién hubiera pensado que serían tan estúpidos como para poder llegar hasta Palacio? No, nadie lo hubiera imaginado. En cierta manera se esperaban ataques internos, no del exterior. Debía reconocer que el ataque de aquellos Equites parecía estar bien sincronizado, aunque algo le decía que había sido todo más un producto de suerte que algo que hubieran premeditado con anterioridad.

La música, el ruido, las risas, las conversaciones que había en el Roble Rojo se habían quedado en un lugar apartado, en un segundo y maravilloso segundo plano mientras miraba a Diarmaid escuchando sus palabras. Eran como ecos secundarios de una conversación que le interesaba mucho más. Ante la mención de las armas de fuego frunció el ceño, en parte con curiosidad, en parte porque podía hacerse una pequeña idea —no mucha, a fin de cuentas solo podía compararlo con los arcos o las balletas— del alcance que podrían tener. Dorchas prefería el ataque cuerpo a cuerpo, siempre lo había hecho, aunque quizá en su tácticas no hubiera el honor que habría en una lucha con espada tal y como hacía Diarmaid.

Aun así, el ataque a larga distancia no le terminaba de satisfacer. Se quedó pensativa un momento, golpeando con las uñas la superficie de la mesa como siempre hacía cuando se encontraba pensativa, y finalmente dio un sorbo de la hidromiel mientras se movía por un momento inquieta en la silla en la que se encontraba sentada.

Me enseñó un brazalete que utilizaban ese grupo, tiene una hoja de adamantio. No sé cómo demonios han sabido cual era nuestro punto débil, ni cómo lo han conseguido, pero no es cuestión de subestimarlos y él lo sabe.—se quedó pensativa unos instantes antes de seguir hablando. — Los tres tenemos formas distintas de enfrentarnos a los problemas, de verlos y de analizarlos, es por eso que los tres tenemos que cruzar para verlo con nuestros propios ojos y de esa forma poder aleccionar a los nuestros.—se mordió el labio inferior claramente pensativa, puesto que lo dicho era algo que Diarmaid sabía perfectamente. — ¿Es un pueblo guerrero? ¿O solo son unos pocos los elegidos?

Quería saber cómo estaba organizado, quién tenía el mando. Estaba acostumbrada a trata con pueblos guerreros donde la casta principal eran los hombres de armas. ¿Habría cambiado o seguiría todo igual?
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